22nd February 2008

Devuélvannos el infierno, por favor

Les ha dado a los dos últimos Papas por quitar y poner el infierno, como si se tratara del letrero de “Abierto” y “Cerrado” de una tienda.

Juan Pablo II dijo que tan famosos lugares no existen en la realidad, pues son apenas estados interiores del hombre. Mejor dicho, es como si le dijeran a uno que Nueva York no es más que las ganas de irse a vivir allí, pero que no tiene existencia comprobada.

Ahora sale el sucesor de Juan Pablo, el pontífice Benedicto XVI, y aclara las cosas: no es exacto que no exista el infierno. Asegura el Papa que “El infierno existe y es eterno”, más o menos como las reuniones comunales del presidente Uribe.

Agrega, además, que también andan por ahí el cielo y el purgatorio, aunque nos deja en el limbo sobre el limbo. No sé ustedes, pero yo quedo sumamente alarmado con todo esto.

Para empezar, si los Papas son infalibles, ¿entonces por qué se contradicen? Además, se pone uno a pensar qué dirá el próximo Santo Padre que venga: ¿acaso que el infierno queda arriba y es ventilado, y el cielo está cerrado por reparaciones?

Vacilaciones tan grandes crean incertidumbre, y la incertidumbre es mala. Tan mala, que merece el fuego eterno. Vivíamos más tranquilos los cristianos cuando teníamos la seguridad del infierno, con sus llamaradas, sus altos hornos, las ánimas de los pobres pecadores en trance de achicharrarse y el diablo presidiendo el espectáculo con una sonrisa en los labios, un tridente en la mano y -en los momentos de coquetería- un lazo negro en la cola.

Daba tranquilidad esa imagen del infierno, porque permitía saber que allí iría a parar todo el que se portara mal y, en cambio, al que cumpliera con las leyes de Dios lo esperaba un cielo parecido al algodón de dulce, con cantos gregorianos, ángeles y un jurgo de monjitas.

Gracias a esta tajante división entre buenos y malos, cielo e infi erno, condenación y gloria, Satanás y el Padre Eterno, las cosas estaban claras. Y si no lo estaban, bastaba con acudir a la iconografía católica para descubrir tremendos cuadros donde aparecía el Demonio torturando a sus víctimas, o leer literatura religiosa -desde el Catecismo Astete hasta La Divina Comedia- para enterarse de lo duras que son las cosas en el Más Allá.

Desde que le dio al Vaticano por poner en duda la existencia de la geografía metafísica, muchos cristianos nos sentimos perdidos. Si no existe ese lugar que alberga eternamente el fuego y aquel otro donde todo es sosiego y contemplación de un señor barbudo sentadito en su trono, ¿qué estamos haciendo en este valle de lágrimas?

¿No hay premio ni castigo? ¿Todo tribunal se reduce a la Procuraduría y la comisión de sanciones de la Dimayor? ¿Se esfuman las posibilidades de conocer personalmente a Dios, darle la mano y que lo llame a uno por el nombre propio o su apodo, pues Él todo lo sabe? ¿Se desinfla la amenaza de nadar para siempre en la caldera hirviente donde deben de hallarse toda suerte de malvados, mujeres perdidas, perseguidores de la Iglesia y -espero- perseguidores de niños?

Y, en lo que hace con otros puntos de ultratumba, ¿cancelaron las autoridades para siempre el limbo, aquella oscura guardería de niños sin bautizar? ¿Y qué me dicen del purgatorio, antesala de la felicidad donde se producía un intenso comercio de pecados, sanciones e indulgencias adquiridas durante la etapa terrenal?

Imaginar la vida sin cielo, infi erno, limbo ni purgatorio es como pensar en un mapa de Colombia donde desaparecieran el río Magdalena, Bogotá y otras ciudades, la pata que se hunde al sur en el río Amazonas y la nariz oriental que aprietan Brasil por abajo y Venezuela por arriba.

No digo que conviene regresar a la ciega fe de carbonero, entre otras cosas porque ahora los carboneros son empresas multinacionales que solo tienen fe en el capitalismo. Pero pienso, humildemente, que la Iglesia debería tener más cuidado a la hora de revisar los símbolos que sirvieron para educar a millones de católicos.

Entre otras cosas, porque si suprimen el firmamento y el infierno se desplomarán la literatura, la pintura y la música occidentales. Habrá que desterrar incluso boleros y vallenatos, pues los primeros mencionan constantemente al cielo y los segundos se meten a menudo con el diablo.

Yo, por ejemplo, estoy por creer que nunca existieron los arcángeles, sino que eran garzas blancas sobrealimentadas, y que San Pedro no carga llaves sino tarjeta inteligente, como en los hoteles modernos.

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19th February 2008

La otra hecatombe: la social

El presidente Álvaro Uribe adivina en los ataques de Hugo Chávez la hecatombe necesaria para su tercer gobierno. Los colombianos deberíamos adivinar en la re-reelección una hecatombe social que invita a oponerse a ella. Para muestra, dos casos recientes: el fallecimiento, por una cadena de errores, de una recién nacida en la clínica San Pedro Claver, de Bogotá, y el frustrado intento de entregar a empresarios particulares el predio de Carimagua, originalmente destinado a desplazados por la violencia.

El caso de la niña muerta por una inyección equivocada destapa el desplome de la ya precaria protección social de los colombianos de bajos ingresos. Desde que el Gobierno cedió el servicio de salud a los particulares, los enfermos se pierden en una selva de siglas -las ESE, las EPS, las ARS- y deben a menudo acudir a un juez para conseguir ciertos remedios. En teoría, se ha ampliado el cubrimiento. En la práctica, no puede decirse que los colombianos estén mejor protegidos que antes.

En cuanto a Carimagua, es apenas una nueva expresión del tradicional despojo a los campesinos. Ya en 1594 el rey de España ordenaba que “las tierras que se dieren a los españoles sean sin perjuicio de los indios”. No se cumplió. Hace algo más de medio siglo, los labriegos desplazados por la persecución laureanista denunciaban que “en la pobreza más extrema tuvimos que huir de nuestras tierras, víctimas de la más implacable violencia” y, un año después, seguían en el abandono mientras que de sus predios “se han adueñado personas amparadas en determinado rótulo político”. Entre esos campesinos atropellados había uno que hoy conocemos como ‘Tirofijo’.

La tragedia se repite, aunque la violencia tiene ahora otro origen. Los campesinos quieren tierra, pero primero se la quitan, luego se la dan a un poderoso y después -como en Carimagua- les ofrecen convertirlos en jornaleros explotados por los nuevos dueños de esa tierra. Con el pretexto de que las 17.000 hectáreas destinadas a los desplazados no eran buenas para ellos, pero sí para los empresarios particulares, el Gobierno intentó entregarlas en concesión a una compañía de la que es socio, entre otros, Mario Escobar Aristizábal, delegado presidencial en la junta que -ojo a la ironía- se instituyó para proteger a quienes perdieron sus parcelas. Como lo ha denunciado la prensa, este empresario aportó dinero a las campañas de Uribe y del director de la junta de marras y del Ministro de Hacienda, del cual es pariente.

Cuando alguien dijo al Ministro de Agricultura que el terreno era ácido, al prepotente personajito no se le ocurrió formar una cooperativa campesina ni vincular a un laboratorio científico de los que estudiaron la región. Ya había excusa para entregar la tierra de los desplazados a unos palmeros que encajan en el sueño oficial de convertir al Llano en un gran emporio empresarial. La Procuraduría y la denuncia de EL TIEMPO frenaron el abuso.
Lástima que los desplazados no sean empresarios ni tengan amigos en el Gobierno…

Todo es producto de la mentalidad neoliberal de un régimen que favorece a los capitalistas fuertes porque cree que así desarrolla el país y les vende por cuatro pesos las entidades que el dinero público construyó durante décadas. Tal ocurre, por ejemplo, con las electrificadoras de cinco departamentos, a punto de ser privatizadas en una feria que afortunadamente atajaron a tiempo la Contraloría General de la República y una batería de tutelas.
También sucedió con dos multinacionales petroleras, a las que extendió graciosamente sus concesiones en La Guajira y Cravo Norte.

Mucho debemos a Uribe en materia de seguridad, estabilidad económica y restitución de la fe y el optimismo nacionales. Pero él mismo ha reconocido los limitados alcances de su proyecto social. Cuatro años más de esta receta engordarían a muchos empresarios, pero enterrarían a miles de pobres.

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15th February 2008

Ahí vienen las rusas

La caída del muro de Berlín y el levantamiento del muro de la experiencia personal me han llevado en los últimos años a dos descubrimientos que quiero compartir generosamente con ustedes.
El primero son las tenistas rusas. El segundo, los viajes organizados. No alcanzan a imaginar los lectores de qué dos maravillas les hablo. Hasta hace poco yo ignoraba la existencia de las rusas y desdeñaba las excursiones de agencia, a los que dedicaré la columna de la semana próxima. Ahora me falta aire para suspirar por las compatriotas de Putin y tiempo para viajar sin preocuparme por nada.
Empecemos por ellas. Durante siete décadas el mundo se acostumbró a mujeres rusas como las esposas de Nikita Krushov, el camarada Brezhnev y los demás cacaos del Kremlin: señoras gordas y de tupido bozo que no se quitaban jamás la pañoleta y usaban zapato de tacón bajito, faja de varillas y suéter una talla más pequeño. No digo que estas damas no fueran eximias representantes del noble pueblo soviético. Digo solo que, si lo eran, inspiraban pocas ganas de extender la revolución bolchevique
a nuestros países.
l derrumbe del Muro de Berlín, en 1989, produjo dizque “un nuevo amanecer de libertad”. Y el fruto de la libertad ha sido extraordinario. Quince años después, el mundo está maravillado -lo estoy yo, al menos-con esta nueva generación de rusas que cambiaron bigote por pecas y fajas por pantaloncitos diminutos. Cuando hablo de rusas, entiéndanme, me refi ero también a eslovacas, bielorrusas, checas, eslovenas, búlgaras, etc., así como los moscovitas, cuando hablan de mexicanos, abarcan paraguayos, argentinos, bolivianos, colombianos y salvadoreños.
Confi eso que, hasta cuando descubrí a estas chicas con apellidos que parecen sacados de las páginas de Tolstoi o Gogol -Dementieva, Chakvetadze, Vaidisova, Vesnia, Petrova, Kirilenko, Ivanovic-, yo tenía un serio desagrado con la raza blanca. Cada vez me hastiaban más las venas azules en piernas color kumis, las mejillas coloradas y las cejas amarillentas. Pero estas rusas nuevas son otra forma de blancura. No es la aburridísima blancura de la pureza. Es una blancura dorada, trigal, capciosa, intencionada, coqueta. Además, si las matronas soviéticas eran
paticortas, estas tienen piernas de lámpara: las de Adriana Skleranikova de Karembeu, tronco de modelo casada con un futbolista tronco, miden como 121 centímetros cada una: lo que medía, entera, la mujer de Lenin.
Hemos conocido a estas muchachas gracias al tenis internacional
que transmite la televisión. Varones toscos, como yo, que despreciábamos el tenis porque a cada contendor le adjudican media cancha y no hay disputas territoriales ni choques cuerpo a cuerpo, como en el fútbol, nos hemos afi cionado mansamente al deporte de las raquetas gracias a las rusas. A estas alturas de la vida, yo estaría dispuesto incluso a presenciar largos partidos de
ping-pong si en ellos participan mujeres con apellidos terminados
en “ova·” o en “enko”. Lo más bonito es que no son solamente tenistas. Mis febriles indagaciones sobre estas sardinas revelan que Maria Kirilenko también juega al balompié, que mi tocaya eslovaca Daniela Hantuchova es pianista y que la arrebatadora Svetlana Kuznetsova le jala al modelaje.
Las tenistas son solo la avanzada de la primavera femenina
ostsoviética. Un amigo mío que viaja mucho a Londres asegura que los buenos hoteles están llenos de camareras rusas dignas de disputar la Copa Davis y el concurso Miss Universo. En Madrid he visto inmigrantes de Europa oriental cuya sola presencia justifi ca la apertura indiscriminada de fronteras.
Pero como no hay paraíso sin serpiente, estoy esperando a que aparezcan los pontífi ces neoliberales que atribuyan al capitalismo y la globalización el fl orecimiento de las muchachas eslavas. A ellos les responderé esgrimiendo los clásicos rusos, cuando ya las mujeres eran de arrebatadora belleza. Un comprende las peloteras que armaron Natasha Rostov, Natacha Alekseevna Lasunsava y Lara Antipova.
pesar de que la Cortina de Hierro ha sido reemplazada por la malla de náilon, las hormonas no cambian. Hoy en día, los hijos de Julio Iglesias y yo estamos dispuestos a dejar a un lado el fútbol y empuñar la raqueta para gozar al menos de un set con Anna Karenina. ¿O es, acaso, Maria Sharapova?

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12th February 2008

Idioteces cometidas impunemente

Una de las perspectivas que más aterra de un tercer período presidencial de Álvaro Uribe es la consolidación del régimen de impunidad política que cobija a sus altos colaboradores.

Decía Chateaubriand: “Hay tiempos en que una pequeña falta hace caer a un ministro; hay otros en los que las mayores idioteces se cometen impunemente.” Ni que don René hubiera vivido estos tiempos de Colombia, en los cuales el jefe del Estado interpreta la popularidad como licencia para amparar a los funcionarios que cometen errores e idioteces.

La lista es gorda.

Resulta inexplicable, por ejemplo, que continúe tan orondo al frente del Ministerio del Interior y Gobierno quien prácticamente justificó el linchamiento verbal -que habría podido ser físico- de Piedad Córdoba, a la que deben ofrecer las autoridades la protección que garantizan las normas constitucionales. Lejos de hacerlo, el ministro Carlos Holguín señaló: “Cuando uno expresa opiniones como las de la senadora Córdoba contra su país y contra el Gobierno, naturalmente alguien reacciona para manifestar su repudio”. Extendida semejante licencia de cacería, de nada valen posteriores y tibias admoniciones sobre los derechos de la señora Córdoba. En cualquier país serio, esa misma tarde el Ministro habría renunciado o lo habrían destituido. Pero no en este. Aquí, “las mayores idioteces se cometen impunemente”.

Ni qué decir de Juan Manuel Santos, que, siendo jefe de la campaña reelectoral uribista, acusó al político liberal Rafael Pardo de tener vínculos con las Farc. Sindicación tan peligrosa y falsa fue premiada con el Ministerio de Defensa. (Bueno: Uribe mismo suele hacer lo mismo con sus opositores de izquierda). Una vez allí, ha incurrido en otras metidas de pata: los “falsos positivos”, la revelación de un decomiso de coca en cantidades inexactas (“por culipronto”), los ostensibles movimientos para comprar armas en momentos en que parecían justificar las alocadas alarmas bélicas de Chávez… Pero Uribe solo le tolera todo.

En los últimos tiempos, el ministro de Transportes, Andrés Uriel Gallego, incurrió en dos estrepitosas metidas de pata. Primero, la licitación de Eldorado, convocada para un proyecto tan precario que el propio Uribe tuvo que salir a rectificarlo. La enmienda, con la licitación ya adjudicada, costará un dineral al Estado. Segundo, el túnel de La Línea, una obra tan mal manejada, que acaba de fracasar su tercera licitación. El Ministro continúa, sin embargo, fresco cual jazmín y rosario en mano, porque en este Gobierno “las mayores idioteces se cometen impunemente”.

Las más recientes corresponden a un especialista en salidas en falso, el ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias. No solo hizo gala de la más primitiva terquedad al presentar al Congreso un proyecto de Ley Forestal jurídicamente viciado desde sus comienzos (tumbado por la judicatura), sino que destinó a contratistas e industriales particulares 17.000 hectáreas de los Llanos asignadas a desplazados de la violencia. ¿Cómo puede este Ministro seguir mirando al mundo con pedante desdén después de semejantes barbaridades?

Ante fallos tan graves, otros resultan incluso divertidos, como la propuesta del vicepresidente Pacho Santos de atrapar, capturar y meter en la cárcel al alcalde de Maracaibo (Venezuela) por apoyar a las Farc. Menos graciosa es la afirmación del comandante de las Fuerzas Armadas, general Freddy Padilla, cuando dijo públicamente que la actitud de la mamá de Íngrid Betancourt constituye el mayor obstáculo para liberarla. Se equivoca, por supuesto: ese obstáculo son las Farc.

Lo más protuberante de las últimas horas ha sido una declaración del asesor presidencial José Obdulio Gaviria según la cual la marcha del 6 de marzo contra los paramilitares fue convocada por las Farc. Semejante atrocidad merece renuncia, pero el mentor del Presidente está vinculado por contrato con un tercero, ya que en la uribocracia de elástica duración, “las mayores idioteces se cometen impunemente”.

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8th February 2008

El kumis de la memoria

Salvo para alineaciones de fútbol, poemas aprendidos antes de los 25 años y datos caprichosos e inútiles, no tuve nunca buena memoria. Mejor dicho: he tenido siempre una memoria con fecha de vencimiento, como el kumis.

De un día para otro podía aprender una manotada de fechas, fórmulas de física o términos procesales del derecho civil; pero 48 horas después se borraban para siempre de mi memoria. Así aprobé muchos de los exámenes del colegio y la universidad, y por eso puedo asegurar que este sistema de valoración no sirve para nada.

Es como calcular la temperatura de la Tierra metiendo un termómetro en una taza de café. Para demostrar que no miento, me gustaría citar como testigos a mis profesores de física y procedimiento civil, pero no recuerdo cómo se llamaban.

El caso es que el kumis cada vez se vence con mayor rapidez y mi memoria también. Noto que logro retener ciertos datos -un nombre, una fecha, una cara- apenas durante unas horas. Y que cada vez me parece más difícil aprender una canción o un soneto.
Imagínense el trabajo que me da recordar más de cuatro ministros del gabinete del presidente Uribe. No, mi querido lector, no se ría: si es tan berraco, dígame los nombres de los ministros de Salud, Desarrollo, Cultura (de acuerdo: esa morenita encantadora, pero deme el nombre) y Obras Públicas (sí, sí, el paisa rezandero; pero ¿cómo se llama?). Y lo peor es que, como se me olvidan rápidamente las cosas, acabo repitiéndolas a quien ya las sabe.

Por todo lo anterior mi nuevo icono en la carpeta de odios es el de los memoristas. Tengo varios amigos que gozan de memoria privilegiada y se esmeran en demostrarlo. Diálogo típico con mi cuate argentino Daniel Divinsky, el hombre de la memoria atómica, editor de Quino y Fontanarrosa.

- Quería decirte, Divinsky, que cuando nos conocimos a fines de marzo de 1975…
- Perdoná -interrumpe Divinsky-: fue a principios de abril.
Está bien, a principios de abril. Comentaba que cuando nos conocimos, tú me hablaste de un taxista argentino que cantaba mientras…
- No era argentino. Era uruguayo.
- En fin: que ese taxista que te llevó en Montevideo…
- En Buenos Aires. El taxista era uruguayo, pero trabajaba en Buenos Aires.
- Eso. Me contabas que ese taxista uruguayo que trabajaba en Buenos Aires les cantaba tangos a los clientes, cosa que me parece…
- Excusame. No cantaba tangos. Cantaba milongas.
- ¡Pare ya, Divinsky! ¡No le siga buscando las tres patas al gato, carajo!
- Las cinco. El gato tiene cuatro patas. La tercera aparece sin buscarla. La difícil es la quinta.

sí son los diálogos con Divinsky: interminables, porque se acuerda de todo. Y lo peor es que, como se me olvidan rápidamente las cosas, acabo repitiéndolas a quien ya las sabe. A él, por ejemplo.
En 1976, un año después de conocernos, hablamos de familias numerosas y, entre los abundantes ejemplos que surgieron, comenté que mi abuelo había tenido siete hermanos. Hace pocos meses, en uno de nuestros frecuentes encuentros, le mencioné que venía del entierro del último hermano de mi abuelo -en realidad, una hermana-, que eran siete.

- Eso ya me lo dijiste hace 31 años, tocayo.

No es posible envejecer con dignidad si nuestros amigos no envejecen al tiempo con uno. Divinsky es mayor que yo, pero su memoria está cada vez más joven. Y lo peor es que también se acuerda de decenas de números telefónicos, todas las alineaciones del Boca Juniors y los autores de libros de toda índole.
xisten ya tan modernos sistemas de acumulación de datos, que es infame e innecesario pedir que la fecha de vencimiento de la memoria humana tenga mayor duración que un kumis. Pero no un kumis en nevera, sino al aire libre y a la temperatura de La Dorada. Así nos pasa a muchos. Y lo peor es que, como se me olvidan rápidamente las cosas, acabo repitiéndolas a quien ya las sabe.

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5th February 2008

Los colombianos estamos vivos

Un amigo mío presenció asombrado la marcha de Bogotá desde el piso23 del edificio Bavaria: “Nunca había visto tanta gente junta: era un río de camisetas blancas que duró dos horas desfilando”.

Desde la calle, donde nos apretábamos los caminantes, no se divisaba el paisaje de la muchedumbre, pero sí podían verse las pancartas (contra el secuestro y las FARC y algunas a favor del intercambio humanitario) y oírse las consignas: “¡Libertad!”, “¡No más secuestros”!, “¡No más FARC!”, “¡Colombia unida jamás será vencida”. Dos veces, entre la calle 26 y la Avenida Jiménez, los marchantes cantaron el Himno Nacional. No escuché gritos destemplados ni insultos. Tampoco coros a favor del gobierno. Millones de colombianos entendieron que se trataba de rechazar los secuestros y no necesariamente de apoyar al presidente Álvaro Uribe. Hasta en eso el pueblo fue, como lo proclamaba Jorge Eliécer Gaitán, superior a sus dirigentes, enredados en riñas y pequeñas diferencias.

Después del espectáculo del lunes no queda duda de que los colombianos abominan los secuestros, se oponen a la violencia, critican a la guerrilla y quieren la paz.

La pregunta es: ¿servirá de algo su multitudinario pronunciamiento? Se sabe hasta qué punto son refractarias las FARC y el ELN al clamor de los ciudadanos y persisten en su violencia anacrónica y despiadada. ¿Son, pues, las marchas tiempo gastado, pasos perdidos?

Coincidencialmente, la gran demostración a favor de la libertad se produce pocos días después de que el mundo ha recordado el sexagésimo aniversario del aniversario de la muerte de Monadas Gandhi, el hombre que inventó las marchas pacíficas modernas. Nacido en 1869, el Bolívar de la India fue asesinado el 30 de enero de 1948 en Nueva Delhi por un fanático religioso. Dieciocho años antes había emprendido una movilización masiva para protestar por las arbitrariedades del imperio británico en el mercado de la sal. Fueron 78 los ciudadanos que partieron con él de Sabarmati y miles los que llegaron a las playas de la aldea de Dandi, 400 kilómetros después. La marcha de la sal encarnó el espíritu de la resistencia civil contra la injusticia y fue imitada en los años siguientes por muchos actos más de protesta pacífica. Más de 80.000 indios acabaron en la cárcel tras la primera caminata y entre 200 y 250 fueron ametrallados por las tropas británicas cuando estas abrieron fuego contra una concentración popular en Kissa Khani.

La de la sal no fue la primera marcha de Gandhi. En 1919 había lanzado su llamado inicial contra la opresión imperial, al que siguieron varios más. Pero los analistas atribuyen a la caminata de Dandi un giro dramático en la historia de la India, un giro que culminó en 1947 con la independencia nacional.

¿Acaso será la gigantesca marcha del lunes el puno de inflexión que haga ver a los grupos violentos colombianos que el país está harto de ellos, de sus métodos inhumanos y su resistencia a aceptar la voluntad mayoritaria del país, abrumadoramente opuesta a ellos?

Me temo que no hay que hacerse demasiadas ilusiones. He asistido en España a manifestaciones igualmente copiosas contra la banda separatista ETA, y no bastaron para convencer a sus militantes de que el país los repudia. ETA, debilitada, sigue matando.

Tal vez hay que buscar la justificación esencial histórica de actos como el del lunes en las palabras que pronunció Jawaharlal Nehru, compañero de Gandhi y más tarde primer ministro de la India: “Nuestro movimiento significó una presión tremenda para el gobierno británico, pero su mayor importancia fue el efecto en nuestro propio pueblo, que actuó valerosamente y se negó a aceptar la injusticia”.

Aunque poco influya en las FARC, la histórica manifestación del lunes sirvió para demostrar que los colombianos estamos vivos y dispuestos a rechazar las infamias.

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1st February 2008

Ya soy eterno

Dulcero como soy, solía visitar el restaurante Crèpes & Waffles (CyW) y agotar su delicioso menú. Pero, ingenuo como soy, pensaba que los dueños eran dos reposteros europeos, diga usted François Crèpes y Peter Waffles.

Un día supe que no había tales pasteleros foráneos; que la exitosa marca es netamente colombiana y que sus empresarios son una pareja encantadora, Eduardo y Beatriz. Pero, ay, supe también que ella es tan atractiva como afecta a la palabrería espiritual y que insufla al personal de su negocio frecuentes sermones sobre la felicidad, la alegría, el amor, la trascendencia y la vida.

En suma, decidió que elaborar colaciones constituye un sendero hacia la Realización del Ser y la Construcción de la Patria. Para que nos entendamos, misiá Beatriz escribe, publica y lee a sus pobres empleados cosas como estas:

Colombia tiene cara de mujer…”.

“Si me preguntaran en qué radica el éxito de CyW, mi respuesta sería: ¡en el amor!”

“Si llegas al corazón te quedas en la mente. Si conquistas
con el sabor… dejas la ilusión de volver”.

“Colombia es pasión: necesitamos mujeres que establezcan
leyes, reglas y normas con estilo CyW…”.

“¡Quiero amor y quiero amar!”

“¡Mantengámonos fuertemente trabajadores! ¡Inmensamente
productivos! ¡Inmensamente amorosos!”

“Libertad es construirse a sí mismo a partir de los hechos”.

“Si las flores hablaran nos dirían… ¡los amo!”

Y, para variar, “Crèpes & Waffles tiene cara de mujer…”.

En fin, una mezcla intragable de amor, felicidad y calorías: el peor Paulo Coelho con el más engordador Paul Bocuse. Ciertos mensajes no parecen vender solidaridad, sino discriminación: “Las aves solo vuelan con aves del mismo plumaje; jamás veremos palomas volar con chulos, porque les quitan su vuelo”… “Puedes amar al prójimo, pero no necesariamente puedes convivir o asociarte con todos”… “¡Volemos alto, con aves del mismo plumaje!” (Si aplican esta filosofía en el extranjero, nos echan a patadas a todos los inmigrantes).
Como, además de dulcero e ingenuo, detesto la espiritualidad de bolsillo y los predicadores de la energía y la belleza, escribí en 2005 un Postre de Notas donde manifestaba mi orgullo por el éxito internacional de esta cadena colombiana, pero rogaba que no le metieran amor, paz y patria a lo que solo es asunto de hornos y gerencia. La titulé “Filosofía acaramelada”.

Nunca pensé que esa nota iba a producirme una de las grandes alegrías de mi vida, como si volara muy alto y me construyera a mí mismo a partir de los hechos. Hace algunas semanas, misiá Beatriz publicó un libro suyo conrecetas para la parva, para la existencia y para la parva existencia. Allí aparecen muchas de sus pláticas de algodón rosado y de sus frases para Ser Mejor Persona. También los principales platos de CyW. Y, entre las novedades, un helado que se denominará “Filosofía acaramelada”.
¡Demasiado honor! Misiá Beatriz lo anuncia como gentilísima respuesta a mi columna y, para que no quede duda de quiénes le ayudaron a prepararlo, me menciona con gratitud y añade: “¡Gracias a Dios por darme la fortaleza para hablar de amor y transmitirlo!”. De modo que este insuperable helado es producto de los tres: misiá Beatriz, Dios y yo. No puede fallar.

Sentí en ese instante un Estremecimiento de Eternidad parecido al que sacudió a René de Chateubriand cuando se comió el primer filete con su nombre, a Alfredo cuando probó los fetuccini que lo mientan, a Suzette cuando exigió repetición de sus crèpes, a María Tudor cuando cató el Bloody Mary y a César (¿Augusto? ¿Borgia? ¿Rincón?) cuando descubrió que su nombre bautizaba una ensalada.

eñoras y señores: ya tengo plato propio, ya soy eterno.

Semejante libro para glotones de la metafísica ligera y la repostería pesada necesitaba al menos tres presentadores. Dos de ellos se ocuparon de lo Bello y lo Trascendente y Juan Gustavo Cobo-Borda blandió contra mí los bizcochos y las portentosas masas, incluyendo la suya. Luego pidió jarra de jugo de guanábana y triple orden de ponqué y se sentó a cavilar sobre la vida.

Mi mayor sorpresa fue cuando supe que el libro también se llamaba Filosofía acaramelada, lo cual, supongo, me otorga importantes derechos de autor. Los cobraré en diversas especies de crèpes y dulces, incluyendo mi helado. Pero ordenaré que las envíen a domicilio, para conjurar el peligro de oír la carreta de mercadeo espiritual de misiá Beatriz.

Article:

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29th January 2008

Perro que ladra fomenta el mordisco

La mayoría de los análisis que he leído sobre los insultos y belicosas amenazas de Hugo Chávez pueden resumirse en una frase: perro que ladra no muerde.

Por mi parte, desconfío de la premisa mayor, la zoológica; nace mi escepticismo de la cicatriz infantil que me dejó un perro que ladraba y acabó mordiéndome. Reniego, además, de la premisa del ladrido, porque a veces ladrar conduce velozmente a la tarascada.

El refrán del perro corresponde a otro más fino, pero igualmente discutible, según el cual “las palabras no matan”. Hay varias maneras de matar a través de las palabras, y una de ellas es el discurso incendiario que solivianta a quienes muerden sin ladrar. El domingo pasado, en el Festival Hay, el historiador británico Antony Beevor señaló cómo la retórica agresiva de ciertos paladines de la izquierda y la derecha española fue fundamental para que estallara la Guerra Civil. Sus palabras ayudaron a matar a un millón de personas.

No nos engañemos: los ladridos de Chávez encierran peligro, pero no en sí mismos, pues cada regurgitación de insultos se deprecia y recibe menos atención del mundo. Sin embargo, ignoramos hasta qué punto -y encrespado precisamente por el escaso interés que despiertan sus proclamas-, Chávez sería capaz de inflamar a sus seguidores contra Colombia para suscitar hechos. Hasta ahora ambos pueblos han demostrado una madurez muy superior a la de sus dirigentes. El boxeo de Chávez contra la sombra de Uribe no ha producido, que se sepa, ninguna reacción importante de los venezolanos contra los colombianos, ni de estos contra aquellos.
Tranquiliza que así sea. Pero inquieta pensar que no hay nada más fácil que formar un grupo de provocadores que arrime el fósforo a la dinamita. La historia ofrece amplio catálogo de ejemplos.

En este sentido, lo más prudente sería que en las marchas del próximo 4 de febrero para protestar por la violencia y el secuestro nos abstuviéramos de toda pancarta, cartelón, consigna o alarido contra Venezuela. Nuestra pelea no es contra un país que nació, creció y sufre al lado nuestro, sino contra quienes han convertido en instrumento político cotidiano prácticas infames e inhumanas como asesinatos, secuestros, encadenamientos, torturas… Será inevitable que muchos repudien el apoyo de Chávez a las Farc, pero no debemos confundir al gobernante con la nación, así nuestro propio Gobierno tenga bastante cruzados los cables en esta materia y proclame a veces que atacar al Presidente equivale a embestir contra la patria.

Con todo mi respeto por quienes prefieran abstenerse de concurrir a la manifestación del 4 de febrero, me parece que la importancia de la causa derrota casi todas las excusas. Que se convocó por Internet… pues sí, en el siglo 21 ya no se estila la lectura de bandos con trompeta. Que el Gobierno intentará manipularla… naturalmente: confundir es arma natural de la política, pero el mejor antídoto contra ella es expresar claramente que no desfilaremos a favor de Uribe ni de su gobierno, sino en contra de la violencia, del secuestro, de las Farc. Por eso debe quedar claro que no se trata de caminar a favor o en contra de la Seguridad Democrática, del despeje o no despeje, ni del intercambio humanitario sí o intercambio humanitario no.

Me parece un error dejar esta iniciativa en manos de determinados grupos políticos. La presencia masiva y multicolor de manifestantes garantiza que se trata de un sentimiento general de los colombianos, un sentimiento que supera toda diferencia.
No sobra recordar, sin embargo, que otros grupos practican la violencia insensata que repudiaremos el lunes. En las últimas cinco semanas, bandas de paramilitares cimarrones han asesinado a una docena de personas, desaparecido a nueve y desterrado a 120 en Nariño, Antioquia, Santander, Chocó. También contra ellos pienso salir el lunes a la calle.

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25th January 2008

Cirujanos demasiado estéticos

Chacón estaba decidido.

- Me voy a hacer la cirugía estética.

La firmeza con que lo dijo me sorprendió un poco. Chacón es subjefe de contabilidad de una revista donde escribo. Buen tipo. Paga pronto. Feo. Calvo. Cincuenta y ocho años. Arrugas, verrugas, ojeras. Narices anchas. Boca enorme. Mentón reprimido.
-¿Y qué piensa hacerse, Chacón?

-De todo. Mire.

Chacón me acercó un aviso de página entera aparecido en cierta revista colombiana de la alta sociedad. Había otros similares recortados de diversas publicaciones. En el anuncio aparecía una leyenda promocional que decía: “¡Cirugía facial garantizada!” Enseguida el nombre de un médico, con títulos, dirección, teléfono y página de Internet. Y una lista de servicios ofrecidos:

* Implante capilar
* Trasplante capilar
* Ojeras
* Pestañas
* Cejas
* Rejuvenecimiento
* Tratamiento de cicatrices
*Disminución y borrado de arrugas

- ¿Sí ve? -dijo Chacón, satisfecho–. Al final, voy a quedar como el modelo del anuncio.

l señor del anuncio era un tipo joven, bien plantado, con abundante cabellera, terno azul oscuro, corbata y, en general, aspecto de galán de telenovela.

Me bastó una veloz lectura para captar el error de Chacón.

- El señor del anuncio no es un modelo, Chacón: es el médico.

- ¡El propio doctor! -exclamó Chacón asombrado, y abrió una boca desproporcionada en medio de arrugas, verrugas y ojeras.

Chacón no sabía que la última moda en el mundo fatuo de la belleza con bisturíes que los cirujanos se anuncian con su propia carita, como si de un actor de cine se tratara.

odos los que salen en los avisos son jóvenes, todos bien parecidos, todos podrían confundirse con modelos, y, de hecho, el cliente los confunde con ellos. La fotografía es resultado de un cuidadoso estudio. El atuendo ha requerido un toque especializado. El pelo acaba de pasar por manos de un estilista.
Cierto otorrinolaringólogo no solo se promueve con retrato de medio cuerpo, sino que incluye una frase propagandística entre comillas y firma autógrafa en letra azul.

romete en la página cirugía de párpados, orejas, cachetes, mentón, liposucción de papada, rejuvenecimiento facial, aplicación de bótox y rellenos faciales.

- ¿De modo que son los propios médicos los que aparecen tan peinados, maquillados y posados? -exclamó incrédulo Chacón.

- Así es. A eso hemos llegado. Como si fueran perfumes, relojes finos o maniquíes de ropa masculina.

- ¿Y eso, con qué fin?

Tal vez con la idea de que, subliminalmente, el cliente asocie su ilusión de belleza con el aspecto del médico. Es como si enviaran el mensaje de que la capacidad del cirujano para reparar la edad o reconstruir el deterioro está directamente relacionada con su apostura personal.

- ¿Y qué ocurre con los feos?

- Si los médicos bonitos logran trasladar las perversiones de la mercadotecnia a su profesión, los médicos feos perderán clientela. Y los médicos mayores de 45 años tendrán que colgar la bata: algunos tontos creerán que no puede quitar arrugas quien las tiene.
Entonces, ¿qué ocurrirá con el doctor Alonso Gómez, que está como pasado de peso? ¿O con el doctor Patarroyo, que es medio orejoncito?

- Tranquilo, Chacón. El doctor Gómez no es cirujano estético sino intensivista y el doctor Patarroyo no investiga arrugas sino malaria.
- ¿Usted considera que estos avisos son un engaño? -me preguntó Chacón.

- No, mi preocupación no va por ahí. Finalmente, si alguien cree que un cirujano bonito corta más bonito, pues allá él.

- ¿Entonces, qué es lo que le preocupa?

- Me preocupan -le respondí, dando por terminada nuestra charla- los horrores que nos esperan cuando urólogos y proctólogos crean que ha llegado el momento de publicar sus propios anuncios…

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22nd January 2008

Locos, remedios y peleas ajenas

Quizás tienen razón los opositores de Hugo Chávez que pretenden desmontarlo del poder mediante un proceso institucional que lo declare mentalmente insano. Durante un tiempo pensé que se trataba de un recurso tramposo, de una zancadilla desesperada para arrebatarle lo que ganó legítimamente en las urnas. Pero sus más recientes actuaciones revelan una personalidad trastornada por la megalomanía, la ciclotimia y la coprolalia.

No es preciso ser psiquiatra para entender que este hombre no está en sus cabales. Preocupan su compulsión por exhibirse, su propensión a decir cuanto se le pasa por la cabeza, su afán protagónico, su agresividad y su tendencia a convertirse en predicador político urgido de la constante alabanza de un séquito de corifeos. Inquieta también la obsesión patológica por imitar a Bolívar. Hay antecedentes. En Colombia tuvimos el doloroso caso de un actor que, a fuerza de compenetrarse con el Libertador, acabó en una casa de reposo.

Es irreal esperar que un tribunal aparte a Chávez del poder, como Ecuador apartó a Abdalá Bucarán, y no me parece seria la oposición venezolana, donde hay desde líderes respetables hasta lagartos, explotadores y políticos corruptos. Pero considero necesario que el Gobierno colombiano disponga de un buen perfil psicológico del presidente venezolano: a la hora de dialogar, le será tan útil como aquellos.

Digo dialogar, porque hay que detener la peligrosa degradación de las relaciones con Venezuela. A menudo la Historia depara el enfrentamiento de dos pueblos vecinos cuyos gobernantes procuran impedir que las cosas pasen a mayores. Aquí es lo contrario: dos presidentes (sobre todo uno: Chávez) trenzados en una riña de comadres, mientras sus pueblos observan sorprendidos. La delirante pelea no ha producido metástasis populares y hay que evitar que así ocurra. Chávez pasó del insulto a militarizar la frontera, y aún podría escalar a la ruptura de relaciones y el acuartelamiento. Es un psicotipo impredecible. Uribe (a quien Chávez elegirá por tercera vez si se empeña en seguirlo atacando) hace bien en no responder insultos y dejarlo naufragar en su verborrea. Pero sería incauto imaginar que todo acabará allí.

El agotamiento retórico del ex coronel podría inducirlo a peores recursos y la obsesión de notoriedad podría inspirarle irreparables aventuras intrépidas.

Veo dos soluciones inmediatas. 1) Un estadista con amistoso ascendiente sobre ambos (¿Fidel Castro?), que los siente en una mesa, les eche un sermón y ponga orden. 2) Un gesto de origen unilateral, cada vez más difícil, que, pasando por encima de rencillas, marque un gesto histórico de reconciliación.

Conviene hacerlo pronto, entre otras cosas porque a la sombra del enfrentamiento bilateral y la campaña contra las Farc están medrando diversos oportunismos políticos. Pasma ver que Andrés Pastrana, cuya presidencia fue obra de un gesto electoral de ‘Tirofijo’ que tuvo como pago el Caguán, se ofrezca ahora como mediador entre dos gobernantes unidos por su común antipatía hacia él.

Algo parecido sucede con las víctimas del secuestro, merecedoras de todo mi respeto, solidaridad y admiración. La caravana que llevó a España a varios de los liberados fue organizada por entidades de derecha vinculadas al Partido Popular. En los actos solo participarán José María Aznar y figuras de esa agrupación conservadora. Leo en la prensa española que muchos denuncian el carácter partidista del evento y critican la utilización de las víctimas. Esto politiza la noble causa, despierta sospechas en sectores europeos de centro e izquierda, ofrece armas a los sectores reaccionarios que pretenden sugerir de manera infame que la izquierda democrática colombiana tolera la violencia y ahonda la brecha con Venezuela.

Es conocido el odio mutuo entre Chávez y Aznar: no compremos peleas ajenas, que con las nuestras ya tenemos suficiente.

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