18th Abril 2008

El Nombrómetro

Un lector de Postre de Notas obsesivo por los nombres, Sebastián Gélvez, propone una tabla de puntos para la nueva onomástica colombiana, agredida por letras como “x”, “y”, “k”, “w”. Cedo gustoso el espacio a su divertido juego. DSP.
¿Está indeciso sobre cómo llamar a su hijo? ¿Quiere destacarlo entre los condiscípulos? ¿Cree que si lleva un nombre que suene extranjero tendrá más posibilidades de conseguir empleo? ¿Se le perdió el almanaque Bristol, verdadero directorio telefónico de todos los santos? ¿Quiere vengarse porque el nombre que le pusieron a usted es un atentado? El Nombrómetro, la tabla de puntos que enseguida le ofrecemos, le permitirá conseguir para su hijo el apelativo más extravagante. Es muy sencillo: consiste apenas en inventar un nombre procurando el mejor puntaje posible. Si son dos nombres (por ejemplo, Leydi Mayerly), cada uno tendrá puntaje propio. Las reglas no aplican para nombres originarios de etnias colombianas, pues harían falta calculadoras. Adelante, pues.

  1. Si la primera letra es “Y”, “K”, “X”, “W”: 50 puntos.
  2. Por cada “Y”, “K”, “X”, “W” adicional: 20.
  3. i la “Y”, “K”, “X”, “W” son consecutivas (ejemplo: Fawyany): 80.
  4. Si la última letra es “Y”, “K”, “X”, “W”: 35.
  5. Si la última letra es “D” o “I”: 20.
  6. Si la “C” está seguida de la “K” (Vicky): 80.
  7. Si hay una “J” que se pronuncie como “Y” (Jackson): 50.
  8. Si hay una “H” que se pronuncie como “J” (Hommer): 40.
  9. Si hay una “S” que se pronuncie como “ES” (Spencer): 60.
  10. Si hay una “E” que se pronuncie como “I” (Peter): 60.
  11. Si hay una “A” que se pronuncie como “EI” (Grace pronunciado Greis): 70.
  12. Si su nombre comienza por “Sh” (Shirley): 150.
  13. Por cada “Sh” adicional (Shasha): 80.
  14. Si comienza por “Zh” (Zheilha): 200.
  15. Por cada “Zh” adicional (Zhazha): 100.
  16. Si la “K” está seguida de la “L” (Franklyn): 100.
  17. Si la “T” está seguida de la “H” (Yulieth) (no aplica para nombres bíblicos como Judith o Martha): 50.
  18. Si la “J” está seguida de la “H” (Jhonier): 50.
  19. Si la “E” está seguida de la “I” (Jeivi): 35.
  20. Si la “E” está seguida de la “Y” (Leydi) o la “A” está seguida de la “Y” (Sharay): 45.
  21. Si termina en “ER” (excepto Javier): 40.
  22. Si termina en “IS” (Marlidis): 50.
  23. Si termina en “ERG” (Johnisberg): 90.
  24. Si termina en “ORG” (Bjorg): 100.
  25. Si termina en “ING” (Goering): 80.
  26. Si tiene “ING” en cualquier parte del nombre (Lingord): 80.
  27. Si termina en “MAN” (Wellman): 35.
  28. Si termina en “EN”, “IN”, “ON” (excepto Simón) (Julien, Marylin, Lyndon): 35.
  29. Si termina en “YN” (Gwendolyn): 60.
  30. Si termina en “OL” o en “OLL” (Clarioll): 40.
  31. Si hay una letra sin sonido distinta de la “H” (Marbelle, que suena Marbel): 100.
  32. Si su nombre es un apellido anglosajón (Jackson): 50.
  33. Si su nombre es un apellido anglosajón escrito como suena (Chuaceneguer): 90.
  34. Si su nombre es una marca registrada o un conjunto musical (Hyunday, Zeppelin): 90.
  35. Si su nombre tiene signifi cado en inglés (Grateful Dead González): 80.
  36. Si contiene una consonante doble diferente a “RR” (Tressor, Dennis): 40.
  37. Si hay una vocal doble (Mayii): 80.
  38. Si su nombre es tomado de un nombre con apellido (Billclinton Pérez): 100.

Bonificaciones:

  1. Si no tiene tocayos: 200 puntos adicionales.
  2. Si nadie es capaz de pronunciar o deletrear su nombre (Hübberpryoth): 250.
  3. Si no se sabe si el nombre es de hombre o mujer (Duverly, Faisanni, Yajibe): 300.
  4. Si su apodo tiene menos puntos que su nombre: Dobla el puntaje.
  5. Si el nombre de su perro, gato o loro tiene menos puntos: Triple puntaje.

Ejemplos:

  • Ruddy Rodríguez: 75 (Lleva consonante doble “DD”: 40; termina en “Y”: 35).
  • Léider Preciado: 75 (la “E” está seguida de la “I”: 35; termina en “ER”: 40).
  • Willington Ortiz: 205 (Comienza por “W” 50; lleva consonante doble “LL”: 40; tiene “ING”: 80; termina en “ON”: 35).
  • Zharick León: 315 (Comienza por “Zh”: 200; tiene “CK”: 80; termina en “K”: 35).
  • Rosemary Bohórquez: 335 (La “E” no suena: 100; termina en “Y”: 35; une dos nombres anglosajones: 200)
  • Marbelle: 340 (Consonante doble “LL”: 40; la última “E” no suena: 100; cuando nació no tenía tocayas: 200).
  • Shakira: 370 (Comienza por “Sh”: 150; tiene una “K”: 20; no tenía tocayas: 200).
  • Yipsy González: 375 (Comienza con “Y”: 50; termina en “Y”; 35; no tiene tocayos: 200; se inspira en un grupo musical (Gipsy Kings) : 90.

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4th Abril 2008

Una dicha sin nombre

Cuando mi hijo y Claudia, su mujer colombo-azteca, encargaron el primer niño, hacía rato habían resuelto el problema
del nombre.

-Si es mujer -comentaron frescos y plácidos frente a una taza de café y una caja de galletas- se llamará Guadalupe.

-¿Y si es varón? - pregunté.

-Si es varón, también.

Supe entonces que en México el nombre de Guadalupe sirve para macho o hembra, mientras que en Bogotá solo vale para cerros.
Nació mujer -la niña más preciosa que mis ojos vieron- y entonces Guadalupe pasó a ser en Bogotá también un nombre de ser humano.

Pero hace unos meses, cuando encargaron el segundo vástago, la cosa estaba menos clara.

-Si es mujer -confesaron ojerosos y angustiados frente a un termo de tinto y una caja de Prozac- no sabemos cómo se llamará.

-¿Y si es varón?

-Tampoco.

Pasó el tiempo. A las quince semanas de embarazo el médico examinó una especie de documental borroso en blanco y negro, digno de canal regional de televisión, y dictaminó que esas manchas confusas iban a ser niña.

Entonces empezamos a buscarle nombre.

Rápidamente fueron eliminados los de madre o abuelas (para no confundirse); los extranjeros (Shirley, Jennifer, Ninoska); los del santoral (Guadalupe se habría llamado Clotilde); los de resonancias farmacéuticas (Xantria, Silviastatina) y los de moda, como Valentina, Daniela o Valeria.

Puesto que he escrito generosamente sobre el tema y poseo rica documentación onomástica, acudieron a mí. Llevé mis archivos en un baúl y, para empezar, propuse viejos y sólidos nombres castizos.

Tras una hora de Erundinas, Gódulas, Sinforosas, Tarsicias, Petronilas y Ezequielas nos dimos por vencidos. Lo mismo ocurrió con la carpeta de nombres típicamente colombianos, donde campeaban Luzmary y Vanesa, y con la de nobles antepasadas que, como Vicenta, Rita y Jesusa, fueron descartadas sin misericordia.

Saqué entonces el archivo de canciones y, después de eliminar a Gwendolyn (por razones obvias) y a Adaluz (que generaba derechos de autor), llegamos a Penélope.

Linda canción, bello nombre, genial Serrat, adorable Penélope Cruz. El hallazgo despertó creciente entusiasmo durante varios meses, hasta que mi prima Wendy Saturia comentó con sonrisita amarga:

-Muy bonito Penélope. Lástima, tan feo el apócope.

-¿Cómo así? - preguntó Claudia.

-Pues que si a Francisco le dicen Fran y a Sebastián le dicen Sebas, no quiero imaginar cómo le van a decir a Penélope.

Hasta ahí llegaron las alegrías. Se derrumbaron con estrépito el nombre de Penélope, el cariño que le teníamos a la canción y la promesa de pagarle la educación universitaria que había ofrecido Serrat.

No dejo de pensar que se trató de una venganza tardía de mi prima por lo de Wendy Saturia. A estas alturas ya se habían cumplido los nueve meses y el médico hacía esfuerzos admirables por retrasar el nacimiento: los padres del prospecto de ciudadana se negaban al parto mientras careciese de denominación la candidata.

Llovieron votaciones por internet, llamadas a la emisora de Gustavo Gómez (alguien sugirió ponerla Gustava y fue expulsado de la familia), nuevas consultas a mis archivos y nombres formados al azar con letras de Scrabble. Pero no aparecía ninguno que gustara a todos.

Cumplidos trece meses de embarazo, el médico decidió que si la niña no nacía ya, habría que darla a luz directamente en el colegio.

-¡Entonces, que nos ilumine el Espíritu Santo! -exclamó Claudia con resignación. Derrotados, nos pusimos en manos del Espíritu Santo y del almanaque.

La china nació el Jueves Santo.

Es preciosa, idéntica a la hermana y las primas, y nos produjo una dicha sin nombre. Literalmente. Porque el notario se negó a registrarla como Ultimacena. En medio de la desolación, alguien improvisó un chiste y propuso llamarla Anónima.

Ustedes saben que a veces las bromas hacen carrera y, en momentos de desesperación, se convierten en proyectos serísimos. Mi nuera ya estaba empecinada en bautizarla Anónima, cuando se me ocurrió el argumento demoledor.

-¿Y qué pasa si la llaman por el apócope? Entre las primeras letras de Penélope y las primeras de Anónima, que entre el diablo y escoja.

Fue así como llegamos a la solución más sabia. Gracias a un golpe de imaginación mío, Innominada Samper García aspira a ingresar, luciendo orgullosa su invicto nombre, a la nomenclatura castellana, al censo nacional y, me temo, a los Récords Guinness.

P.D.¿ Acaba de informar la radio que Innominada se llamará Paloma. Siempre fue que nos iluminó el Espíritu Santo…

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28th Marzo 2008

Consultas sobre lenguaje

El creciente interés por los temas de lenguaje y el creciente prestigio académico del autor de esta columna han atraído numerosas consultas de ciudadanos que quieren despejar dudas sobre el uso del español.
P - ¿Son sinónimos español y castellano?
R - Solo si se refieren a la lengua. De resto no, porque no todos los españoles son castellanos, y la mayoría de los caballos de paso castellano ni siquiera son españoles.

P- ¿Es verdad que el español es más fácil que otras lenguas por tratarse de un idioma fonético, es decir, que se pronuncia como se escribe?
R - Sí, siempre y cuando tenga en cuenta que la “h” se escribe pero no se pronuncia, como también ocurre a la “u” después de “g” y antes de “i”, “e”; que la “k” suena como la “c”, pero solo si la “c” va acompañada de “a”, “u”, “o”; que la “s” suena en América como la “z” y como “c” cuando esta va acompañada de “e”, “i”; que la “q” suena como la “k”, pero necesita siempre la compañía de la “u”; que la “g” suena como la “j” antes de ciertas vocales; que la “v” se pronuncia como la “b”; y que la “ll” y la “y” se parecen mucho. Pero, descontadas estas y otras pocas excepciones más, es un idioma fonético muy fácil.

P- En estos tiempos, ¿cumplen algún papel las tildes, que han ido desapareciendo?
R -Si desaparecieran las tildes, los curas no predicarían desde un púlpito sino desde el pulpito, que es una especie de calamar; licito y lícito serían lo mismo, cuando a menudo son opuestos; los cánticos celestiales serían canticos de bebé; el inglés se convertiría en las ingles; y presidió no sería el pasado de un verbo sino el futuro de todo criminal.

P-¿Cuál es el origen de la palabra perífrasis, que quiere decir circunloquio, ambage, rodeo?
R - “Perífrasis” viene del latín: “peri”, que quiere decir peras, y “frasis”, que signifi ca frases. Quien utiliza una perífrasis les da rodeos a las frases como si fueran peras.

P- ¿Hay alguna excepción a la norma de que el masculino de los sustantivos se forma con la terminación -o, como en panadero, marinero, gato, y el femenino con -a, como en panadera, marinera,
gata…?
R - Muchas. El acero es una cosa y la acera es otra; la bota no es la pareja del bote; la pica no tiene pico; la rata no tiene un rato libre; el morado es un color y la morada una casa; la loma tiene lomo, pero el lomo no tiene loma; el perico no ofrece los peligros de la perica y un libro puede pesar más de una libra.
P- ¿Es cierto que la palabra perro es de origen desconocido?
R - Si es de origen desconocido, se llama gozque.

P -Oí decir que da igual pedir cebiche, sebiche, seviche o ceviche. ¿Me lo confirma?
R - Las cuatro están aceptadas. También le confirmo que, como consecuencia, usted puede sufrir agrieras, hagrieras, agruras y hagruras.

P - ¿Qué pasaría si prescindimos de la ñ, que tantas complicaciones produce en los computadores?
R - El extrañamiento de la ñ haría mucho daño al español, pues tenemos enorme cariño por esa letra de la que solo es dueña nuestra lengua; la gente dejaría de bañarse, se acabaría la ropa de paño, nadie empeñaría sus bienes; no habría años sino meses, niños sino adultos, sueños sino pesadillas, moños sino trenzas, mañanas sino tardes, piñas sino plátanos, caños sino tubos, bisoñés sino pelucas, mañas sino trucos y antioqueños sino paisas. Se acabarían los madrileños, los limeños y los españoles: sería realmente una extraña hecatombe…

P - ¿Por qué en español no importa el orden de las palabras en la frase?
R - ¡No quien importa dijo que! Lo es no mismo “cómo no” que “no como”…
P- Para formar diminutivos, ¿da igual emplear los sufijos -ico, -ito o -illo, como gatico, osito y perilla?
R - No da igual: es distinto gatico que gatillo, osito que osico y perilla que perica.

P- ¿No le parece un abuso machista que la palabra masculina englobe ambos géneros, como decir “el colombiano es buen trabajador” o “nada más dañoso que el cerdo”?
R - No sé si será machista, pero es económico. Porque, como decía alguno, no podemos cambiar hasta los refranes para decir “El mejor amigo y amiga del hombre y la mujer es el perro y la perra”…
POR DANIEL SAMPER PIZANO
Article:
http://feeds.eltiempo.com/~r/eltiempo/carrusel/~3/259291468/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-4040272.html

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14th Marzo 2008

¡Que viva el tour!

Hace algunos lustros estaba de moda una canción de Alberto Cortez que interpretaba Piero. Se llamaba “Los americanos” y en algún lugar de la letra decía:

Cuando son mayorcitos
se visten de turistas
y se van por el mundo
los americaaaaaanos
en viaje organizado
con romance incluido…

Me hacía mucha gracia la canción. Todavía me la hace. Especialmente los anteriores versos, que pretenden burlarse de los viajes organizados, esos paseos en que le venden a uno en un solo paquete el billete de avión para llegar a la ciudad escogida, el taxi del aeropuerto al hotel, el hotel, el desayuno en el hotel, las propinas, algún espectáculo folclórico, varios recorridos por museos y lugares considerados atracciones turísticas, el taxi al aeropuerto y el tiquete de vuelta a casa.
Nunca me tocó romance alguno, lamentablemente, pero era muy divertida la canción. Lo único es que estaba equivocada. El tiempo y la experiencia me han permitido saber que los que tienen razón en viajar así son los americaaaaanos.

Durante años yo mismo organizaba mis viajes, quizás porque en el subconsciente galopaba la canción de Cortez: gastaba semanas en averiguar itinerarios aéreos y hoteles, mandaba plata anticipada, me tumbaban los taxistas del aeropuerto al hotel, y luego me tumbaban en el hotel exigiendo propinas ilegales; después perdía el tiempo en visitas sin guía a iglesias y monumentos, o tenía que contratar in situ a una señora o un caballero que me relataban larguísimas e inoficiosas historias sobre el lugar. Para evitar una nueva estafa del taxi al aeropuerto, tomaba bus y más de una vez me dejó el avión porque el velívolo hacía incontables paradas en la ruta.

Al final, había gastado mucho más tiempo y una fortuna en un viaje que yo mismo me encargaba de montar, y veía menos y aprendía menos y todo me salía más caro.

Siguiendo consejos de falsos amigos, ensayé internet. Hay una leyenda, ya no urbana sino informática, según la cual un internauta hábil consigue vuelos a Europa por menos de 100 dólares y ofertas de hoteles que lo alojan y le llevan el desayuno a la cama por 20.000 pesos. Mentira. Todo mentira. Aparte de que uno emplea más tiempo en separar un tiquete de avión que en un trasplante de cerebro y que se necesita ser ingeniero cibernético para los múltiples pasos que exigen las ventas a través de la red. Al final, uno se ahorra unos pocos pesos. Pero como tiene que pagar con tarjeta de crédito para cerrar la operación, acaban clonándole a uno la tarjeta y clavándole compras en ciudades que no conoce ni quiere conocer y pasajes alrededor del mundo para dos adultos y un niño.

Lo peor es la sensación de soledad en los tours de montaje doméstico. Nadie lo recibe a uno en ninguna parte y no tiene con quién compartir panes y penas. El viaje organizado, como nos gusta a mí y a los americaaaaaanos, no solo cuenta con apoyo de prójimos en todas las instancias, sino que lo juntan a uno con corderos pertenecientes a otras manadas para acudir juntos a visitas y espectáculos, y uno acaba haciendo amigos del alma para toda la vida. De los cuales no vuelve a saber nada.

Hay quienes optan por fórmulas intermedias, como comprar un paquete de pasajes y hotel, y luego sufren para conseguir taxi y excursiones en la ciudad. Mi consejo desinteresado: compren el tour con todo lo que ofrezca, hasta boletas para ir al baño, si es que las venden. Ganarán en tranquilidad y en tiempo.
- Sí, ganas tranquilidad y tiempo, pero pierdes libertad de movimiento- me decía un amigo que aún no ha alcanzado la maravillosa edad en que uno aprecia la ópera, los melocotones en lata y los viaje organizados.
Y yo le contesto que, mientras más viajo, la libertad de movimiento que más aprecio es la de volver a casa rapidito y sin esfuerzos.

Article:
http://feeds.eltiempo.com/~r/eltiempo/carrusel/~3/250954109/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-4005474.html

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12th Marzo 2008

Submarinos caseros

Optimista es el que ve aspectos positivos aun en las peores situaciones. Por ejemplo: alguien se rompe una pierna montando en bicicleta y sueña con que lo lleven en silla de ruedas a abordar los aviones. Pesimista es el que solo advierte los matices negativos de una circunstancia. Por ejemplo, alguien gana una bicicleta en una rifa y cree que se caerá, se romperá una pierna y no le permitirán montar en avión.

Voy a los hechos. Hace poco atraparon a Humberto Cuevas Salazar, ingeniero civil que trabajó en una época para la Fuerza Aérea y acabó prestando sus servicios a la mafia del narcotráfico. Por algún remezón interno que no recuerdo, algún enemigo suyo lo delató a la Policía y esta le echó mano en un barrio de Cali.

Ocurre que este opita, apodado ‘Acuario’, no es un reo cualquiera, y aquí es donde entra a funcionar mi teoría sobre el pesimismo y el optimismo. Se trata de un genio de la tecnología, capaz de montar toda una industria secreta e ilegal de submarinos que, lamentablemente, no se proponía defender a la patria ni facilitar a la ciencia la exploración de las maravillosas entrañas del océano, sino transportar droga a escondidas de las autoridades.

Olvidémonos por un momento de la nefanda destinación de las naves y pensemos en la genial operación de la fábrica. Las grandes potencias tienen montadas factorías de submarinos financiadas con cuantiosos fondos estatales; son astilleros gigantescos donde trabajan miles de personas ayudadas por toda clase de equipos sofisticados, grúas, malacates y hornos de fundición. ‘Acuario’, en cambio, se las arreglaba en caletas estrechas y oscuras; tenía que trabajar en la más absoluta reserva y sin dejar rastro para que no lo pillara la Policía, y le tocaba improvisar siguiendo sus conocimientos e instintos. Algunos talleres clandestinos estaban tan lejos de la costa que la operación de traslado implicaba otro despliegue de ingenio y tecnología. Hace siete años se descubrió una fábrica de submarinos en Facatativá; la nave estaba casi terminada, solo le faltaba recorrer cerca de 800 kilómetros hacia el mar encaletada en una tractomula. También en el desierto de la Guajira, oculta con ramas y palos, apareció otra y una más fue descubierta en un río próximo a Buenaventura.

Era, según dicen, un precioso juguete capaz de navegar bajo el agua con tres toneladas de cocaína a bordo. Estos tres y 16 sumergibles más encontró la Policía. Pero se calcula que ‘Acuario’ construyó y lanzó al agua unos veinte submarinos adicionales que han eludido los controles de las fuerzas navales colombianas y gringas.

No me enorgullece, propiamente, la hazaña. Bien sabemos el daño que ha hecho el narcotráfico al país y los desastres que la droga causa en los jóvenes. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Este ingeniero está acusado de graves delitos, mas nadie puede negar que se trata de un genio de la tecnología. Él solo, con la ayuda de unos pocos hombres, fue capaz de montar una señora industria de submarinos -más de 30- en condiciones adversas y bajo la sombra del silencio y la clandestinidad.

El pesimista dirá: “¡Otro colombiano talentoso que se dedica al crimen!”. Pero yo propongo una mirada optimista: tenemos un ministro de Transporte que se ha tropezado con las obras del túnel de La Línea (de la noche a la mañana resolvió que no había que hacer uno, sino dos) y el aeropuerto El Dorado (abrió licitación con un proyecto anacrónico). ¿Por qué no nombrar ministro a Cuevas Salazar? Para un hombre que fabrica submarinos en el patio de su casa, un túnel o un aeropuerto son moco de pisco.

En este punto gritarán los pesimistas: “¿Cómo vamos a premiar con un ministerio a un tipo que estaba al servicio del narcotráfico?” Y yo respondo con un enfoque optimista: le cambiamos la cárcel por el servicio cívico: ya que trabajó tantos años contra los intereses del país, que lo haga ahora en su favor.

Eso sí, con la obligación de convertirse en pasajero de todos los viajes inaugurales de los nuevos submarinos que construya para la Armada colombiana y otros países (porque seremos exportadores). Eso garantizará que ponga máximo esmero en su fabricación. Una cosa es ser optimista y otra es ser pendejo.

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29th Febrero 2008

Estudios

Hace pocas noches, cuando consideré que debía cumplir mis deberes conyugales del semestre, vestí mi bata de seda, me empapé en agua de colonia, puse música romántica, destapé una botella de champaña y me acerqué con intenciones románticas a mi irreemplazable esposa.

¡Quietico! -me dijo-. Eso que se propone hacer es muy peligroso.

Pero si solo le estoy coqueteando - tartamudeé a modo de disculpa–. Pensé que le iba a gustar.

Pues podría costarle caro -respondió, y me estiró un recorte de prensa donde se demuestra científi camente que coquetear quita energía.

Cuánta? Según estudio de la Universidad Javeriana, el hombre gasta 95 kilocalorías por minuto cuando intenta conquistar a una mujer, y ella, en cambio, solo quema 37. El mero intercambio visual consume 11 kilocalorías en la mujer y 3 en el hombre.

Sabiendo cómo es mi mujer cuando deambula con delantal y marrones, lo más probable es que le cueste a quien la ve 376.159 kilocalorías y un serio disgusto.

No estamos como para ir botando por ahí kilocalorías que a lo mejor nos harán falta mañana -me advirtió-. Así que mejor dejémonos de coqueteos y de vainas.

Se me ocurrió entonces la gran idea. (Recuerden que yo ya estaba preparado para cumplir mis deberes, aunque para ello renuncié a ver un partido de fútbol que pasaban por televisión). Le propuse que nos ahorráramos el contacto visual, la seducción y esas pendejadas y saltáramos directamente al tálamo nupcial.

¡Por ningún motivo! -contestó-. Eso sí que es mucho más grave.

Extrajo entonces otro recorte reciente donde un diario informaba sobre los graves riesgos del sexo. Decía la noticia: “Un hombre cuya mujer murió por una descarga eléctrica tras hacer el amor será acusado de homicidio involuntario en Pensilvania”. Parece que la pareja intentaba ponerle un poco de calor al asunto utilizando un secador de pelo, y en alguna maniobra torpe la pobre señora murió electrocutada.

Ahora acusan al marido de obligarla a esta clase de juegos.

¿Sí ve? -remató-. Riesgo mortal. Y cárcel. Intenté explicarle que los secadores no fi guraban en mis planes y por tanto era difícil que muriera de un corrientazo. No me creyó.

Mire, mijo: uno sabe cómo empiezan estos retozos, pero no cómo terminan. A lo mejor el señor de Pensilvania era un tipo más o menos tranquilo, como usted, pero se le ocurrió la mala idea del secador cuando la pasión le hizo perder la cabeza.

Muy bien, que conste que tenía todas las intenciones -dije resignado, mientras me quitaba la bata de seda y me ponía una sudadera-. Permiso, me voy a ver un partido de fútbol en la televisión.

Mi mujer saltó de grillo y se interpuso entre la pantalla y yo.

¡Imposible! ¡Me niego a quedar viuda por culpa de
un balón!

extrajo un tercer recorte. Según este, la Fundación Suiza de Cardiología ha demostrado que ver fútbol por televisión eleva las posibilidades de sufrir un infarto.

Al parecer, el estrés de ciertos partidos resulta irresistible para algunos corazones, especialmente en los tiros penaltis.

De modo -concluyó- que se acabó el fútbol en esta casa.

Ni seducción, ni sexo, ni fútbol. ¿A qué quiere entonces que me dedique?

Pues a trabajar horas extras, que es sano y deja plata.

En ese momento supe que había llegado mi desquite.

Pues se equivoca -dije- y mostré un recorte del 6 de febrero.

El titular decía “Trabajar más de 40 horas semanales
puede causar infarto y depresión”.

Es un estudio científi co de la Agencia de Salud Pública de España -expliqué-. Quienes trabajan 11 horas al día tienen tres veces más probabilidades de sufrir infarto que quienes trabajan seis.

Pues es muy digno morir en el trabajo -dijo mi mujer-. En cambio, ¡qué vergüenza hacerlo por razones sexuales o futbolísticas Así que no importa,siga trabajando.

La respuesta me indignó.

Si sigue pensando así -le advertí- se va a ir al infi erno…

Pues se equivoca -contestó, mientras me arrimaba un nuevo recorte: el infi erno no existe. Lo dijo el Papa.

En ese punto alcé los brazos y pedí compasión.

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22nd Febrero 2008

Devuélvannos el infierno, por favor

Les ha dado a los dos últimos Papas por quitar y poner el infierno, como si se tratara del letrero de “Abierto” y “Cerrado” de una tienda.

Juan Pablo II dijo que tan famosos lugares no existen en la realidad, pues son apenas estados interiores del hombre. Mejor dicho, es como si le dijeran a uno que Nueva York no es más que las ganas de irse a vivir allí, pero que no tiene existencia comprobada.

Ahora sale el sucesor de Juan Pablo, el pontífice Benedicto XVI, y aclara las cosas: no es exacto que no exista el infierno. Asegura el Papa que “El infierno existe y es eterno”, más o menos como las reuniones comunales del presidente Uribe.

Agrega, además, que también andan por ahí el cielo y el purgatorio, aunque nos deja en el limbo sobre el limbo. No sé ustedes, pero yo quedo sumamente alarmado con todo esto.

Para empezar, si los Papas son infalibles, ¿entonces por qué se contradicen? Además, se pone uno a pensar qué dirá el próximo Santo Padre que venga: ¿acaso que el infierno queda arriba y es ventilado, y el cielo está cerrado por reparaciones?

Vacilaciones tan grandes crean incertidumbre, y la incertidumbre es mala. Tan mala, que merece el fuego eterno. Vivíamos más tranquilos los cristianos cuando teníamos la seguridad del infierno, con sus llamaradas, sus altos hornos, las ánimas de los pobres pecadores en trance de achicharrarse y el diablo presidiendo el espectáculo con una sonrisa en los labios, un tridente en la mano y -en los momentos de coquetería- un lazo negro en la cola.

Daba tranquilidad esa imagen del infierno, porque permitía saber que allí iría a parar todo el que se portara mal y, en cambio, al que cumpliera con las leyes de Dios lo esperaba un cielo parecido al algodón de dulce, con cantos gregorianos, ángeles y un jurgo de monjitas.

Gracias a esta tajante división entre buenos y malos, cielo e infi erno, condenación y gloria, Satanás y el Padre Eterno, las cosas estaban claras. Y si no lo estaban, bastaba con acudir a la iconografía católica para descubrir tremendos cuadros donde aparecía el Demonio torturando a sus víctimas, o leer literatura religiosa -desde el Catecismo Astete hasta La Divina Comedia- para enterarse de lo duras que son las cosas en el Más Allá.

Desde que le dio al Vaticano por poner en duda la existencia de la geografía metafísica, muchos cristianos nos sentimos perdidos. Si no existe ese lugar que alberga eternamente el fuego y aquel otro donde todo es sosiego y contemplación de un señor barbudo sentadito en su trono, ¿qué estamos haciendo en este valle de lágrimas?

¿No hay premio ni castigo? ¿Todo tribunal se reduce a la Procuraduría y la comisión de sanciones de la Dimayor? ¿Se esfuman las posibilidades de conocer personalmente a Dios, darle la mano y que lo llame a uno por el nombre propio o su apodo, pues Él todo lo sabe? ¿Se desinfla la amenaza de nadar para siempre en la caldera hirviente donde deben de hallarse toda suerte de malvados, mujeres perdidas, perseguidores de la Iglesia y -espero- perseguidores de niños?

Y, en lo que hace con otros puntos de ultratumba, ¿cancelaron las autoridades para siempre el limbo, aquella oscura guardería de niños sin bautizar? ¿Y qué me dicen del purgatorio, antesala de la felicidad donde se producía un intenso comercio de pecados, sanciones e indulgencias adquiridas durante la etapa terrenal?

Imaginar la vida sin cielo, infi erno, limbo ni purgatorio es como pensar en un mapa de Colombia donde desaparecieran el río Magdalena, Bogotá y otras ciudades, la pata que se hunde al sur en el río Amazonas y la nariz oriental que aprietan Brasil por abajo y Venezuela por arriba.

No digo que conviene regresar a la ciega fe de carbonero, entre otras cosas porque ahora los carboneros son empresas multinacionales que solo tienen fe en el capitalismo. Pero pienso, humildemente, que la Iglesia debería tener más cuidado a la hora de revisar los símbolos que sirvieron para educar a millones de católicos.

Entre otras cosas, porque si suprimen el firmamento y el infierno se desplomarán la literatura, la pintura y la música occidentales. Habrá que desterrar incluso boleros y vallenatos, pues los primeros mencionan constantemente al cielo y los segundos se meten a menudo con el diablo.

Yo, por ejemplo, estoy por creer que nunca existieron los arcángeles, sino que eran garzas blancas sobrealimentadas, y que San Pedro no carga llaves sino tarjeta inteligente, como en los hoteles modernos.

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15th Febrero 2008

Ahí vienen las rusas

La caída del muro de Berlín y el levantamiento del muro de la experiencia personal me han llevado en los últimos años a dos descubrimientos que quiero compartir generosamente con ustedes.
El primero son las tenistas rusas. El segundo, los viajes organizados. No alcanzan a imaginar los lectores de qué dos maravillas les hablo. Hasta hace poco yo ignoraba la existencia de las rusas y desdeñaba las excursiones de agencia, a los que dedicaré la columna de la semana próxima. Ahora me falta aire para suspirar por las compatriotas de Putin y tiempo para viajar sin preocuparme por nada.
Empecemos por ellas. Durante siete décadas el mundo se acostumbró a mujeres rusas como las esposas de Nikita Krushov, el camarada Brezhnev y los demás cacaos del Kremlin: señoras gordas y de tupido bozo que no se quitaban jamás la pañoleta y usaban zapato de tacón bajito, faja de varillas y suéter una talla más pequeño. No digo que estas damas no fueran eximias representantes del noble pueblo soviético. Digo solo que, si lo eran, inspiraban pocas ganas de extender la revolución bolchevique
a nuestros países.
l derrumbe del Muro de Berlín, en 1989, produjo dizque “un nuevo amanecer de libertad”. Y el fruto de la libertad ha sido extraordinario. Quince años después, el mundo está maravillado -lo estoy yo, al menos-con esta nueva generación de rusas que cambiaron bigote por pecas y fajas por pantaloncitos diminutos. Cuando hablo de rusas, entiéndanme, me refi ero también a eslovacas, bielorrusas, checas, eslovenas, búlgaras, etc., así como los moscovitas, cuando hablan de mexicanos, abarcan paraguayos, argentinos, bolivianos, colombianos y salvadoreños.
Confi eso que, hasta cuando descubrí a estas chicas con apellidos que parecen sacados de las páginas de Tolstoi o Gogol -Dementieva, Chakvetadze, Vaidisova, Vesnia, Petrova, Kirilenko, Ivanovic-, yo tenía un serio desagrado con la raza blanca. Cada vez me hastiaban más las venas azules en piernas color kumis, las mejillas coloradas y las cejas amarillentas. Pero estas rusas nuevas son otra forma de blancura. No es la aburridísima blancura de la pureza. Es una blancura dorada, trigal, capciosa, intencionada, coqueta. Además, si las matronas soviéticas eran
paticortas, estas tienen piernas de lámpara: las de Adriana Skleranikova de Karembeu, tronco de modelo casada con un futbolista tronco, miden como 121 centímetros cada una: lo que medía, entera, la mujer de Lenin.
Hemos conocido a estas muchachas gracias al tenis internacional
que transmite la televisión. Varones toscos, como yo, que despreciábamos el tenis porque a cada contendor le adjudican media cancha y no hay disputas territoriales ni choques cuerpo a cuerpo, como en el fútbol, nos hemos afi cionado mansamente al deporte de las raquetas gracias a las rusas. A estas alturas de la vida, yo estaría dispuesto incluso a presenciar largos partidos de
ping-pong si en ellos participan mujeres con apellidos terminados
en “ova·” o en “enko”. Lo más bonito es que no son solamente tenistas. Mis febriles indagaciones sobre estas sardinas revelan que Maria Kirilenko también juega al balompié, que mi tocaya eslovaca Daniela Hantuchova es pianista y que la arrebatadora Svetlana Kuznetsova le jala al modelaje.
Las tenistas son solo la avanzada de la primavera femenina
ostsoviética. Un amigo mío que viaja mucho a Londres asegura que los buenos hoteles están llenos de camareras rusas dignas de disputar la Copa Davis y el concurso Miss Universo. En Madrid he visto inmigrantes de Europa oriental cuya sola presencia justifi ca la apertura indiscriminada de fronteras.
Pero como no hay paraíso sin serpiente, estoy esperando a que aparezcan los pontífi ces neoliberales que atribuyan al capitalismo y la globalización el fl orecimiento de las muchachas eslavas. A ellos les responderé esgrimiendo los clásicos rusos, cuando ya las mujeres eran de arrebatadora belleza. Un comprende las peloteras que armaron Natasha Rostov, Natacha Alekseevna Lasunsava y Lara Antipova.
pesar de que la Cortina de Hierro ha sido reemplazada por la malla de náilon, las hormonas no cambian. Hoy en día, los hijos de Julio Iglesias y yo estamos dispuestos a dejar a un lado el fútbol y empuñar la raqueta para gozar al menos de un set con Anna Karenina. ¿O es, acaso, Maria Sharapova?

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8th Febrero 2008

El kumis de la memoria

Salvo para alineaciones de fútbol, poemas aprendidos antes de los 25 años y datos caprichosos e inútiles, no tuve nunca buena memoria. Mejor dicho: he tenido siempre una memoria con fecha de vencimiento, como el kumis.

De un día para otro podía aprender una manotada de fechas, fórmulas de física o términos procesales del derecho civil; pero 48 horas después se borraban para siempre de mi memoria. Así aprobé muchos de los exámenes del colegio y la universidad, y por eso puedo asegurar que este sistema de valoración no sirve para nada.

Es como calcular la temperatura de la Tierra metiendo un termómetro en una taza de café. Para demostrar que no miento, me gustaría citar como testigos a mis profesores de física y procedimiento civil, pero no recuerdo cómo se llamaban.

El caso es que el kumis cada vez se vence con mayor rapidez y mi memoria también. Noto que logro retener ciertos datos -un nombre, una fecha, una cara- apenas durante unas horas. Y que cada vez me parece más difícil aprender una canción o un soneto.
Imagínense el trabajo que me da recordar más de cuatro ministros del gabinete del presidente Uribe. No, mi querido lector, no se ría: si es tan berraco, dígame los nombres de los ministros de Salud, Desarrollo, Cultura (de acuerdo: esa morenita encantadora, pero deme el nombre) y Obras Públicas (sí, sí, el paisa rezandero; pero ¿cómo se llama?). Y lo peor es que, como se me olvidan rápidamente las cosas, acabo repitiéndolas a quien ya las sabe.

Por todo lo anterior mi nuevo icono en la carpeta de odios es el de los memoristas. Tengo varios amigos que gozan de memoria privilegiada y se esmeran en demostrarlo. Diálogo típico con mi cuate argentino Daniel Divinsky, el hombre de la memoria atómica, editor de Quino y Fontanarrosa.

- Quería decirte, Divinsky, que cuando nos conocimos a fines de marzo de 1975…
- Perdoná -interrumpe Divinsky-: fue a principios de abril.
Está bien, a principios de abril. Comentaba que cuando nos conocimos, tú me hablaste de un taxista argentino que cantaba mientras…
- No era argentino. Era uruguayo.
- En fin: que ese taxista que te llevó en Montevideo…
- En Buenos Aires. El taxista era uruguayo, pero trabajaba en Buenos Aires.
- Eso. Me contabas que ese taxista uruguayo que trabajaba en Buenos Aires les cantaba tangos a los clientes, cosa que me parece…
- Excusame. No cantaba tangos. Cantaba milongas.
- ¡Pare ya, Divinsky! ¡No le siga buscando las tres patas al gato, carajo!
- Las cinco. El gato tiene cuatro patas. La tercera aparece sin buscarla. La difícil es la quinta.

sí son los diálogos con Divinsky: interminables, porque se acuerda de todo. Y lo peor es que, como se me olvidan rápidamente las cosas, acabo repitiéndolas a quien ya las sabe. A él, por ejemplo.
En 1976, un año después de conocernos, hablamos de familias numerosas y, entre los abundantes ejemplos que surgieron, comenté que mi abuelo había tenido siete hermanos. Hace pocos meses, en uno de nuestros frecuentes encuentros, le mencioné que venía del entierro del último hermano de mi abuelo -en realidad, una hermana-, que eran siete.

- Eso ya me lo dijiste hace 31 años, tocayo.

No es posible envejecer con dignidad si nuestros amigos no envejecen al tiempo con uno. Divinsky es mayor que yo, pero su memoria está cada vez más joven. Y lo peor es que también se acuerda de decenas de números telefónicos, todas las alineaciones del Boca Juniors y los autores de libros de toda índole.
xisten ya tan modernos sistemas de acumulación de datos, que es infame e innecesario pedir que la fecha de vencimiento de la memoria humana tenga mayor duración que un kumis. Pero no un kumis en nevera, sino al aire libre y a la temperatura de La Dorada. Así nos pasa a muchos. Y lo peor es que, como se me olvidan rápidamente las cosas, acabo repitiéndolas a quien ya las sabe.

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1st Febrero 2008

Ya soy eterno

Dulcero como soy, solía visitar el restaurante Crèpes & Waffles (CyW) y agotar su delicioso menú. Pero, ingenuo como soy, pensaba que los dueños eran dos reposteros europeos, diga usted François Crèpes y Peter Waffles.

Un día supe que no había tales pasteleros foráneos; que la exitosa marca es netamente colombiana y que sus empresarios son una pareja encantadora, Eduardo y Beatriz. Pero, ay, supe también que ella es tan atractiva como afecta a la palabrería espiritual y que insufla al personal de su negocio frecuentes sermones sobre la felicidad, la alegría, el amor, la trascendencia y la vida.

En suma, decidió que elaborar colaciones constituye un sendero hacia la Realización del Ser y la Construcción de la Patria. Para que nos entendamos, misiá Beatriz escribe, publica y lee a sus pobres empleados cosas como estas:

Colombia tiene cara de mujer…”.

“Si me preguntaran en qué radica el éxito de CyW, mi respuesta sería: ¡en el amor!”

“Si llegas al corazón te quedas en la mente. Si conquistas
con el sabor… dejas la ilusión de volver”.

“Colombia es pasión: necesitamos mujeres que establezcan
leyes, reglas y normas con estilo CyW…”.

“¡Quiero amor y quiero amar!”

“¡Mantengámonos fuertemente trabajadores! ¡Inmensamente
productivos! ¡Inmensamente amorosos!”

“Libertad es construirse a sí mismo a partir de los hechos”.

“Si las flores hablaran nos dirían… ¡los amo!”

Y, para variar, “Crèpes & Waffles tiene cara de mujer…”.

En fin, una mezcla intragable de amor, felicidad y calorías: el peor Paulo Coelho con el más engordador Paul Bocuse. Ciertos mensajes no parecen vender solidaridad, sino discriminación: “Las aves solo vuelan con aves del mismo plumaje; jamás veremos palomas volar con chulos, porque les quitan su vuelo”… “Puedes amar al prójimo, pero no necesariamente puedes convivir o asociarte con todos”… “¡Volemos alto, con aves del mismo plumaje!” (Si aplican esta filosofía en el extranjero, nos echan a patadas a todos los inmigrantes).
Como, además de dulcero e ingenuo, detesto la espiritualidad de bolsillo y los predicadores de la energía y la belleza, escribí en 2005 un Postre de Notas donde manifestaba mi orgullo por el éxito internacional de esta cadena colombiana, pero rogaba que no le metieran amor, paz y patria a lo que solo es asunto de hornos y gerencia. La titulé “Filosofía acaramelada”.

Nunca pensé que esa nota iba a producirme una de las grandes alegrías de mi vida, como si volara muy alto y me construyera a mí mismo a partir de los hechos. Hace algunas semanas, misiá Beatriz publicó un libro suyo conrecetas para la parva, para la existencia y para la parva existencia. Allí aparecen muchas de sus pláticas de algodón rosado y de sus frases para Ser Mejor Persona. También los principales platos de CyW. Y, entre las novedades, un helado que se denominará “Filosofía acaramelada”.
¡Demasiado honor! Misiá Beatriz lo anuncia como gentilísima respuesta a mi columna y, para que no quede duda de quiénes le ayudaron a prepararlo, me menciona con gratitud y añade: “¡Gracias a Dios por darme la fortaleza para hablar de amor y transmitirlo!”. De modo que este insuperable helado es producto de los tres: misiá Beatriz, Dios y yo. No puede fallar.

Sentí en ese instante un Estremecimiento de Eternidad parecido al que sacudió a René de Chateubriand cuando se comió el primer filete con su nombre, a Alfredo cuando probó los fetuccini que lo mientan, a Suzette cuando exigió repetición de sus crèpes, a María Tudor cuando cató el Bloody Mary y a César (¿Augusto? ¿Borgia? ¿Rincón?) cuando descubrió que su nombre bautizaba una ensalada.

eñoras y señores: ya tengo plato propio, ya soy eterno.

Semejante libro para glotones de la metafísica ligera y la repostería pesada necesitaba al menos tres presentadores. Dos de ellos se ocuparon de lo Bello y lo Trascendente y Juan Gustavo Cobo-Borda blandió contra mí los bizcochos y las portentosas masas, incluyendo la suya. Luego pidió jarra de jugo de guanábana y triple orden de ponqué y se sentó a cavilar sobre la vida.

Mi mayor sorpresa fue cuando supe que el libro también se llamaba Filosofía acaramelada, lo cual, supongo, me otorga importantes derechos de autor. Los cobraré en diversas especies de crèpes y dulces, incluyendo mi helado. Pero ordenaré que las envíen a domicilio, para conjurar el peligro de oír la carreta de mercadeo espiritual de misiá Beatriz.

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http://feeds.eltiempo.com/~r/eltiempo/carrusel/~3/226859749/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3940374.html

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