16th October 2007

La hampocracia y la montaña rusa

Los criminales dictan la agenda y el país vive hipertenso.

¿Miente el presidente Uribe cuando acusa a un magistrado de la Corte Suprema de intentar montarle una trampa con ayuda del paramilitar ‘Tasmania’? ¿Miente el magistrado cuando sugiere que es falso lo que dice Uribe pues no existe tal conspiracion?

Yo apuesto todo contra sencillo a que si alguien miente es ‘Tasmania’. Temo que, una vez más, el país pisó la cascarita y marcha al ritmo y compás que le interpretan los hampones y sus abogados. No era nadie ‘Tasmania’ hace dos semanas. Ahora es personaje. Mañana le dedicarán un programa especial de televisión. Pasado mañana publicará su libro. Al día siguiente quizás saldrá hacia Estados Unidos protegido por el gobierno de ese país para recitar la cartilla que le entreguen, a cambio de un nuevo rostro y una pena que da pena. Con un poco de suerte, también su última amante mojará primeras páginas, televisión, libro e incluso entrevistas en prensa extranjera. La de las “revelaciones”, chimbas o no, es una copa para todos llena, y el bandido que no la aproveche es porque no quiere.

Así ha sido desde que el país aceptó que los criminales fijaran la agenda de la política y de la prensa. Es un horóscopo perverso. Estamos bajo el signo de ‘Tasmania’, como antes lo estuvimos bajo el de Virginia Vallejo, Patiño Fómeque, ‘Chupeta’, ‘Rasguño’, Mancuso, ‘Pitirri’… Y no sigo porque parece que presentara una nómina de circo.

No es posible negar la importancia que en ciertos casos tienen ciertas declaraciones de personajes vinculados al mundo del delito. Algunos crímenes solo se descubren a partir de pistas que ellos ofrecen. Pero insisto en que su testimonio puede y suele estar alterado por intereses de diversa índole -desde venganzas hasta rebaja de castigos- y sirve apenas como punto de partida para investigaciones. En el planeta entero los delincuentes son fuentes de información: pero una fuente sospechosa, que es preciso verificar y ampliar por otros medios. Solo en Colombia se convierten en constantes protagonistas de la actualidad a través de entrevistas, documentos o declaraciones sin contrastar. Ya es bastante grave que ellos sean motor del periodismo más fácil del mundo; pero es que, además, se dan el lujo de promover terremotos institucionales y emitir descalificaciones que luego encuentran generosa e ingenua acogida en el exterior.

Es preciso modificar la agenda tremendista que nos aplasta. Que todos -gobernantes, políticos, jurisperitos, líderes de opinión, periodistas- hagamos un alto en el camino y optemos por gestionar de manera más sosegada el planteamiento y solución de los problemas. Todos los debates y procedimientos caben: desde adelantar un juicio con todo el rigor de la ley a los ‘parapolíticos’ hasta avanzar hacia un intercambio humanitario. Pero no a fuerza de espasmos nacionales y sacudones. El Presidente tiene que tomar Prozac; sus amigos no pueden seguir pensando que un buen resultado en las encuestas los autoriza a todo; muchos de sus enemigos también deben serenarse; los jueces y magistrados, concentrarse en su misión; los periodistas, escoger la información sólida y seria que necesitamos. De lo contrario, cada bombazo de opinión provoca como respuesta un bombazo aún mayor, capaz de desplazar al anterior de la vitrina y, entre unos y otros, el país
vive sometido un permanente ataque de nervios.

Faltan casi tres años para que termine Uribe II (apenas vamos en Uribe 0,30), y ya nos armaron el enconado debate de Uribe III.
La época de elecciones regionales es mala para apaciguar ánimos. Pero, pasado el 28 de octubre, mucho convendría al país reflexionar sobre esta montaña rusa en la que estamos montados.

ESQUIRLAS. ¡Qué Selección Brasil más aburrida! Hace años que terminó en ella la magia de Pelé y el “jogo bonito”. El domingo, Colombia se parecía más a Brasil que Brasil mismo.

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9th October 2007

Los pugilatos del presidente Uribe

Nada bueno queda de las peleas del presidente con la Corte y los periodistas.

No había acabado de lidiar el toro de las acusaciones sin pruebas contra él lanzadas por la antigua amante de Pablo Escobar, cuando el presidente Álvaro Uribe se faja contra la Corte Suprema de Justicia y varios periodistas. Ahora tiene casadas por lo menos tres peleas, y resulta difícil pensar que todas son beneficiosas para el país.

Decía Luis Miguel Dominguín que él lidiaba a veces seis toros en una sola tarde. “El secreto -afirmaba- es que te vayan soltando los toros uno por uno”.

Uribe es de otra escuela de tauromaquia política, y pide todos los toros a la vez. Su habilidad, su popularidad y la vulnerabilidad de algunos de esos toros le permite cortar una que otra oreja. Pero el riesgo de una cornada grave es importante.

La pelea contra la Corte es ejemplo del tipo de combates que exigen máxima prudencia. Si considera que un magistrado de la Corte actúa de manera indebida, hay mecanismos institucionales para denunciarlo. El micrófono no es buen ring para esta clase de peleas, y mucho menos cuando se tiene un temperamento volado como el del primer magistrado. Ignoro quién tiene la razón, pero hay dos cosas claras: primero, que debería plantearse según los procedimientos legales y constitucionales; y, segundo, que ningún desenlace resulta aceptable: o el presidente está histérico o enfrentamos un acto de corrupción de la Justicia.

Tampoco resulta edificante la batalla campal con los periodistas. En algunos episodios Uribe tiene razón, como comentaré. Pero los duelos dialécticos en antena, los regaños a algunos interlocutores y el peligroso señalamiento de otros -caso de Gonzalo Guillén- son efectos lamentables de las maratones pugilísticas presidenciales.

Uno de los más lamentables hechos que marcan estas y otras situaciones recientes es que continuamos bajo el signo de los criminales que confiesan historias horribles… o que las inventan.

Un amigo mío español me preguntó la semana pasada si Colombia está tan arrevolverada como Birmania. Negué enfáticamente y le pregunté qué le hacía pensar semejante cosa.

-Las revelaciones sobre tu presidente- me dice-. Supongo que en este momento el pueblo intenta derrocar a semejante mafioso.
Solo entonces entendí que leyó un refrito internacional de las noticias colombianas sobre las “denuncias” de Virginia Vallejo y creyó que si la prensa recogía noticias tan gordas es porque eran verdaderas, y, si las noticias eran verdaderas, el sátrapa debía de estar tambaleando. Como en Birmania.

Las “acusaciones” de Vallejo contra Uribe ocasionan grave daño, pues muchos lectores ingenuos nos ven como una nación de idiotas gobernada por un paramilitar narcotraficante. Lo insólito es que son incriminaciones sospechosamente tardías, procedentes de fuente deleznable y, sobre todo, sin el menor apoyo probatorio. El hecho de que unas veces las lance a través de un libro comercial y otras mediante un espectáculo de televisión no las hace más veraces ni meritorias.

Igual puede decirse de los gánsters que periódicamente ocupan primeras planas en revistas y diarios: nadie les exige que prueben sus denuncias -a menudo fabricadas para obtener rebajas de penas-, mientras a los perjudicados se les escamotea el derecho a defenderse.

Esta clase de periodismo nada tiene que ver con la reportería investigativa que pretende sustituir. Hace tres décadas surgió en Colombia un periodismo de investigación que destapó abundantes porquerías sin quebrantar las rigurosas normas del oficio. En aquel periodismo las denuncias de un hampón no eran el final de la labor, sino el comienzo. De ahí se partía hasta comprobar cuánto tenían de verdad demostrable. En el curso de la investigación, los acusados presentaban su punto de vista y ocasionalmente destruían las incriminaciones falsas. Muchas pesquisas morían en el camino porque no había cómo demostrar los hechos o porque se llegaba a la conclusión de que eran producto de un error o una mendaz venganza.

Hoy muchas cámaras y rotativas dan la bienvenida a estos pájaros sin el menor beneficio de inventario.

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2nd October 2007

Instrucciones para inventarse una guerra

Estados Unidos y sus principales aliados en la aventura guerrera de Irak nunca condicionaron su ataque a que Saddam Hussein tuviera armas de destrucción masiva (AMD) y bombardearon a sabiendas de que ninguna resolución de la ONU brindaba piso legal a su guerra. Estos hechos, que varias fuentes han sostenido desde un principio, ya encontraron apoyo en los archivos reservados de Inglaterra y España. Son una indignante radiografía que revela cómo se engaña a los ciudadanos para forzar una guerra injusta.

La filtración de documentos secretos permite saber que George W. Bush (E.U.), Tony Blair (Gran Bretaña) y José María Aznar (España), los tres personajes que se reunieron en las islas Azores para montar la guerra y atraer a otros países, eran conscientes de que su iniciativa atropellaba la legalidad internacional y que mentían al afirmar que Hussein contaba con arsenales de AMD. Pese a ello, aprobaron la invasión. En realidad, Bush nunca se preocupó mayormente por la oposición de la ONU ni por las inspecciones que demostraban el desarme iraquí. Su plan era fusilar con permiso o sin él: “Nuestra estrategia diplomática debe ser organizada alrededor de la planificación militar”. Así lo acordaron Bush y Blair el 31 de enero de 2003, según acta (“Memorando Manning”) que divulgó Don Von Natta, del New York Times.

El calendario secreto de los invasores siguió el ritmo de los preparativos militares, mientras los gobernantes engañaban a la opinión pública y procuraban una resolución del Consejo de Seguridad que autorizara el ataque. Esta nunca se produjo a pesar de las amenazas económicas de Washington a Chile y México, miembros del Consejo. En su rancho tejano de “Prairie Chapel”, Crawford, Bush informó a Aznar el 19 de marzo que iría a la guerra, hubiese o no resolución específica de la ONU que lo autorizara (“Memorando Crawford”). Según consta en archivos españoles que divulgó Ernesto Ekáizer en ‘El País’, Aznar opinaba que era “muy importante contar con una resolución”. No la consiguieron y Bush, según lo previsto, invadió Irak el 20 de marzo, apenas estuvieron listos los bombarderos. Blair y Aznar lo apoyaron cínicamente aduciendo un argumento cuya falsedad conocían, según consta en los papeles: que los amparaba la vieja resolución 1.441, donde no se menciona el ataque.

Un libro del profesor británico Phillipe Sands cuenta otros datos insólitos de la tropelía. Bush propuso a Blair, por ejemplo, que pintaran con colores de la ONU algunos aviones U2 estadounidense e invadieran el espacio aéreo iraquí para provocar a Hussein. Si derribaba alguno, la ONU, confundida, podría autorizar la guerra. Era un plan tan descarado que lo descartaron.

Los demoledores papeles filtrados no sólo revelan cómo se planeó la invasión de Irak a despecho de las leyes internacionales, sino que los impulsores eran una pandilla de mentirosos sin visión del problema que estaban formando. Mes y medio antes de empezar la guerra, sus asesores militares pensaban que duraría cuatro días, que ocasionaría pocas bajas y que no desataría luchas religiosas internas. La historia muestra una realidad diferente: desde entonces han muerto más de un millón de iraquíes, 3.803 soldados estadounidenses, 298 de otros países aliados, hay cientos de miles de heridos y chiitas y sunitas se consumen en una interminable matanza mutua.

Surgen varias preguntas:

  • ¿Qué habría ocurrido si un jefe de Estado con pocas simpatías en el Establecimiento global -Castro, Chávez, Bashar al-Assad, Ahmadinejad¿ ignorase a la ONU y atacase a otro país? ¿Lo habrían acusado, acaso, ante un tribunal internacional?
  • ¿Merecen algún tipo de sanción o descalificación los líderes que, a sabiendas de que mentían y carecían de sostén legal, desataron esta horrible guerra?
  • Finalmente: ¿Por qué el gobierno colombiano, que se precipitó a apoyar la invasión, no ha retirado su respaldo y repudiado este crimen internacional?

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25th September 2007

Los safaris de Ardila, la labor de Piedad

Algo va del polémico gobernador de Cundinamarca a la actividad humanitaria de Piedad Córdoba.

La arrolladora dinámica de la realidad colombiana ha desnudado en forma simultánea a dos personajes, uno lamentable y otro ejemplar, representantes, respectivamente, de la política clientelista y de la política servicial. Hablo de Pablo Ardila, gobernador de Cundinamarca, y Piedad Córdoba, la senadora encargada de promover el intercambio humanitario. Acusado de corrupción el uno, entusiasta promotora de la libertad la otra, Ardila y Piedad -cariñosamente conocida como “la Negra”¿ marcan un hondo contraste entre dos Colombias no solo diferentes sino opuestas.

Las grabaciones que permitieron detener al Contralor de Cundinamarca, Juan Carlos Medina Ovalle, acusado de cobrar sobornos a una empresa, son apenas la nariz de la monstruosa corrupción que se ha apoderado del departamento, según denuncian personas como la presidenta del Senado. Otra grabación sorprendió a Julio Eduardo Riveros, cercano colaborador de Ardila, en un diálogo de alcantarilla con un representante a la Cámara durante el cual hablaban de repartos de dinero y de mordidas. Las actividades del gobernador fueron denunciadas por la prensa de tiempo atrás, pero difícilmente podían prosperar porque el encargado de vigilarlo, el Contralor Departamental, era parte de la misma maquinaria corrupta.

Un reciente reportaje de la revista Donjuán muestra a Pablo Ardila en su condición de niño rico que habita una lujosa casa rodeado de piezas disecadas de cacería africana, viste ropa de marca, usa relojes Cartier, viaja con frecuencia (acababa de mandar desde Bogotá al apartamento familiar de Nueva York su cama favorita) y tiene polígono de tiro en su mansión para que al cazador blanco no se le olvide matar jirafas. Uno preferiría que sus gobernantes llevaran una vida más espartana y acorde con la realidad de este pobre país. Los quehaceres del plutócrata no parecen los más aconsejables para quien debe estar al servicio del interés público.

Respetando la presunción de inocencia que lo cubre, hay que decir que el gobernador Ardila, su círculo de empresas, sus colaboradores y sus cuentas bancarias merecen una buena investigación.

Por fortuna, en el extremo opuesto a tan ejemplo deprimente está el de Piedad Córdoba, tenaz, rebelde, enemiga de toda injusticia, que ostenta actos políticos valerosos y una rica trayectoria de iniciativas a favor de los marginales. Le sobran enemigos, y por eso los paramilitares estuvieron a punto de asesinarla. Pero sigue defendiendo sus creencias -entre ellas las críticas a la barbaridad histórica del Caguán– y colaborando en lo que pueden. Si algún pecado tiene, es venial: la efervescencia. Cuando el presidente Alvaro Uribe se jugó la audaz carta de encomendarle el intercambio humanitario, ignoraba que estaba desamarrando el huracán. Desde entonces, la Negra sacude el escenario internacional con sus iniciativas, que buscan comprometer a muchos actores en una solución. Ojalá el presidente sea fiel a su palabra de que ahuyentará a los ministros de Relaciones Exteriores y Agricultura, interesados en atravesarle palos en la rueda.

Ante el espectáculo deprimente de esa Cundinamarca donde apestan muchas cosas, la mística de servicio de una Piedad Córdoba impide que se entregue uno en brazos del pesimismo absoluto.

ESQUIRLAS¿ 1) Una de las mejores notas que registra Colombia en las tablas internacionales de The Economist es el puesto 17 en “desempeño medio ambiental”; a ver si logramos hundirnos hasta el 80 con el grotesco proyecto de combinar en Cartagena playas turísticas, aldeas nativas y muelles carboníferos. 2) Estará en Bogotá esta semana, invitado al festival cultural de los diez años de la revista El Malpensante, el más interesante autor de reportajes de las últimas décadas: Gay Talese. Puedo decir, personalmente, que casi todo lo que sé sobre crónicas y reportajes lo aprendí en los impecables textos de este gran periodista gringo. ¡Cambio tres autógrafos de Ronaldinho por uno de Talese!

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18th September 2007

Aviso urgente: esto no es la democracia

Las democracias latinoamericanas son tan incompletas que podrían constituir antesalas de dictaduras.

Hace 30 años, cualquiera que mirara a su alrededor desde Buenos Aires solo veía dictaduras militares. Con pocas excepciones, nos gobernaban sátrapas criminales que mataron a miles de ciudadanos y retrocedieron la historia política del continente en varios siglos. Nos preguntábamos entonces si América Latina sobreviviría a estos dictadores. El paisaje cambió. Un viaje que acabo de realizar por Argentina y Brasil me permite confirmar que donde hubo tiranías hoy reina lo que llamamos democracia. Pero es hora de preguntarse si el continente sobrevivirá a ella. Pues el problema es que aún no hay democracia plena en el mapa latinoamericano y, de no consolidarse pronto, podríamos estar atravesando un mero puente entre dos ciclos de tiranía.

En nuestros países hay de nuevo elecciones populares -más o menos libres y corruptas, como en casi todas partes-, lo que constituye un saludable avance. Pero una democracia es mucho más que un recuento de votos. Solo hay democracia plena si, además de la representación electoral, existe separación de poderes, responsabilidad de gobernantes y legisladores, transparencia administrativa, protección de los derechos humanos, partidos políticos organizados, libertad de prensa… Muchos de estos bienes son todavía escasos en estas tierras, mientras que en países como Venezuela la herramienta electoral se emplea para desarbolar otras instituciones democráticas.

La democracia, además, debe procurar ciertas metas. En primer lugar, la paz (inexistente en Colombia, y cada vez más comprometida en Brasil y México por influencia de las mafias violentas). En segundo lugar, la justicia social y la lucha contra la desigualdad de oportunidades, que son garantías de paz. En los últimos años se ha avanzado en esta materia; la miseria ha disminuido en el subcontinente y se ensancha la clase media en algunos países. Pero la pobreza continúa siendo acuciante, el ritmo con que se lucha contra ella es poca y la diferencia entre ricos y miserables resulta cada vez mayor.

Por otra parte, la democracia no ha podido con el cáncer de la corrupción, que aniquila cualquier sistema. Es triste ver cómo el partido del presidente Lula acaba de cohonestar en Brasil la absolución del presidente del Senado, a quien un periodista definió como “putrefacto”. Hay otras tareas que corresponden a la democracia si quiere serlo de veras: propiciar la educación y la cultura, proteger el medio ambiente, defender las instituciones laicas ante la arremetida del fundamentalismo religioso…

Varios años después de que cayeron los últimos dictadores, Latinoamérica aún no goza de democracias desarrolladas. Solo de sistemas liberales relativamente autoritarios y propensos a la corrupción, cuyas instituciones se modifican según el querer del gobernante de turno al amparo de las votaciones. En el mejor de los casos, hay renacuajos, pero aún no ranas; huevos, pero no pollos. Presentar este sistema hemipléjico como democracia es muy peligroso. La gente pensará que la democracia no pudo arreglar sus problemas -no acabó con la corrupción, el crimen ni la pobreza-, y volverá a ser carne de dictadura. Pero lo cierto -aviso urgente- es que ni siquiera llegó a conocer la democracia, solo unos trozos suyos, pues algunos gobernantes utilizaron parte imprescindible de ella -el sistema electoral- para desvirtuar su esencia.

Latinoamérica ha padecido varias oleadas de dictaduras militares: los caudillos del siglo XIX, los dictadores tropicales de la primera mitad del XX, los pinochets y los videlas de hace 30 años. Ojalá la primavera democrática que creemos vivir no sea preámbulo de novísimos modelos de dictadura.

Esquirlas

1) Todo lo del pobre es robado: Chiquita Banana paga a los paramilitares que asesinan campesinos de Colombia. Y la Justicia de Estados Unidos obliga a la empresa a indemnizar… al Estado americano. 2) Los errores en el traslado de ‘don Diego’ y ‘don Berna’ convierten al ministro de Interior en el mejor humorista nacional. Que no renuncie: perderíamos al sucesor de Montecristo.

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11th September 2007

No sigamos fabricando Chanchitos

¿Qué comen, qué ven, qué leen, a qué juegan los niños colombianos?

En todo grupo de escolares hay un gordito. Suele ser muy simpático y lo consienten las profesoras. En mi clase también teníamos uno. Le decíamos ‘Chancho’ o ‘Chanchito’, con esa inocente crueldad que practican los niños. Todos queríamos mucho al Chancho y, aunque es verdad que era víctima de algunos chistes pesados, lo considerábamos miembro indispensable de la pandilla. Pienso en él, y lo recuerdo devorando papas fritas, dulces, ponqués industriales, hamburguesas, chitos, gaseosas… El exceso de peso no le permitía jugar al fútbol y, cuando llegamos a la adolescencia, le costó trabajo conseguir novia. Solo pudo levantarse a la más fea de nuestro grupo de amigas, a la gordita. Pero era muy simpático. Hace unos años, cuando murió de infarto, sus amigos lo lloramos mucho. Casi no cabe en el ataúd. Pobre el Chancho. Pobre su familia.

Cursa en el Concejo de Bogotá un proyecto de Hugo Patiño por el cual se prohíbe la venta de gaseosas y alimentos hipercalóricos e hipergrasos en colegios públicos y privados de la capital. A cambio, se ordena el expendio de productos sanos, de alto contenido nutricional. No solo me parece profundamente sensata la propuesta, sino que sería deseable extenderla a otros atentados contra los menores de edad, como la televisión chatarra y la falta de campos de deporte.

Resulta un buen ejercicio preguntarse qué comen, qué ven, qué leen y a qué juegan los niños de Colombia. Sobre lo primero hay datos alarmantes. Uno de cada cuatro niños bogotanos sufre de sobrepeso y, si se trata de escolares, la cifra sube casi a uno de tres. El mal es universal y preocupa en todas las edades. Pero es en la niñez cuando se adquieren los hábitos alimenticios, y buena parte de la lucha debe librarse a esa edad. Varias ciudades del mundo ya lo hacen. Bogotá y el país deben anticiparse a lo que en pocas décadas será un gravísimo problema de salud.

La televisión es, en general, otro chorro interminable de basura. Hace una semana la Academia Nacional de Educación y el Foro Social de Argentina protestaron por la programación que ofrece la TV a los niños de ese país. No solo denunciaron la creación de estereotipos perjudiciales y se alarmaron por el nivel de violencia, sino que destacaron el empobrecimiento verbal que produce la televisión. El presidente de la Academia de Letras, Pedro Barcia, indicó que hace diez años un niño promedio dominaba 1.200 palabras y ahora solo maneja 600. La programación de televisión, los videojuegos y ciertas franjas de Internet están achatando el cerebro de los niños. En Colombia, aceptémoslo, la situación es parecida, con el agravante de la dosis diaria de violencia nacional que se refleja en los noticieros.

Eso es lo que nuestros niños comen y nuestros niños ven. ¿Y qué leen? En este aspecto hemos mejorado. La red de bibliotecas públicas aumenta en todo el país -especialmente en Bogotá- y se realizan esfuerzos constantes por inducir los niños a la lectura. Pero las cifras de difusión del libro en Colombia aún dan ganas de llorar y a menudo su precio es insostenible para una canasta familiar de clase media baja.

En cuanto a lo que hacen nuestros niños, advertía Paco Umbral, el gran columnista español fallecido hace poco, que, más que aulas, lo que los colegiales necesitan es sol. Hay campos de deporte en algunos barrios. Pero no en las barriadas de desplazados, que es donde más se necesitan. ¿Alguien ha visto los barrizales donde juegan los niños de los barrios marginales de Cartagena?

El Chancho no podía jugar porque comía demasiado. Millones de niños colombianos no pueden hacerlo porque comen poco o nada y no conocen un potrero. Es hora de que dejemos de fabricar Chanchitos…

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4th September 2007

Así saltó la chiva del intercambio humanitario

La esperanza que se abre para el intercambio humanitario merced a la intervención de Hugo Chávez y el detonante que generó el hecho -una chiva en el diario argentino Clarín- confirman que las iniciativas procedentes del extranjero para sacudir el conflicto colombiano tienen una fuerza que es difícil hallar en los disparatados ingredientes nacionales.

Sobre el paso del huracán de Chávez por Colombia lo sabemos todo; abrazó a Uribe, enamoró a las muchachas y se hizo compadre de los varones. Pero, ¿quién es ese periodista argentino que destapó el avispero con su entrevista a Raúl Reyes, segundo en el mando de las Farc? ¿Y cómo consiguió la cita “en un lugar de la montaña”?

Pablo Biffi, de 41 años, trabaja desde 1991 en la sección internacional de Clarín, donde es editor. Vive bien enterado de lo que ocurre en nuestro país y sueña con tener un día la ciudadanía colombiana. Ha visitado Colombia 34 veces y entrevistado a todos sus políticos importantes. Bueno, a casi todos: Uribe es el único que se niega a recibirlo formalmente. En cambio, es su cuarta entrevista a Raúl Reyes desde las giras internacionales de las Farc y los tiempos locos del Caguán.

¿Cómo hace un periodista porteño para que lo reciba un inubicable jefe guerrillero? “Muy sencillo -me dice Biffi-: un mail enviado, una respuesta a los cinco días diciéndome que pusiera una fecha y, una vez que puse la fecha, con 25 días de anticipación, me dieron lugar, hora, santo y seña, y adelante con los faroles…” Después, “un hermoso paseo por la selva y un día con Reyes en un campamento transitorio”. Parte del secreto es que el periodista ha sido respetuoso de las condiciones de seguridad y confidencialidad. Hablaron ante una grabadora durante tres horas y media sin restricciones. De hecho, Biffi reiteró preguntas incómodas; por ejemplo, el prurito de llamar “rehenes” a los secuestrados. En charlas de sobremesa, Reyes se mostró interesado en política argentina e internacional y, particular y significativamente, en medios de comunicación. Nada hablaron sobre Emanuel, hijo de un guerrillero y de la periodista secuestrada Clara Rojas.

Asegura el reportero que Reyes le pareció “un tipo firme, amable, confiado en sus fuerzas, seguro de lo que dice y convencido en términos políticos”. A Biffi le impresionaron, entre otras cosas, “la pulcritud y calidad de los uniforme de los guerrilleros” custodios de su entrevistado. Desayunaron huevos revueltos con carne y arroz, pan, chocolate y gaseosa. Habían movilizado una cocina con pipeta de gas para la comida. Terminado el encuentro, desarmaron el campamento en medio del barullo de los monos en los árboles, y Biffi regresó a la capital. Pese a que permaneció más de una semana en Bogotá cuando ya su primicia había provocado una explosión internacional, dice que nadie lo molestó. Recibió, eso sí, más de 70 mensajes agresivos de colombianos residentes en Argentina.

¿Piensa Biffi que se ha abierto una luz para el intercambio humanitario? “Quisiera ser optimista -responde- y creo que si Chávez está jugando tan a fondo es porque puede tener alguna carta en la manga; también creo que las Farc no lo van a desairar. Pero….”

Finalmente, ¿son convenientes estas entrevistas o terminan utilizadas como propaganda? “Creo que estaría muy bien que los medios colombianos busquen a jefes guerrilleros para entrevistarlos, que los ametrallen a preguntas y que se pueda hacer un debate serio; me parece que barrer debajo de la alfombra no ayuda a solucionar un conflicto de más de 40 años.”

ESQUIRLAS. Si hay una periodista respetada y admirada por todos sus colegas, esa es Cecilia Orozco. Insultarla con una acusación falsa, como ha ocurrido, constituye un grave error o un encono irresponsable. Pero así va el país.

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28th August 2007

Urgente: voto químico de castidad

Los escándalos sexuales en la Curia obligan a plantear medidas que antes solo padecían los niños cantores.

Un religioso despacha dos sacramentos el mismo día: su consagración como sacerdote y el bautismo de su hijo clandestino… Varios más también crían vástagos… Un párroco roba limosnas para pagar a jovencitos homosexuales… Siete tienen como secretarias a sus amantes… Un monseñor acosa niñas en los barrios populares…

Semejante panorama, que ni siquiera imaginó el malvado Bocaccio en su Decamerón, no sucede en la Edad Media italiana sino a comienzos del siglo XXI en Cali. Es algo distinto a chismes. Son denuncias de Germán Robledo, un sacerdote que se asqueó de la corrupción y la tolerancia.

No pasa un mes sin que se conozcan nuevos casos de tropelías sexuales protagonizadas por sacerdotes. La mayoría de los religiosos son personas aconductadas, pero aterra el creciente número de individuos que parecen cargar pólvora debajo de la sotana. Hace pocos meses nos escandalizaron las acusaciones y confesiones de pederastia de un famoso cura bogotano “apóstol” de los escolares, y ahora nos dice Robledo que los abusos de aquel personaje tristemente célebre “son pecadillos de primera comunión” al lado de lo que ocurre en Cali. ¡Cómo será!

Me parece un poco excesivo -y costoso- pedir que la Iglesia someta a todos sus religiosos a castración química, como propone un parlamentario del Valle. Pero lo que sí debería establecerse es el voto químico de castidad. Es decir, que, de manera voluntaria o por decisión de sus superiores, todo sacerdote que perciba las primeras tentaciones de la carne -hablo de la carne ajena: lo de la propia es problema estrictamente suyo- se ponga en manos de un médico que le administre los fármacos necesarios para convertir su excitación sexual en frigidez y meditación. Como el Maligno acecha, no basta con velar y orar, como lo aconseja el Evangelio, sino que es preciso tomar medidas. Ya decía el sabio Lichtenberg en el siglo XVIII: “Las monjas no solo tienen un estricto voto de castidad, sino también fuertes rejas en sus ventanas”.

En nuestro tiempo ofrece más garantías la química que las rejas. Aseguran los hermeneutas que la Iglesia se opone a la castración.
Es verdad, pero con salvedades. Si se trata de honrar a Dios, que vayan trayendo las tijeras. Así lo demostraron numerosos Papas a lo largo de tres siglos, cuando autorizaban, ad honorem Dei, que emascularan a los niños para que siguieran cantando con angelicales voces en el coro de la Capilla Sixtina. Se cita el caso de un castrato de apellido Cortona, que se enamoró perdidamente de una muchacha y escribió una petición a Inocente IX para que autorizara su matrimonio y su retiro del coro, porque solo le habían cortado un testículo y aún podía procrear. La respuesta negativa aparece de puño y letra del Pontífice en el margen de la carta: “¡Que lo capen bien!”.

Lo mismo digo yo ante la creciente plaga de curas pederastas y libidinosos. Claro que ya no es preciso el bisturí, sino una dosis científica de fármacos que obren el efecto contrario del Viagra. Los curas así curados podría incluso colgar un certificado en su despacho. Sería una tranquilidad para muchos padres de familia saber que sus hijos no sufrirán los riesgos que hoy corren. Para sacerdotes que trabajen en asilos infantiles sería requisito obligatorio.

Lo que por ahora no se consigue con ampolletas, lamentablemente, es inyectar coraje y sentido histórico a esos tribunales que acaban absolviendo a los sujetos de escándalo y apoyando a los jerarcas que tapan los abusos. Lo mejor es recomendarles que miren lo que ha sucedido en el catolicismo de Estados Unidos por su actitud cómplice, o recomendarles otorrinolaringólogos morales que les permitan oler la podredumbre a su alrededor, oír las quejas de la feligresía y ver el daño irreparable que cometen.

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21st August 2007

El hombre del carrito

Una historia verídica que es ejemplo de insolidaridad social.

El hombre del carrito se llama Danilo Murillo Moreno. Es santandereano, tiene mujer, dos hijos y 40 años. La inseguridad y la pobreza lo expulsaron del campo y llegó a Bogotá hace cuatro años. Siguiendo el consejo de un amigo, comprometió sus ahorros en la compra de un carrito de golosinas, una especie de cajón con ruedas del que depende la subsistencia de su familia.

Danilo es personaje conocido en la calle 92, una elegante zona de Bogotá. Los niños del barrio le compran dulces, los mayores piden tinto y no falta el celador o el obrero a quien Danilo le fía cigarrillos al menudeo. Él y los suyos viven en un sector mucho menos grato, una lejana barriada llamada San Joaquín, en el sur de la ciudad.

Hasta hace un tiempo, Danilo realizaba una larga travesía cotidiana con el carrito. Todas las noches lo empujaba hasta la calle 72 con carrera 14, donde le guardaban el carrito, y todas las mañanas volvía con él, a veces bajo la lluvia, hasta la 92. En la caminata perdía casi tres horas. Cierto día, una señora del rico vecindario se enteró de que cada mes Danilo caminaba con sus corotos un trayecto equivalente a la carretera Bogotá-Ibagué, y, conmovida, alojó el carrito en su edificio. Ese día cambió la vida para Danilo. Se ahorró aguaceros, evitó mayores desgastes al carrito y pudo trabajar más tiempo y mejorar sus ingresos, apenas superiores al salario mínimo.

Pero, como no hay felicidad duradera, a los pocos años la señora cambió de casa y, desaparecida la madrina, el hombre tuvo que buscar nuevo refugio para su carrito. Fue entonces cuando entró en juego un amigo mío que vive en el sector y, enterado de la historia, le ofreció en su edificio una plaza de parqueadero que él no utiliza. Mi amigo, lamentablemente, no había aprendido que, en general, a los ricos no les gustan los pobres, salvo que estén a su servicio. Así, cuando Danilo llevó el carrito, le negaron la entrada.

Ahí empezó el calvario. Asesorado por un prestigioso y solidario abogado, mi amigo exigió explicaciones a la administración. Le dijeron que el garaje no tenía como fin alojar carritos de dulces. Mi amigo opinó que tampoco debería alojar los trastos viejos -sofás, alfombras, bicicletas desinfladas– que veía en el lugar. Luego adujeron “razones de seguridad”, como si fueran las Torres Gemelas. Mi amigo respondió que Danilo entregaría el carrito al portero y aceptaba todas las revisiones que quisieran practicarle. Después fue el intonso argumento del “si todos…”: si todos los carritos parquearan en los garajes, no cabrían los automóviles. Claro: y si todos los chinos saltaran al mismo tiempo en una playa, provocarían un maremoto en el océano Pacífico.

Al final, una vecina le confesó la verdad: la presencia del carrito podía desvalorizar el edificio. Pero, caritativa, la dama ofreció rezar para que Cristo velara por la familia de Danilo. Mi amigo le contesto que si Cristo se presentara en su edificio, no se parecería a ninguno de sus inquilinos sino al hombre del carrito, y también lo echarían a patadas.

El abogado asegura que un juez les reconocerá la razón, por tratarse de una limitación ilegal y abusiva de la propiedad. Pero Danilo y los suyos no podían durar en vilo todo el tiempo que tarda un juicio.

A estas horas, el hombre del carrito debe decidir si vuelve a caminar siete kilómetros diarios o si paga en la zona un alquiler nocturno que menguará sus escasos ingresos. Y yo medito sobre el país en que vivimos, donde los ricos se dicen solidarios hasta el momento en que los pobres se convierten en un problema concreto. Entonces los mandan a la mierda. Con todo y carrito.

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14th August 2007

Colombia se va a acabar… y el mundo también

El cambio climático ya está aquí: empieza la cuenta atrás en la historia de la Tierra.

Tengo una gran noticia para esos compatriotas pesimistas que creen que Colombia se va a acabar ante la indiferencia del mundo y la alegría de algunas naciones. La buena nueva es que muy probablemente el mundo se acabará primero que Colombia. Así lo dice la meteorología de los últimos meses, que registra temperaturas récord, vientos de ferocidad inesperada, diluvios bíblicos donde antes llovía poco y estragos irreparables en la naturaleza: acaba de certificarse la extinción del delfín blanco del río Yangtsé, en la China; ya solo quedan en la India 1.400 tigres silvestres, la mitad de los que se calculaba; en la costa pacífica de Estados Unidos mueren millones de cangrejos por el reducido oxígeno del agua; los enormes buitres de Osona (España) ya no hallan comida y están atacando reses vivas.

Hace años la comunidad científica advirtió que se avecinaba el cambio climático. Numerosos políticos e industriales cacarearon que eran falsas alarmas, que la tecnología superaría todas las amenazas, que eran cosas de los comunistas. Pero el cambio climático ya está aquí y, lamento decirlo, es probable que haya empezado la cuenta atrás en la historia del planeta Tierra, un moco cósmico muy hermoso pero muy mal habitado.

Habría gozado San Juan recortando notas de prensa recientes para escribir un segundo Apocalipsis: crisis sanitaria de 30 millones de habitantes de la India por lluvias y vientos monzones de duplicada frecuencia… Pronósticos de colosales pérdidas agrícolas en Bolivia y Perú por retroceso de los glaciares… Incendios incontrolables en las islas Canarias… Reducción del casquete polar a mayor velocidad que los cálculos más pesimistas, al punto de que el Polo Norte no existirá cuando termine el siglo… Nevadas en Buenos Aires por primera vez en 89 años… Ola de calor de 45 grados en Bulgaria… Ola de frío en Uruguay…Ola de sequía en Alemania… Nueve muertos y pérdidas por 5.000 millones de dólares por inundaciones en Inglaterra… Desborde del Nilo y ruina de las cosechas en Sudán… Más de 120 mil evacuados en Mozambique por lluvias…

La catástrofe de Darfur (África), donde han muerto 200 mil personas y hay 2 millones y medio de desplazados es más que un sangriento conflicto étnico. Se trata de la primera guerra ecológica que presencia el siglo XXI; es la guerra por el agua, por la leña, por unos granos de comida, por los gusanos. Al faltar leña, la tribu janjawid se calentaba hace tres años en el desierto sudanés quemando las cabezas de sus víctimas. Phillip Clapp, presidente de una ONG ambientalista de Washington, pronostica que el futuro del planeta se asemeja mucho a Darfur: “Lo de allí es pequeño, comparado con lo que viene. Apenas un anticipo de los apocalipsis ambientales que nos esperan”.

Tan grave será la situación que hasta los príncipes del capitalismo salvaje están inquietos. George W. Bush, el bárbaro que retiró la firma del Tratado de Kioto contra los gases venenosos, convoca a los países industriales a una cumbre sobre cambio climático en septiembre; dos meses después la ONU reunirá a cien jefes de Estado alrededor del mismo tema; en diciembre se realizará en Indonesia una reunión mundial. Es difícil saber si ya resulta un poco tarde: los jinetes de san Juan echaron a galopar y están arrasando la Tierra. Los que antes despreciaban los augurios ya no los desprecian; los que antes se reían ya no se ríen. Enero ha sido en el norte el mes más caluroso desde que existen los termómetros. Sostiene la Organización Meteorológica Mundial: “Las olas de calor y las fuertes precipitaciones serán cada vez más frecuentes”.

Por todo lo anterior creo que el mundo se acabará primero que Colombia. Pero será una diferencia de segundos.

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