1st January 2008

Todo es grave, pero nada es serio

Balance realista de una semana surrealista.

En 1970, cuando le enmochilaron a Gustavo Rojas Pinilla su victoria electoral para dársela a Misael Pastrana, el rugido callejero presagiaba un nuevo 9 de abril. Llegaron entonces a Bogotá, enviados de emergencia, varios periodistas extranjeros. La situación prometía noticias: la chusma revuelta, el atropello contra las urnas, una nación de violentas tradiciones…. Cuando se creía que la ciudad sería incendiada de nuevo, salió por televisión el presidente Carlos Lleras Restrepo, dio un golpe en su reloj de pulsera y la asonada se disolvió sin un grito. Ocho días después, sosegada ya la situación y consumado el fraude, uno de los enviados especiales se despidió de sus colegas colombianos y, entre aguardiente y aguardiente, pronunció unas palabras lapidarias:

-¿Saben lo que pasa con su país? Que aquí todo es grave, pero nada es serio.

En los últimos días, al observar la expectativa nacional, el corre corre de los augustos testigos extranjeros, la masiva presencia de periodistas y la actitud acorralada del Gobierno, no pude menos que recordar aquella frase. Una vez más, las Farc, maestras en inflar globos y reventarlos (remember la famosa cita de ‘Tirofijo’ con Andrés Pastrana), han vuelto a manejar a su antojo la atención en torno a la posible liberación de tres secuestrados, anunciada por la propia guerrilla. No hemos entendido, por un lado, que las Farc intentan ordeñar al máximo los réditos políticos de su gesto; que, por otro, tienen poco que perder en materia de imagen y, finalmente, que su sentido del tiempo y de las oportunidades se rige por coordenadas distintas a las de las cancillerías y las brigadas militares. Seguramente son mentirosas, como dice el comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo; pero la mentira forma parte de sus recursos válidos de lucha, con lo cual nos equivocamos de nuevo al exigirle patrones de conducta de colegiales buenos.

En medio de la frustración con que se cerró el 2007, aparece de súbito el presidente Uribe con una bomba: existen dos Emmanueles; uno, el de las Farc, es un fantasma o es falso; el otro, el verdadero, está posiblemente en manos del Instituto de Bienestar Familiar. Semejante chiva le permitía al Gobierno recuperar iniciativa y levantarse de la lona donde lo había dejado tendido el nocaut de las Farc con asistencia de Hugo Chávez. Sin embargo, en el momento de escribir esta columna aún no hay pruebas de que Emmanuel 2 sea el verdadero niño de Clara Rojas. De resultar falsa la apuesta del presidente Uribe, representaría un chasco terrible. Por eso, parece insólito que se la juegue de manera tan audaz con una carta hipotética.

Otra vez se confirma el aserto que pronunció aquel enviado extranjero hace 37 años. Todo es grave en Colombia. Pero nada es serio.

El nuevo Alcalde bogotano

Oí cuidadosamente el discurso de despedida de lucho Garzón (más lírico que presidencial) y el de posesión de Samuel Moreno Rojas, por quien voté como Alcalde de Bogotá. Me gustaron de Moreno el énfasis en lo social, el reconocimiento del buen trabajo de Lucho, los esfuerzos por unir al Polo, la tajante advertencia contra la corrupción y la convicción con que prometió cumplir sus programas. Se asemeja al Samuel que queremos ver en acción. Me gustó, incluso, que enmendara viejos errores deportivos y vistiera la camiseta de Santa Fe y la Equidad con la promesa de ayudar al abandonado fútbol capitalino.

Pero Samuel sabe que muchos lo miran con un cuchillo en los dientes y que debe hacer una gestión impecable que no constituya la versión siglo XXI de la Anapo populista ni se inspire en la dictadura de su abuelo. Deseo a Moreno mucha suerte con Bogotá y a Bogotá mucha suerte con Moreno. Ambos se necesitan. Y a todos los lectores, un feliz 2008.

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25th December 2007

Sorpresas te dan los libros

Cuando niño, mis Navidades eran carritos y balones. Años después, en la adolescencia, discos bailables y camisas. Desde hace un tiempo, diciembre es delicioso sinónimo de libros. Libros que surten las tres etapas irrenunciables: el primer contacto sensual con sus hojas; el segundo encuentro, cuando uno lee algún fragmento o se entera con detalles del índice; y el tercero, el de la lectura con condiciones, pues la edad lleva a establecer un pacto silencioso con los libros, que incluye el abandono definitivo de sus páginas si, llegado cierto punto, ha sido incapaz de seducirnos.

Este año, un libro me interesó tan definitivamente, que salté sin remedio de la primera mirada a la lectura absorta. Se trata de Letras de fuego (Panamericana Editores), de Gonzalo España, ensayista y narrador bumangués, finalista en el concurso de relato Juan de Castellanos. Es una recolección amena y documentada de historias sobre libros y autores en Bogotá, de la cual quiero transcribir algunos episodios y sorpresas.

* En 1605 se embarcaron en España hacia Nueva Granada dos cajas con ejemplares del Quijote; ese mismo año, los estudiantes bogotanos montaron una comedia con personajes cervantinos.

* El poeta bogotano Francisco Álvarez de Velasco y Zorrilla quedó absolutamente prendado de la monja y poetisa mexicana sor Juana Inés de la Cruz, hasta el punto de que le envió numerosos poemas con propuestas matrimoniales.

* Al terminar la Colonia, en Bogotá había más de seis buenas bibliotecas privadas. La más nutrida y concurrida era la de don Antonio Nariño.

* El primer dúo exitoso de nuestras letras entre un protagonista y un escritor a quien aquel relata sus hazañas fueron las célebres Memorias de un abanderado (1876), de José María Espinosa, redactadas por el escritor costumbrista José Caicedo Rojas.

* Es bien conocido el caso de un poeta gongorino de la Nueva Granada, Hernando Domínguez Camargo; lo que pocos saben es del clérigo Juan Manuel García Tejada, quien en 1826 publicó un largo poema escatológico digno de Quevedo.

* Una de las primeras novelas colombianas fue María Dolores o la historia de mi casamiento, del tunjano José Joaquín Ortiz; es también suyo el primer best seller nacional, un Compendio de historia sagrada, que vendió más de 200.000 ejemplares en el siglo XIX.

* El primer manual de autoayuda colombiano -Ensayo sobre los deberes de los casados- data de mediados del XIX y fue escrito por Josefa Acevedo de Gómez.

* La primera novela policiaca nacional fue el relato Una ronda de don Ventura Ahumada, de Eugenio Díaz Castro; trata sobre un fraile que se escapa del convento en 1828.

* El primer poema colombiano que, convertido en canción, llegó a ser prensado como disco fue Flores negras, de Julio Flórez, en 1915.

* De María, la novela romántica de Jorge Isaacs, se han hecho siete versiones cinematográficas y una telenovela.

* La primera novela en español que introdujo puntos suspensivos fue La ráfaga, de Emilio Cuervo Márquez (c 1930).

* La crítica recibió con repudio casi unánime la aparición de La vorágine (1924), una de las grandes novelas colombianas.

* El discurso académico más breve de todos los tiempos fue el de don Tomás Rueda Vargas, a quien la muerte sorprendió en 1943 cuando solo había escrito: “Señores, yo también odiaba a Lorenzo Marroquín” (novelista autor de Pax).

* El 9 de abril se incendió la biblioteca del colegio La Salle, una de las mayores del país.

* Geografía extensa de Colombia, obra capital del profesor Ernesto Guhl, se perdió para siempre en un taxi: no había copia de ella.

* El primer título de la novela de García Márquez La mala hora era Este pueblo de mierda; GGM lo cambió para participar en el Premio Esso de novela, que ganó.

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18th December 2007

La galería nacional de los horrores

Casi sin percatarnos, estamos ya metidos de cabeza en lo que Eduardo Carranza llamaba “diciembre azul”: castillos de pólvora en los parques, iluminación en las avenidas, fiestas en colegios y empresas, agitación en los centros comerciales, ciclovías nocturnas, exposición anual de artesanías, feria de la arepa, villancicos, novenas, aguinaldos… Cualquiera diría que el país se parece cada vez más a esa especie de nación fabulosa cuyos habitantes, según las encuestas, irradian un optimismo delirante y son los más dichosos de la Tierra.

Pero a muy poca distancia del diciembre azul, al rascar bajo la superficie, aparecen síntomas de una colosal podredumbre que apabulla, degrada y deprime. La prensa de los últimos días ha resumido el primer año del proceso de Justicia y Paz de los antiguos miembros de grupos paramilitares. Una antología de esas confesiones constituye pasaporte al horror. Esto fue lo que declaró, por ejemplo, Jairo Esquivel, alias ‘El Tigre’: “Nos tocó coger a mucha gente, picarla y lanzarla al río. Lo hacíamos para no calentar la zona, para que no llegaran la Fiscalía, la Policía o el Ejército”.

Transcribiré algunos datos del expediente, solo para dar una idea de los delitos que se cometían en las zonas controladas por los paramilitares:

Ramón Isaza: acepta haber cometido 475 homicidios, entre ellos nueve ejecutados por él mismo.

Jorge Iván Laverde, ‘El Iguano’: ha confesado, entre otros, los asesinatos de varios funcionarios en Cúcuta, el director regional del DAS y un candidato a la gobernación de Norte de Santander.

‘Jorge 40′: reconoce 4 masacres, entre ellas las de 40 pescadores en Santa Marta, Villanueva (11 muertos) y Playón de Orozco (30 muertos). Fue al autor de la matanza de indígenas wayús en Uribia, que dejó 12 muertos y 30 desaparecidos.

Freddy Rendón, ‘El Alemán’: perdió la cuenta de muertos en Urabá. En Boyacá y Cundinamarca reconoce 69 asesinatos en 1997.

‘Don Berna’: promete revelar la existencia de 300 fosas comunes.
‘Macaco’: confiesa 700 asesinatos e informa acerca de 269 cadáveres enterrados en fosas.

Hernán Giraldo: acepta el homicidio de un representante de ONG y estudiantes y profesores de la Universidad del Magdalena. Su mano derecha, Eduardo Vengoechea, se comprometió a ubicar 20 fosas donde están enterradas sus víctimas.

Salvatore Mancuso: ha confesado 336 crímenes e involucrado a numerosos políticos.

‘Don Antonio’: ha admitido 533 asesinatos.

Éver Veloza, ‘H. H.’: reconoce más de 1.800 muertos en Urabá, Valle y Cauca.

Parece increíble que en la trastienda de esa Colombia alegre y risueña que ya está cantando “yo no olvido el Año Viejo” se esconda tan escalofriante museo de los horrores. Dicen que el proceso contra los paramilitares ha ahorrado veinte años de investigaciones. Como sea, produce náuseas semejante recital de masacres y asesinatos.

Si a eso se suman los secuestros de las Farc, las condiciones en que la guerrilla mantiene a sus víctimas y la muerte reciente de una docena de ellas por un supuesto error, el panorama es aún más siniestro.

¿Cómo pudo haberse formado, a la vera de un pueblo trabajador y risueño como el colombiano, esta galería de monstruos? ¿Cómo podremos explicar a nuestros hijos que mientras se realizaban el festival de la arepa y la feria de artesanías, unos tipos daban orden de liquidar a comunidades enteras? ¿Qué podremos decirles sobre el papel de la autoridad en estos casos? A mí me avergonzaría repetir las palabras de ‘H. H.’ para explicar por qué arrojaban cadáveres a los ríos: “La Fuerza Pública nos decía que nos dejaba trabajar, pero que desapareciéramos a los muertos para que no se subieran los índices de homicidios”.

Yo no sé si algún día lograremos digerir este espanto. Pero no será este diciembre azul en que lo recordamos tan vivamente.

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4th December 2007

Hugo Chávez, de patán a estadista

Una derrota a tiempo es capaz de educar hasta al más atolondrado de los mandamases.

La Historia ha vuelto a demostrar que a veces es peor la perspectiva de la derrota que la derrota misma. Hasta el sábado pasado, el presidente venezolano, Hugo Chávez, era un camorrista fuera de quicio que, con razón o sin ella, le armaba bronca a medio mundo, amenazaba, insultaba y advertía que no iba a permitir que le robaran las elecciones al pueblo (léase, a su gobierno). De repente, la victoria de sus rivales en el referendo sobre la reforma constitucional lo convirtió en un estadista. Nunca fue Hugo Chávez más extravagante que el domingo pasado, al aceptar la derrota en ejemplar actitud democrática. Adquirió un extraño tono de sosiego, se abstuvo de acudir a trucos desesperados, felicitó a sus antagonistas y emprendió una defensa de la democracia de esas que solo intentan los vencedores.

Ojalá dure. Ojalá la primera derrota en nueve años obligue a Chávez a abandonar su aplanadora megalómana. Ojalá entienda que gobierna un país partido en dos en torno a temas tan delicados como el monopolio de poderes presidenciales, la estabilidad de las autoridades provinciales y la reelección indefinida. Incluso si hubiera ganado por la mínima, Chávez habría perdido: cuando el león vence al cordero por puntos, el derrotado es el león. La reelección fue, al parecer, una de las debilidades del chavismo. La reforma proponía ampliar a siete años el periodo presidencial y autorizar la reelección indefinida, pero los venezolanos demostraron su repudio a la perpetuación en el poder. Significativamente, ese mismo día una encuesta realizada en Brasil reveló que el presidente Lula da Silva goza de satisfactoria popularidad, excepto en la eventual posibilidad de que aspire a una nueva reelección.

Álvaro Uribe es un hombre de buenas. Se bajó del tren de la segunda reelección poco antes de que la locomotora de esta idea se descarrilara aparatosamente en Venezuela. Y se enfrascó en una pelea con el gobernante más sólido de Suramérica justo antes de que el pueblo le asestara un inesperado nocaut. La situación es perfecta para que haga un gesto de grandeza y, en vez de caerle al caído, le tienda la mano y reconduzca la culebrera vía que transitan las relaciones con Venezuela. Un telefonazo y una declaracioncita amable pueden hacer el milagro.

Mientras tanto, Chávez aprendió la lección. Sin haberlo practicado, supo perder. Esta doble condición -que sea vulnerable y que reciba con entereza su vulnerabilidad- podrá hacerle mucho bien a un país que se atrevió a recoger el desafío del cacique y ganarle el pulso contra todas las opciones y pronósticos.

La ‘patria’ según la CSJ

Sorprende la Corte Suprema de Justicia con la insólita propuesta de procesar a Piedad Córdoba por traición a “la patria”. Aduce que hace algunos meses, hallándose en México, la senadora profirió insultos contra el presidente Uribe y pidió que los países latinoamericanos cortaran relaciones con Colombia.

Como ocurre casi siempre que alguien esgrime la espinosa noción de patria, se trata de un exabrupto. Piedad no insultó a “la patria”, sino al gobernante de turno y está en todo su derecho de pedir que corten o no corten sus relaciones con Colombia uno o todos los países del orbe. Por lo demás, si eso fuera un “agravio” a “la patria”, ¿qué? El ejercicio democrático debe ser elástico hasta el extremo de aceptar que los súbditos le falten el respeto a “la patria”, salvo en situaciones de guerra exterior o espionaje clásico, porque no se sabe bien qué es ella ni quién tiene autoridad para definirla.

Como si fuera poco, la Corte pretende convertir a los embajadores en espías tipo KGB, pues piensa acusar al de Colombia en México por no denunciar a tiempo la supuesta “traición” de la corajuda Piedad. Dejemos quietica a “la patria”, honorables magistrados, pues no hay nada más peligroso que jeringuear con ella.

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27th November 2007

Lo que hizo el mico y Uribe no

El presidente Álvaro Uribe cometió dos errores en el proceso de incorporación de Hugo Chávez como mediador del intercambio humanitario y su posterior desmonte: el primero, la manera como lo metió; el segundo, la manera como lo sacó.

El doble patinazo deja ver que Uribe ignora la anécdota del diálogo entre Carlos Lleras Restrepo y Alfonso López Michelsen cuando aquel, siendo presidente de la República, le consultó a este, que más tarde sería su canciller, acerca del posible nombramiento del maestro Darío Echandía como ministro de Justicia.

López le respondió lo siguiente: “¿Has visto cómo procede el mico cuando va a comerse una pepa silvestre? Lo primero que hace es medírsela en comparación con la garganta, para comprobar que le entra. Y lo segundo, medírsela allá atrás, para estar seguro de que le sale. Antes de nombrar ministro a Echandía deberías estar seguro de que, si llega el momento, podrás pedirle la renuncia o destituirlo sin que se afecte el gobierno”.

Es evidente que Uribe no tuvo le precaución de medirse a Chávez por detrás antes de tragárselo como facilitador, y por eso la expulsión de la pepa resultó abrupta y está dejando dolorosos desgarramientos. El propio Presidente reconoció que había obrado como un mico improvidente al decir que “no calculamos lo que para muchos era un riesgo político”.

Tamaña irresponsabilidad ha producido un terremoto. Parecían tan obvios los peligros de incluir en el juego a Chávez, que cualquiera habría imaginado que Uribe y sus asesores los analizaron, los sopesaron, los calcularon y, luego de tasar pérdidas y ganancias, salidas y desmontes, decidieron dar el correspondiente paso. Por eso, uno se queda ojiplático al enterarse de que no se valoró el riesgo de meter a Chávez ni se pensó suficientemente en el eventual costo de sacarlo. Muchos micos han muerto o enfermado por imprevisiones parecidas. El resultado es lamentable: tras pocos días de calma chicha, Chávez y Uribe han reencarnado en la peor versión de sí mismos, y están protagonizando el espectáculo más bananero -y más peligroso- que recuerden nuestras relaciones de vecinos. Chávez se muestra como un chafarote que expele diatribas personales; pero Uribe ha desbocado su macartismo con acusaciones de Estado de incalculable gravedad.

Si algo revela esta crisis es exactamente lo contrario de lo que Uribe afirma: necesitamos un protectorado de la ONU; esto no puede seguir en manos de unos megalómanos delirantes.

La vinculación del presidente venezolano al proceso humanitario y su ulterior derrocamiento mediante boletín de prensa muestran los vaivenes e incoherencias de la política de Uribe frente al intercambio humanitario. No puede aducir Uribe que lo sorprendió la cerrazón de las Farc, causa última de la delicada situación, porque todos conocemos hasta qué punto este grupo vive en un mundo bárbaro, anacrónico, cruel e irreal. Tampoco es creíble que una charla inofensiva de Chávez con un general colombiano constituya atroz atentado contra la seguridad nacional. Pero le dieron el papayazo al imitador de Bolívar, y este no lo desperdició. Entre tanto, ‘Tirofijo’ debe de estar muerto de la risa.

La verdad es que Uribe no quiere intercambios humanitarios ni contacto alguno con la guerrilla. No se entiende, entonces, cómo juega con las esperanzas de sus compatriotas y con los sentimientos de los secuestrados y sus familias al alentar una aventura que, in péctore, había nacido muerta.

Si no quería la pepa, ¿por qué aceptó comérsela? Y si aceptó comérsela, ¿por qué no imitó las sabias maniobras previas que realiza el mico?

En cuanto al desenlace de la primera historia, Lleras nombró a Echandía ministro de Justicia en 1966, el venerable maestro ocupó por unos días la Presidencia como primer designado y finalmente fue evacuado de manera natural hacia la embajada en El Vaticano en 1968, sin que el gobierno padeciera quebrantos políticos.

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20th November 2007

Lo que no dejó oír la bulla

La reciente cumbre iberoamericana terminó en tremendo alboroto por el incidente entre el rey de España y el presidente venezolano, Hugo Chávez. Pero lo más lamentable no fue el breve encontronazo, sino que, aplastado por los desorbitados ecos que ha tenido, pasó de puntillas el tema que convocó a los 22 jefes de Estado: la cohesión social.

¿Qué diablos es la tal cohesión social, expresión nueva y fría que el “¿por qué no te callas?” noqueó de manera fulminante? En las carpetas aparecen otros vocablos respingados: “mecanismos de inclusión y exclusión sociales”, “percepciones ciudadanas”, “sentido de pertenencia” y -que no falte nunca en estos papeles- la inmamable sinergia: “sinergias entre equidad social y legitimidad política”. Tras una larga zambullida en la piscina de lenguaje economiqués y sociologués extraje una conclusión bastante simple: cohesión social es otra manera de no llamar pobreza a la pobreza. Es decir, a la escasez de medios, la explotación laboral, la utilización política, la vivienda deplorable, la falta de salud y educación, la ignorancia, el precario acceso a la Justicia y a los misterios de la Ley, la marginación cultural y la discriminación clasista (¿Recuerdan al ‘hombre del carrito’? Pues eso.)

En el fondo, se trata de un eufemismo que abarca la pobreza y sus consecuencias económicas, sociales, cívicas y políticas. Resulta menos fuerte hablar de “débil cohesión social” que denunciar la injusticia social, la desigualdad y la explotación. En su importante monografía preparatoria, el gobierno chileno señala que 200 de 530 millones de latinoamericanos viven en la pobreza, y que 80 millones de ellos (un tercio, niños) pasan hambre. No es que adolezcan de “tenue cohesión social”; es que no comen.

Lo más llamativo es una dura condena, que pasó casi inadvertida, de la globalización. El estudio informa que la economía planetaria ha servido para “acentuar la desigualdad entre países” y “crear segmentación” dentro de las sociedades. Agrega que “las actividades que conforman la red global solo emplean una minoría de la fuerza de trabajo”, algo que “acrecienta la diferencia de remuneración entre los recursos calificados y los no calificados”.
Denuncia, además, las “fuertes restricciones a la movilidad laboral”, salvo para personal “altamente especializado”. En otras palabras, rechazo en países avanzados a los trabajadores normales y seducción de cerebros con estudios superiores.

También señala cómo la globalización ha promovido “solidaridades horizontales”: los ricos de los países pobres están cada vez más cerca de los ricos de los países ricos, y más alejados de los pobres de sus propios países. Estos forman una enorme masa de excluidos “que navega entre la atomización social y el refugio en tradiciones locales, étnicas o religiosas”: un retroceso de siglos.
La cohesión social figura como un “concepto multifacético”. Antes se nombraba a esto con palabras más llanas: no hay verdadera democracia ni participación ciudadana sin justicia social.

En resumen: al hablar de la “cohesión social debilitada”, la cumbre quiso decir que los latinoamericanos ricos y poderosos (el papel los llama “elite”) cada vez son más poderosos y más ricos; que hay 200 millones de pobres y que estos siguen jodidos en todos los aspectos. No era más, pero tampoco era menos. Nadie logró oírlo por la bulla.

ESQUIRLAS. 1) Semana culturalmente movida en Bogotá. El martes, partido vital entre Colombia y Argentina; el miércoles, visita del estupendo escritor mexicano Juan Villoro para hablar sobre el fútbol y otras artes; el jueves, entrega del Premio Juan de Castellanos de novela corta. 2) Además, empieza el 21 en el Hotel Bacatá el XI Torneo de Scrabble en castellano, con participación de 100 campeones de todos los países de habla hispana. Será un inteligente y divertido homenaje a nuestra lengua. Parece increíble el apasionante desafío que encierra armar palabritas en un tablero.

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13th November 2007

El rey que rabió

Notas y precisiones sobre el incidente entre Juan Carlos I y Hugo Chávez.

La mayoría de los españoles piensa que, al decirle “¿Por qué no te callas?”, el rey puso en su sitio la grosería de Hugo Chávez. Mientras tanto, la mayoría de los venezolanos considera que Chávez es un héroe bolivariano que derrotó nuevamente a la corona española.

El incidente ocurrido en la XVII Cumbre Iberoamericana merece algunas precisiones. Digamos, para empezar, que parece fácil ser Bolívar en el siglo XXI: no es preciso ser valiente, solo mal educado. Tampoco aciertan los que contrastan a Chávez como presidente elegido democráticamente y al rey como representante de una institución mandada a recoger. Pienso que las monarquías son un sistema anacrónico, pero debo reconocer, aun a riesgo de que mi querida Gloria Gaitán me llame cipayo, que a los españoles les ha funcionado muy bien la monarquía constitucional. Por lo demás, la autoridad del rey nace de la Constitución de 1978, aprobada en referendo por el 95 por ciento del pueblo español, que habría podido repudiarla.

Chávez no está en condiciones de impartir lecciones de democracia a Juan Carlos de Borbón. En 1992, el venezolano intentó asestar un cuartelazo a un gobierno -bueno o malo, pero democráticamente elegido-, y fracasó. En cambio, Juan Carlos desmontó en 1981 un golpe de Estado contra la España renaciente y consolidó así la transición hacia la actual democracia que, sin su decidida intervención, seguramente se habría ido al traste.

Otra aclaración: es un error imaginar que en este rifirrafe Chávez representa la libertad de expresión y el rey, la censura. Todo lo contrario: quien tenía la palabra era el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, y fue Chávez el que, de manera cansona y constante, lo interrumpió y perturbó. Lo que hizo el rey fue pedirle a Chávez que respetara el turno de Zapatero. Se dice que, al hacerlo, el rey faltó a la diplomacia. Conociendo la fama que tiene de personaje sencillote y espontáneo, era de esperar que le hubiera dicho al impertinente Chávez: “¡Calla la boca, coño!”. Pues claro que fue diplomático: por eso se limitó a increparle: “¿Por qué no te callas?”, equivalente a “Déjelo hablar, hombre”.

Observen la escena con cuidado y verán que, distinto a lo que dice la derecha española, el rey no defendió a Aznar de las descalificaciones de Chávez. Lo defendía -¡qué paradoja!- su más caracterizado antagonista político, el socialista Rodríguez Zapatero. A mí tampoco me gusta Aznar (en mis peores pesadillas sueño que me toca escoger entre Aznar y Chávez), pero no veo qué relación existe entre la vieja pelea de Chávez con este hombre, ya derrotado y retirado de la política, y las conversaciones iberoamericanas sobre cohesión social. Adivino allí un acto ególatra del presidente venezolano, obstinado en recordar el condenable intento de golpe que sufrió hace cinco años, pero no el que propició él hace 17. (Para que sepan cómo andan las cosas en España, el partido de Aznar culpó a Zapatero de los dicterios de Chávez, en vez de agradecerle que defendiera a su antiguo jefe!!)

El último despropósito de Chávez es pretender sembrar sospechas en el sentido de que Juan Carlos I apoyó el frustrado golpe contra él. Debería saber que el rey no traza las políticas de gobierno; su papel constitucional es el de certificar, representar y actuar a petición del ejecutivo.

Pese a su populismo, Chávez ha aportado cosas interesantes a América Latina: un interés por lo social, un balance frente a los abusos de Estados Unidos, unas mediaciones políticas que eventualmente ayudarán a la paz en Colombia. Pero debe entender que las reuniones internacionales de Jefes de Estado no son Aló, presidente, donde dice lo que le sale de la boina, y que no todo el mundo tiene por qué aguantarse sus arrogancias de chafarote.

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6th November 2007

Entrevista futurista con Álvaro Uribe V

Entrevista exclusiva con Uribe V (V de “5º.”, no de “Vélez”) el 2 de enero del 2022.

P. ¿Se presentará a su quinta reelección?

R. Siempre he sido enemigo declarado de la reelección; sigo aquí porque no creo que el país esté preparado para que lo deje solo.

P. ¿Qué tendría que ocurrir para que cambiara de parecer?

R. Para el 2010 dije que se necesitaría una hecatombe; para el 2014, por puro patriotismo, rebajé mis exigencias a un obstáculo grave; para el 2018 bastó un percance para allanar mi candidatura. Pero en esta ocasión no seré condescendiente: me voy de todos modos, a menos que se presente algún pereque.

P. ¿Usted, que es una inteligencia superior, cómo definiría el pereque?

R. Pereque es todo aquello que me obligue a aceptar un nuevo mandato del pueblo colombiano.

P. ¿Cree que el pueblo lo acompañará?

R. Esa pregunta me la formuló hace poco Hugo Chávez, Presidente Bolivariano Perpetuo de Venezuela, que, como usted sabe, despacha desde La Habana porque Fidel se retiró a jugar béisbol hace tres años. Y yo le dije: “Mirá, Huguito, mientras la gente siga creyendo que democracia es reelegir, reelegir y reelegir, los buenos demócratas nos acompañarán”.

P. ¿Qué opinarán las fuerzas políticas?

R. Me interesan poquito. Cuando había Congreso y Corte Suprema de Justicia, yo salía a darme la pela por radio. Pero desde que al Congreso lo reemplazó el Club Unión y a la Corte Suprema, la Asociación de Criadores de Caballos de Paso, los partidos no me preocupan.

P. ¿Y el intercambio humanitario?

R. Sigo empeñado en sacarlo adelante, como hice con los paramilitares y ‘parapolíticos’, pero sin despejes. Los nietos de Íngrid vinieron a proponerme que le despejara a la FAR una esquina de la Plaza de Bolívar, diagonal a la carpa donde viven los Moncayo, y les advertí que soy tolerante pero que no me confundan con el bobo Marañas.

P. ¿Ve alguna posibilidad de paz?

R. Nadie ha luchado más por la paz que yo. Hace tres días, cuando Tirofijo me llamó desde el cuarto de huéspedes de los Sarkozy, le dije lo mismo. Pero no me entendió, porque el hombre ya habla más francés que español.

P. ¿No cree que Chelsea Clinton, presidenta de Estados Unidos, podría mediar?

R. Washington no tiene ningún amigo tan fiel como yo: ¡con decirle que le cambié el nombre al Narinho Palace y cumplo el 4 de julio! Pero soy un paisa orgulloso y soberano, como lo saben nuestros soldados en Irak, y solo acataré nuevas órdenes cuando aprueben el TLC.

P. Entonces, ¿qué mediación le parecería aceptable?

R. La de monseñor José Obdulio Gaviria. Desde que le reprodujeron un artículo en El Catolicismo, lo considero un buen arzobispo: él sería un mediador imparcial.

P. ¿A qué piensa dedicarse si un día se retira?

R. Hombre, a montar mis caballos. Los pobres ya llevan más de 30 años esperándome. Y nada más, porque ya tengo 70, una edad que no me permite prodigarme en otros gusticos…

ESQUIRLAS. 1) Cuando incluí entre las buenas noticias la elección de Luis Alfredo Ramos como gobernador de Antioquia, pensaba en su notable trabajo como alcalde de Medellín. Ignoraba entonces informes que hablan de sus malas compañías electorales, razón de más para exigirle una gestión intachable, sin clientelismos ni debilidades ante la ‘parapolítica’. 2) El trascendental veredicto de la Justicia española sobre el atentado terrorista de marzo del 2005 exculpa a Eta. Según la derecha, también demuestra que el envío de tropas hispanas a la invasión de Irak no estimuló el atentado ni la subsiguiente derrota del Partido Popular. No es así. En el expediente constan palabras de los cerebros islamistas de la matanza que revelan su ira por la participación de España en la guerra.

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30th October 2007

Se descarriló el tren sucio contra el Polo

La intromisión electoral de Uribe es escandalosa, pero no sorprendente

Cierto profesor de derecho civil, que tenía la mala maña de realizar exámenes relámpago con preguntas capciosas, disparó alguna vez la siguiente pregunta a un alumno:

– ¿Me permite la ley casarme con la hermana de mi viuda?
El alumno procesó la pregunta de manera atribulada, repasó velozmente las incompatibilidades por incesto, notó que los cuñados no están abarcados por ellas y contestó: “Sí, sin duda”. Perdió el examen, como es obvio, porque le faltó aplomo para entender que, si está de por medio “mi viuda”, significa que “yo” ya he muerto, circunstancia que complica bastante un nuevo matrimonio. Algo parecido le sucedió a Samuel Moreno Rojas: se enredó y metió la pata con la pregunta sobre los votos comprados. Sacó en esa pregunta mala nota. Pero deducir de allí que era un delincuente electoral, un político sin escrúpulos y que él y su grupo destrozarán la administración de Bogotá era como inferir que aquel alumno atribulado de derecho civil está dispuesto a cometer adulterio, uxoricidio e incluso necrofilia.

La locomotora que montaron contra Moreno sobre tan enclenques rieles se descarriló el domingo. Menos sectario que sus enemigos políticos, el pueblo bogotano lo eligió alcalde y decidió que el Polo Democrático siga rigiendo los destinos de la ciudad. Será interesante analizar cómo la saña en su contra hizo crecer la votación de Moreno. Además, esos 915 mil votos son un reconocimiento de que la izquierda ejerció con honorabilidad y eficiencia el segundo cargo más importante del país. No lo esperaban así los atomizados partidos tradicionales, que llevan más de siglo y medio experimentando con el país, saqueando sus arcas, comprando votos y logrando solo pequeños aciertos en medio de grandes desastres.

Abundaron en la campaña los procedimientos sucios, algo que tampoco se ahorraron algunos sectores del Polo. A Moreno puede criticársele haber pensado mal. Pero los actos del presidente Álvaro Uribe ofrecen pocos antecedentes como intromisión descarada en política. ¿No era ilegal la injerencia electoral de funcionarios? Escandaliza, pero no sorprende, la mala fe con que sugirió que el Polo defiende la lucha armada, a partir de una torva interferencia de las Farc en la campaña. ¿Por qué creerle a este grupo violento sus calificaciones y descalificaciones, pero no a los paramilitares y narcotraficantes cuando formulan las suyas?

Si la izquierda democrática aspira un día a llegar al Palacio de Nariño, ya sabe lo difícil que el Establecimiento se lo va a poner.

Moreno y el Polo tienen que demostrar que pueden continuar la obra de los alcaldes anteriores y, sobre todo, el énfasis social que imprimió Lucho Garzón. Su deber es probar que lo harán con rigor y probidad y sin sectarismos. Samuel, en particular, tiene que callar a quienes lo tildaron de clientelista. Mantenga a raya a quienes en su entorno demuestren apetitos politiqueros; “desanapícese” un poco, que muchos que votamos por el Polo no simpatizamos con el populismo de Anapo; apóyese en los nuevos equipos técnicos que trabajan por la ciudad; vincule personas que, sin ser del Polo, quieren ayudar a Bogotá; demuestre que no será ese desastre que sus enemigos anuncian a gritos; juegue limpio; cumpla sus promesas; recuerde que fue elegido sobre todo por las clases económicas más necesitadas; fortalezca el futuro de una opción política distinta.

El Polo, a su turno, también tiene la misión histórica de consolidarse como partido de izquierda promotor del cambio social pacífico. Debe cerrar grietas en su interior y evitar que la capacidad corruptora del poder lo contagie. Sería una desilusión aplastante que fallara.

Quienes votamos por Moreno y el Polo tenemos, más que nadie, la obligación de vigilar y exigir.

ESQUIRLAS: Algunas alegrías: el cambio en Cundinamarca, Salazar en Medellín, Serpa en Santander, Verano en Atlántico, Ramos en Antioquia, Navarro en Nariño, Judith Pinedo en Cartagena…

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23rd October 2007

Premiemos a quienes lo han hecho bien

Es razonable dar continuidad a las administraciones de Bogotá y Medellín.

Este fin de semana serán elegidos miles de alcaldes, gobernadores, diputados, concejales y ediles en casi todo el país. Teniendo en cuenta que la elección popular de alcaldes tiene 19 años y 16 la de gobernadores, es posible entender que casi un 40 por ciento de la población no haya conocido las épocas en que el Gobierno central escogía a dedo a los jefes de municipios y departamentos. En la mayoría de los casos, el salto hacia la elección directa ha sido bueno en principio, pues significa una ampliación de la democracia, y aceptable en la práctica, pues sus resultados políticos están a la altura de las expectativas; en algunos (pienso en Cartagena) ha sido bueno en principio y lamentable en la práctica; y en ciertos casos ha sido bueno en principio y muy bueno en la práctica. Dos ejemplos egregios de esta última situación son Bogotá y Medellín.

La capital ha demostrado que una seguidilla de buenos alcaldes es capaz de imprimir un vuelco a la ciudad. De aquella Bogotá de hace 15 o 20 años a la de hoy existe un abismo. Los habitantes del Distrito se mostraban entonces descontentos y desesperanzados. Hoy, el promedio de orgullo de vivir en Bogotá es de 4 sobre 5. Hace nueve años, el 55 por ciento de los bogotanos pensaba que la ciudad iba “por mal camino”; hoy, el 58 por ciento cree que marcha “viento en popa”.

Sin desmerecer la encomiable labor de alcaldes anteriores, hay que atribuir parte importante de este cambio a Lucho Garzón, el actual alcalde. Garzón tuvo la sensatez de continuar los programas exitosos de sus antecesores, y además dio un timonazo en favor del aspecto social, el menos atendido de la ciudad. Es un giro que corresponde a la convicción personal de Lucho y al programa del Polo Democrático, el partido político de izquierda que lo llevó a la alcaldía. La transformación en este campo ha sido sorprendente. Al subir el Polo, en el 2003, el 38,5 vivía en niveles de pobreza (no le alcanzaban los ingresos para la canasta familiar) y la miseria tocaba al 9,1 de los capitalinos. El año pasado la pobreza había descendido en 10 puntos (del 38,5 al 28,5 por ciento) y la miseria se había reducido a la mitad (4,5 por ciento). Se calcula que las cifras del 2007 son aún mejores. El plan de comedores comunitarios y suplementos alimenticios en las escuelas trabaja para acabar con el hambre en Bogotá. Y aunque la inseguridad sigue siendo un problema, solo el 16 por ciento de los ciudadanos cree que se ha deteriorado su nivel de vida.

Es muy importante para la ciudad que no decaiga el ritmo de beneficio social impuesto por Lucho. Por eso votaré para la alcaldía distrital por Samuel Moreno Rojas, candidato del Polo Democrático. Resulta muy importante para la democracia colombiana premiar a un partido de izquierda que lo ha hecho bien. Me asusta, además, que Peñalosa, indudablemente un buen alcalde, suba con el torpe equipo de asesores que lo empujó al abismo durante su campaña.

A su turno, la transformación de Medellín en manos del actual alcalde, Sergio Fajardo, es un caso digno de estudio en seminarios internacionales. Aparte de ser la ciudad capital colombiana con mayor eficiencia fiscal, ha recibido en los dos últimos años calificación excepcional en manejos financieros públicos.

Si yo fuera medellinense, no vacilaría en votar por quien ofrece mayores garantías de continuación de la gran obra de Fajardo. Hablo de su secretario de Gobierno, Alonso Salazar.

ESQUIRLAS. Con dolorosa rapidez, y cuando aspiraba a refugiarse pronto entre sus libros, se ha ido Lázaro Mejía, ilustre abogado y economista, lector incansable, querido amigo… Una rayita más en la pared.

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