11th December 2008

El desastre que nos aguarda

Si usted tiene más de veinte años, conviene que lea esta nota a título de necrología. Cuando se cumplan los pronósticos de los científicos sobre lo que será Colombia, estaremos muertos casi todos los que hoy tenemos cédula de ciudadanía. Habrá muerto usted, habré muerto yo, Álvaro Uribe será una página vieja en la historia nacional y es posible que incluso ‘Tirofijo’ haya pasado a mejor vida.

Escribo para los colombianos que tienen posibilidades de rondar por estas tierras dentro de 63 años. Escribo para contarles lo que augura un estudio de proyección de modelos medioambientales recientemente divulgado por el Ministerio de Ambiente. El Gobierno anticipó un panorama de lo que será Colombia en el período 2070-2080, y lamento informarles que el futuro es bastante desalentador. En breve, buena parte del país estará amenazado por diversos fenómenos ambientales agudos y será preciso un colosal esfuerzo para movilizar a millones de colombianos lejos de las zonas de peligro. La agricultura habrá perdido cientos de miles de hectáreas, el bosque retrocederá y sobrevivirán pocos archipiélagos.

Las costas serán los lugares más indeseables del mapa. Por el calentamiento global, que acaba de motivar una cumbre multitudinaria en Bali, Indonesia, hacia 2060 el nivel del mar habrá subido 60 centímetros en la costa Pacífica (adiós Buenaventura) y 40 en el caribe (pobre Cartagena). Se inundarán más de 10.000 kilómetros cuadrados en los litorales; numerosos poblados y ciudades quedarán anegados, y habrá que evacuar a más de millón y medio de personas. Los alcantarillados se desbordarán y las aguas negras contaminarán los acueductos. El 45 por ciento de las vías de la Costa Atlántica sufrirá deterioro. San Andrés será juguete de ciclones tropicales que sacudirán también un tercio del litoral caribe colombiano.

Uno de cada cinco colombianos carece actualmente de agua potable (uno de los peores índices de Latinoamérica); pero si, como parece, se duplican los niveles de contaminación atmosférica, dentro de 60 años -dice el estudio- “los recursos hídricos en el 50 por ciento del territorio nacional serían altamente vulnerables”. La cuenta es simple: la cuarta parte de la cobertura vegetal del país se alterará y más de 3 millones de personas “se verían privadas de una fuente de agua potable”. Todo ello obligará a repoblar el mapa: habrá éxodos masivos de las costas hacia las cordilleras y la proporción de cachacos por cada costeño se parecerá a la que hoy registran Tunja o Sogamoso.

Cuando nuestros nietos entren en la tercera edad, la economía padecerá quebrantos irreversibles por culpa de los destrozos ambientales. “Los agrosistemas se afectarían en un 47 por ciento”, pronostica el documento. Migrarán o se extinguirán especies que habitan en manglares y corales en trance de desaparición, lo cual reducirá a niveles ridículos la pesca de sustento y acabará con la comercial. Al mismo tiempo, la reducción en lluvias menguará el caudal de casi todos los ríos y obstruirá la navegación. Por idéntica razón, habrá “muy alta probabilidad de incendios forestales”.

El desierto avanza y seguirá avanzando. En 2001 existían 4,8 millones de hectáreas en proceso de volverse arena; el calentamiento sumará 3,6 millones más. Uno de sus efectos será el de fomentar enfermedades como la tuberculosis, la malaria y el dengue. Córdoba, Antioquia, Nariño, Chocó y Meta serán los departamentos más atacados.

Los colombianos del futuro serán quienes padezcan este apocalipsis. Pero nosotros, los colombianos de hoy, podremos evitarlo si adquirimos conciencia, exigimos medidas y nos decidimos a actuar.

Que funcione
La apertura de una zona de encuentro inyecta esperanzas al intercambio humanitario, que se creía hundido. Pero deben saber las Farc y el Gobierno que una nueva frustración sería terrible para los secuestrados, sus familiares y quienes creemos que semejante indignidad debe terminar.

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13th May 2008

Platón, Montesquieu, Marx, Álvaro Uribe y algunos más

Aún ignoramos si el presidente Álvaro Uribe se lanzará a una nueva reelección. Él se muestra astutamente indefinido y debe de solazarse al ver que políticos, empresarios y medios de comunicación le piden, le encarecen, le ruegan que diga si aspira a un tercer período o no. Uribe calla. Pero con esta charada y con el anzuelito de las adjudicaciones de televisión hace temblar a más de uno. A lo mejor aguarda, flotando en el agua tibia de su popularidad, a ver en qué termina el proceso a los ‘parapolíticos’ que apoyaron su campaña o prepara nuevos rounds en su pelea con la Corte Suprema de Justicia. Entre tanto, patea balones a la tribuna cada vez que le preguntan, por lo que más quiera, señor Presidente, ¿sí o no?

Resulta cada vez más claro que, aunque no confiese si anda en campaña, su entorno ya lo está. Lo proclama paladinamente el Ministro de Agricultura y Palacio elabora un Plan B en caso de que el Presidente no se lance. Según EL TIEMPO, el gallo tapado de ese Plan B es Luis Carlos Restrepo, el Comisionado de Paz, que ahora resultó vocero de los mensajes políticos presidenciales contra sus aliados. Muchos no creemos que sea así. Pero, a la sombra de Uribe, otros sueñan y engordan, como el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos; la embajadora en Inglaterra, Noemí Sanín, y el vicepresidente Pacho Santos.

No se piense, sin embargo, que las miras uribistas terminan en las elecciones del 2010. Sería poco para un mesías como él y para los áulicos que lo acompañan. Uno de los más interesantes episodios políticos de los últimos meses aconteció la semana pasada, cuando se presentó oficialmente ante el público la Ideología Uríbica, por llamarla de alguna manera. Una cosa -cosa menor- es un plan de gobierno, que lo tiene cualquiera; otra cosa -cosa mediana- es una plataforma política, que incorpora propuestas y soluciones en diversos terrenos; y una cosa más -cosa mayor- es una doctrina ideológica, es decir, un sistema de pensamiento sobre el manejo de las naciones. Esta última solo les cuelga a los grandes filósofos y estadistas, como Platón, Montesquieu, Marx…
El acto de la semana pasada pretendía inscribir a Uribe en la categoría de los pesos pesados del pensamiento político.

Lugar: poco conocido, pero ideológicamente elocuente: la Asociación Cristiana de Jóvenes, en Bogotá. Organizador: un tal Centro de Pensamiento Primero Colombia. Ocasión: el lanzamiento de un nuevo tomo de la colección denominada Las ideas de Uribe, editada por Planeta y financiada por poderosos empresarios; el último volumen expone la posición del Presidente contra el acuerdo humanitario, y lleva un título que recuerda la retórica extremista, trasnochada y seudoculta de Fernando Londoño Hoyos: ‘Los potros de bárbaras atilas’. Acto complementario: un conversatorio sobre ‘Liderazgo y doctrina’. Protagonista: José Obdulio Gaviria, ideólogo presidencial y heraldo de la doctrina uríbica. Asistentes: grupos entusiastas que “aplauden cada vez que por los micrófonos se mencionan los nombres de Uribe o Gaviria” (El Espectador, 4.11.08).

Según esta versión, José Obdulio instó a todos a convertirse en “un ejército de publicistas de la doctrina”, expuso pincelazos sobre el “ideario” del líder y proclamó la perennidad de la ideología del caudillo: “Esa línea de pensamiento será conocida y aplicada por las próximas generaciones de colombianos”… “La doctrina tendrá influencia en el país al menos durante los próximos 50 años”…

Al pedir la disolución de los grupos uribistas, pues, el Gobierno no pretende solucionar una coyuntura. Sino emprender la fundación de un gran partido de derecha, con ideología perdurable y propia, que desborde la inmediatez de la re-reelección.

Lo cual me parece sano, pues sabremos a qué atenernos y estimula un nuevo orden de colectividades políticas.
Los horarios de entrega de columnas de esta página me impiden comentar la extradición de la cúpula paramilitar a Estados Unidos.

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6th May 2008

Soplan malos vientos

Lo más preocupante de una crisis no es la crisis, sino que parte de ella sea la incapacidad para enfrentarla y superarla. Está ocurriendo en Colombia. Pocos niegan la gravedad del pantano en que nos hundimos, pero la confusión de la dirigencia instalada en el poder nos sepulta cada vez más en la ciénaga.

El Gobierno parece a veces una pachanga: el Comisionado de Paz lanza mensajes políticos a los partidos; el Ministro del Interior le revira; el Comandante de la Policía perora sobre conflictos internacionales; el Ministro de Agricultura encabeza la oposición al despeje humanitario y lidera la reelección presidencial; el presidente Álvaro Uribe repudia en público “todo lo que nos lance a la incertidumbre”, aunque mantiene en la incertidumbre la tercera elección. Luego, para completar el ajiaco de señales, se arroja por un tobogán acuático, como cualquier colegial, y no sabemos si la húmeda peripecia es metáfora de su administración o sugerencia de que aquí no pasa nada y hay que divertirse.

En medio de las caóticas contradicciones brota una enrarecida atmósfera autoritaria. El Presidente se lía a bofetadas verbales con el abogado de un magistrado al que acusó, se multiplica el juego sucio de diversa procedencia y abundan las descalificaciones a opositores del Gobierno, como el peligroso señalamiento personal que acaban de hacer Uribe y sus asesores a los ya amenazados Gustavo Petro, Iván Cepeda y León Valencia. Ignoramos si los desvaríos de algunos gladiadores uribistas son producto del delirio político extremo o encarnan mensajes oficiales enviados por interpuesta persona. Observadores que se ganaron el respeto de la opinión por sus serenos antecedentes en el campo del análisis, como Alfredo Rangel, hoy proponen cosas aterradoras. El domingo, en su columna de EL TIEMPO, Rangel atribuyó al periodista Daniel Coronell parte de la responsabilidad del posible cohecho que permitió a altos funcionarios conseguir el voto de Yidis Medina para aprobar la reforma constitucional de la reelección. Como es sabido, la congresista concedió a Coronell unas declaraciones donde relataba el episodio, pero exigió que no lo revelara a menos que ella lo autorizase o sufriese algún percance. Honró el compromiso Coronell, en actuación que no rasguña en lo más mínimo la ética profesional, y solo cuando Yidis decidió hacer públicas sus palabras, divulgó Coronell el testimonio.

Ahora propone Rangel una medida insólita: “En estos tiempos tan agitados, y sobre todo ante la presencia de un crimen, creo que va siendo hora de revisar el decimonónico carácter absoluto y ponerle ciertos límites al secreto de la confesión religiosa, a la reserva médica y a la protección de las fuentes periodísticas”. Para mi pasmo, desde la otra orilla, la politóloga Claudia López también pretende que los periodistas revelemos quiénes nos suministran informaciones veraces, dizque para “proteger la estabilidad institucional” (¡!).

En otras palabras, que, a conveniencia del interesado de turno, pueda obligarse a un cura a divulgar los pecados de quien pasó por el confesionario, a un médico las circunstancias en que atendió a un paciente y a un periodista la identidad de una fuente. Por esa vía podría aconsejarse la liquidación del secreto profesional del abogado, la reserva del sumario y derechos elementales como recibir asistencia jurídica o no denunciar a los familiares más cercanos. Ya que los tiempos andan “tan agitados” (hace poco Rangel daba a entender lo contrario), también podría parecer un poco decimonónico el hábeas corpus y no estaría mal acabar de una vez con él. De pronto hasta podríamos copiar la doctrina de Bush, que autoriza torturas y permite detenciones en condiciones inhumanas. Lo que falta es imaginación, señores…

Malos vientos soplan desde el entorno del Gobierno; vientos inquietantes, que arrecian a medida que la crisis se ahonda.

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29th April 2008

Que hable la gente

Con más de 60 congresistas acusados de vinculaciones con autodefensas; un pertinaz enfrentamiento entre el poder ejecutivo y el judicial; unos partidos políticos en ruinas; incesante el conflicto militar con la guerrilla; alteradas las relaciones internacionales con los más cercanos vecinos; acechante el peligro de impunidad en el proceso a los paramilitares y amenazante una reforma política que acabaría de quebrantar las instituciones, hay que creerles a quienes dicen que el país atraviesa la más grave crisis de las últimas décadas. Contribuye a enredar la situación que casi todos los políticos acusados pertenecen a la coalición de gobierno; que el presidente de la República fue reelegido con esos y otros votos; que, pese a lo anterior, Álvaro Uribe es uno de los mandatarios con más popularidad del mundo; y que, con su tácito apoyo, partidarios suyos pretenden una nueva reelección.

Numerosos políticos y líderes de opinión aportan a diario variados análisis y soluciones que van desde pedir la renuncia a Uribe y nombrar un gobierno de transición (propuesta del columnista Felipe Zuleta), hasta plantear que “tranquilos, el país no se está descuadernando” (tesis del “violentólogo” Alfredo Rangel). Entre estos extremos florece toda suerte de propuestas: reforma política integral, asamblea constituyente, anticipación de elecciones parlamentarias, enmienda del Congreso, reconstrucción de los partidos, propulsión de una nueva corte de justicia, sillas vacías, muerte política sin condenas…

Parece fundamental que hable la gente: que se lancen ideas y soluciones, que los colombianos demostremos en circunstancias críticas esa imaginación supuestamente célebre que nos permite sobreponernos a las calamidades. Los medios de comunicación hacen bien en fomentar el debate (veo que Caracol TV lanza un macroprograma periodístico, laudable contrapeso a los alienantes realities) y ofrecer, como han venido haciéndolo, un mosaico de puntos de vista.

Pero es bueno ir acotando ya algunas fórmulas y remedios que parecen ser los más sensatas o los que cuentan con mayor respaldo. Veamos.

Requisitos recomendables para que el debate tenga validez y grandeza: 1) Que no culmine en una iniciativa inconsulta del gobierno y sus amigos, sino en una verdadera propuesta nacional. 2) Sacrificar aspiraciones, aun silenciosas, que enrarecen la discusión: Uribe debería cancelar de manera explícita y sincera su segunda reelección y los ex presidentes podrían renunciar a un nuevo “sacrificio” en el Palacio de Nariño. 3) Designar de inmediato una comisión de notables libérrimos y de rabiosa honestidad que maneje la adjudicación de televisión, para despejar así toda duda sobre presiones a los medios de comunicación, cuya independencia resulta indispensable en una crisis tan grave.

Recursos que es preciso evitar: 1) La guerra sucia de información infiltrada, computadores acomodaticios y noticias sospechosas. 2) Sano escepticismo ante los delincuentes que aspiran a sacar provecho del río revuelto. 3) Cuando la autoridad lance acusaciones (como la del “congresista extranjero” denunciado por Uribe en un discurso), debe precisarlas y probarlas. 4) Rechazar la peligrosa idea de que si se ensucia a todos, todos quedan limpios. 5) Cambiar la filosofía oficial de que quien no esté con el gobierno está contra él.

Finalmente, unas pocas conclusiones personales. 1) Tengo la sensación de que, pese a los ataques que ha sufrido y a errores cometidos, el sistema judicial y la Fiscalía se han convertido en los puntales más creíbles de nuestras instituciones. Hay que facilitarles el trabajo para que sigan su labor depuradora. 2) Álvaro Uribe ha hecho cosas importantes por este país, que la gente con justicia le reconoce. Pero no debe abusar de este aval. Un acuerdo histórico para sacar a Colombia del atolladero se ahorraría un triste crepúsculo político. 3) Conviene a los electores recordar a grupos que, como el Polo Democrático, no han sido salpicados por los escándalos.

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22nd April 2008

Que coman los niños, no los carros

Era de temer. En reciente foro se les ocurrió a varios participantes que el futuro de Colombia pasa por la exportación de biocombustibles. Para quien aún lo desconozca -cosa que suele pasar en países, donde, como decía Mafalda, “lo urgente no deja tiempo para lo importante”-, los biocombustibles son productos agrícolas que, sometidos a un proceso industrial, se emplean para alimentar motores de explosión. En otras palabras: maíz, soya, palma, trigo y bagazo de caña -entre otros- que dejan de nutrir a seres humanos y, transformados en etanol, pasan a alimentar automóviles.

La propuesta de convertir a Colombia en exportador de biocombustibles -peligrosamente ignorante o siniestramente codiciosa- equivale a poner la lápida a nuestro ya deteriorado medio ambiente y hundir el país en una época de hambrunas capaces de conmover a los niños de Somalia. Hasta hace poco, Brasil era modelo de conversión a un novedoso sistema de ahorro de energía. Al ordenar que los motores de automóviles estuviesen acondicionados para funcionar con biocombustibles e invertir en la transformación de bagazo en etanol, nuestro querido vecino parecía haber encontrado la llave del Paraíso: menos gasto en gasolina, menos importaciones, menor contaminación y, por si la dicha fuera poca, empleo útil para basuras agrícolas.

Pero tanta felicidad no fue duradera. Apenas surgió la fiebre de los combustibles cultivables, por culpa del alza de precio del petróleo, las empresas se lanzaron a talar la selva amazónica y sembrar diversas especies agrícolas, especialmente soya y palma de aceite, a fin de generar comida de automóviles. El resultado esese sí- una hecatombe. Recomiendo a quien pueda hacerlo que lea el estremecedor informe de la revista Time del 14 de abril. Allí queda claro de qué modo el etanol, pese a su benévola imagen, “aumenta el calentamiento global, destruye las selvas y sube el precio de la comida”. La fiebre del biocombustible, dice Time, está llevando al Brasil a la “sabanización”, consistente en arrasar los bosques tropicales y sembrar plantas cuyo alcohol compita con el petróleo. Es una marea incontrolable. “Resulta imposible proteger la selva -dice un experto gringo en el Amazonas-: hay mucho dinero invertido en tumbarla”.

Apenas el capital mete mano en el negocio, no hay quien lo pare: acabará talando hasta el último árbol para vender el último galón de combustible al último carro.

Los efectos ecológicos de esta destrucción son peores que los del humo de los motores. Se necesitarían 400 años de uso del biodiésel para compensar la menor emisión de gases. Pero para entonces ya no habrá selva, ni nada. El problema ambiental asusta, y más ahora, cuando se sabe que los cálculos de calentamiento global estaban equivocados y la situación es peor que lo temido. Pero donde primero se está notando es en el esencial derecho humano de comer. Junto con otros factores (mayor consumo en China e India, alteración del clima, especulación de las multinacionales del alimento), la destinación de cereales a mover carros en vez de dar pan a la gente ha producido alzas generales y aceleradas en el precio de la comida. Pululan en todos los continentes las protestas de los hambrientos (en Haití tumbaron al primer ministro) y la ONU dice que la carestía le impedirá alimentar este mes a 100.000 niños africanos que dependen de sus suministros para no fallecer de desnutrición. En recientes y diversos foros los expertos advierten que se avecinan años de escasez casi medieval.

A todas estas, quisiera plantear con todo respeto las siguientes preguntas: ¿Qué piensa nuestro Gobierno sobre los biocombustibles? ¿Forman parte de su menú de exportaciones? ¿Se plantea seguir estimulando la palma donde debería sembrarse comida? ¿Sabe que estamos al borde de una atroz crisis alimentaria?

Y un último interrogante: ¿tendrá respuestas para los anteriores?

NOTA: Esta columna fue escrita antes de que se conocieran los últimos y gravísimos escándalos de parapolíticos uribistas procesados.

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15th April 2008

¡Vuélvanse serios, señores!

Cuando ya pensábamos que los presidentes de Colombia y Ecuador habían entendido el peligroso camino de enfrentamientos que se empeñaron en recorrer y procuraban corregirlo, el último fin de semana nos ha deparado otra guerra de insultos y declaraciones. En este caso la ha desatado la incontinencia verbal del presidente Rafael Correa que, en una visita a México, abandonó toda prudencia de estadista y afirmó acerca de los jóvenes mexicanos farcófilos fallecidos en el ataque al campamento de ‘Raúl Reyes’ en Ecuador que no le interesaba si tenían o no vínculos con las Farc (es decir: si delinquían o no): “Fueron masacrados y eso no se justifica con nada”. Más tarde dijo que las advertencias que había formulado el gobierno de Álvaro Uribe al suyo sobre la presencia de guerrilleros colombianos en su territorio eran “payasadas”. Palabras imprudentes en quien exhibe frondoso rabo de paja en materia de relaciones con la guerrilla.

El terreno quedó sembrado para un poco plácido domingo. Uribe, que se enciende con la menor chispa, dio a conocer dos comunicados ese día. En el de la mañana rectifica a Correa en forma convincente y sólida, pero difunde una grave acusación contra él: la de haber frenado a las Fuerzas Armadas de Ecuador “cuando adelantaban operaciones en contra de las Farc en el territorio ecuatoriano”. A media tarde respondió el gobierno vecino y conminó a Uribe a probar su acusación en el plazo perentorio de 48 horas. El Palacio de Nariño se tomó apenas cinco antes de producir en la noche un nuevo comunicado donde debería haber demostrado lo que afirmó al mediodía. Pero en este caso, la endeblez del argumento era manifiesta: “La gran prueba fue la presencia notoria de alias ‘Raúl Reyes’ en el Ecuador, atentando desde allá contra el pueblo colombiano”. Muy flaco alegato, la verdad, para acusación tan gorda. Posteriores declaraciones del jefe de la cúpula militar ecuatoriana en que desmiente a Uribe lo dejaron en posición aún más precaria.

¿No eran estos púgiles dominicales los que se habían abrazado y prometido borrón y cuenta nueva en la cumbre de Santo Domingo? ¿No eran estos dos caballeros los que habían acordado pocos días atrás “hacerse pasito”? ¿No eran esos dos gobiernos los que habían aceptado la intermediación del grupo Carter para abolir toda declaración negativa o beligerante y esmerarse en reconstruir las relaciones binacionales?

Correa rompió primero la tregua verbal con demagógicas declaraciones destinadas a granjearse la simpatía de sus anfitriones mexicanos. A Uribe le habría bastado una respuesta serena. Pero los fines de semana son largos y le sobró tiempo para soltar la acusación de que Correa había ordenado detener los operativos contra las Farc: una denuncia cierta o falsa, pero de alto calibre, que a las 10 p.m. no pudo probar.

Es tradición invitar a los pueblos a que rodeen a sus mandatarios cuando surgen problemas externos, deber que no abarca a los periodistas. Pero ningún pueblo está obligado a acompañar a sus gobernantes cada vez que a alguno de ellos se le van las luces.
Colombianos y ecuatorianos debemos exigir a quienes se hallan al frente de los asuntos estatales que se porten a la altura del momento histórico, que abandonen las riñas y que trabajen por la paz y la amistad: si no los inspiran sus belicosos consejeros, sus lenguas imprudentes o sus temperamentos volátiles, que al menos les sirva de ejemplo la conducta de los pueblos que los eligieron.

Lunes y martes, la guerra de comunicados se reavivó con nuevos ataques de ambos gobiernos. Ya pelean a toda hora. Vuélvanse serios, señores.

ESQUIRLAS. En España acaba de crearse el Ministerio de Igualdad, contra la discriminación sexual, y más de la mitad del nuevo gabinete de Rodríguez Zapatero son mujeres. Observemos. Comparemos. Aprendamos.

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8th April 2008

TLC: Todos Limosnearemos Comida

El vuelco que ha dado el mercado de alimentos y sus altos precios indican que ratificar el TLC sería un suicidio para Colombia.

Mientras el Congreso de Estados Unidos estudia del Tratado de Libre Comercio con Colombia, que nos convertirá en satélites de sus exportaciones agropecuarias, buena parte del planeta enfrenta un problema que parecía sepultado en los viejos libros de historia: revueltas de gentes hambrientas que piden comida. Ya vimos que en Argentina, donde solo se acostaban sin comer los que estaban a régimen, el país se paralizó por un problema agrícola y no se consiguió carne, leche, huevos, frutas ni verduras durante dos semanas. Hace pocos meses, los mexicanos salieron a las calles a exigir maíz para las tortillas. También se han registrado marchas del hambre en Marruecos, Burkina Faso, Indonesia, Mozambique, Senegal, Filipinas, Egipto, Yemen, Mauritania y Camerún. En estos tres últimos países las revueltas dejaron más de cien muertos.

Los ciudadanos se quejan, en particular, por el alza y la escasez de arroz, trigo, maíz, leche y huevos. Todo ha subido. El precio internacional del arroz aumentó más del 50 por ciento en lo que va de mes; el del trigo se duplicó en el último año; en algunos lugares los huevos suben un 10 por ciento mensual; el aceite de palma cuesta 70 por ciento más que el año pasado. Según la FAO (rama de las Naciones Unidas que se ocupa de la comida), 60 alimentos subieron por lo menos un tercio en el 2007. Estadísticamente, esto significa que el nivel de vida en los países pobres afectados podría caer hasta un 20 por ciento.

“Hemos llegado al final de la era de la comida barata”, sentenció The Economist. El índice de precios de esta revista señala que enfrentamos los precios más altos desde hace 170 años. Las razones son varias. Primero, millones de habitantes de China, el sureste asiático y la India, principalmente, comen más que antes.
Segundo, los altos precios del petróleo han llevado a muchos agricultores a producir cereales para las plantas de etanol; este año Estados Unidos destinará 85 millones de toneladas de maíz a producir biocombustibles. Escaseará la materia prima para la dieta popular, pero no para los carros. Tercero, los cambios climáticos provocan lluvias más intensas, sequías más prolongadas y mayores dificultades en el campo. (Para que se den una idea, las ventas de Bavaria se frenaron en el último trimestre del 2007 por culpa del incremento de los días de frío en zonas consumidoras de “agria”). Por último, el caos de la comida se debe también a la intervención de transnacionales que, manipulando precios y cantidades, enturbian el río para obtener jugosas pescas.

No hay que ser Marx ni Keynes para entender que los principales perjudicados son los más pobres, aquellos en cuya canasta familiar la comida pesa más. El Banco Mundial advierte que la carestía de alimentos podría desestabilizar la economía de los países más pobres y generar serios conflictos sociales. The Economist señala que las principales víctimas serán las que más productos agrícolas importen.

Todo lo anterior debe llevar a un profundo replanteamiento del TLC, que acabará de quebrar el campo colombiano y nos convertirá en clientes de la comida made in USA. Comida que, al carecer de competencia doméstica, deberemos adquirir al precio que las multinacionales quieran. Ya era una barbaridad el TLC antes de la prolongada crisis alimentaria a la que está abocado el mundo. Ahora será un suicidio. La apertura de 1990 arrasó con la agricultura nacional. Esta nueva etapa convertirá la comida en privilegio de los ricos.

A la vista de lo que se avecina, lo más importante es asegurar la soberanía alimentaria del país. Recemos para que Dios, Hillary Clinton, Barack Obama y la señora Pelosi se compadezcan de nosotros y hundan el TLC.

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1st April 2008

La rifa del tigre

A pesar de que mi tendencia hormonal de periodista me empuja hacia el escepticismo y de que la experiencia indica que en la jungla de la guerra y la política la mentira suele ser el lobo y la verdad suele ser la oveja, tengo la sensación de que en el episodio de los computadores de las Farc los contenidos son genuinos y el material, explosivo. Esto otorga formidable arsenal al gobierno de Álvaro Uribe, pero al mismo tiempo, ya veremos por qué, lo obliga a caminar con pies de plomo y cerebro atento.

Hay razones para dudar de la veracidad del computador de ‘Reyes’: 1) La política es territorio donde se miente todos los días.
2) La ética militar incluye la mentira como parte de su estrategia.
3) En tiempos de guerra, según afirma un viejo aserto, “la primera víctima es la verdad”. 4) Con sus falsos positivos, sus acusaciones temerarias contra opositores y otros embustes, este Gobierno y este ministro, el de Defensa, no han ganado propiamente fama de sinceros. 5) Parece curioso que en el bombardeo del campamento de las Farc en Ecuador hayan sobrevivido los computadores. 6) Metidas de pata como la de El TIEMPO y la fotografía errada del “canciller ecuatoriano” en la selva muestran que, a la hora de suministrar información envenenada, las fuentes oficiales no son particularmente cuidadosas.

Las razones anteriores invitan a no tragar entero. Pero otras hacen pensar en la veracidad de la historia: 1) La especificidad de los datos: abunda en el computador la información comprobable; no se trata de aseveraciones abstractas. 2) El lenguaje: ni los más dotados novelistas o libretistas de televisión serían capaces de recrear con tanta fidelidad, tan convincentes errores gramaticales y tan inesperados giros en el lenguaje que figura en los textos del aparato. 3) El poco tiempo de que dispusieron los “falsificadores” para armar tan convincente tramado de mensajes. 4) La reacción de los incriminados: ¿cuál fue la respuesta de los presidentes Chávez y Correa cuando el computador los incriminó por nexos con las Farc? Al principio, timidez; enseguida, bravuconadas; más tarde, negación de los hechos; al final, recurso a los chistes. ¿Por qué ninguno saltó de inmediato a exigir una verificación profesional independiente? Si a Chávez o Correa les atribuyeran la paternidad de un recién nacido, ¿harían bromas o más bien pedirían cuanto antes una prueba de ADN? La prontitud con que aceptaron la reconciliación en Santo Domingo, tras la grave invasión de Uribe y el calibre de los insultos proferidos contra él, habla más de sus posibles temores que de su supuesta magnanimidad. 4) El interés del gobierno colombiano por obtener una inspección tecnológica calificada y neutral de los materiales es signo de transparencia. 5)
Lo que más me inclina a creer en la versión oficial -siempre ad referéndum del peritazgo de Interpol- es la gravedad de las acusaciones formuladas. Resulta difícil pensar que nuestro gobierno cometa la irresponsabilidad histórica de montar una farsa de semejante tamaño y consecuencias.

Mosquea, sí, que las autoridades descalifiquen el computador de los paramilitares, pero acojan el de la guerrilla. Esto muestra la incoherencia de su política (o de la política, en general, porque puede decirse lo contrario de quienes consideran válido el computador de ‘Jorge 40′ mas no el de ‘Reyes’), pero no que mientan.

Pronto se conocerá el resultado de la inspección. Me preocuparía si dictaminara que el contenido es falso. Pero más me inquietará si confirma que es veraz. En este caso: ¿tiene ya claridad el Gobierno sobre lo que va a hacer? ¿Resolverá el problema en conversaciones bilaterales? ¿Promoverá un escándalo internacional de prensa? ¿Presentará denuncia formal ante algún organismo? ¿Optará por el silencio extorsivo? ¿Se resignará a un piadoso olvido?

Cuidado, porque de cualquier manera está a punto de ganarse la rifa del tigre.

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25th March 2008

Farc International Corporation

Los computadores de las Farc han revelado muchas cosas interesantes, confirmado otras que se sospechaban y aportado más de una sorpresa gorda. Una de estas últimas es que ellas son, como supuso hace poco en lúcido artículo el ex guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos, “la insurgencia más conservadora del continente, que envejeció en la Colombia rural profunda”, pero también una organización empeñada en mantener nexos con gobiernos y grupos de muchos países del mundo.

Un inventario realizado a partir de los contenidos de los computadores, de la identidad de los guerrilleros muertos en el invasivo ataque colombiano y de otras fuentes arroja vínculos -fuertes o tenues, perversos o legítimos, institucionales o de otra índole- con decenas de gobiernos o entidades internacionales.

Los principales son, por supuesto, Venezuela y Ecuador. Pero también hay nexos con Cuba, Estados Unidos, Francia (que alguna vez envió helicópteros a la frontera con Brasil en un absurdo intento por rescatar a Íngrid Betancourt), México, Dinamarca, Suiza, Suecia, España, Alemania, Holanda, Bélgica, Turquía, Libia e Irlanda.

Algunos de estos entronques no pasan de ser mensajes de simpatía, como ocurre con ciertas organizaciones políticas europeas. Pero otros van más allá. Las cartas de ‘Raúl Reyes’ dicen que las Farc dieron dinero a la campaña del presidente del Ecuador, Rafael Correa, y la recibieron del venezolano, Hugo Chávez. En algunos casos, como los de los gobiernos cubano, suizo, francés y español, los vínculos son resultado de su transparente intermediación en el conflicto o por acuerdo con Colombia.

Los nexos extranjeros con las Farc tienen, pues, pelambres muy variadas y pueden caber en una o varias de las siguientes categorías:

* Contactos por convicción, como los de Hugo Chávez y el presidente nicaragüense Daniel Ortega (el “hermano” de ‘Tirofijo’).

* Contactos por temor, como los del ecuatoriano Correa y, en alguna medida, Chávez.

* Contactos “pedagógicos”, pues las Farc son también una especie de escuela guerrillera a la vieja usanza. Como alumnos llegaron, seguramente, los estudiantes mexicanos muertos en el bombardeo del campamento de ‘Reyes’.

* Contactos por coincidencia de intereses, como los que pueden haber tenido las Farc con los grupos armados de Irlanda (Ira) y España (Eta). Recordemos que tres irlandeses estuvieron presos en Colombia por vínculos con la guerrilla.

* Contactos por negocios, como el contrabandista de armas ruso Victor Bout y el narcotraficante brasileño Fernandinho Beira-Mar.

* Contactos con espontáneos noveleros, lagartejes o pseudoacadémicos, como el profesor norteamericano Jim Jones, corresponsal de ‘Reyes’ desde Washington.

* Contactos con organizaciones ingenuas, particularmente europeas, que aún sueñan con guerrilleros románticos guevarescos, como el sindicato danés de la construcción que donó 2.000 dólares a las Farc hace unos meses.

* Contactos de entidades y personas que consideran seriamente la posibilidad de ayudar en la solución del conflicto. En este último abanico hay políticos de varios países, jefes religiosos y prestigiosos intelectuales.

Como se ve, de todo florece en la viña del señor ‘Marulanda’. Lo innegable es que las Farc son anacrónicas en su manera de ver la lucha política, pero no en sus relaciones exteriores. La muerte de Reyes, hábil canciller, debilitará algunos de estos nexos, y las revelaciones de los computadores -si Interpol sigue confirmando su autenticidad- desnudará muchos otros.

ESQUIRLAS. En contraste, el presidente Uribe, que tan mala prensa tenía en Europa, empieza a ver cómo cambian las cosas. Un encomiástico informe del lunes en El País (España) señala que “los logros (del Gobierno) en materia de seguridad impulsan el despegue económico”; que su economía crece “por encima de la media de América Latina” y que “Colombia sale de la lista negra”. Queda probado que el teflón también funciona internacionalmente.

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18th March 2008

‘Por favor, que no venga Uribe’

Tanto fue el éxito del concierto Paz sin Fronteras, que lo disfrutamos más allá de la frontera. Los noticieros europeos incluyeron imágenes suyas en su menú informativo, el lunes ocupó primeras páginas en España (el ABC lo llamó “El Woodstock iberoamericano”) y muchos pudimos seguirlo minuto a minuto en el exterior a través del canal internacional de Caracol. Fue un consolador contraste con la vulgaridad de Chávez, los bombardeos de Uribe, las camisas de Correa, los desplantes de Ortega, las revelaciones comprometedoras de los computadores, las recompensas envenenadas y las manos tumefactas de las últimas semanas.

Esa multitud multicolor de Cúcuta confirmó lo más interesante de la cuasiguerra grancolombiana: que la pelea entre los gobiernos no afectó a los pueblos. Más importante que reclamar el triunfo o la derrota para cualquiera de los tres países, o aun para la ONU o la paz andina, es conceder el mayor reconocimiento a los ecuatorianos, venezolanos y colombianos que nunca se dejaron contaminar por el clima belicoso general ni copiaron los insultos de Chávez, la agresividad de hecho de Uribe ni la volubilidad de Correa. De haberse contagiado un sector de la ciudadanía con los aires de guerra, no habrían bastado los abrazos dominicanos para aplacar la tensión.

Juanes y los demás organizadores y artistas del concierto supieron interpretar el sentimiento genuinamente fraterno que existe entre nuestros pueblos y lo encauzaron hacia donde podía expresarse de manera más positiva: la música.

Algunos furibistas pretenden nublar el éxito de Juanes con el detalle de que su representante, Fernán Martínez, pidió al presidente Uribe que no asistiera al certamen. Saltaron en Internet los fanáticos que calificaron de “showcito” al multitudinario acto y dijeron que había sido armado por los enemigos del Gobierno.
Otros, en la misma tónica, pretendían que el evento se convirtiera en un desgravio al Presidente colombiano por los epítetos de Chávez. Alguno más alegó que la petición al Presidente de que se abstuviera de concurrir fue producto de la envidia de los artistas, pues ellos sabían “que si iba Uribe con su 83 por ciento de popularidad, se convertiría en el centro de atracción”.

Pienso que la actitud de Martínez no solo fue inteligente, sino valerosa; no todos tienen los cojines de solicitar al Presidente -y menos a un presidente de tanta retranca como Uribe- que no acuda a determinado lugar del territorio nacional. Martínez se lo pidió y explicó por qué: como los otros dos presidentes no estaban programados, la presencia del colombiano habría “desbalanceado el concierto”, le habría transmitido “un tinte político” y habría convertido a Uribe en “la vedette del certamen”.

Así habría ocurrido, en efecto. Lo que quiso ser y fue una celebración de unidad de los ciudadanos, merced a la tarea catalizadora de los artistas, habría degenerado en una ocasión política innecesaria e inoportuna. Dice EL TIEMPO que algunos funcionarios del Palacio de Nariño consideraron que se trataba de un gesto de censura contra el Primer Mandatario. “Él iba a ir como cualquier otro colombiano”, señalaron entre patrióticos pucheros.

Espero que no crean, de verdá-verdá, que el Jefe del Estado es un ciudadano cualquiera. La prueba es el comunicado que emitió la Presidencia, donde explica que Uribe fue desinvitado cuando se aprestaba a acudir al concierto “en compañía del vicepresidente, Francisco Santos Calderón, los Altos Mandos y varios integrantes del gabinete”… No conozco muchos ciudadanos comunes y corrientes que puedan acudir tan bien acompañados a un concierto.

Justo es decir que, si bien el comunicado revela cierto resquemor por lo ocurrido, el propio Uribe ha observado una actitud discreta y tranquila. Y seguro que gozó el concierto desde la sala de su casa. Ahí sí, como cualquier otro colombiano.

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