9th May 2008

Nuevas consultas de lenguaje

El debut de nuestro consultorio gramatical, ortográfico y léxico tuvo tanto éxito que los lectores descargaron sobre esta columna una lluvia de dudas sobre lenguaje. Las aclararé gustoso, aun a riesgo de perder mi silla en la Academia Colombiana de la Lengua.

P- ¿Qué razón hay para que en Colombia se denomine mouse al control manual de los computadores?

R-Ninguna, como no sean las ganas de hablar mal inglés. La gente que llama mouse al simpático ratón electrónico es la misma que pide en la clínica “¡Tráiganme el duck!” en vez de reclamar el pato, que levanta el carro con un cat y que tiene sembrados geranios en la female monkey de porcelana de la abuela.

P- ¿Es “moquear” un verbo regular? ¿Cómo se conjuga?

R- “Moquear” no es regular, sino muy malo. Y no se conjuga, sino que se enjuga.

P- ¿Qué es el hiato y cómo influye en la acentuación de las palabras?

R- El hiato es el orificio que une el tórax y el estómago. Algunas personas sufren hernia del hiato, que es un trastorno digestivo. Los enfermos de hiato padecen de acidez extrema y suelen olvidar que la reunión de una vocal débil (i, u) con una fuerte (a, e, o) lleva tilde si la acentuación recae en la débil. La medicina registra casos extremos de enfermos que creen que al hiato no lo forman dos vocales pertenecientes a sílabas distintas sino que se trata de una misma sílaba. Esta confusión del hiato con el diptongo suele conducir a aguda diarrea ortográfica.

P- Entonces, ¿qué son exactamente un diptongo
y un triptongo?

R- El diptongo, como lo indica su nombre en inglés, es el arreglo profundamente ilícito de un resultado deportivo. Un triptongo es un cartagenero melancólico.

P- ¿Qué es un verbo transitivo?

R- Es el que transita hasta el complemento directo; intransitivo es el que no logra hacerlo. Por ejemplo: en Bogotá, el verbo “circular” es transitivo hasta las 4 p.m. A partir de ese momento se vuelve completamente intransitivo. Algunos verbos, como “quedar”, están exentos del pico y placa y pueden transitar o no.

P- ¿A qué se llama topónimo?

R- Examinemos la etimología de la palabra topónimo, que viene de topo (mamífero insectívoro excavador) y nomen (nombre). Como el topo hunde su cueva hacia el centro de la tierra, siempre emerge por el mismo lugar; por eso un topónimo es el nombre de un sitio o lugar.

P- Ilústreme sobre los tiempos verbales, ya que tengo muchas dificultades con ellos.

R- Un ejemplo de pasado imperfecto: Carla Bruni, la mujer del presidente de Francia. Un ejemplo de futuro con puesto: los hijos de los políticos. No se afane: yo también tengo dificultades con ellos.
P- ¿Por qué es muda la hache?

R- Por prudencia. A veces abla mucho y se hequivoca.

P- También es muda la “u” después de “g”, como en guerra y guiño. ¿Calla la “u” por prudencia, igual que la hache?

R- No. La “u” calla por cobardía, pues es poco valiente y se esconde. Para que sea macha hay que ponerle un par de bolitas llamadas diéresis o crema. Entonces aparece y habla, como en vergüenza o argüir. Al contrario de lo que algunos creen, la palabra agua no lleva diéresis o crema; pero, como en los almuerzos de corrientazo, agüita lleva crema.

P- ¿Es verdad que a nombres y apellidos no se les aplica ninguna norma de ortografía?

R- ¿Sí? Pregúnteselo a Rroberto Ponbo…

P- ¿Por qué el Sumo Pontífice se llama papa, igual que el humilde tubérculo andino?

R- Una de las maravillas del idioma es que el papa sea tocayo del principal ingrediente del ajiaco, que los padres que obedecen al papa no tengan hijos y que los conventos estén llenos de madres que son solteras. Resulta incómodo que el Santo Padre -que tampoco tiene santos hijos- lleve nombre de comida, pero es peor cuando uno sabe que se llamaba “curas” a los aguacates y que los canónigos son unas plantas de ensalada. Preocupada por el asunto, la Real Academia Española ha propuesto que se abandone el nombre de “papa” para el Pontífice y se lo denomine “patata”.

P- ¿Qué signifi can los latinismos posdata (p.d.) y pos-scriptum (p.s.)?

R- Ambos designan algo que se escribió con posterioridad a lo principal. Pero no son latinismos, sino mexicanismos; originalmente se expresaban como la sigla p.m.o., que significa “pos me olvidé”.

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6th May 2008

Soplan malos vientos

Lo más preocupante de una crisis no es la crisis, sino que parte de ella sea la incapacidad para enfrentarla y superarla. Está ocurriendo en Colombia. Pocos niegan la gravedad del pantano en que nos hundimos, pero la confusión de la dirigencia instalada en el poder nos sepulta cada vez más en la ciénaga.

El Gobierno parece a veces una pachanga: el Comisionado de Paz lanza mensajes políticos a los partidos; el Ministro del Interior le revira; el Comandante de la Policía perora sobre conflictos internacionales; el Ministro de Agricultura encabeza la oposición al despeje humanitario y lidera la reelección presidencial; el presidente Álvaro Uribe repudia en público “todo lo que nos lance a la incertidumbre”, aunque mantiene en la incertidumbre la tercera elección. Luego, para completar el ajiaco de señales, se arroja por un tobogán acuático, como cualquier colegial, y no sabemos si la húmeda peripecia es metáfora de su administración o sugerencia de que aquí no pasa nada y hay que divertirse.

En medio de las caóticas contradicciones brota una enrarecida atmósfera autoritaria. El Presidente se lía a bofetadas verbales con el abogado de un magistrado al que acusó, se multiplica el juego sucio de diversa procedencia y abundan las descalificaciones a opositores del Gobierno, como el peligroso señalamiento personal que acaban de hacer Uribe y sus asesores a los ya amenazados Gustavo Petro, Iván Cepeda y León Valencia. Ignoramos si los desvaríos de algunos gladiadores uribistas son producto del delirio político extremo o encarnan mensajes oficiales enviados por interpuesta persona. Observadores que se ganaron el respeto de la opinión por sus serenos antecedentes en el campo del análisis, como Alfredo Rangel, hoy proponen cosas aterradoras. El domingo, en su columna de EL TIEMPO, Rangel atribuyó al periodista Daniel Coronell parte de la responsabilidad del posible cohecho que permitió a altos funcionarios conseguir el voto de Yidis Medina para aprobar la reforma constitucional de la reelección. Como es sabido, la congresista concedió a Coronell unas declaraciones donde relataba el episodio, pero exigió que no lo revelara a menos que ella lo autorizase o sufriese algún percance. Honró el compromiso Coronell, en actuación que no rasguña en lo más mínimo la ética profesional, y solo cuando Yidis decidió hacer públicas sus palabras, divulgó Coronell el testimonio.

Ahora propone Rangel una medida insólita: “En estos tiempos tan agitados, y sobre todo ante la presencia de un crimen, creo que va siendo hora de revisar el decimonónico carácter absoluto y ponerle ciertos límites al secreto de la confesión religiosa, a la reserva médica y a la protección de las fuentes periodísticas”. Para mi pasmo, desde la otra orilla, la politóloga Claudia López también pretende que los periodistas revelemos quiénes nos suministran informaciones veraces, dizque para “proteger la estabilidad institucional” (¡!).

En otras palabras, que, a conveniencia del interesado de turno, pueda obligarse a un cura a divulgar los pecados de quien pasó por el confesionario, a un médico las circunstancias en que atendió a un paciente y a un periodista la identidad de una fuente. Por esa vía podría aconsejarse la liquidación del secreto profesional del abogado, la reserva del sumario y derechos elementales como recibir asistencia jurídica o no denunciar a los familiares más cercanos. Ya que los tiempos andan “tan agitados” (hace poco Rangel daba a entender lo contrario), también podría parecer un poco decimonónico el hábeas corpus y no estaría mal acabar de una vez con él. De pronto hasta podríamos copiar la doctrina de Bush, que autoriza torturas y permite detenciones en condiciones inhumanas. Lo que falta es imaginación, señores…

Malos vientos soplan desde el entorno del Gobierno; vientos inquietantes, que arrecian a medida que la crisis se ahonda.

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2nd May 2008

No sirvió para mamá

Yo habría podido ser astronauta, violinista, pediatra, arzobispo, maromero, zootecnista, bobo, explorador o arquitecto de catedrales, porque veo en mí cualidades para todo ello. Pero jamás conseguiría ser mamá. No por razones fisiológicas, pues cabe alimentar a los bebés con leche de arroz y hasta con arroz con leche y ya hemos visto que, cambiándoles un articulito, como a la Constitución colombiana, los hombres quedan embarazados. Lo que ocurre es que me falta algo para ser mamá. O me sobra: me sobra espíritu sobreprotector, ese carácter de las madres de combate que las impulsa a defender constantemente a sus críos, vigilar su entorno en previsión de peligros y mostrarles los colmillos a quienes se aproximan a ellos. Alguien hablaba de las mamás gallinas. Mi caso habría sido peor, porque las gallinas no tienen colmillos; yo habría sido mamá leona.
Bien sé que esas progenitoras agobian a los hijos y son motivo de bochorno familiar. Pero no puedo evitarlo: las admiro y, de haber sido madre, las habría imitado.
Recuerdo, por ejemplo, a la mamá de Vargas, uno de mis condiscípulos en tiempos de la Primera Comunión. Buen tipo, algo tímido y afectado por alguna irregularidad ocular, Vargas usaba gafas. Habría sido normal ahora, cuando la medicina corrige muchos problemas desde la niñez, como el estrabismo, las piernas arqueadas, la dentadura dispareja o la calvicie. Pero hace medio siglo pocos niños de ocho años cargaban lentes. De modo que, con típica crueldad infantil, a Vargas lo acomplejábamos llamándolo “gafufo”, “cuatrojos” y “lechuza”. Vargas sollozaba en los rincones, no se atrevía a practicar deporte alguno y se refugiaba en la maestra cuando jugábamos ‘vacaloca’ o “todos contra todos”.
Ahora pienso que si yo hubiera sido la mamá de Vargas, habría entrado un día al salón de clases con una lista negra en la mano a repartir pescozones y, después de sacarles el polvo a patadas, habría amenazado a los matones con sacarles también los ojos para que llevaran eternamente gafas negras. Eso me habría inspirado el instinto materno. Pero la mamá de Vargas era de material más noble. En vez de bofetadas, apareció una mañana en el salón de clases y repartió chocolates ‘Milkie Way’, la fruta prohibida. Luego nos preguntó si alguno quería saber por qué su hijo llevaba gafas. Nadie dijo una sola palabra; pero desde ese momento se acabaron las befas a Vargas y cada dos o tres meses siguieron llegando caramelos que mandaba con astuta dulzura la mamá de Vargas.
Recuerdo también a la mamá de Reyes. Éramos adolescentes cuando nos dio por molestar a Reyes, el más estudioso de la clase. Todo un nerdo antipático, un chupa, un clavado, Reyes se negaba a soplar en las previas, no prestaba tareas, cubría con el codo los papeles del examen y sonreía cuando un compañero se equivocaba al responder preguntas del profesor. Resolvimos aplicarle la campana neumática y no invitarlo a ninguna fiesta, nunca. En ese momento, si yo hubiera sido la mamá de Reyes, habría pedido misericordiosa ayuda a otras madres, y habría colado al muchachito en parrandas ajenas, para que se integrara. De fracasar lo anterior, habría pasado a las llamadas anónimas insultantes. La mamá de Reyes, no. Ella organizó un fiestón en su casa y mandó al colegio a la hermana de Reyes -que luego fue reina de belleza- para que nos invitara. Era una morena que nos dejaba sin resuello y provocaba terremotos hormonales. No faltó ningún alumno, y desde ese día todos queríamos ir a estudiar a casa de Reyes.
Como ven, yo no habría servido como madre. Aún más: pienso que, por razones parecidas, tampoco sirvo como abuelo. Aún me sonrojo al recordar de qué manera, en un solemne y concurrido partido de microfútbol que disputaba el equipo de uno de mis nietos con un curso rival, levanté a gritos al árbitro, le arreé la madre y le mostré un fajo de billetes porque no pitó una falta contra mi nieto. Me disponía a bajarme los pantalones, de espaldas al campo, y mostrarle al árbitro algo más que billetes, cuando el rector me pidió que abandonara el pabellón de deportes. Gracias a la actitud prudente del pedagogo y al vigor con que tres guardias de seguridad me redujeron, me alzaron en vilo y me retiraron de los predios del colegio, el niño se salvó de que lo apodaran “el nieto de Mockus”.
Pocas madres han mostrado el trasero como protesta por una decisión de microfútbol injusta. Yo lo habría hecho. Por eso no sirvo para mamá.

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29th April 2008

Que hable la gente

Con más de 60 congresistas acusados de vinculaciones con autodefensas; un pertinaz enfrentamiento entre el poder ejecutivo y el judicial; unos partidos políticos en ruinas; incesante el conflicto militar con la guerrilla; alteradas las relaciones internacionales con los más cercanos vecinos; acechante el peligro de impunidad en el proceso a los paramilitares y amenazante una reforma política que acabaría de quebrantar las instituciones, hay que creerles a quienes dicen que el país atraviesa la más grave crisis de las últimas décadas. Contribuye a enredar la situación que casi todos los políticos acusados pertenecen a la coalición de gobierno; que el presidente de la República fue reelegido con esos y otros votos; que, pese a lo anterior, Álvaro Uribe es uno de los mandatarios con más popularidad del mundo; y que, con su tácito apoyo, partidarios suyos pretenden una nueva reelección.

Numerosos políticos y líderes de opinión aportan a diario variados análisis y soluciones que van desde pedir la renuncia a Uribe y nombrar un gobierno de transición (propuesta del columnista Felipe Zuleta), hasta plantear que “tranquilos, el país no se está descuadernando” (tesis del “violentólogo” Alfredo Rangel). Entre estos extremos florece toda suerte de propuestas: reforma política integral, asamblea constituyente, anticipación de elecciones parlamentarias, enmienda del Congreso, reconstrucción de los partidos, propulsión de una nueva corte de justicia, sillas vacías, muerte política sin condenas…

Parece fundamental que hable la gente: que se lancen ideas y soluciones, que los colombianos demostremos en circunstancias críticas esa imaginación supuestamente célebre que nos permite sobreponernos a las calamidades. Los medios de comunicación hacen bien en fomentar el debate (veo que Caracol TV lanza un macroprograma periodístico, laudable contrapeso a los alienantes realities) y ofrecer, como han venido haciéndolo, un mosaico de puntos de vista.

Pero es bueno ir acotando ya algunas fórmulas y remedios que parecen ser los más sensatas o los que cuentan con mayor respaldo. Veamos.

Requisitos recomendables para que el debate tenga validez y grandeza: 1) Que no culmine en una iniciativa inconsulta del gobierno y sus amigos, sino en una verdadera propuesta nacional. 2) Sacrificar aspiraciones, aun silenciosas, que enrarecen la discusión: Uribe debería cancelar de manera explícita y sincera su segunda reelección y los ex presidentes podrían renunciar a un nuevo “sacrificio” en el Palacio de Nariño. 3) Designar de inmediato una comisión de notables libérrimos y de rabiosa honestidad que maneje la adjudicación de televisión, para despejar así toda duda sobre presiones a los medios de comunicación, cuya independencia resulta indispensable en una crisis tan grave.

Recursos que es preciso evitar: 1) La guerra sucia de información infiltrada, computadores acomodaticios y noticias sospechosas. 2) Sano escepticismo ante los delincuentes que aspiran a sacar provecho del río revuelto. 3) Cuando la autoridad lance acusaciones (como la del “congresista extranjero” denunciado por Uribe en un discurso), debe precisarlas y probarlas. 4) Rechazar la peligrosa idea de que si se ensucia a todos, todos quedan limpios. 5) Cambiar la filosofía oficial de que quien no esté con el gobierno está contra él.

Finalmente, unas pocas conclusiones personales. 1) Tengo la sensación de que, pese a los ataques que ha sufrido y a errores cometidos, el sistema judicial y la Fiscalía se han convertido en los puntales más creíbles de nuestras instituciones. Hay que facilitarles el trabajo para que sigan su labor depuradora. 2) Álvaro Uribe ha hecho cosas importantes por este país, que la gente con justicia le reconoce. Pero no debe abusar de este aval. Un acuerdo histórico para sacar a Colombia del atolladero se ahorraría un triste crepúsculo político. 3) Conviene a los electores recordar a grupos que, como el Polo Democrático, no han sido salpicados por los escándalos.

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25th April 2008

Para papá

Acaba de publicarse en España (Editorial Espasa) el libro ‘Parapapá’, formidable tratado de pediatría pensado para ayudar a los padres, cuyos autores somos el doctor Jorge Maronna, miembro de ‘Les Luthiers’, y quien firma esta columna. Es la cuarta obra que publicamos con Maronna y, modestia aparte, la consideramos indispensable para los papás, que nunca recibieron la preparación para criar hijos que se da a las madres. Transcribo el capítulo correspondiente a “El bebé y los gases”. DSP.

Básicamente, los bebés son máquinas de soltar gases.

El día que alguna empresa imaginativa descubra el tesoro energético que encierran los gases del bebé, estos empezarán a competir con la producción de energía hidráulica, térmica y nuclear. Ciertamente, los gases de un solo bebé no podrían desplazar un barco de papel. Pero los de millones de bebés, debidamente conducidos y reunidos, serán capaces de mover trasatlánticos, mantener en combustión los altos hornos de acerías, e iluminar ciudades.

Investigaciones descritas por el romano Tulius Flátulus en su tratado De ‘expansionis pueri tripae’, y confirmadas en el siglo XIX por el fisiólogo noruego Peer Petersen, demuestran que el bebé expele en masa de gases 2,6 veces la comida ingerida. Significa ello que si un bebé consume 100 gramos de papilla en una comida, producirá 260 gramos de gases.

En términos generales, los bebés expulsan los gases de dos maneras:

a)Por arriba.
b)Por abajo.

Los de arriba reciben con orgullo la denominación de “gases superiores” o “nobles”, mientras los otros esperan impacientes su oportunidad de ascender en la escala anatómico- social.

Es importante que los papás ayuden al bebé a liberarse de los gases que, según el francés Pierre Gastón Degás, hermano del célebre pintor, constituyen el 86 por ciento de su cuerpo. Se trata de una típica labor paterna, pues, como antiguos bebés que también son, los padres disfrutan muchísimo con los simpáticos gases de sus bebés, y algunos papás incluso compiten con los niños en la gástrica tarea. No siempre ganan los papás, debemos decirlo, pues los bebés nacen cada vez más corpulentos y fornidos: ¡hay cada pedazo de bebé!

El papá debe insistir en que el bebé ingiera pocos alimentos gasificantes. Conviene recordar el episodio que ocurrió al pequeño huérfano vasco Iván Iñaki Zubizarreta Goñi, de Gastéiz, que, a falta de leche materna, fue alimentado durante dos meses con una dieta a base de fríjoles y coles. El 22 de noviembre de 2004, a las 8:40, mientras el pequeño dormía, un poderoso cuesco lo elevó de su cuna y lo propulsó por los cielos con formidable rapidez. Sonriendo, y sin haberse enterado de su imprevisto viaje, el bebé despertó minutos después muy lejos de su ciudad. Los periódicos informaron que el pequeño, “impulsado por los vientos”, había aterrizado “en los alrededores de Bilbao”, aunque en realidad los testigos mencionaban “un vil vaho alrededor”.

Para ayudar a que el bebé expela los gases, basta con alzarlo durante dos o tres horas, preferiblemente en la madrugada, y pasearlo por la habitación mientras se le canturrean tonterías en voz baja. El bebé tiene un particular sentido del humor estomacal y cuando el padre, trasnochado y exhausto, quiere que expulse sus ventosidades, se niega a obedecer. En cambio, adora hacerlo de manera estentórea en un ascensor repleto, durante la visita del señor obispo o el examen del pediatra, término que, paradójicamente, no tiene relación alguna con el tema que nos ocupa.

Las inesperadas explosiones, sin embargo, son celebradas por los adultos con jubilosas muestras de diversión. Estimulado por los aplausos y festejos a su expresividad eólica, el bebé prosigue eructando y peyendo con entusiasmo y ostentación, hasta que, cierto día, estas manifestaciones que antes concitaban la risa general reciben como respuesta un regaño o, incluso, el castigo de una palmada que le produce llanto. Se trata, entonces, del clásico efecto del gas lacrimógeno.

En ese punto el bebé sabe que ha dejado de ser bebé, y deberá esperar hasta tener su propio hijo para volver a divertirse con una función corporal que, viéndola bien -y, aún más, oyéndola-, resulta graciosísima. Es el clásico efecto del gas hilarante.

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22nd April 2008

Que coman los niños, no los carros

Era de temer. En reciente foro se les ocurrió a varios participantes que el futuro de Colombia pasa por la exportación de biocombustibles. Para quien aún lo desconozca -cosa que suele pasar en países, donde, como decía Mafalda, “lo urgente no deja tiempo para lo importante”-, los biocombustibles son productos agrícolas que, sometidos a un proceso industrial, se emplean para alimentar motores de explosión. En otras palabras: maíz, soya, palma, trigo y bagazo de caña -entre otros- que dejan de nutrir a seres humanos y, transformados en etanol, pasan a alimentar automóviles.

La propuesta de convertir a Colombia en exportador de biocombustibles -peligrosamente ignorante o siniestramente codiciosa- equivale a poner la lápida a nuestro ya deteriorado medio ambiente y hundir el país en una época de hambrunas capaces de conmover a los niños de Somalia. Hasta hace poco, Brasil era modelo de conversión a un novedoso sistema de ahorro de energía. Al ordenar que los motores de automóviles estuviesen acondicionados para funcionar con biocombustibles e invertir en la transformación de bagazo en etanol, nuestro querido vecino parecía haber encontrado la llave del Paraíso: menos gasto en gasolina, menos importaciones, menor contaminación y, por si la dicha fuera poca, empleo útil para basuras agrícolas.

Pero tanta felicidad no fue duradera. Apenas surgió la fiebre de los combustibles cultivables, por culpa del alza de precio del petróleo, las empresas se lanzaron a talar la selva amazónica y sembrar diversas especies agrícolas, especialmente soya y palma de aceite, a fin de generar comida de automóviles. El resultado esese sí- una hecatombe. Recomiendo a quien pueda hacerlo que lea el estremecedor informe de la revista Time del 14 de abril. Allí queda claro de qué modo el etanol, pese a su benévola imagen, “aumenta el calentamiento global, destruye las selvas y sube el precio de la comida”. La fiebre del biocombustible, dice Time, está llevando al Brasil a la “sabanización”, consistente en arrasar los bosques tropicales y sembrar plantas cuyo alcohol compita con el petróleo. Es una marea incontrolable. “Resulta imposible proteger la selva -dice un experto gringo en el Amazonas-: hay mucho dinero invertido en tumbarla”.

Apenas el capital mete mano en el negocio, no hay quien lo pare: acabará talando hasta el último árbol para vender el último galón de combustible al último carro.

Los efectos ecológicos de esta destrucción son peores que los del humo de los motores. Se necesitarían 400 años de uso del biodiésel para compensar la menor emisión de gases. Pero para entonces ya no habrá selva, ni nada. El problema ambiental asusta, y más ahora, cuando se sabe que los cálculos de calentamiento global estaban equivocados y la situación es peor que lo temido. Pero donde primero se está notando es en el esencial derecho humano de comer. Junto con otros factores (mayor consumo en China e India, alteración del clima, especulación de las multinacionales del alimento), la destinación de cereales a mover carros en vez de dar pan a la gente ha producido alzas generales y aceleradas en el precio de la comida. Pululan en todos los continentes las protestas de los hambrientos (en Haití tumbaron al primer ministro) y la ONU dice que la carestía le impedirá alimentar este mes a 100.000 niños africanos que dependen de sus suministros para no fallecer de desnutrición. En recientes y diversos foros los expertos advierten que se avecinan años de escasez casi medieval.

A todas estas, quisiera plantear con todo respeto las siguientes preguntas: ¿Qué piensa nuestro Gobierno sobre los biocombustibles? ¿Forman parte de su menú de exportaciones? ¿Se plantea seguir estimulando la palma donde debería sembrarse comida? ¿Sabe que estamos al borde de una atroz crisis alimentaria?

Y un último interrogante: ¿tendrá respuestas para los anteriores?

NOTA: Esta columna fue escrita antes de que se conocieran los últimos y gravísimos escándalos de parapolíticos uribistas procesados.

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18th April 2008

El Nombrómetro

Un lector de Postre de Notas obsesivo por los nombres, Sebastián Gélvez, propone una tabla de puntos para la nueva onomástica colombiana, agredida por letras como “x”, “y”, “k”, “w”. Cedo gustoso el espacio a su divertido juego. DSP.
¿Está indeciso sobre cómo llamar a su hijo? ¿Quiere destacarlo entre los condiscípulos? ¿Cree que si lleva un nombre que suene extranjero tendrá más posibilidades de conseguir empleo? ¿Se le perdió el almanaque Bristol, verdadero directorio telefónico de todos los santos? ¿Quiere vengarse porque el nombre que le pusieron a usted es un atentado? El Nombrómetro, la tabla de puntos que enseguida le ofrecemos, le permitirá conseguir para su hijo el apelativo más extravagante. Es muy sencillo: consiste apenas en inventar un nombre procurando el mejor puntaje posible. Si son dos nombres (por ejemplo, Leydi Mayerly), cada uno tendrá puntaje propio. Las reglas no aplican para nombres originarios de etnias colombianas, pues harían falta calculadoras. Adelante, pues.

  1. Si la primera letra es “Y”, “K”, “X”, “W”: 50 puntos.
  2. Por cada “Y”, “K”, “X”, “W” adicional: 20.
  3. i la “Y”, “K”, “X”, “W” son consecutivas (ejemplo: Fawyany): 80.
  4. Si la última letra es “Y”, “K”, “X”, “W”: 35.
  5. Si la última letra es “D” o “I”: 20.
  6. Si la “C” está seguida de la “K” (Vicky): 80.
  7. Si hay una “J” que se pronuncie como “Y” (Jackson): 50.
  8. Si hay una “H” que se pronuncie como “J” (Hommer): 40.
  9. Si hay una “S” que se pronuncie como “ES” (Spencer): 60.
  10. Si hay una “E” que se pronuncie como “I” (Peter): 60.
  11. Si hay una “A” que se pronuncie como “EI” (Grace pronunciado Greis): 70.
  12. Si su nombre comienza por “Sh” (Shirley): 150.
  13. Por cada “Sh” adicional (Shasha): 80.
  14. Si comienza por “Zh” (Zheilha): 200.
  15. Por cada “Zh” adicional (Zhazha): 100.
  16. Si la “K” está seguida de la “L” (Franklyn): 100.
  17. Si la “T” está seguida de la “H” (Yulieth) (no aplica para nombres bíblicos como Judith o Martha): 50.
  18. Si la “J” está seguida de la “H” (Jhonier): 50.
  19. Si la “E” está seguida de la “I” (Jeivi): 35.
  20. Si la “E” está seguida de la “Y” (Leydi) o la “A” está seguida de la “Y” (Sharay): 45.
  21. Si termina en “ER” (excepto Javier): 40.
  22. Si termina en “IS” (Marlidis): 50.
  23. Si termina en “ERG” (Johnisberg): 90.
  24. Si termina en “ORG” (Bjorg): 100.
  25. Si termina en “ING” (Goering): 80.
  26. Si tiene “ING” en cualquier parte del nombre (Lingord): 80.
  27. Si termina en “MAN” (Wellman): 35.
  28. Si termina en “EN”, “IN”, “ON” (excepto Simón) (Julien, Marylin, Lyndon): 35.
  29. Si termina en “YN” (Gwendolyn): 60.
  30. Si termina en “OL” o en “OLL” (Clarioll): 40.
  31. Si hay una letra sin sonido distinta de la “H” (Marbelle, que suena Marbel): 100.
  32. Si su nombre es un apellido anglosajón (Jackson): 50.
  33. Si su nombre es un apellido anglosajón escrito como suena (Chuaceneguer): 90.
  34. Si su nombre es una marca registrada o un conjunto musical (Hyunday, Zeppelin): 90.
  35. Si su nombre tiene signifi cado en inglés (Grateful Dead González): 80.
  36. Si contiene una consonante doble diferente a “RR” (Tressor, Dennis): 40.
  37. Si hay una vocal doble (Mayii): 80.
  38. Si su nombre es tomado de un nombre con apellido (Billclinton Pérez): 100.

Bonificaciones:

  1. Si no tiene tocayos: 200 puntos adicionales.
  2. Si nadie es capaz de pronunciar o deletrear su nombre (Hübberpryoth): 250.
  3. Si no se sabe si el nombre es de hombre o mujer (Duverly, Faisanni, Yajibe): 300.
  4. Si su apodo tiene menos puntos que su nombre: Dobla el puntaje.
  5. Si el nombre de su perro, gato o loro tiene menos puntos: Triple puntaje.

Ejemplos:

  • Ruddy Rodríguez: 75 (Lleva consonante doble “DD”: 40; termina en “Y”: 35).
  • Léider Preciado: 75 (la “E” está seguida de la “I”: 35; termina en “ER”: 40).
  • Willington Ortiz: 205 (Comienza por “W” 50; lleva consonante doble “LL”: 40; tiene “ING”: 80; termina en “ON”: 35).
  • Zharick León: 315 (Comienza por “Zh”: 200; tiene “CK”: 80; termina en “K”: 35).
  • Rosemary Bohórquez: 335 (La “E” no suena: 100; termina en “Y”: 35; une dos nombres anglosajones: 200)
  • Marbelle: 340 (Consonante doble “LL”: 40; la última “E” no suena: 100; cuando nació no tenía tocayas: 200).
  • Shakira: 370 (Comienza por “Sh”: 150; tiene una “K”: 20; no tenía tocayas: 200).
  • Yipsy González: 375 (Comienza con “Y”: 50; termina en “Y”; 35; no tiene tocayos: 200; se inspira en un grupo musical (Gipsy Kings) : 90.

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15th April 2008

¡Vuélvanse serios, señores!

Cuando ya pensábamos que los presidentes de Colombia y Ecuador habían entendido el peligroso camino de enfrentamientos que se empeñaron en recorrer y procuraban corregirlo, el último fin de semana nos ha deparado otra guerra de insultos y declaraciones. En este caso la ha desatado la incontinencia verbal del presidente Rafael Correa que, en una visita a México, abandonó toda prudencia de estadista y afirmó acerca de los jóvenes mexicanos farcófilos fallecidos en el ataque al campamento de ‘Raúl Reyes’ en Ecuador que no le interesaba si tenían o no vínculos con las Farc (es decir: si delinquían o no): “Fueron masacrados y eso no se justifica con nada”. Más tarde dijo que las advertencias que había formulado el gobierno de Álvaro Uribe al suyo sobre la presencia de guerrilleros colombianos en su territorio eran “payasadas”. Palabras imprudentes en quien exhibe frondoso rabo de paja en materia de relaciones con la guerrilla.

El terreno quedó sembrado para un poco plácido domingo. Uribe, que se enciende con la menor chispa, dio a conocer dos comunicados ese día. En el de la mañana rectifica a Correa en forma convincente y sólida, pero difunde una grave acusación contra él: la de haber frenado a las Fuerzas Armadas de Ecuador “cuando adelantaban operaciones en contra de las Farc en el territorio ecuatoriano”. A media tarde respondió el gobierno vecino y conminó a Uribe a probar su acusación en el plazo perentorio de 48 horas. El Palacio de Nariño se tomó apenas cinco antes de producir en la noche un nuevo comunicado donde debería haber demostrado lo que afirmó al mediodía. Pero en este caso, la endeblez del argumento era manifiesta: “La gran prueba fue la presencia notoria de alias ‘Raúl Reyes’ en el Ecuador, atentando desde allá contra el pueblo colombiano”. Muy flaco alegato, la verdad, para acusación tan gorda. Posteriores declaraciones del jefe de la cúpula militar ecuatoriana en que desmiente a Uribe lo dejaron en posición aún más precaria.

¿No eran estos púgiles dominicales los que se habían abrazado y prometido borrón y cuenta nueva en la cumbre de Santo Domingo? ¿No eran estos dos caballeros los que habían acordado pocos días atrás “hacerse pasito”? ¿No eran esos dos gobiernos los que habían aceptado la intermediación del grupo Carter para abolir toda declaración negativa o beligerante y esmerarse en reconstruir las relaciones binacionales?

Correa rompió primero la tregua verbal con demagógicas declaraciones destinadas a granjearse la simpatía de sus anfitriones mexicanos. A Uribe le habría bastado una respuesta serena. Pero los fines de semana son largos y le sobró tiempo para soltar la acusación de que Correa había ordenado detener los operativos contra las Farc: una denuncia cierta o falsa, pero de alto calibre, que a las 10 p.m. no pudo probar.

Es tradición invitar a los pueblos a que rodeen a sus mandatarios cuando surgen problemas externos, deber que no abarca a los periodistas. Pero ningún pueblo está obligado a acompañar a sus gobernantes cada vez que a alguno de ellos se le van las luces.
Colombianos y ecuatorianos debemos exigir a quienes se hallan al frente de los asuntos estatales que se porten a la altura del momento histórico, que abandonen las riñas y que trabajen por la paz y la amistad: si no los inspiran sus belicosos consejeros, sus lenguas imprudentes o sus temperamentos volátiles, que al menos les sirva de ejemplo la conducta de los pueblos que los eligieron.

Lunes y martes, la guerra de comunicados se reavivó con nuevos ataques de ambos gobiernos. Ya pelean a toda hora. Vuélvanse serios, señores.

ESQUIRLAS. En España acaba de crearse el Ministerio de Igualdad, contra la discriminación sexual, y más de la mitad del nuevo gabinete de Rodríguez Zapatero son mujeres. Observemos. Comparemos. Aprendamos.

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8th April 2008

TLC: Todos Limosnearemos Comida

El vuelco que ha dado el mercado de alimentos y sus altos precios indican que ratificar el TLC sería un suicidio para Colombia.

Mientras el Congreso de Estados Unidos estudia del Tratado de Libre Comercio con Colombia, que nos convertirá en satélites de sus exportaciones agropecuarias, buena parte del planeta enfrenta un problema que parecía sepultado en los viejos libros de historia: revueltas de gentes hambrientas que piden comida. Ya vimos que en Argentina, donde solo se acostaban sin comer los que estaban a régimen, el país se paralizó por un problema agrícola y no se consiguió carne, leche, huevos, frutas ni verduras durante dos semanas. Hace pocos meses, los mexicanos salieron a las calles a exigir maíz para las tortillas. También se han registrado marchas del hambre en Marruecos, Burkina Faso, Indonesia, Mozambique, Senegal, Filipinas, Egipto, Yemen, Mauritania y Camerún. En estos tres últimos países las revueltas dejaron más de cien muertos.

Los ciudadanos se quejan, en particular, por el alza y la escasez de arroz, trigo, maíz, leche y huevos. Todo ha subido. El precio internacional del arroz aumentó más del 50 por ciento en lo que va de mes; el del trigo se duplicó en el último año; en algunos lugares los huevos suben un 10 por ciento mensual; el aceite de palma cuesta 70 por ciento más que el año pasado. Según la FAO (rama de las Naciones Unidas que se ocupa de la comida), 60 alimentos subieron por lo menos un tercio en el 2007. Estadísticamente, esto significa que el nivel de vida en los países pobres afectados podría caer hasta un 20 por ciento.

“Hemos llegado al final de la era de la comida barata”, sentenció The Economist. El índice de precios de esta revista señala que enfrentamos los precios más altos desde hace 170 años. Las razones son varias. Primero, millones de habitantes de China, el sureste asiático y la India, principalmente, comen más que antes.
Segundo, los altos precios del petróleo han llevado a muchos agricultores a producir cereales para las plantas de etanol; este año Estados Unidos destinará 85 millones de toneladas de maíz a producir biocombustibles. Escaseará la materia prima para la dieta popular, pero no para los carros. Tercero, los cambios climáticos provocan lluvias más intensas, sequías más prolongadas y mayores dificultades en el campo. (Para que se den una idea, las ventas de Bavaria se frenaron en el último trimestre del 2007 por culpa del incremento de los días de frío en zonas consumidoras de “agria”). Por último, el caos de la comida se debe también a la intervención de transnacionales que, manipulando precios y cantidades, enturbian el río para obtener jugosas pescas.

No hay que ser Marx ni Keynes para entender que los principales perjudicados son los más pobres, aquellos en cuya canasta familiar la comida pesa más. El Banco Mundial advierte que la carestía de alimentos podría desestabilizar la economía de los países más pobres y generar serios conflictos sociales. The Economist señala que las principales víctimas serán las que más productos agrícolas importen.

Todo lo anterior debe llevar a un profundo replanteamiento del TLC, que acabará de quebrar el campo colombiano y nos convertirá en clientes de la comida made in USA. Comida que, al carecer de competencia doméstica, deberemos adquirir al precio que las multinacionales quieran. Ya era una barbaridad el TLC antes de la prolongada crisis alimentaria a la que está abocado el mundo. Ahora será un suicidio. La apertura de 1990 arrasó con la agricultura nacional. Esta nueva etapa convertirá la comida en privilegio de los ricos.

A la vista de lo que se avecina, lo más importante es asegurar la soberanía alimentaria del país. Recemos para que Dios, Hillary Clinton, Barack Obama y la señora Pelosi se compadezcan de nosotros y hundan el TLC.

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4th April 2008

Una dicha sin nombre

Cuando mi hijo y Claudia, su mujer colombo-azteca, encargaron el primer niño, hacía rato habían resuelto el problema
del nombre.

-Si es mujer -comentaron frescos y plácidos frente a una taza de café y una caja de galletas- se llamará Guadalupe.

-¿Y si es varón? – pregunté.

-Si es varón, también.

Supe entonces que en México el nombre de Guadalupe sirve para macho o hembra, mientras que en Bogotá solo vale para cerros.
Nació mujer -la niña más preciosa que mis ojos vieron- y entonces Guadalupe pasó a ser en Bogotá también un nombre de ser humano.

Pero hace unos meses, cuando encargaron el segundo vástago, la cosa estaba menos clara.

-Si es mujer -confesaron ojerosos y angustiados frente a un termo de tinto y una caja de Prozac- no sabemos cómo se llamará.

-¿Y si es varón?

-Tampoco.

Pasó el tiempo. A las quince semanas de embarazo el médico examinó una especie de documental borroso en blanco y negro, digno de canal regional de televisión, y dictaminó que esas manchas confusas iban a ser niña.

Entonces empezamos a buscarle nombre.

Rápidamente fueron eliminados los de madre o abuelas (para no confundirse); los extranjeros (Shirley, Jennifer, Ninoska); los del santoral (Guadalupe se habría llamado Clotilde); los de resonancias farmacéuticas (Xantria, Silviastatina) y los de moda, como Valentina, Daniela o Valeria.

Puesto que he escrito generosamente sobre el tema y poseo rica documentación onomástica, acudieron a mí. Llevé mis archivos en un baúl y, para empezar, propuse viejos y sólidos nombres castizos.

Tras una hora de Erundinas, Gódulas, Sinforosas, Tarsicias, Petronilas y Ezequielas nos dimos por vencidos. Lo mismo ocurrió con la carpeta de nombres típicamente colombianos, donde campeaban Luzmary y Vanesa, y con la de nobles antepasadas que, como Vicenta, Rita y Jesusa, fueron descartadas sin misericordia.

Saqué entonces el archivo de canciones y, después de eliminar a Gwendolyn (por razones obvias) y a Adaluz (que generaba derechos de autor), llegamos a Penélope.

Linda canción, bello nombre, genial Serrat, adorable Penélope Cruz. El hallazgo despertó creciente entusiasmo durante varios meses, hasta que mi prima Wendy Saturia comentó con sonrisita amarga:

-Muy bonito Penélope. Lástima, tan feo el apócope.

-¿Cómo así? – preguntó Claudia.

-Pues que si a Francisco le dicen Fran y a Sebastián le dicen Sebas, no quiero imaginar cómo le van a decir a Penélope.

Hasta ahí llegaron las alegrías. Se derrumbaron con estrépito el nombre de Penélope, el cariño que le teníamos a la canción y la promesa de pagarle la educación universitaria que había ofrecido Serrat.

No dejo de pensar que se trató de una venganza tardía de mi prima por lo de Wendy Saturia. A estas alturas ya se habían cumplido los nueve meses y el médico hacía esfuerzos admirables por retrasar el nacimiento: los padres del prospecto de ciudadana se negaban al parto mientras careciese de denominación la candidata.

Llovieron votaciones por internet, llamadas a la emisora de Gustavo Gómez (alguien sugirió ponerla Gustava y fue expulsado de la familia), nuevas consultas a mis archivos y nombres formados al azar con letras de Scrabble. Pero no aparecía ninguno que gustara a todos.

Cumplidos trece meses de embarazo, el médico decidió que si la niña no nacía ya, habría que darla a luz directamente en el colegio.

-¡Entonces, que nos ilumine el Espíritu Santo! -exclamó Claudia con resignación. Derrotados, nos pusimos en manos del Espíritu Santo y del almanaque.

La china nació el Jueves Santo.

Es preciosa, idéntica a la hermana y las primas, y nos produjo una dicha sin nombre. Literalmente. Porque el notario se negó a registrarla como Ultimacena. En medio de la desolación, alguien improvisó un chiste y propuso llamarla Anónima.

Ustedes saben que a veces las bromas hacen carrera y, en momentos de desesperación, se convierten en proyectos serísimos. Mi nuera ya estaba empecinada en bautizarla Anónima, cuando se me ocurrió el argumento demoledor.

-¿Y qué pasa si la llaman por el apócope? Entre las primeras letras de Penélope y las primeras de Anónima, que entre el diablo y escoja.

Fue así como llegamos a la solución más sabia. Gracias a un golpe de imaginación mío, Innominada Samper García aspira a ingresar, luciendo orgullosa su invicto nombre, a la nomenclatura castellana, al censo nacional y, me temo, a los Récords Guinness.

P.D.¿ Acaba de informar la radio que Innominada se llamará Paloma. Siempre fue que nos iluminó el Espíritu Santo…

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