10th Julio 2008

¿Qui’hubo, marica?

Qué barbaridad, cómo están de equivocados esos programas humorísticos de radio donde los personajes bogotanos saludan diciendo “¡Ala, chinazo!”
La arqueología saludística revela que padecen un atraso de tres o cuatro generaciones. Hace por lo menos sesenta años, desde que se quemó el tranvía, que ningún bogotano con existencia real se dirige a un interlocutor en semejantes términos.
Otros malos imitadores de las relaciones sociales cachacas ponen en boca de sus personajes expresiones como “¡Hola, pisco!”
O, en el menos malo de los casos, “¿Qué hay, chino?” Es evidente que se trata de maneras un poco menos jurásicas que el “chinazo”, pero suficientemente viejas como para saber que pertenecen a los tiempos del bus trole y no del Transmilenio.
Para que ciertos humoristas de radio se enteren, lo que está en boga en la capital desde hace años es un saludo bastante distinto que dice así:
“¿Qui’hubo, marica?”
Contra lo que pudieran pensar los filólogos de ocasión, el adjetivo en ningún caso alude a la condición sexual del saludado; es, simplemente, una manera cordial de decir “buenos días”. La palabra “marica” ha pasado a adquirir en Bogotá un tono amable y de confianza que se escapa a todos los diccionarios. El de la Real Academia lo aplica a homosexuales y afeminados; el de María Moliner, cuya tercera edición aún no cumple un año y cuesta un ojo de la cara, se atreve a apartarse de la semántica gay, pero afirma que “se emplea como insulto”.
No es verdad. Por el contrario, a menudo se usa como cariñoso apelativo entre amigos. Entre amigos heterosexuales, aclaro. Tan cariñoso será, que ni siquiera las mujeres están exentas de este tratamiento. Conozco la historia de un joven cachaco que se le declaró a la novia de la siguiente romántica manera:
“Estoy tragadísimo de usté, marica…”
Que los académicos españoles no entiendan el uso del “marica” bogotano es explicable. Pero ¿cómo puede ser que no lo capten los diccionarios de Colombia? El del laborioso Instituto Caro y Cuervo lo registra como sinónimo de “maricón”, “mariposón” y “volteado”. No. No es eso. Aun el Breve diccionario de colombianismos de la noble y sabia Academia Colombiana lo omite, como si no hubiera nada que comentar sobre su empleo.
Por fortuna, un gurú del Caro y Cuervo se encarga de comentar, por primera vez, que corresponde a “un saludo fraternal, de amigos, de compañeros o simplemente de conocidos”. Así lo observa el profesor César Armando Navarrete en “Vigía del idioma”, valiosa y oportuna publicación de la noble y sabia Academia Colombiana. “¿Obedecerá a un cambio semántico del término marica? -se pregunta el doctor Navarrete-. ¿Acaso así se expresa con suavidad y decoro el aprecio o el afecto al otro?”
Las respuestas, querido profe, son sí y sí. Sí: el uso actual de la palabra “marica” obedece a un cambio semántico y, sí, se expresa por afecto al otro. Sé bien, pues leí varias veces su nota, que a usted le parece injustificable semejante tratamiento por considerarlo empobrecedor y hasta sospechoso. Pero así son los caprichos de la lengua, qué le vamos a hacer. En México los jóvenes no dicen “¿Qui’hubo, marica?” sino “¿Qué pasa, buey (o güey)?”. No se refieren, sin embargo, al “macho vacuno castrado” que describe el diccionario. Sino a un cuate cualquiera, a un “marica” perfectamente normal, como usted -sin ofender− o como yo.
Es inútil censurar a los muchachos por eso. No son mucho mejores el pendejísimo “chinazo” ni el zoológico “pisco” que el “marica” carente de carga sexual. En cambio, apoyo la moción que aporta su nota en “Vigía del idioma”, donde propone que la Real Academia agregue una nueva acepción al vocablo de marras: “Saludo efusivo de los estudiantes del interior de Colombia”.
Lo único que me inquieta es que todavía hay quien no entiende el uso cordial del término y espeta a quienes lo defraudan un amenazante “¡Te rompo la cara, marica!”
De todos modos, salta a la vista que, desde el Palacio Presidencial hasta Andrés Carne de Res, este término ha modifi cado sustancialmente su sentido. Y finalizo aquí, antes de que los lectores más amables me digan:
“¡Acabe ya la vaina, marica!”

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4th Julio 2008

Adiós a un humorista

El pasado 22 de junio murió de infarto en California a los 71 años uno de mis humoristas favoritos, el incorregible, procaz, irreverente e ingenioso George Carlin. Actor, soliloquista y escritor, lo arrestaron varias veces en los años setentas por su fuerte lenguaje, pero lo premiaron con dos Grammy por sus programas cómicos y le concedieron hace poco el Premio Nacional del Humor. A modo de homenaje a este iconoclasta neoyorquino recojo un puñado de sus apuntes breves. DSP.
¿ Nada más triste que un indio con sombrero de vaquero.
¿ ¿No notas que los abogados siempre sonríen más que los clientes?
¿ Llegará el momento en que todos tocaremos en una banda.
¿ Mientras más enfermo estás, más trabajo te cuesta recordar si tomaste la medicina.
¿ ¿Por qué los soldados extranjeros marchan siempre tan raro?
¿ Los kilómetros son más cortos que las millas. Para ahorrar combustible, mi próximo viaje lo haré en kilómetros.
¿ Me echaron de la escuela de cocina y eso me dejó mal sabor de boca.
¿ Muchos de los que tienen un fusil en casa por si las moscas se niegan a usar el cinturón de seguridad en el carro.
¿ Ataquemos ahora mismo a Rusia: nunca se lo esperarían.
¿ No como sushi. Me cuesta trabajo digerir cosas que apenas están medio inconscientes.
¿ Lo único bueno que ha producido la religión es la música religiosa.
¿ Si un león escapa de un circo en el África, ¿cómo saben que el que agarran es el que corresponde?
¿ Sé de una secta que no solo cree que Elvis Presley está vivo, sino que decidió encontrarlo y matarlo.
¿ Me acuesto temprano. Mi sueño favorito llega a las nueve.
¿ En las cenas formales, la persona más próxima a la muerte debe ocupar siempre la silla más cercana al baño.
¿ Si tuviera un solo diente, me lo cepillaría durante horas.
¿ Es imposible secarse solo una mano.
¿ Miro tantos documentales sobre la II Guerra Mundial que con seguridad he visto morir cientos de veces a las mismas personas.
¿ Si comes un pollo al almuerzo y otro a la comida, ¿nunca te has preguntado si los dos pollos se conocían?
¿ Mi definición de mala suerte: que un cuáquero te contagie el sida.
¿ Solo tengo una superstición: creo que si alguien deja caer una cuchara, vendrá un cerdo salvaje y le financiará un carro nuevo.
¿ Los lobos no son tan malos: se comen a la abuelita, algo que hasta el abuelito se niega a hacer.
¿ Nada más aburrido que oír relatar un sueño.
¿ Beethoven estaba tan sordo que creía que era pintor.
¿ ¿En qué año pensaba Cristo que vivía?
¿ Si un tipo sonríe todo el tiempo, probablemente es porque vende algo que no funciona.
¿ El cáncer causa enfermedades cardiacas. Y lo que causa el cáncer es el miedo a los tumores malignos.
¿ Para mantener tu perro a raya, paséalo un par de veces por semana frente a la vitrina de la peletería.
¿ Si uno muere en un accidente aéreo, ¿qué pasa con sus millas?
¿ Empecé una campaña para suprimir a Finlandia como país. No lo necesitamos.
¿ Cuando Ronald Reagan desarrolló el mal de Alzheimer, ¿cómo pudieron saberlo?
¿ En vez de advertir a las mujeres embarazadas que no beban alcohol, deberían pedir a las alcohólicas que se abstengan de hacer el amor.
¿ En Estados Unidos, el índice de inteligencia promedio y el de expectativa de vida van en direcciones opuestas.
¿ Imaginé el crimen perfecto: agarras a una persona y la golpeas con otra muchas veces. Ambas mueren y no queda arma homicida.
¿ Después de pensarlo muchas veces, he decidido que no tengo nada contra el pus.
¿¿Por qué no dan postre al desayuno?
¿ Muchas personas con baja autoestima se la merecen.
¿ Cuando uno llega a cierta edad, todos los que conoce están enfermos.
Y una última reflexión cuya validez podrá comprobar ya el buen George Carlin: “El cementerio es el sitio donde viven los muertos”.

Article:
http://www.eltiempo.com/vidadehoy/carrusel/2008-07-04/postre-de-notas-adios-a-un-humorista_4357026-1

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