15th Junio 2008

El club de los amigos muertos

Como llevaba el mismo nombre y apellido que mi abuelo, pero no llegué a conocerlo, mis familiares se encargaron de contarme su vida. Mi tía Graciela, que era la mayor, recordaba sabrosas anécdotas y mi tía Consuelo, que era mi madrina, me mostraba fotografías del abuelo en un viejo álbum. En casi todas ellas se lo veía con un cigarrillo en la boca o frente a un cenicero desbordado de colillas.

Por mi parentela supe que mi abuelo había muerto muy joven, de cáncer del pulmón. Recuerdo especialmente a estas dos tías porque las quise mucho y porque Consuelo murió víctima de un enfisema pulmonar y Graciela del mismo mal de mi abuelo. Ambas eran fumadoras impenitentes. Al morir apenas rondaban los sesenta.

Cuando llegué expatriado a España, hace dos décadas, me reencontré con Juan Tomás de Salas, editor de Cambio16, que había sido mi compañero en EL TIEMPO años atrás. Fue un amigo inolvidable y un benefactor generoso; un hombre que imprimió un viraje democrático a la prensa española y tuvo especial cariño por Colombia.

En 1989, ante la alarma de su médico, dejó durante un tiempo el cigarrillo con la ayuda de un hipnotizador; pero recayó en el tabaco pocos años más tarde presionado por el estrés. El próximo 22 de agosto se cumplirán ocho años de su muerte. Se lo llevó un cáncer pulmonar que al final fue suficientemente cruel como para impedirle que se levantara de un colchón.

Recuerdo que en aquella época yo escribía algunas comedias y series de televisión con Bernardo Romero Pereiro, amigo y maestro.
La noticia de la muerte de Salas lo impresionó, pero no bastó para que abandonara ese cigarrillo que parecía parte de sus dedos huesudos y alargados. Tardó un tiempo más Bernardo en dejarlo. Y cuando lo dejó ya era tarde. En el 2003 le detectaron un mal llamado Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (Epoc) y hace tres años, después de una larga agonía en la clínica -que su hija Adriana ha relatado en un bellísimo libro-, los médicos lo mandaron a que muriera en su cama, en su casa y rodeado de los suyos.

Mi mejor amigo, Guillermo ‘La Chiva’ Cortés, los conoció a todos ellos. Con él lamenté sus desapariciones. ‘La Chiva’ las sintió hondamente, porque, después de fumar todos los días durante treinta años una cajetilla de rubio, se espantó cuando le mostraron una radiografía de sus pulmones: apenas vio esa selva oscura, mohosa y fatigada, apagó el último cigarrillo. Por fortuna, ha sobrevivido a tanto humo y sus amigos confiamos en cantarle el cumpleaños de su primer centenario en el 2027. Pero está pagando un precio alto por tanto Marlboro: desde hace meses un cilindro de oxígeno comparte lecho con él y su mujer y Guillermo tiene que bajar a tierra templada o caliente cada fin de semana, pues solo allí respira con alguna facilidad.
Las víctimas del tabaco en el mundo suman millones cada año. Mas, con todo lo alarmantes que ellas sean, yo no pienso en cifras.

Pienso en caras, en risas, en gentes a las que admiré, con las que pasé horas maravillosas y que murieron por algo tan absurdo, tan estúpido como es envenenarse a sorbos de humo. A Daniel, Consuelo, Graciela, Juan Tomás, Bernardo, podría agregar muchos otros nombres que, por culpa del cigarrillo, nos quedaron debiendo cientos de años de vida. Ni a la violencia, ni a los accidentes, ni a enfermedades naturales debo tantos amigos muertos. Por eso no me resigno a callar y permitir que las multinacionales del tabaco hagan con nuestros hijos lo que consiguieron con varias generaciones de consumidores. Por eso -lo siento mucho- digo lo que pienso y procuro que respeten mis pulmones quienes se niegan a hacerlo con los suyos.

No soy fumador. No soy neutral. No soy indiferente.

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13th Junio 2008

El cultivo de bebés

Por ser el Día del Padre, y a petición de numerosos progenitores, me permito reproducir un nuevo capítulo del libro ‘Parapapá’, el manual perfecto para convertirse en un papá modelo (Espasa, España, 2008), del que somos autores el profesor argentino Jorge Maronna y este pecho. DSP
Como su nombre lo indica, puerricultura es el cultivo de los puerros, que son plantas de la familia de las liláceas, con un tallo de unos ciento veinte centímetros de altura, flores en umbela rosácea y bulbo comestible.
Cosa bien distinta es la puericultura, nombre con el que se conoce el cultivo de los niños, que son animales de la familia, con talla de hasta ciento veinte centímetros de altura, ombligo en forma de flor y que comen todo lo que no deben, hasta bulbos de puerro.
La historia de la puericultura se remonta a varios miles de años, desde cuando se domesticaba al niño con apoyo en garrotes y látigos, hasta ahora, cuando se le educa empleando objetos mucho más pesados y contundentes, que son los tratados de puericultura.
El hombre de las cavernas expresaba su amor paterno con arreglo a las toscas costumbres sociales de la época. Vale decir, arrojando al bebé que se negaba a tomar su papilla para que lo devoraran los gliptodontes, o abandonando en el bosque durante largas décadas al niño que se resistía a dormir.
Con el tiempo, se dulcificó el cuidado del pequeño, hasta el punto de que en vez de lanzar el niño caprichoso a la madriguera de los gliptodontes, papá traía los animales a su propia cueva. Poco a poco, golpe a golpe, traumatismo a traumatismo, los padres aprendieron que era posible aplicar, en lugar de puntapiés, una serie de principios teóricos en la crianza del pequeño. Supieron, por ejemplo, que si un niño dejaba de comer durante varias semanas era antipedagógico amonestarlo o castigarlo. Era, incluso, absolutamente inútil.
También entendieron que la mejor respuesta que podía ofrecer un padre al hijo desobediente no era reprenderlo con una bofetada, sino acogerlo con amor, explicarle cariñosamente lo errado de su actuación y luego sí, darle la bofetada cuando se descuidara.
Uno de los grandes momentos de la puericultura fue cuando los padres descubrieron que podían encomendar la alimentación y crianza de sus hijos a otras personas, que también supieran pegar a los niños. La primera vez que esta delegación ocurrió fue en la Antigüedad, cuando los padres de dos mellizos inaguantables, Rómulo y Remo, contrataron a una loba para que educara a los niños. Rómulo y Remo desarrollaron afilados colmillos y aullaban a la luz de la luna, pero en el fondo no eran malos muchachos. Salvo Rómulo, que acabó matando a Remo con la excusa de practicarle una lobotomía.
Entre los grandes educadores infantiles de los primeros tiempos de nuestra era figura Herodes, que convertía en angelitos a todos los bebés de su reino, aunque sus métodos se nos antojan hoy un poco severos.
En los siglos siguientes adquirieron importancia cada vez mayor los intermediarios en la educación de los hijos: ayas, nanas, meninas, niñeras, tutores, preceptores, amas de leche, amas de queso, abuelos, pediatras, sacerdotes, maestros, televisores, playstations, carceleros…
Surgieron también los especialistas en crianza de bebés, por lo general médicos famosos que solían tener hijos propios sumamente maleducados. El más célebre de todos fue el doctor Spock, un extraño personaje de orejas puntiagudas que, cuando no estaba escribiendo consejos a madres y padres, comandaba una nave interplanetaria.
Las ventas del libro del doctor Spock titulado ‘Cómo encauzar a esos demonios’ lo convirtieron en multimillonario, cosa que le permitió regalar sus hijos a familias adoptantes y largarse a Tahiti con su secretaria, menor de edad.
Muchos individuos oportunistas, falsos e ignorantes quisieron copiar el éxito del doctor Spock, e inundaron el mercado con tratados de puericultura escritos por autores que no tienen hijos, que desconocen la psicología infantil, menosprecian la capacidad educadora de los padres, se inspiran en falsas ideas sobre la conducta humana, soslayan las enseñanzas de la ciencia y, sobre todo, no son este valioso libro que usted tiene en la mano, querido papá.
La abundancia de títulos sobre la materia permite afirmar que la moderna puericultura es la ciencia de comprar libros de puericultura, y luego aplicar en la educación del niño lo que les permitan los díscolos hijitos o lo que papá y mamá puedan. Esto es, la “puedicultura”.

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6th Junio 2008

¡Dele duro, monseñor!

Muuuy buenas noches, queridos oyentes de las emisiones en español de Radio- Vaticana… Dominus vobiscum…Os habla el padre Cuautémoc Pastoriza, del venerable clero mexicano, para transmitiros la final de la Clericus Cup, la copa de fútbol del Vaticano, que se celebrará hoy, Domini dei, día del Señor, entre los equipos del seminario Agnus Dei, integrado por futuros sacerdotes de América Latina, y el Mater Purissima, formado por seminaristas de Europa.
Como sabéis, la Clericus Cup fue fundada en el 2007 por el cardenal Tarcisio Bertone y está dedicada a honrar a Dios y exaltar los valores cristianos a través del deporte. Los católicos creemos que el fútbol puede ser un vehículo de amor al prójimo y respeto al rival, un antídoto contra la mala educación, el racismo y la violencia que se han apoderado de este hermoso deporte.
La magna final que enfrenta a seminaristas de dos continentes estará presidida por Su Santidad el Papa en persona, y el árbitro será el eminentísimo sacerdote nigeriano M’bow Katanga. Su condición de africano garantiza la neutralidad del arbitraje. La lengua oficial de la Clericus Cup, como resulta lógico, es el latín.
Estáis escuchando las notas del Pange Lingua, himno del torneo, y ahora los equipos rezan un Padrenuestro y un Avemaría antes de que ruede el balón.
¡Comienza el partido, arriba los corazones, sursum corda, y que gane el mejor y el más limpio! Los seminaristas latinoamericanos cuentan con dos estrellas, ‘Dominico’ Martínez, el centro delantero que lleva la pelota, y ‘Monaguillo’ Da Freitas, aquel que ahora se desmarca por la derecha, animus monaguillus, pero… ¡mater Dei!… acaba de perder el balón por la línea final…
Chuta ‘Il Santino’ Ferrari y pasa a la gran figura del Mater Purissima, el alemán Hans Feuerbach, que intenta cabecear, ufff, afortunadamente sin éxito. El Santo Padre aplaude a su compatriota, en una demostración de simpatía por el deporte ad majorem gloriam Dei… ¡Bravo, bravo, Su Santidad, qué hombre tan sabio y tan sencillo!
La pelota es de los seminaristas del Agnus Dei… preciosa gambeta ad libitum de Ramírez, con la típica picardía latina… pero horror horroris, ahora resbala y cae el ‘Sacristán’ Domínguez, hábil coadjutor y volante argentino. Dos de sus rivales lo ayudan a levantar, ¡qué bonito, qué lección de juego limpio y de fraternidad cristiana, queridos oyentes!
Recuperan el balón los valientes jóvenes del Agnus Dei… Martínez y Da Freitas realizan una veloz combinación, tuya-mía tuya-mía, tua-mea tua-mea, prodigiosa pared, prodigium muris… entran al área, queridos oyentes, ¡atención!, Da Freitas en posición de anotar…¡Diablos (os pido perdón)! ¿Qué ocurre?… Ah, el árbitro, monseñor Katanga, ha pitado fuera de lugar… En mi opinión, no lo hubo, queridos oyentes, pero “Errare humanum est”, no pasa nada, habrá otras ocasiones de gol …
Nuevo ataque de los europeos, ¡qué partido!, centro desde la banda izquierda… ¡Qué haces, Martínez, salta imbécil! … ¡Goooool, gooool del Mater Purrissima, gol europeo, queridos oyentes!… Yo juraría que Feuerbach tocó la pelota con la mano, pero Katanga lo da por válido… Debe estar un poco ciego el africano este… El Papa aplaude y manda bendiciones… Hermoso gesto… Espero que también aplauda cuando anoten nuestros seminaristas, ¿no?
Pasan los minutos y se mantiene el uno a cero a favor de los europeos… Ojo a esa entrada de Ferrari contra Domínguez, eso no es muy católico, señores…Vamos, chicos, carajum, no se arruguen … Aventatum patadorum, que Cristo también tuvo que dar látigo cuando llegó el momento… Eso, eso, Da Freitas, duro con ese, una cosa es ser buen cristiano y otra es ser maricón… ¡Así, pega, corre!… Se prepara Da Freitas para fusilar al portero de Mater Purissima, va a ser gol, queridos oyentes… ¡Eeepaaa! ¡Lo bajan por detrás!… ¡Eso es penalti, Deus omnipotens, penalti clarísimo!… Pero, ¡cómo puede ser que no lo pite Katanga! Claro, este negrito quiere ser obispo, este aspira a que el Papa le premie su cochino arbitraje…
Atención, señores… ¡Purpura cartula!… Acaban de expulsar a Ramírez… Permitidme, queridos oyentes, que grite algo a nuestros seminaristas… ¡NEGUS EST VENDUTO, KATANGA MANDA TONGO!!… No, no me callo: ¡¡Árbitro bandido!!… ¡Lárgate a rezar a tu país, negro tramposo!… ¡¡FILLIUS RAMERAE!! ¡Vamos, muchachos, rómpanles la pierna, muéstrenles quiénes somos, reviéntenlos a patadas per sécula seculorum, agárrenlos por…
(Unos segundos de silencio. Se oye otra voz) Lamentamos informar a los oyentes de las emisiones en español de Radio Vaticana que, por un problema técnico, no podemos seguir transmitiendo la final de la Clericus Cup. Damos paso a una emisión extraordinaria de nuestro rosario vespertino… En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… Los misterios que vamos a contemplar hoy son…

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