Una dicha sin nombre
Cuando mi hijo y Claudia, su mujer colombo-azteca, encargaron el primer niño, hacía rato habían resuelto el problema
del nombre.
-Si es mujer -comentaron frescos y plácidos frente a una taza de café y una caja de galletas- se llamará Guadalupe.
-¿Y si es varón? – pregunté.
-Si es varón, también.
Supe entonces que en México el nombre de Guadalupe sirve para macho o hembra, mientras que en Bogotá solo vale para cerros.
Nació mujer -la niña más preciosa que mis ojos vieron- y entonces Guadalupe pasó a ser en Bogotá también un nombre de ser humano.
Pero hace unos meses, cuando encargaron el segundo vástago, la cosa estaba menos clara.
-Si es mujer -confesaron ojerosos y angustiados frente a un termo de tinto y una caja de Prozac- no sabemos cómo se llamará.
-¿Y si es varón?
-Tampoco.
Pasó el tiempo. A las quince semanas de embarazo el médico examinó una especie de documental borroso en blanco y negro, digno de canal regional de televisión, y dictaminó que esas manchas confusas iban a ser niña.
Entonces empezamos a buscarle nombre.
Rápidamente fueron eliminados los de madre o abuelas (para no confundirse); los extranjeros (Shirley, Jennifer, Ninoska); los del santoral (Guadalupe se habría llamado Clotilde); los de resonancias farmacéuticas (Xantria, Silviastatina) y los de moda, como Valentina, Daniela o Valeria.
Puesto que he escrito generosamente sobre el tema y poseo rica documentación onomástica, acudieron a mí. Llevé mis archivos en un baúl y, para empezar, propuse viejos y sólidos nombres castizos.
Tras una hora de Erundinas, Gódulas, Sinforosas, Tarsicias, Petronilas y Ezequielas nos dimos por vencidos. Lo mismo ocurrió con la carpeta de nombres típicamente colombianos, donde campeaban Luzmary y Vanesa, y con la de nobles antepasadas que, como Vicenta, Rita y Jesusa, fueron descartadas sin misericordia.
Saqué entonces el archivo de canciones y, después de eliminar a Gwendolyn (por razones obvias) y a Adaluz (que generaba derechos de autor), llegamos a Penélope.
Linda canción, bello nombre, genial Serrat, adorable Penélope Cruz. El hallazgo despertó creciente entusiasmo durante varios meses, hasta que mi prima Wendy Saturia comentó con sonrisita amarga:
-Muy bonito Penélope. Lástima, tan feo el apócope.
-¿Cómo así? – preguntó Claudia.
-Pues que si a Francisco le dicen Fran y a Sebastián le dicen Sebas, no quiero imaginar cómo le van a decir a Penélope.
Hasta ahí llegaron las alegrías. Se derrumbaron con estrépito el nombre de Penélope, el cariño que le teníamos a la canción y la promesa de pagarle la educación universitaria que había ofrecido Serrat.
No dejo de pensar que se trató de una venganza tardía de mi prima por lo de Wendy Saturia. A estas alturas ya se habían cumplido los nueve meses y el médico hacía esfuerzos admirables por retrasar el nacimiento: los padres del prospecto de ciudadana se negaban al parto mientras careciese de denominación la candidata.
Llovieron votaciones por internet, llamadas a la emisora de Gustavo Gómez (alguien sugirió ponerla Gustava y fue expulsado de la familia), nuevas consultas a mis archivos y nombres formados al azar con letras de Scrabble. Pero no aparecía ninguno que gustara a todos.
Cumplidos trece meses de embarazo, el médico decidió que si la niña no nacía ya, habría que darla a luz directamente en el colegio.
-¡Entonces, que nos ilumine el Espíritu Santo! -exclamó Claudia con resignación. Derrotados, nos pusimos en manos del Espíritu Santo y del almanaque.
La china nació el Jueves Santo.
Es preciosa, idéntica a la hermana y las primas, y nos produjo una dicha sin nombre. Literalmente. Porque el notario se negó a registrarla como Ultimacena. En medio de la desolación, alguien improvisó un chiste y propuso llamarla Anónima.
Ustedes saben que a veces las bromas hacen carrera y, en momentos de desesperación, se convierten en proyectos serísimos. Mi nuera ya estaba empecinada en bautizarla Anónima, cuando se me ocurrió el argumento demoledor.
-¿Y qué pasa si la llaman por el apócope? Entre las primeras letras de Penélope y las primeras de Anónima, que entre el diablo y escoja.
Fue así como llegamos a la solución más sabia. Gracias a un golpe de imaginación mío, Innominada Samper García aspira a ingresar, luciendo orgullosa su invicto nombre, a la nomenclatura castellana, al censo nacional y, me temo, a los Récords Guinness.
P.D.¿ Acaba de informar la radio que Innominada se llamará Paloma. Siempre fue que nos iluminó el Espíritu Santo…