15th February 2008

Ahí vienen las rusas

posted in Postre de Notas |

La caída del muro de Berlín y el levantamiento del muro de la experiencia personal me han llevado en los últimos años a dos descubrimientos que quiero compartir generosamente con ustedes.
El primero son las tenistas rusas. El segundo, los viajes organizados. No alcanzan a imaginar los lectores de qué dos maravillas les hablo. Hasta hace poco yo ignoraba la existencia de las rusas y desdeñaba las excursiones de agencia, a los que dedicaré la columna de la semana próxima. Ahora me falta aire para suspirar por las compatriotas de Putin y tiempo para viajar sin preocuparme por nada.
Empecemos por ellas. Durante siete décadas el mundo se acostumbró a mujeres rusas como las esposas de Nikita Krushov, el camarada Brezhnev y los demás cacaos del Kremlin: señoras gordas y de tupido bozo que no se quitaban jamás la pañoleta y usaban zapato de tacón bajito, faja de varillas y suéter una talla más pequeño. No digo que estas damas no fueran eximias representantes del noble pueblo soviético. Digo solo que, si lo eran, inspiraban pocas ganas de extender la revolución bolchevique
a nuestros países.
l derrumbe del Muro de Berlín, en 1989, produjo dizque “un nuevo amanecer de libertad”. Y el fruto de la libertad ha sido extraordinario. Quince años después, el mundo está maravillado -lo estoy yo, al menos-con esta nueva generación de rusas que cambiaron bigote por pecas y fajas por pantaloncitos diminutos. Cuando hablo de rusas, entiéndanme, me refi ero también a eslovacas, bielorrusas, checas, eslovenas, búlgaras, etc., así como los moscovitas, cuando hablan de mexicanos, abarcan paraguayos, argentinos, bolivianos, colombianos y salvadoreños.
Confi eso que, hasta cuando descubrí a estas chicas con apellidos que parecen sacados de las páginas de Tolstoi o Gogol -Dementieva, Chakvetadze, Vaidisova, Vesnia, Petrova, Kirilenko, Ivanovic-, yo tenía un serio desagrado con la raza blanca. Cada vez me hastiaban más las venas azules en piernas color kumis, las mejillas coloradas y las cejas amarillentas. Pero estas rusas nuevas son otra forma de blancura. No es la aburridísima blancura de la pureza. Es una blancura dorada, trigal, capciosa, intencionada, coqueta. Además, si las matronas soviéticas eran
paticortas, estas tienen piernas de lámpara: las de Adriana Skleranikova de Karembeu, tronco de modelo casada con un futbolista tronco, miden como 121 centímetros cada una: lo que medía, entera, la mujer de Lenin.
Hemos conocido a estas muchachas gracias al tenis internacional
que transmite la televisión. Varones toscos, como yo, que despreciábamos el tenis porque a cada contendor le adjudican media cancha y no hay disputas territoriales ni choques cuerpo a cuerpo, como en el fútbol, nos hemos afi cionado mansamente al deporte de las raquetas gracias a las rusas. A estas alturas de la vida, yo estaría dispuesto incluso a presenciar largos partidos de
ping-pong si en ellos participan mujeres con apellidos terminados
en “ova·” o en “enko”. Lo más bonito es que no son solamente tenistas. Mis febriles indagaciones sobre estas sardinas revelan que Maria Kirilenko también juega al balompié, que mi tocaya eslovaca Daniela Hantuchova es pianista y que la arrebatadora Svetlana Kuznetsova le jala al modelaje.
Las tenistas son solo la avanzada de la primavera femenina
ostsoviética. Un amigo mío que viaja mucho a Londres asegura que los buenos hoteles están llenos de camareras rusas dignas de disputar la Copa Davis y el concurso Miss Universo. En Madrid he visto inmigrantes de Europa oriental cuya sola presencia justifi ca la apertura indiscriminada de fronteras.
Pero como no hay paraíso sin serpiente, estoy esperando a que aparezcan los pontífi ces neoliberales que atribuyan al capitalismo y la globalización el fl orecimiento de las muchachas eslavas. A ellos les responderé esgrimiendo los clásicos rusos, cuando ya las mujeres eran de arrebatadora belleza. Un comprende las peloteras que armaron Natasha Rostov, Natacha Alekseevna Lasunsava y Lara Antipova.
pesar de que la Cortina de Hierro ha sido reemplazada por la malla de náilon, las hormonas no cambian. Hoy en día, los hijos de Julio Iglesias y yo estamos dispuestos a dejar a un lado el fútbol y empuñar la raqueta para gozar al menos de un set con Anna Karenina. ¿O es, acaso, Maria Sharapova?

This entry was posted on Friday, February 15th, 2008 at 6:26 and is filed under Postre de Notas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

There is currently one response to “Ahí vienen las rusas”

Why not let us know what you think by adding your own comment! Your opinion is as valid as anyone elses, so come on... let us know what you think.

  1. 1 On February 15th, 2008, Maria Sharapova » Ahí vienen las rusas said:

    [...] Daniel Samper Pizano wrote an interesting post today on Ahí vienen las rusasHere’s a quick excerpt … bol y empuñar la raqueta para gozar al menos de un set con Anna Karenina. ¿O es, acaso, Maria Sharapova?… [...]

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.