Ya soy eterno
Dulcero como soy, solía visitar el restaurante Crèpes & Waffles (CyW) y agotar su delicioso menú. Pero, ingenuo como soy, pensaba que los dueños eran dos reposteros europeos, diga usted François Crèpes y Peter Waffles.
Un día supe que no había tales pasteleros foráneos; que la exitosa marca es netamente colombiana y que sus empresarios son una pareja encantadora, Eduardo y Beatriz. Pero, ay, supe también que ella es tan atractiva como afecta a la palabrería espiritual y que insufla al personal de su negocio frecuentes sermones sobre la felicidad, la alegría, el amor, la trascendencia y la vida.
En suma, decidió que elaborar colaciones constituye un sendero hacia la Realización del Ser y la Construcción de la Patria. Para que nos entendamos, misiá Beatriz escribe, publica y lee a sus pobres empleados cosas como estas:
Colombia tiene cara de mujer…”.
“Si me preguntaran en qué radica el éxito de CyW, mi respuesta sería: ¡en el amor!”
“Si llegas al corazón te quedas en la mente. Si conquistas
con el sabor… dejas la ilusión de volver”.
“Colombia es pasión: necesitamos mujeres que establezcan
leyes, reglas y normas con estilo CyW…”.
“¡Quiero amor y quiero amar!”
“¡Mantengámonos fuertemente trabajadores! ¡Inmensamente
productivos! ¡Inmensamente amorosos!”
“Libertad es construirse a sí mismo a partir de los hechos”.
“Si las flores hablaran nos dirían… ¡los amo!”
Y, para variar, “Crèpes & Waffles tiene cara de mujer…”.
En fin, una mezcla intragable de amor, felicidad y calorías: el peor Paulo Coelho con el más engordador Paul Bocuse. Ciertos mensajes no parecen vender solidaridad, sino discriminación: “Las aves solo vuelan con aves del mismo plumaje; jamás veremos palomas volar con chulos, porque les quitan su vuelo”… “Puedes amar al prójimo, pero no necesariamente puedes convivir o asociarte con todos”… “¡Volemos alto, con aves del mismo plumaje!” (Si aplican esta filosofía en el extranjero, nos echan a patadas a todos los inmigrantes).
Como, además de dulcero e ingenuo, detesto la espiritualidad de bolsillo y los predicadores de la energía y la belleza, escribí en 2005 un Postre de Notas donde manifestaba mi orgullo por el éxito internacional de esta cadena colombiana, pero rogaba que no le metieran amor, paz y patria a lo que solo es asunto de hornos y gerencia. La titulé “Filosofía acaramelada”.
Nunca pensé que esa nota iba a producirme una de las grandes alegrías de mi vida, como si volara muy alto y me construyera a mí mismo a partir de los hechos. Hace algunas semanas, misiá Beatriz publicó un libro suyo conrecetas para la parva, para la existencia y para la parva existencia. Allí aparecen muchas de sus pláticas de algodón rosado y de sus frases para Ser Mejor Persona. También los principales platos de CyW. Y, entre las novedades, un helado que se denominará “Filosofía acaramelada”.
¡Demasiado honor! Misiá Beatriz lo anuncia como gentilísima respuesta a mi columna y, para que no quede duda de quiénes le ayudaron a prepararlo, me menciona con gratitud y añade: “¡Gracias a Dios por darme la fortaleza para hablar de amor y transmitirlo!”. De modo que este insuperable helado es producto de los tres: misiá Beatriz, Dios y yo. No puede fallar.
Sentí en ese instante un Estremecimiento de Eternidad parecido al que sacudió a René de Chateubriand cuando se comió el primer filete con su nombre, a Alfredo cuando probó los fetuccini que lo mientan, a Suzette cuando exigió repetición de sus crèpes, a María Tudor cuando cató el Bloody Mary y a César (¿Augusto? ¿Borgia? ¿Rincón?) cuando descubrió que su nombre bautizaba una ensalada.
eñoras y señores: ya tengo plato propio, ya soy eterno.
Semejante libro para glotones de la metafísica ligera y la repostería pesada necesitaba al menos tres presentadores. Dos de ellos se ocuparon de lo Bello y lo Trascendente y Juan Gustavo Cobo-Borda blandió contra mí los bizcochos y las portentosas masas, incluyendo la suya. Luego pidió jarra de jugo de guanábana y triple orden de ponqué y se sentó a cavilar sobre la vida.
Mi mayor sorpresa fue cuando supe que el libro también se llamaba Filosofía acaramelada, lo cual, supongo, me otorga importantes derechos de autor. Los cobraré en diversas especies de crèpes y dulces, incluyendo mi helado. Pero ordenaré que las envíen a domicilio, para conjurar el peligro de oír la carreta de mercadeo espiritual de misiá Beatriz.
Article:
http://feeds.eltiempo.com/~r/eltiempo/carrusel/~3/226859749/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3940374.html
posted in Postre de Notas | 0 Comments