28th December 2007

Alguien nos está mirando

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Un señor de Rye, Nueva York, informaba a un amigo suyo, mediante el correo electrónico, que acababa de morir su abuela; de súbito, aparecieron en su buzón electrónico numerosos avisos de funerarias. Fue así como dicho caballero y quienes leímos la noticia supimos que existen supercerebros electrónicos capacitados para espiar mensajes de correo, pillar ciertas palabras y activar con ellas el envío de anuncios a los computadores comprometidos en los mensajes.

De esta manera, si alguien refiere que su abuela falleció, el supercerebro detecta los términos ‘abuela’ y ‘muerte’, y avisa a otros aparatos inteligentísimos para que saturen a los interlocutores con propaganda comercial pertinente.

Si, por ejemplo, uno escribe a un interlocutor que piensa salir de vacaciones al Caribe, es probable que segundos después aterricen en su buzón decenas de mensajes de aerolíneas, hoteles, restaurantes y cruceros con descuentos y promociones.
“Alguien nos mira por encima del hombro cuando escribimos”, sentenció el señor de Rye, Nueva York, cuando denunció lo que considera un abuso.

A muchos les parecerá estupenda esta novedad que evita trabajo y ahorra dinero. Pero les encarezco que piensen en casos tan dramáticos como el mío. A mí no me miran por encima del hombro sino por debajo de la silla, pues mi buzón vive inundado con anuncios que prometen alargar ciertas partes de mi cuerpo que yo considero suficientemente largas… al menos considerando el clima de Bogotá.

Les juro que recibo entre ocho y diez al día. Casi todas humillan el ego del posible cliente, pues le preguntan si está satisfecho con el trisito que Dios le dio y le aconsejan que acuda a determinada clínica para un tratamiento alargador “a fin de que inicie una nueva era”.

Algunos se mofan del personal: “¿Ha oído la expresión ‘¡Qué pito tan pequeño!’?” o “¿Nunca te han dicho ‘¡Vaya vergüenza de pito!’?”

Los tengo coleccionados, porque a lo mejor decido contratarlos a todos, uno tras otro, agregarle tres metros y medio al objeto materia de anuncios y meterme a trabajar en un circo o en las ediciones femeninas de SoHo como asistente del Tino Asprilla.

A mí me deja perplejo semejante alud de propaganda penística, porque no es este un tema que yo aborde en mis mensajes. Lo que yo envío a través de Internet son, sobre todo, trabajos académicos, como el análisis gramatical de “Viaje del Napipí al Chimborazo”, de don José María Vergara y Vergara, que acaba de reimprimir, siglo y medio después, la editorial Mondadori.

Ustedes dirán que a lo mejor el supercerebro se dispara al descodifi car erróneamente palabras tan inocentes como “impenetrable”, “Agapito”, “acéfalo” o “respingado”. Fue lo primero que pensé al analizar mi ensayo a la Academia de la Lengua. Pero luego caí en cuenta de que todos los correos comerciales que recibo son en inglés, de modo que es imposible que pudieran salir de mis textos en español.

Por eso sospecho que el supercerebro no solo funciona con los mensajes entre dos personas, sino que es capaz de captar nombres y palabras de terceros y enviar mensajes publicitarios a los primeros inferidos de las segundas. Me explico.

En un correo a mi hermana le informo -es un decir- que el ministro Carlos Holguín vive medio dormido. La palabra “dormido” activa la publicidad de medicamentos estimulantes, y el nombre propio abre el camino para que el supercerebro averigüe el buzón electrónico del ministro y lo llene de propagandas para mantenerse despierto: cafeína, bencedrina, dexedrina, modafi nilo, estadísticas de robos…
Esto revela que mi mujer o alguna antigua novia mía comentan mis intimidades en inglés por internet, y la aparición de mi nombre y el asunto tratado disparan el supercerebro. Ahora bien: es obvio que la referencia no puede considerarse favorable, pues no he recibido ningún mensaje que me invite a donar plata, sangre u otros elementos que me sobren.

Por el contrario, me proponen engrandecer lo que Natura me obsequió, para que nadie vuelva a burlarse de mí.

Pues bien: para que no se burlen, he aquí lo que será mi venganza: me propongo mandar un mensaje donde mencionaré los nombres de varias ex novias sospechosas, agregaré luego las palabras “sintéticas” y “Cristóbal Colón” y acabaré diciendo que todo esto es, “completamente”, culpa “de Pilar”, por cuca que esta dama parezca. Ya verán ustedes la catarata de mensajes publicitarios…

This entry was posted on Friday, December 28th, 2007 at 8:46 and is filed under Postre de Notas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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