Sorpresas te dan los libros
Cuando niño, mis Navidades eran carritos y balones. Años después, en la adolescencia, discos bailables y camisas. Desde hace un tiempo, diciembre es delicioso sinónimo de libros. Libros que surten las tres etapas irrenunciables: el primer contacto sensual con sus hojas; el segundo encuentro, cuando uno lee algún fragmento o se entera con detalles del índice; y el tercero, el de la lectura con condiciones, pues la edad lleva a establecer un pacto silencioso con los libros, que incluye el abandono definitivo de sus páginas si, llegado cierto punto, ha sido incapaz de seducirnos.
Este año, un libro me interesó tan definitivamente, que salté sin remedio de la primera mirada a la lectura absorta. Se trata de Letras de fuego (Panamericana Editores), de Gonzalo España, ensayista y narrador bumangués, finalista en el concurso de relato Juan de Castellanos. Es una recolección amena y documentada de historias sobre libros y autores en Bogotá, de la cual quiero transcribir algunos episodios y sorpresas.
* En 1605 se embarcaron en España hacia Nueva Granada dos cajas con ejemplares del Quijote; ese mismo año, los estudiantes bogotanos montaron una comedia con personajes cervantinos.
* El poeta bogotano Francisco Álvarez de Velasco y Zorrilla quedó absolutamente prendado de la monja y poetisa mexicana sor Juana Inés de la Cruz, hasta el punto de que le envió numerosos poemas con propuestas matrimoniales.
* Al terminar la Colonia, en Bogotá había más de seis buenas bibliotecas privadas. La más nutrida y concurrida era la de don Antonio Nariño.
* El primer dúo exitoso de nuestras letras entre un protagonista y un escritor a quien aquel relata sus hazañas fueron las célebres Memorias de un abanderado (1876), de José María Espinosa, redactadas por el escritor costumbrista José Caicedo Rojas.
* Es bien conocido el caso de un poeta gongorino de la Nueva Granada, Hernando Domínguez Camargo; lo que pocos saben es del clérigo Juan Manuel García Tejada, quien en 1826 publicó un largo poema escatológico digno de Quevedo.
* Una de las primeras novelas colombianas fue María Dolores o la historia de mi casamiento, del tunjano José Joaquín Ortiz; es también suyo el primer best seller nacional, un Compendio de historia sagrada, que vendió más de 200.000 ejemplares en el siglo XIX.
* El primer manual de autoayuda colombiano -Ensayo sobre los deberes de los casados- data de mediados del XIX y fue escrito por Josefa Acevedo de Gómez.
* La primera novela policiaca nacional fue el relato Una ronda de don Ventura Ahumada, de Eugenio Díaz Castro; trata sobre un fraile que se escapa del convento en 1828.
* El primer poema colombiano que, convertido en canción, llegó a ser prensado como disco fue Flores negras, de Julio Flórez, en 1915.
* De María, la novela romántica de Jorge Isaacs, se han hecho siete versiones cinematográficas y una telenovela.
* La primera novela en español que introdujo puntos suspensivos fue La ráfaga, de Emilio Cuervo Márquez (c 1930).
* La crítica recibió con repudio casi unánime la aparición de La vorágine (1924), una de las grandes novelas colombianas.
* El discurso académico más breve de todos los tiempos fue el de don Tomás Rueda Vargas, a quien la muerte sorprendió en 1943 cuando solo había escrito: “Señores, yo también odiaba a Lorenzo Marroquín” (novelista autor de Pax).
* El 9 de abril se incendió la biblioteca del colegio La Salle, una de las mayores del país.
* Geografía extensa de Colombia, obra capital del profesor Ernesto Guhl, se perdió para siempre en un taxi: no había copia de ella.
* El primer título de la novela de García Márquez La mala hora era Este pueblo de mierda; GGM lo cambió para participar en el Premio Esso de novela, que ganó.