20th November 2007

Lo que no dejó oír la bulla

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La reciente cumbre iberoamericana terminó en tremendo alboroto por el incidente entre el rey de España y el presidente venezolano, Hugo Chávez. Pero lo más lamentable no fue el breve encontronazo, sino que, aplastado por los desorbitados ecos que ha tenido, pasó de puntillas el tema que convocó a los 22 jefes de Estado: la cohesión social.

¿Qué diablos es la tal cohesión social, expresión nueva y fría que el “¿por qué no te callas?” noqueó de manera fulminante? En las carpetas aparecen otros vocablos respingados: “mecanismos de inclusión y exclusión sociales”, “percepciones ciudadanas”, “sentido de pertenencia” y -que no falte nunca en estos papeles- la inmamable sinergia: “sinergias entre equidad social y legitimidad política”. Tras una larga zambullida en la piscina de lenguaje economiqués y sociologués extraje una conclusión bastante simple: cohesión social es otra manera de no llamar pobreza a la pobreza. Es decir, a la escasez de medios, la explotación laboral, la utilización política, la vivienda deplorable, la falta de salud y educación, la ignorancia, el precario acceso a la Justicia y a los misterios de la Ley, la marginación cultural y la discriminación clasista (¿Recuerdan al ‘hombre del carrito’? Pues eso.)

En el fondo, se trata de un eufemismo que abarca la pobreza y sus consecuencias económicas, sociales, cívicas y políticas. Resulta menos fuerte hablar de “débil cohesión social” que denunciar la injusticia social, la desigualdad y la explotación. En su importante monografía preparatoria, el gobierno chileno señala que 200 de 530 millones de latinoamericanos viven en la pobreza, y que 80 millones de ellos (un tercio, niños) pasan hambre. No es que adolezcan de “tenue cohesión social”; es que no comen.

Lo más llamativo es una dura condena, que pasó casi inadvertida, de la globalización. El estudio informa que la economía planetaria ha servido para “acentuar la desigualdad entre países” y “crear segmentación” dentro de las sociedades. Agrega que “las actividades que conforman la red global solo emplean una minoría de la fuerza de trabajo”, algo que “acrecienta la diferencia de remuneración entre los recursos calificados y los no calificados”.
Denuncia, además, las “fuertes restricciones a la movilidad laboral”, salvo para personal “altamente especializado”. En otras palabras, rechazo en países avanzados a los trabajadores normales y seducción de cerebros con estudios superiores.

También señala cómo la globalización ha promovido “solidaridades horizontales”: los ricos de los países pobres están cada vez más cerca de los ricos de los países ricos, y más alejados de los pobres de sus propios países. Estos forman una enorme masa de excluidos “que navega entre la atomización social y el refugio en tradiciones locales, étnicas o religiosas”: un retroceso de siglos.
La cohesión social figura como un “concepto multifacético”. Antes se nombraba a esto con palabras más llanas: no hay verdadera democracia ni participación ciudadana sin justicia social.

En resumen: al hablar de la “cohesión social debilitada”, la cumbre quiso decir que los latinoamericanos ricos y poderosos (el papel los llama “elite”) cada vez son más poderosos y más ricos; que hay 200 millones de pobres y que estos siguen jodidos en todos los aspectos. No era más, pero tampoco era menos. Nadie logró oírlo por la bulla.

ESQUIRLAS. 1) Semana culturalmente movida en Bogotá. El martes, partido vital entre Colombia y Argentina; el miércoles, visita del estupendo escritor mexicano Juan Villoro para hablar sobre el fútbol y otras artes; el jueves, entrega del Premio Juan de Castellanos de novela corta. 2) Además, empieza el 21 en el Hotel Bacatá el XI Torneo de Scrabble en castellano, con participación de 100 campeones de todos los países de habla hispana. Será un inteligente y divertido homenaje a nuestra lengua. Parece increíble el apasionante desafío que encierra armar palabritas en un tablero.

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