27th November 2007

Lo que hizo el mico y Uribe no

El presidente Álvaro Uribe cometió dos errores en el proceso de incorporación de Hugo Chávez como mediador del intercambio humanitario y su posterior desmonte: el primero, la manera como lo metió; el segundo, la manera como lo sacó.

El doble patinazo deja ver que Uribe ignora la anécdota del diálogo entre Carlos Lleras Restrepo y Alfonso López Michelsen cuando aquel, siendo presidente de la República, le consultó a este, que más tarde sería su canciller, acerca del posible nombramiento del maestro Darío Echandía como ministro de Justicia.

López le respondió lo siguiente: “¿Has visto cómo procede el mico cuando va a comerse una pepa silvestre? Lo primero que hace es medírsela en comparación con la garganta, para comprobar que le entra. Y lo segundo, medírsela allá atrás, para estar seguro de que le sale. Antes de nombrar ministro a Echandía deberías estar seguro de que, si llega el momento, podrás pedirle la renuncia o destituirlo sin que se afecte el gobierno”.

Es evidente que Uribe no tuvo le precaución de medirse a Chávez por detrás antes de tragárselo como facilitador, y por eso la expulsión de la pepa resultó abrupta y está dejando dolorosos desgarramientos. El propio Presidente reconoció que había obrado como un mico improvidente al decir que “no calculamos lo que para muchos era un riesgo político”.

Tamaña irresponsabilidad ha producido un terremoto. Parecían tan obvios los peligros de incluir en el juego a Chávez, que cualquiera habría imaginado que Uribe y sus asesores los analizaron, los sopesaron, los calcularon y, luego de tasar pérdidas y ganancias, salidas y desmontes, decidieron dar el correspondiente paso. Por eso, uno se queda ojiplático al enterarse de que no se valoró el riesgo de meter a Chávez ni se pensó suficientemente en el eventual costo de sacarlo. Muchos micos han muerto o enfermado por imprevisiones parecidas. El resultado es lamentable: tras pocos días de calma chicha, Chávez y Uribe han reencarnado en la peor versión de sí mismos, y están protagonizando el espectáculo más bananero -y más peligroso- que recuerden nuestras relaciones de vecinos. Chávez se muestra como un chafarote que expele diatribas personales; pero Uribe ha desbocado su macartismo con acusaciones de Estado de incalculable gravedad.

Si algo revela esta crisis es exactamente lo contrario de lo que Uribe afirma: necesitamos un protectorado de la ONU; esto no puede seguir en manos de unos megalómanos delirantes.

La vinculación del presidente venezolano al proceso humanitario y su ulterior derrocamiento mediante boletín de prensa muestran los vaivenes e incoherencias de la política de Uribe frente al intercambio humanitario. No puede aducir Uribe que lo sorprendió la cerrazón de las Farc, causa última de la delicada situación, porque todos conocemos hasta qué punto este grupo vive en un mundo bárbaro, anacrónico, cruel e irreal. Tampoco es creíble que una charla inofensiva de Chávez con un general colombiano constituya atroz atentado contra la seguridad nacional. Pero le dieron el papayazo al imitador de Bolívar, y este no lo desperdició. Entre tanto, ‘Tirofijo’ debe de estar muerto de la risa.

La verdad es que Uribe no quiere intercambios humanitarios ni contacto alguno con la guerrilla. No se entiende, entonces, cómo juega con las esperanzas de sus compatriotas y con los sentimientos de los secuestrados y sus familias al alentar una aventura que, in péctore, había nacido muerta.

Si no quería la pepa, ¿por qué aceptó comérsela? Y si aceptó comérsela, ¿por qué no imitó las sabias maniobras previas que realiza el mico?

En cuanto al desenlace de la primera historia, Lleras nombró a Echandía ministro de Justicia en 1966, el venerable maestro ocupó por unos días la Presidencia como primer designado y finalmente fue evacuado de manera natural hacia la embajada en El Vaticano en 1968, sin que el gobierno padeciera quebrantos políticos.

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23rd November 2007

Déjala correr

Es curioso: en los últimos meses se ha producido una arremetida tremenda de las autoridades contra las personas que hacen sus necesidades en la calle. Un concejal de Bogotá propone fuertes multas a quienes humedezcan indebidamente paredes o prados, mientras que el nuevo Código Nacional de Policía, que estudiará el Congreso a comienzos del año próximo, establece cárcel por un máximo de tres días a los infractores.

o especifica si será de 24 horas en caso de Número Uno, como dicen mis tías bien habladas, de 48 horas si se trata de Número Dos y de 72 en caso de que fueren Número Uno y Número Dos.
ero yo, deseoso de colaborar con los legisladores que se ocuparán de este tema, les cuento que es casi imposible Número Dos sin Número Uno; de modo que al final la sanción tendrá que ser de 24 o de 72 horas.

ntiendo que actualmente esta clase de descortesías sólo acarrean un regaño del señor agente o una multa de diez pesos.
Comprensible: el Código tiene 37 años de atraso respecto a la depreciación de la moneda. Sobre estos temas se ha hablado y se ha escrito abundante Número Dos en las últimas semanas, y he llegado a leer hasta editoriales acerca de las posiciones, suposiciones y deposiciones de lo que debe ser la ley respecto a quienes aún no han aprendido que la época de “¡agua va!” ya terminó y ahora esas cosas se hacen en el baño o, metafóricamente hablando, en el trabajo y, sobre todo, en cargos que permitan dilapidar el Tesoro Público.

o digo que yo esté de acuerdo con los ciudadanos inciviles que incurren en semejantes conductas. Pero me parece que se está gastando más tiempo y más tinta en analizar los tropiezos excrementicios populares que otros problemas muchísimo más graves.

e todos modos, conviene saber que los colombianos no somos los únicos que hacemos semejantes porquerías. He recogido algunos ejemplos españoles que lo demuestran. En Granada, verbigracia, hace pocos años fueron multadas 105 personas por ensuciar la calle de esta manera, y en Vigo llegó a crearse verdadera alarma por el auge de las aguas que no has de beber.
EnMadrid han caído multas no solo para quienes dejan sus huellas en la calle, sino para los que no evitan que lo hagan sus perros. El pueblo de Mataró (Cataluña) se considera afortunado, porque en el 2006 solo hubo 30 infracciones por orinar en la vía pública, pero en cambio pasaron de 2.000 las sanciones por consumo de droga.

tros países también enfrentan el problema. Nicaragua se propone multar a los ciudadanos que se desahoguen en descampado, y estimo que naciones como Bolivia y Perú, donde las polleras suelen ocultar ejercicios de micción femenina, tendrán más mujeres castigadas que hombres. No quiero imaginar qué dirían, si pudieran hablar, los muros vecinos a los pubs irlandeses y las cervecerías de Munich.

No. No es fácil combatir práctica tan aborrecible, entre otras cosas porque -lo confi eso antes de que la Fiscalía General de la Nación pueda judicializar a quien lo diga- no hay nada más aliviador que un buen ejercicio de Número Uno en lugar prohibido. El autor siente
ue colaboró con la naturaleza, que ganó años de vida, que asiste a un nuevo amanecer…

Quizás lo más práctico no sea meter a la cárcel a los que sufren de cistitis, sino aplicar la fórmula que propuso un divertido panfl eto anónimo santafereño en 1842, cuando el alcalde de Bogotá, Alfonso Acevedo, quiso combatir el desaseo de la ciudad. El volante era un decreto falso fi rmado por Acevedo, cuyo artículo segundo decía, según transcribe el tomo segundo de La Historia de Bogotá de Villegas Editores: “Si se cogiere in fraganti a alguno (de los transgresores), se le hará recoger con la mano el ingrediente y se presentará con él en mi oficina”.

Todo ello me obliga a recordar el viejo cuento de Cosiaca, popular personaje de Medellín, a quien alguien sorprende una madrugada cuando acaba de depositar un infamante Número Dos en plena acera de la calle Junín.

- Cosiaca -le dice el escandalizado transeúnte-, ¡esto es el colmo! ¡Voy a dar parte a la autoridad!

A lo que replica el otro, subiéndose los pantalones:

– Por mí, bien puede dársela toda…

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20th November 2007

Lo que no dejó oír la bulla

La reciente cumbre iberoamericana terminó en tremendo alboroto por el incidente entre el rey de España y el presidente venezolano, Hugo Chávez. Pero lo más lamentable no fue el breve encontronazo, sino que, aplastado por los desorbitados ecos que ha tenido, pasó de puntillas el tema que convocó a los 22 jefes de Estado: la cohesión social.

¿Qué diablos es la tal cohesión social, expresión nueva y fría que el “¿por qué no te callas?” noqueó de manera fulminante? En las carpetas aparecen otros vocablos respingados: “mecanismos de inclusión y exclusión sociales”, “percepciones ciudadanas”, “sentido de pertenencia” y -que no falte nunca en estos papeles- la inmamable sinergia: “sinergias entre equidad social y legitimidad política”. Tras una larga zambullida en la piscina de lenguaje economiqués y sociologués extraje una conclusión bastante simple: cohesión social es otra manera de no llamar pobreza a la pobreza. Es decir, a la escasez de medios, la explotación laboral, la utilización política, la vivienda deplorable, la falta de salud y educación, la ignorancia, el precario acceso a la Justicia y a los misterios de la Ley, la marginación cultural y la discriminación clasista (¿Recuerdan al ‘hombre del carrito’? Pues eso.)

En el fondo, se trata de un eufemismo que abarca la pobreza y sus consecuencias económicas, sociales, cívicas y políticas. Resulta menos fuerte hablar de “débil cohesión social” que denunciar la injusticia social, la desigualdad y la explotación. En su importante monografía preparatoria, el gobierno chileno señala que 200 de 530 millones de latinoamericanos viven en la pobreza, y que 80 millones de ellos (un tercio, niños) pasan hambre. No es que adolezcan de “tenue cohesión social”; es que no comen.

Lo más llamativo es una dura condena, que pasó casi inadvertida, de la globalización. El estudio informa que la economía planetaria ha servido para “acentuar la desigualdad entre países” y “crear segmentación” dentro de las sociedades. Agrega que “las actividades que conforman la red global solo emplean una minoría de la fuerza de trabajo”, algo que “acrecienta la diferencia de remuneración entre los recursos calificados y los no calificados”.
Denuncia, además, las “fuertes restricciones a la movilidad laboral”, salvo para personal “altamente especializado”. En otras palabras, rechazo en países avanzados a los trabajadores normales y seducción de cerebros con estudios superiores.

También señala cómo la globalización ha promovido “solidaridades horizontales”: los ricos de los países pobres están cada vez más cerca de los ricos de los países ricos, y más alejados de los pobres de sus propios países. Estos forman una enorme masa de excluidos “que navega entre la atomización social y el refugio en tradiciones locales, étnicas o religiosas”: un retroceso de siglos.
La cohesión social figura como un “concepto multifacético”. Antes se nombraba a esto con palabras más llanas: no hay verdadera democracia ni participación ciudadana sin justicia social.

En resumen: al hablar de la “cohesión social debilitada”, la cumbre quiso decir que los latinoamericanos ricos y poderosos (el papel los llama “elite”) cada vez son más poderosos y más ricos; que hay 200 millones de pobres y que estos siguen jodidos en todos los aspectos. No era más, pero tampoco era menos. Nadie logró oírlo por la bulla.

ESQUIRLAS. 1) Semana culturalmente movida en Bogotá. El martes, partido vital entre Colombia y Argentina; el miércoles, visita del estupendo escritor mexicano Juan Villoro para hablar sobre el fútbol y otras artes; el jueves, entrega del Premio Juan de Castellanos de novela corta. 2) Además, empieza el 21 en el Hotel Bacatá el XI Torneo de Scrabble en castellano, con participación de 100 campeones de todos los países de habla hispana. Será un inteligente y divertido homenaje a nuestra lengua. Parece increíble el apasionante desafío que encierra armar palabritas en un tablero.

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14th November 2007

¿Nadie me responde?

En su último número realizó la revista SoHo un interesante y sencillo experimento. Con el nombre de “Paula” o el de un periodista que un día será famoso pero aún no lo es, Adolfo Zableh, envió 17 emilios a diversos personajes: escritores, cantantes, actores, políticos, deportistas, figuras de la farándula…Eran mensajes electrónicos estilo “admirador desconocido”, que merecían una respuesta amable. ¿Y saben ustedes cuántos de los destinatarios contestaron en forma personal e inequívoca? Uno. Uno solo. Fue María Elvira Arango, directora de la revista Donjuán.

Cinco se manifestaron a través de una respuesta automática o una secretaria: Paulo Coelho, Enrique Peñalosa, Silvia Tcherassi, Gustavo Cerati y Ronaldinho. Los demás simplemente no respondieron: Hugo Chávez, Mario Vargas Llosa, Marcelo Cezán, Samuel Moreno Rojas, Jotamario Valencia, Raimundo Angulo, Marcela Mar, Juan Pablo Montoya, Paola Turbay y Andrés Cabas.

En ese mismo número, el filósofo Fernando Savater confesó que gasta buena parte de su tiempo acusando la llegada de mensajes que entran a su buzón. “Recibí una educación a la antigua ¿dice¿ y considero una imperdonable grosería no responder aunque sea con una línea a quien se ha dirigido a mí de buena fe”. Prueba de ello es que la revista le pidió a través de un cibermensaje que escribiera un “elogio al mail” y Savater así lo hizo.

Hace 30 años, cuando aún no existía Internet y toda carta pasaba por varias manos y sellos, un comediante gringo llamado Don Novello mandó mensajes de saludo a numerosas personalidades mundiales. Muchos de los mensajes encerraban un gramo de delirio o un kilo de mamagallismo y, sin embargo, pocos de los destinatarios se percataron de ello. Novello firmaba con el seudónimo de Lazlo Toth, un húngaro chifl ado que en 1972 acribilló a martillazos La Pietá de Miguel Ángel. El sorprendente resultado de sus cartas está publicado en un libro facsimilar que demuestra hasta qué punto es chimbo el contacto entre los líderes y sus pueblos.

Entre otros, Novello obtuvo respuestas amables y estereotipadas de Richard Nixon (una docena de tarjetas timbradas), Gerald Ford, el dictador filipino Ferdinando Marcos, el presidente coreano Chong Wa Dae, el generalísmo Franco (cuyo secretario contestó en renqueante inglés) y numerosos políticos estadounidenses.
A varios de ellos les envió, por ejemplo, proyectos absolutamente disparatados para ahorrar energía o poemas que era preciso cantar con la música de canciones de moda. Pocos de los líderes se detenían a leer el contenido del mensaje y agradecían “su juiciosa propuesta” o “sus hermosas palabras”.

Otros respondían sin darse cuenta de que estaban pisando una cascarita. La secretaria de la reina Isabel de Inglaterra se tomó el trabajo de contarle que no podía enviarle una foto de la soberana, como el corresponsal pedía, pues “Su Majestad solo manda retratos a personas que conoce” y de explicarle que “la Reina no tiene apellido” (suspicaz pregunta de Lazlo Toth) “pues pertenece a la Casa de los Windsor, de la cual es cabeza”.

Una de las cartas dirigidas al presidente Ford contenía una idea para lavar papel higiénico ya usado a fin de combatir la infl ación. La respuesta, firmada por Ford, agradecía grandemente la iniciativa y agregaba: “Con la ayuda de ideas de familias e individuos nuestro país superará este difícil problema” (¡!) No se sabe, sin embargo, si la Casa Blanca optó fi nalmente por utilizar papel higiénico de, por decirlo así, segunda mano.

Hay un punto equidistante entre el idiota que agradece automáticamente aun burlas e insultos y el mal educado que no contesta nunca un correo. Yo admito que pertenezco a la escuela de Savater. Procuro responder todo mensaje cortés, aunque sea discrepante. Los diálogos establecidos con varios ciudadanos que discutían mis opiniones me han permitido hacer amigos internéticos en muchas ciudades del mundo. Me enorgullezco de que incluso he podido conquistar fieles y cariñosas admiradoras. A varios de mis lectores llegué a conocer en persona, y creo que los columnistas que no se “rebajan” a responder correos de su clientela están perdiéndose una interesante consecuencia de su trabajo.

En cuanto a los mensajes insultantes, ya advertí que mi computadora tiene un chip que responde de manera automática “¿Por qué más bien no la come usted?” o “¡La suya!”. Pese a todo, hay quienes insisten en mandarme notas vejatorias. Deben de ser coprófagos, masoquistas o malos hijos.

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13th November 2007

El rey que rabió

Notas y precisiones sobre el incidente entre Juan Carlos I y Hugo Chávez.

La mayoría de los españoles piensa que, al decirle “¿Por qué no te callas?”, el rey puso en su sitio la grosería de Hugo Chávez. Mientras tanto, la mayoría de los venezolanos considera que Chávez es un héroe bolivariano que derrotó nuevamente a la corona española.

El incidente ocurrido en la XVII Cumbre Iberoamericana merece algunas precisiones. Digamos, para empezar, que parece fácil ser Bolívar en el siglo XXI: no es preciso ser valiente, solo mal educado. Tampoco aciertan los que contrastan a Chávez como presidente elegido democráticamente y al rey como representante de una institución mandada a recoger. Pienso que las monarquías son un sistema anacrónico, pero debo reconocer, aun a riesgo de que mi querida Gloria Gaitán me llame cipayo, que a los españoles les ha funcionado muy bien la monarquía constitucional. Por lo demás, la autoridad del rey nace de la Constitución de 1978, aprobada en referendo por el 95 por ciento del pueblo español, que habría podido repudiarla.

Chávez no está en condiciones de impartir lecciones de democracia a Juan Carlos de Borbón. En 1992, el venezolano intentó asestar un cuartelazo a un gobierno -bueno o malo, pero democráticamente elegido-, y fracasó. En cambio, Juan Carlos desmontó en 1981 un golpe de Estado contra la España renaciente y consolidó así la transición hacia la actual democracia que, sin su decidida intervención, seguramente se habría ido al traste.

Otra aclaración: es un error imaginar que en este rifirrafe Chávez representa la libertad de expresión y el rey, la censura. Todo lo contrario: quien tenía la palabra era el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, y fue Chávez el que, de manera cansona y constante, lo interrumpió y perturbó. Lo que hizo el rey fue pedirle a Chávez que respetara el turno de Zapatero. Se dice que, al hacerlo, el rey faltó a la diplomacia. Conociendo la fama que tiene de personaje sencillote y espontáneo, era de esperar que le hubiera dicho al impertinente Chávez: “¡Calla la boca, coño!”. Pues claro que fue diplomático: por eso se limitó a increparle: “¿Por qué no te callas?”, equivalente a “Déjelo hablar, hombre”.

Observen la escena con cuidado y verán que, distinto a lo que dice la derecha española, el rey no defendió a Aznar de las descalificaciones de Chávez. Lo defendía -¡qué paradoja!- su más caracterizado antagonista político, el socialista Rodríguez Zapatero. A mí tampoco me gusta Aznar (en mis peores pesadillas sueño que me toca escoger entre Aznar y Chávez), pero no veo qué relación existe entre la vieja pelea de Chávez con este hombre, ya derrotado y retirado de la política, y las conversaciones iberoamericanas sobre cohesión social. Adivino allí un acto ególatra del presidente venezolano, obstinado en recordar el condenable intento de golpe que sufrió hace cinco años, pero no el que propició él hace 17. (Para que sepan cómo andan las cosas en España, el partido de Aznar culpó a Zapatero de los dicterios de Chávez, en vez de agradecerle que defendiera a su antiguo jefe!!)

El último despropósito de Chávez es pretender sembrar sospechas en el sentido de que Juan Carlos I apoyó el frustrado golpe contra él. Debería saber que el rey no traza las políticas de gobierno; su papel constitucional es el de certificar, representar y actuar a petición del ejecutivo.

Pese a su populismo, Chávez ha aportado cosas interesantes a América Latina: un interés por lo social, un balance frente a los abusos de Estados Unidos, unas mediaciones políticas que eventualmente ayudarán a la paz en Colombia. Pero debe entender que las reuniones internacionales de Jefes de Estado no son Aló, presidente, donde dice lo que le sale de la boina, y que no todo el mundo tiene por qué aguantarse sus arrogancias de chafarote.

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6th November 2007

Entrevista futurista con Álvaro Uribe V

Entrevista exclusiva con Uribe V (V de “5º.”, no de “Vélez”) el 2 de enero del 2022.

P. ¿Se presentará a su quinta reelección?

R. Siempre he sido enemigo declarado de la reelección; sigo aquí porque no creo que el país esté preparado para que lo deje solo.

P. ¿Qué tendría que ocurrir para que cambiara de parecer?

R. Para el 2010 dije que se necesitaría una hecatombe; para el 2014, por puro patriotismo, rebajé mis exigencias a un obstáculo grave; para el 2018 bastó un percance para allanar mi candidatura. Pero en esta ocasión no seré condescendiente: me voy de todos modos, a menos que se presente algún pereque.

P. ¿Usted, que es una inteligencia superior, cómo definiría el pereque?

R. Pereque es todo aquello que me obligue a aceptar un nuevo mandato del pueblo colombiano.

P. ¿Cree que el pueblo lo acompañará?

R. Esa pregunta me la formuló hace poco Hugo Chávez, Presidente Bolivariano Perpetuo de Venezuela, que, como usted sabe, despacha desde La Habana porque Fidel se retiró a jugar béisbol hace tres años. Y yo le dije: “Mirá, Huguito, mientras la gente siga creyendo que democracia es reelegir, reelegir y reelegir, los buenos demócratas nos acompañarán”.

P. ¿Qué opinarán las fuerzas políticas?

R. Me interesan poquito. Cuando había Congreso y Corte Suprema de Justicia, yo salía a darme la pela por radio. Pero desde que al Congreso lo reemplazó el Club Unión y a la Corte Suprema, la Asociación de Criadores de Caballos de Paso, los partidos no me preocupan.

P. ¿Y el intercambio humanitario?

R. Sigo empeñado en sacarlo adelante, como hice con los paramilitares y ‘parapolíticos’, pero sin despejes. Los nietos de Íngrid vinieron a proponerme que le despejara a la FAR una esquina de la Plaza de Bolívar, diagonal a la carpa donde viven los Moncayo, y les advertí que soy tolerante pero que no me confundan con el bobo Marañas.

P. ¿Ve alguna posibilidad de paz?

R. Nadie ha luchado más por la paz que yo. Hace tres días, cuando Tirofijo me llamó desde el cuarto de huéspedes de los Sarkozy, le dije lo mismo. Pero no me entendió, porque el hombre ya habla más francés que español.

P. ¿No cree que Chelsea Clinton, presidenta de Estados Unidos, podría mediar?

R. Washington no tiene ningún amigo tan fiel como yo: ¡con decirle que le cambié el nombre al Narinho Palace y cumplo el 4 de julio! Pero soy un paisa orgulloso y soberano, como lo saben nuestros soldados en Irak, y solo acataré nuevas órdenes cuando aprueben el TLC.

P. Entonces, ¿qué mediación le parecería aceptable?

R. La de monseñor José Obdulio Gaviria. Desde que le reprodujeron un artículo en El Catolicismo, lo considero un buen arzobispo: él sería un mediador imparcial.

P. ¿A qué piensa dedicarse si un día se retira?

R. Hombre, a montar mis caballos. Los pobres ya llevan más de 30 años esperándome. Y nada más, porque ya tengo 70, una edad que no me permite prodigarme en otros gusticos…

ESQUIRLAS. 1) Cuando incluí entre las buenas noticias la elección de Luis Alfredo Ramos como gobernador de Antioquia, pensaba en su notable trabajo como alcalde de Medellín. Ignoraba entonces informes que hablan de sus malas compañías electorales, razón de más para exigirle una gestión intachable, sin clientelismos ni debilidades ante la ‘parapolítica’. 2) El trascendental veredicto de la Justicia española sobre el atentado terrorista de marzo del 2005 exculpa a Eta. Según la derecha, también demuestra que el envío de tropas hispanas a la invasión de Irak no estimuló el atentado ni la subsiguiente derrota del Partido Popular. No es así. En el expediente constan palabras de los cerebros islamistas de la matanza que revelan su ira por la participación de España en la guerra.

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