30th Octubre 2007

Se descarriló el tren sucio contra el Polo

La intromisión electoral de Uribe es escandalosa, pero no sorprendente

Cierto profesor de derecho civil, que tenía la mala maña de realizar exámenes relámpago con preguntas capciosas, disparó alguna vez la siguiente pregunta a un alumno:

– ¿Me permite la ley casarme con la hermana de mi viuda?
El alumno procesó la pregunta de manera atribulada, repasó velozmente las incompatibilidades por incesto, notó que los cuñados no están abarcados por ellas y contestó: “Sí, sin duda”. Perdió el examen, como es obvio, porque le faltó aplomo para entender que, si está de por medio “mi viuda”, significa que “yo” ya he muerto, circunstancia que complica bastante un nuevo matrimonio. Algo parecido le sucedió a Samuel Moreno Rojas: se enredó y metió la pata con la pregunta sobre los votos comprados. Sacó en esa pregunta mala nota. Pero deducir de allí que era un delincuente electoral, un político sin escrúpulos y que él y su grupo destrozarán la administración de Bogotá era como inferir que aquel alumno atribulado de derecho civil está dispuesto a cometer adulterio, uxoricidio e incluso necrofilia.

La locomotora que montaron contra Moreno sobre tan enclenques rieles se descarriló el domingo. Menos sectario que sus enemigos políticos, el pueblo bogotano lo eligió alcalde y decidió que el Polo Democrático siga rigiendo los destinos de la ciudad. Será interesante analizar cómo la saña en su contra hizo crecer la votación de Moreno. Además, esos 915 mil votos son un reconocimiento de que la izquierda ejerció con honorabilidad y eficiencia el segundo cargo más importante del país. No lo esperaban así los atomizados partidos tradicionales, que llevan más de siglo y medio experimentando con el país, saqueando sus arcas, comprando votos y logrando solo pequeños aciertos en medio de grandes desastres.

Abundaron en la campaña los procedimientos sucios, algo que tampoco se ahorraron algunos sectores del Polo. A Moreno puede criticársele haber pensado mal. Pero los actos del presidente Álvaro Uribe ofrecen pocos antecedentes como intromisión descarada en política. ¿No era ilegal la injerencia electoral de funcionarios? Escandaliza, pero no sorprende, la mala fe con que sugirió que el Polo defiende la lucha armada, a partir de una torva interferencia de las Farc en la campaña. ¿Por qué creerle a este grupo violento sus calificaciones y descalificaciones, pero no a los paramilitares y narcotraficantes cuando formulan las suyas?

Si la izquierda democrática aspira un día a llegar al Palacio de Nariño, ya sabe lo difícil que el Establecimiento se lo va a poner.

Moreno y el Polo tienen que demostrar que pueden continuar la obra de los alcaldes anteriores y, sobre todo, el énfasis social que imprimió Lucho Garzón. Su deber es probar que lo harán con rigor y probidad y sin sectarismos. Samuel, en particular, tiene que callar a quienes lo tildaron de clientelista. Mantenga a raya a quienes en su entorno demuestren apetitos politiqueros; “desanapícese” un poco, que muchos que votamos por el Polo no simpatizamos con el populismo de Anapo; apóyese en los nuevos equipos técnicos que trabajan por la ciudad; vincule personas que, sin ser del Polo, quieren ayudar a Bogotá; demuestre que no será ese desastre que sus enemigos anuncian a gritos; juegue limpio; cumpla sus promesas; recuerde que fue elegido sobre todo por las clases económicas más necesitadas; fortalezca el futuro de una opción política distinta.

El Polo, a su turno, también tiene la misión histórica de consolidarse como partido de izquierda promotor del cambio social pacífico. Debe cerrar grietas en su interior y evitar que la capacidad corruptora del poder lo contagie. Sería una desilusión aplastante que fallara.

Quienes votamos por Moreno y el Polo tenemos, más que nadie, la obligación de vigilar y exigir.

ESQUIRLAS: Algunas alegrías: el cambio en Cundinamarca, Salazar en Medellín, Serpa en Santander, Verano en Atlántico, Ramos en Antioquia, Navarro en Nariño, Judith Pinedo en Cartagena…

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26th Octubre 2007

Pensando en Álex

Que a mí me conste, cuando murió Álex lo despidieron con sentidas notas necrológicas el New York Times, Time Magazine y El País. En cambio poco vi en la prensa colombiana, y eso que es difícil ignorar el fallecimiento del loro más importante del planeta.
Iba a decir, además, que era el loro más importante de la historia.
Pero quizás no supere la fama del loro de Robinson Crusoe o la valía de aquel otro que hallaron los conquistadores españoles en Venezuela, último ser que articulaba palabras en la lengua de los extinguidos aturianos.

Álex murió el 6 de septiembre en la Universidad de Brandeis, Estados Unidos, su residencia tradicional. Era gris, un año mayor que Shakira (tenía 31 años), había nacido en algún lugar del África y durante tres décadas fue objeto de experimentos científicos sobre formación del lenguaje y raciocinio animal.

El difunto loro tenía un vocabulario de 150 palabras, decía “te quiero” a su cuidador, daba las buenas noches, distinguía los colores y era capaz de nombrar cerca de 50 objetos. Así y todo, falleció sin decir ni pío una noche en su jaula.

La importancia de Álex no es que hablara: una vecina de mi abuela tenía una cotorra verde que recitaba a Amado Nervo, y una vez vi aletear en una discoteca de Nueva York un perico blanco que no hablaba pero que hizo hablar a muchos.

La importancia es que el dominio lingüístico de Álex planteó una pregunta trascendental: ¿piensan los animales? ¡Por supuesto que los animales piensan! Iba a decir que los verdaderos animales son quienes piensan que los animales no piensan, pero me huele que tal afirmación inoculaba una contradicción esencial en mi planteamiento.

Hasta el más pequeño de los insectos es sujeto de razonamiento y decisión. ¿Usted cree que la hormiga regresa cada noche al hormiguero por pura chiripa? ¿Que el ratón encuentra el queso porque leyó un famoso libro? ¿Que el perro rasca la puerta porque no tiene llave? ¿Que el topo anuncia el terremoto porque está en nómina del Instituto Geofísico de los Andes? ¿Usted cree que la gallina protege a sus pollitos por meracasualidad al ver la sombra de la comadreja que vuela? ¿Usted cree que la comadreja vuela?

Nada más inteligente que un animal. Hasta los miembros del Opus Dei envidian la organización de las abejas y un castor borracho podría dictar cátedra de construcción de represas en Harvard.
¿Han visto ustedes piojos en los pies o niguas en la cabeza? No: los piojos saben que su territorio es la mula y las niguas saben que el suyo son los las patas; a su turno, la mula sabe que la mula de que hablo aquí no es ella sino la cabeza, y las patas son conscientes de que me refiero a los pies y no a ellas.

Aun el mínimo bicho tiene claro lo que quiere. No se conoce un solo mosquito anofeles que haya producido el mal de Chagas, ni de una vinchuca causante de un caso de malaria. El anofeles se dedica a su malaria, la vinchuca al mal de Chagas. Punto. Ojalá pudiéramos imitar tan sabio sentido de la especialidad.

Los humanos consideramos superdotados a quienes estudian dos carreras: arquitecto-ingeniero, abogado-economista, médico-sociólogo, reina de belleza-periodista. Pero nada más corriente en el mundo animal que la doble destreza: oso hormiguero, perro pastor, pájaro carpintero, boa constrictor, araña polla…

Parece increíble que aún se discuta si los animales piensan. Sería admisible debatir si son capaces de raciocinio los ministros de Bush, los sofás de terciopelo o las botas pantaneras. Pero los espectadores de canales de televisión sobre animales sabemos que allí hay más materia gris que en los debates políticos o ciertos análisis futboleros.

Álex servía tinto a sus cuidadores, les comentaba las noticias, contaba hasta veinte (yo solo llego hasta trece), echaba chistes, explicaba la influencia de los algoritmos en la econometría y leía a Fernando Londoño pero no lo entendía, prueba definitiva de su inteligencia.

No caben, pues, más dudas. Los animales son más sabios que la mayoría de los seres humanos. Solo que no los dejan entrar a la escuela y tienen, entonces, menos instrucción. De allí que deba ofrecer disculpas a mis lectores si encuentran errores de ortografía en este artículo: se lo he dictado a mi perro.

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23rd Octubre 2007

Premiemos a quienes lo han hecho bien

Es razonable dar continuidad a las administraciones de Bogotá y Medellín.

Este fin de semana serán elegidos miles de alcaldes, gobernadores, diputados, concejales y ediles en casi todo el país. Teniendo en cuenta que la elección popular de alcaldes tiene 19 años y 16 la de gobernadores, es posible entender que casi un 40 por ciento de la población no haya conocido las épocas en que el Gobierno central escogía a dedo a los jefes de municipios y departamentos. En la mayoría de los casos, el salto hacia la elección directa ha sido bueno en principio, pues significa una ampliación de la democracia, y aceptable en la práctica, pues sus resultados políticos están a la altura de las expectativas; en algunos (pienso en Cartagena) ha sido bueno en principio y lamentable en la práctica; y en ciertos casos ha sido bueno en principio y muy bueno en la práctica. Dos ejemplos egregios de esta última situación son Bogotá y Medellín.

La capital ha demostrado que una seguidilla de buenos alcaldes es capaz de imprimir un vuelco a la ciudad. De aquella Bogotá de hace 15 o 20 años a la de hoy existe un abismo. Los habitantes del Distrito se mostraban entonces descontentos y desesperanzados. Hoy, el promedio de orgullo de vivir en Bogotá es de 4 sobre 5. Hace nueve años, el 55 por ciento de los bogotanos pensaba que la ciudad iba “por mal camino”; hoy, el 58 por ciento cree que marcha “viento en popa”.

Sin desmerecer la encomiable labor de alcaldes anteriores, hay que atribuir parte importante de este cambio a Lucho Garzón, el actual alcalde. Garzón tuvo la sensatez de continuar los programas exitosos de sus antecesores, y además dio un timonazo en favor del aspecto social, el menos atendido de la ciudad. Es un giro que corresponde a la convicción personal de Lucho y al programa del Polo Democrático, el partido político de izquierda que lo llevó a la alcaldía. La transformación en este campo ha sido sorprendente. Al subir el Polo, en el 2003, el 38,5 vivía en niveles de pobreza (no le alcanzaban los ingresos para la canasta familiar) y la miseria tocaba al 9,1 de los capitalinos. El año pasado la pobreza había descendido en 10 puntos (del 38,5 al 28,5 por ciento) y la miseria se había reducido a la mitad (4,5 por ciento). Se calcula que las cifras del 2007 son aún mejores. El plan de comedores comunitarios y suplementos alimenticios en las escuelas trabaja para acabar con el hambre en Bogotá. Y aunque la inseguridad sigue siendo un problema, solo el 16 por ciento de los ciudadanos cree que se ha deteriorado su nivel de vida.

Es muy importante para la ciudad que no decaiga el ritmo de beneficio social impuesto por Lucho. Por eso votaré para la alcaldía distrital por Samuel Moreno Rojas, candidato del Polo Democrático. Resulta muy importante para la democracia colombiana premiar a un partido de izquierda que lo ha hecho bien. Me asusta, además, que Peñalosa, indudablemente un buen alcalde, suba con el torpe equipo de asesores que lo empujó al abismo durante su campaña.

A su turno, la transformación de Medellín en manos del actual alcalde, Sergio Fajardo, es un caso digno de estudio en seminarios internacionales. Aparte de ser la ciudad capital colombiana con mayor eficiencia fiscal, ha recibido en los dos últimos años calificación excepcional en manejos financieros públicos.

Si yo fuera medellinense, no vacilaría en votar por quien ofrece mayores garantías de continuación de la gran obra de Fajardo. Hablo de su secretario de Gobierno, Alonso Salazar.

ESQUIRLAS. Con dolorosa rapidez, y cuando aspiraba a refugiarse pronto entre sus libros, se ha ido Lázaro Mejía, ilustre abogado y economista, lector incansable, querido amigo… Una rayita más en la pared.

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20th Octubre 2007

Un Jojoy por dos Mancusos

Dejé de coleccionar monas por la época del Pokemón, y todavía me arrepiento. Reconozco que ya era un señor mayor, y que el
espectáculo de un abuelo que cambiaba cromos en los parques con culicagaos resultaba algo extravagante. Sabiendo cómo trabajan los pederastas, me habría parecido incluso un poco sospechoso.

Pero en esos tiempos, hace 10 o 15 años, aún no habían salido del clóset ni de las sacristías todos los acosadores infantiles, de modo que un cincuentón que negociara monas con los niños sólo despertaba la sensación de que debía tratarse de un idiota.

No era así, sin embargo. Yo no acudía a los parques y a las salidas de los colegios a intercambiar pokemones porque fuera un idiota, sino porque las monas me producen una incurable nostalgia. Son para mí lo que las magdalenas para Proust: un viaje instantáneo al pasado infantil, a aquellos años en que éramos felices, el mundo era más seguro y Santa Fe ganaba campeonatos.

Como a muchos de mis contemporáneos, la fiebre por coleccionar álbumes de figuritas surgió, precisamente, por el fútbol. Debía de tener cinco o seis años cuando salieron ‘los Caramelos crack’, unos dulces envueltos en pequeñas fotos de los mejores jugadores de El Dorado del fútbol. Los caramelos, en sí, eran espantosos.

Unas golosinas baratas que devorábamos casi por obligación mientras guardábamos, pegábamos o negociábamos lo que nos interesaba de verdad, que eran las imágenes. Creo que a mi generación le arruinaron los dientes y la barriga los dulces de ‘Caramelos crack’.

Terminada la epidemia de coleccionar futbolistas llegó la de las monas de la Italo Colombiana, una fábrica de chocolates que ofrecía los prodigios de la naturaleza en forma de laminitas multicolores. Todavía recuerdo que bastaban ‘50 fi guritas, aun repetidas’ para conseguir el álbum.

Lo demás era tragar y pegar. Estas monas perduraron más que casi todas, y si alguien me promete que todavía existen, volveré dichoso a coleccionarlas. Debo advertir, eso sí, que los dientes que no lograron cariar ‘los Caramelos crack’ los tumbó el Bonfruit de la Italo Colombiana.

Por los tiempos de las estampas de la Italo surgieron también las monas de los cuentos de Walt Disney que, como premiaban a quienes llenaban el álbum, tenían cuatro o cinco cromos que no salían nunca.

Lo mismo ocurrió con los ‘Caramelos Reyes del Ring’: nadie pudo conseguir nunca la imagen del Enmascarado de Plata, y, en cambio, aún encuentro, cuando reviso mis cajones, estampitas de Araña Fuentes y el Águila Israelita, que eran tiradas.

Además de futbolistas y luchadores, coleccioné, sin completar sus álbumes, los caballos del Hipódromo de Techo, los ciclistas de la Vuelta a Colombia, las estrellas de Hollywood y los grandes jugadores de la Copa Mundo.

El álbum ‘Maravillas del reino animal’ marcó una nueva etapa. Se acababan los dulces y se acababan los premios. Los productores de estas ilustraciones entendieron que lo que impulsa al ser humano a comprar monas es el prurito de poseerlas, no el balón o los patines que le regalen por conseguirlo.

Esta serie no sólo constituyó la mejor lección que los estudiantes de entonces recibimos sobre zoología, sino que permitió que, por primera vez, pudiéramos exhibir un álbum completo.

Suspendo aquí la lista, no sin antes advertir que continúo contagiado por el virus de las monas y que en estos momentos me faltan pocas láminas para cerrar el ‘Libro de la Liga Alemana de Hockey y el Gran álbum de la flora noruega’.

Respecto a Colombia, perdí la pista de lo que coleccionan ahora los niños. Y es porque, como bien sugiere Orlando Zuluaga, lector de esta columna, me asalta el temor de que los cromos de hoy estén contaminados por la triste y tenaz realidad nacional.

De ser así, habrá quien tenga repetida la mona de Don Berna, quien ofrezca un Jojoy por dos Mancusos, quien permute cuatro estampitas del Mugre por una de Macaco y quien atesore las imágenes de perfil y de frente de Jabón, Monoleche y Rasguño.

En cuanto a Chupeta, tiene tantas caras, que él sólo daría para un álbum. Presiento, sin embargo, que será imposible completar
la colección por falta de una mona. Y es que, desde los tiempos del Caguán, Tirofijo no sale nunca. Como el Enmascarado de Plata.

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16th Octubre 2007

La hampocracia y la montaña rusa

Los criminales dictan la agenda y el país vive hipertenso.

¿Miente el presidente Uribe cuando acusa a un magistrado de la Corte Suprema de intentar montarle una trampa con ayuda del paramilitar ‘Tasmania’? ¿Miente el magistrado cuando sugiere que es falso lo que dice Uribe pues no existe tal conspiracion?

Yo apuesto todo contra sencillo a que si alguien miente es ‘Tasmania’. Temo que, una vez más, el país pisó la cascarita y marcha al ritmo y compás que le interpretan los hampones y sus abogados. No era nadie ‘Tasmania’ hace dos semanas. Ahora es personaje. Mañana le dedicarán un programa especial de televisión. Pasado mañana publicará su libro. Al día siguiente quizás saldrá hacia Estados Unidos protegido por el gobierno de ese país para recitar la cartilla que le entreguen, a cambio de un nuevo rostro y una pena que da pena. Con un poco de suerte, también su última amante mojará primeras páginas, televisión, libro e incluso entrevistas en prensa extranjera. La de las “revelaciones”, chimbas o no, es una copa para todos llena, y el bandido que no la aproveche es porque no quiere.

Así ha sido desde que el país aceptó que los criminales fijaran la agenda de la política y de la prensa. Es un horóscopo perverso. Estamos bajo el signo de ‘Tasmania’, como antes lo estuvimos bajo el de Virginia Vallejo, Patiño Fómeque, ‘Chupeta’, ‘Rasguño’, Mancuso, ‘Pitirri’… Y no sigo porque parece que presentara una nómina de circo.

No es posible negar la importancia que en ciertos casos tienen ciertas declaraciones de personajes vinculados al mundo del delito. Algunos crímenes solo se descubren a partir de pistas que ellos ofrecen. Pero insisto en que su testimonio puede y suele estar alterado por intereses de diversa índole -desde venganzas hasta rebaja de castigos- y sirve apenas como punto de partida para investigaciones. En el planeta entero los delincuentes son fuentes de información: pero una fuente sospechosa, que es preciso verificar y ampliar por otros medios. Solo en Colombia se convierten en constantes protagonistas de la actualidad a través de entrevistas, documentos o declaraciones sin contrastar. Ya es bastante grave que ellos sean motor del periodismo más fácil del mundo; pero es que, además, se dan el lujo de promover terremotos institucionales y emitir descalificaciones que luego encuentran generosa e ingenua acogida en el exterior.

Es preciso modificar la agenda tremendista que nos aplasta. Que todos -gobernantes, políticos, jurisperitos, líderes de opinión, periodistas- hagamos un alto en el camino y optemos por gestionar de manera más sosegada el planteamiento y solución de los problemas. Todos los debates y procedimientos caben: desde adelantar un juicio con todo el rigor de la ley a los ‘parapolíticos’ hasta avanzar hacia un intercambio humanitario. Pero no a fuerza de espasmos nacionales y sacudones. El Presidente tiene que tomar Prozac; sus amigos no pueden seguir pensando que un buen resultado en las encuestas los autoriza a todo; muchos de sus enemigos también deben serenarse; los jueces y magistrados, concentrarse en su misión; los periodistas, escoger la información sólida y seria que necesitamos. De lo contrario, cada bombazo de opinión provoca como respuesta un bombazo aún mayor, capaz de desplazar al anterior de la vitrina y, entre unos y otros, el país
vive sometido un permanente ataque de nervios.

Faltan casi tres años para que termine Uribe II (apenas vamos en Uribe 0,30), y ya nos armaron el enconado debate de Uribe III.
La época de elecciones regionales es mala para apaciguar ánimos. Pero, pasado el 28 de octubre, mucho convendría al país reflexionar sobre esta montaña rusa en la que estamos montados.

ESQUIRLAS. ¡Qué Selección Brasil más aburrida! Hace años que terminó en ella la magia de Pelé y el “jogo bonito”. El domingo, Colombia se parecía más a Brasil que Brasil mismo.

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13th Octubre 2007

Entrevista con el pene

Cuando acudí a la cita con el pene para la primera entrevista exclusiva que concede en mucho tiempo, muy amable, como casi siempre, se paró y salió a recibirme. Durante las siguientes dos horas se mantuvo atento y dispuesto, algo poco habitual en él. He aquí mis preguntas y sus respuestas.

Portada en SoHo y Donjuán, informe especial en Carrusel, notas en numerosas revistas e incluso un documental de televisión sobre usted. ¿No lo fatiga tanta exposición pública?

Mi personalidad es más bien recatada y tímida. Procuro no hacer mucho ruido ni mucho bulto, y solo en la intimidad despliego mi personalidad sin remilgos. Por eso puedo asegurarle que me fatiga asomarme a la fama, y creo que esa fatiga a veces se nota.

Durante muchos años usted fue un tema tabú. ¿Está contento de no serlo más?

En absoluto. Como tabú era más misterioso y atractivo, suscitaba más intriga y curiosidad. Ahora estoy a punto de convertirme, y perdóneme la comparación, en un trozo de carne más, como el hígado o el bazo.

¿Considera inmerecida tanta fama? 

En ningún caso. No vaya a pensar que estoy crecido, pero considero que mi papel es fundamental en el organismo humano. Soy lo que se denominaría un pluriempleado: tengo a mi cargo deberes de micción, de reproducción, de satisfacción sexual y de simbolismo de género.

No creo que ninguno de mis colegas, ni siquiera el corazón o la cabeza, lleven a cuestas tantas responsabilidades.

Sin embargo, dicen que la cabeza es la principal zona erógena.

Mentira. Si fuera así, las peluquerías estarían prohibidas por la Iglesia. Las mujeres acuden con costosos peinados a recepciones y no pasa nada. En cambio, atrévase a exhibirme a mí en una fiesta y verá el revuelo que se arma.

Uno de los problemas que surgen con su popularidad es la manera de denominarlo. ¿Le gusta el nombre de pene?

Preferiría un poco más de respeto. Don Pene, por ejemplo. Pero le confieso que odio ese nombrecito, pues no corresponde a mi personalidad cambiante y fogosa. Me gustaría haberme llamado Retruécano o Don Samaritano. Digo, por la fuerza del sonido y la longitud de la palabra. Incluso, me habría transado por que me llamaran Don Sama en estado de flacidez y el Gran Samaritano en estado de entusiasmo.

¿Le gusta el nombre de falo?

Otra idiotez bisílaba. Y le ruego que no pasemos al capítulo de los nombres femeninos, algo que rechazo indignado, pues un símbolo de la virilidad no puede llevar nombre de mujer. Tampoco los apodos infantiles: pipí, por ejemplo. ¿A usted le gustaría llamarse pipí? No. Bueno, pues a mí tampoco.

Se siente bien representado por el Tino Asprilla?

Le ruego que no descendamos al terreno de lo particular y lo casuístico. Yo soy un modelo, una referencia general, un arquetipo. No me queda bien, por mi posición, andar diciendo si esta o aquella representación me gustan o no.

Pero dígame al menos si considera que el tamaño es importante.

¡Pero cómo no va a ser importante! El tamaño impresiona, emociona, incluso puede atemorizar. Lo que pasa es que no es lo más importante. Mire: mi talla no es lo que más me interesa, porque yo no soy un basquetbolista sino un pipí. Hay otros atributos que merecerían mayor atención.

Por ejemplo… Como en cualquier otro ser, los atributos espirituales: el cariño, la bondad, la delicadeza, la solidaridad. Y, mucha atención, la caballerosidad.

¿Por qué la caballerosidad?

Pues porque un individuo educado se incorporará siempre en presencia de una dama y porque el caballero repite.

¿Qué opina de la circuncisión?

La apruebo, aunque pueda resultar algo doloroso. Yo siempre he sido muy frentero, voy por la vida a pecho descubierto y rechazo toda suerte de embozos y disfraces. Mi personalidad no tiene pliegues.

¿Considera al Viagra un amigo? 

Como dijo el filósofo: “Agradece toda mano que ayude a levantarte”.

¿Cree que el mundo está obsesionado con el sexo?

Sí. A mí me gustaría que valoraran un poco más mis funciones excretoras, por ejemplo. Solo los que han sufrido cistitis, cálculos de uretra o irritaciones urinarias saben que, al lado de ellas, la disfunción eréctil es un juego de niños.

¿Algún consejo a los penes que lean esta revista? 

En caso de dificultades, queridos colegas, “fe y dignidad”. Como en los viejos tiempos.

Por Daniel Samper Pizano

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9th Octubre 2007

Los pugilatos del presidente Uribe

Nada bueno queda de las peleas del presidente con la Corte y los periodistas.

No había acabado de lidiar el toro de las acusaciones sin pruebas contra él lanzadas por la antigua amante de Pablo Escobar, cuando el presidente Álvaro Uribe se faja contra la Corte Suprema de Justicia y varios periodistas. Ahora tiene casadas por lo menos tres peleas, y resulta difícil pensar que todas son beneficiosas para el país.

Decía Luis Miguel Dominguín que él lidiaba a veces seis toros en una sola tarde. “El secreto -afirmaba- es que te vayan soltando los toros uno por uno”.

Uribe es de otra escuela de tauromaquia política, y pide todos los toros a la vez. Su habilidad, su popularidad y la vulnerabilidad de algunos de esos toros le permite cortar una que otra oreja. Pero el riesgo de una cornada grave es importante.

La pelea contra la Corte es ejemplo del tipo de combates que exigen máxima prudencia. Si considera que un magistrado de la Corte actúa de manera indebida, hay mecanismos institucionales para denunciarlo. El micrófono no es buen ring para esta clase de peleas, y mucho menos cuando se tiene un temperamento volado como el del primer magistrado. Ignoro quién tiene la razón, pero hay dos cosas claras: primero, que debería plantearse según los procedimientos legales y constitucionales; y, segundo, que ningún desenlace resulta aceptable: o el presidente está histérico o enfrentamos un acto de corrupción de la Justicia.

Tampoco resulta edificante la batalla campal con los periodistas. En algunos episodios Uribe tiene razón, como comentaré. Pero los duelos dialécticos en antena, los regaños a algunos interlocutores y el peligroso señalamiento de otros -caso de Gonzalo Guillén- son efectos lamentables de las maratones pugilísticas presidenciales.

Uno de los más lamentables hechos que marcan estas y otras situaciones recientes es que continuamos bajo el signo de los criminales que confiesan historias horribles… o que las inventan.

Un amigo mío español me preguntó la semana pasada si Colombia está tan arrevolverada como Birmania. Negué enfáticamente y le pregunté qué le hacía pensar semejante cosa.

-Las revelaciones sobre tu presidente- me dice-. Supongo que en este momento el pueblo intenta derrocar a semejante mafioso.
Solo entonces entendí que leyó un refrito internacional de las noticias colombianas sobre las “denuncias” de Virginia Vallejo y creyó que si la prensa recogía noticias tan gordas es porque eran verdaderas, y, si las noticias eran verdaderas, el sátrapa debía de estar tambaleando. Como en Birmania.

Las “acusaciones” de Vallejo contra Uribe ocasionan grave daño, pues muchos lectores ingenuos nos ven como una nación de idiotas gobernada por un paramilitar narcotraficante. Lo insólito es que son incriminaciones sospechosamente tardías, procedentes de fuente deleznable y, sobre todo, sin el menor apoyo probatorio. El hecho de que unas veces las lance a través de un libro comercial y otras mediante un espectáculo de televisión no las hace más veraces ni meritorias.

Igual puede decirse de los gánsters que periódicamente ocupan primeras planas en revistas y diarios: nadie les exige que prueben sus denuncias -a menudo fabricadas para obtener rebajas de penas-, mientras a los perjudicados se les escamotea el derecho a defenderse.

Esta clase de periodismo nada tiene que ver con la reportería investigativa que pretende sustituir. Hace tres décadas surgió en Colombia un periodismo de investigación que destapó abundantes porquerías sin quebrantar las rigurosas normas del oficio. En aquel periodismo las denuncias de un hampón no eran el final de la labor, sino el comienzo. De ahí se partía hasta comprobar cuánto tenían de verdad demostrable. En el curso de la investigación, los acusados presentaban su punto de vista y ocasionalmente destruían las incriminaciones falsas. Muchas pesquisas morían en el camino porque no había cómo demostrar los hechos o porque se llegaba a la conclusión de que eran producto de un error o una mendaz venganza.

Hoy muchas cámaras y rotativas dan la bienvenida a estos pájaros sin el menor beneficio de inventario.

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5th Octubre 2007

Cuatro viejas letras

Además del cuadro de ‘Las Meninas’, la Plaza de las Ventas y las tapas en la Gran Vía, lo que más impresiona a los latinoamericanos en Madrid son las cuñas de televisión donde se habla del culo de los bebés: “Proteja el culito de su bebé con pañales XX”… “Cuando el culo del bebé se irrita, nada como ungüento ZZ”… “¡Me encanta el culito de mi bebé! Es muy suave, gracias a talco NN”…

No es que los españoles sean mucho más procaces que nosotros -bueno, sí lo son, pero no en este caso-, sino que la palabra “culo” marca poco en el ajómetro social. Digamos, 2 sobre 10. En cambio, en América marcaba 8 y ahora marca 5 ó 6. Pero marca.

Advierto, entonces, que escribo este Postre en mi calidad de filólogo español y no de columnista colombiano. Y es porque no voy a hablar del culo como presa anatómica de animal o de humano, sino como morfema; es decir, como elemento básico del idioma.

Su ingreso al castellano es antiquísimo. Según el etimólogo Joan Corominas, su primera referencia escrita data de 1155: ¡ocho siglos y medio! Esto lo hace más antiguo que sinónimos suyos como nalga, que aparece hacia 1400, y glúteo, que mora entre nosotros hace apenas un siglo.

Hablamos, pues, de una palabra más antigua que “religión”, “matrimonio” o “dinero”. García Márquez recuerda en ‘Cien años de soledad’ que “no hay que confundir el culo con las témporas”. Pues bien: “culo” es cinco siglos anterior a “témporas” en los anales -nunca mejor dicho- del español. Lo que constituye otra razón para no confundirlos.

También hablaré del culo como raíz. Como raíz de otras palabras, se entiende. Y todo esto será gracias a muchos lectores que, inspirados en mi artículo de hace pocos meses sobre el término ‘culipronto’ (”apresurado, precipitado”), propusieron que me ocupara de otros derivados del castizo vocablo.

La primera palabra que ellos sugieren tiene que ver con el vocablo culipronto. Se trata de una entidad fundada por Guillermo ‘la Chiva’ Cortés que responde al nombre de Anacupro, Asociación Nacional de Culiprontos. Tiene blog en internet (http://patton.blogdeldia.com/item/229) y no me extrañaría que también tuviera sede física en Colombia. Dice su secretario general: “Aquellos que hacemos parte de Anacupro nos reconocemos desde niños. Cuando la profesora pide a la clase que quién puede traer el fósil de un zancudo para que todos puedan entender el proceso, nosotros hace media hora habíamos dicho “¡YO!”

Y agrega: “Ahí radica la principal característica de los anacupros. Nosotros somos sapos, sí. Claro. Pero somos sapos porque queremos el bien de la humanidad, que la gente aprenda, que no haya más hambre, que se acabe la injusticia…”

Otro lector recuerda un derivado clave de nuestro morfema principal: ’sacaculismo’. Más que una palabra, estamos ante una filosofía de la vida. El sacaculista evade las responsabilidades, no acepta culpas, huye de la confrontación de sus errores. Por una extraña ironía anatómica, se llama ’sacaculista’ al que no da la cara. Es decir, que saca el culo, y con el culo, saca la cara, y con la cara, saca el cuerpo, y en medio de la operación se lava las manos.

El ’sacaculista’ es esencialmente calceto, irresponsable, cobardón, faltón. Parece increíble que palabra tan expresiva para concepto tan claro no figure en el Diccionario. Pero no figura. La Academia ha resultado ’sacaculista’ en esta materia.

Con la misma raíz se forma otra escuela filosófica: el ‘meimportaunculismo’. No es igual el ’sacaculista’ -que se esconde- que el ‘meimportaunculista’, a quien nada roza, altera o motiva. Distinto al ’sacaculista’, el ‘meimportaunculista’ sí da la cara; pero al ponerla, la cara dice que nada le interesa y nada le afecta. El ‘meimportaunculista’ pasa de todo, carece de urdimbre moral o emocional para dejarse conmover o entusiasmar. Es un indiferente profesional, un pedazo de piedra. A imitación suya, el Diccionario tampoco lo registra en su lista de palabras. Ya casi termino.

Quiero antes plantear otra acepción, la séptima, de la palabra culo. Esta, ya no como sustantivo (trasero, extremidad de una cosa, cuncho de un vaso, etc.), sino como adjetivo. Los colombianos sabemos que hay individuos y cosas a quienes les ajusta este término mejor que cualquier otro. Podríamos decir “¡qué tipo tan aburrido, pomposo, engreído e impertinente!”.

Pero, para ahorrar tiempo y ganar contundencia, preferimos decir “¡qué tipo tan culo!”. Son cuatro letras que lo dicen todo; de allí proceden “¡qué culera!”, “un culazo”, “un plan culísimo” y otras bellezas.

Lamentablemente, el espacio se acaba y hemos llegado a lo que la cuarta acepción del Diccionario permitiría llamar “el culo del artículo”… que es muy distinto a “un artículo culo”.

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2nd Octubre 2007

Instrucciones para inventarse una guerra

Estados Unidos y sus principales aliados en la aventura guerrera de Irak nunca condicionaron su ataque a que Saddam Hussein tuviera armas de destrucción masiva (AMD) y bombardearon a sabiendas de que ninguna resolución de la ONU brindaba piso legal a su guerra. Estos hechos, que varias fuentes han sostenido desde un principio, ya encontraron apoyo en los archivos reservados de Inglaterra y España. Son una indignante radiografía que revela cómo se engaña a los ciudadanos para forzar una guerra injusta.

La filtración de documentos secretos permite saber que George W. Bush (E.U.), Tony Blair (Gran Bretaña) y José María Aznar (España), los tres personajes que se reunieron en las islas Azores para montar la guerra y atraer a otros países, eran conscientes de que su iniciativa atropellaba la legalidad internacional y que mentían al afirmar que Hussein contaba con arsenales de AMD. Pese a ello, aprobaron la invasión. En realidad, Bush nunca se preocupó mayormente por la oposición de la ONU ni por las inspecciones que demostraban el desarme iraquí. Su plan era fusilar con permiso o sin él: “Nuestra estrategia diplomática debe ser organizada alrededor de la planificación militar”. Así lo acordaron Bush y Blair el 31 de enero de 2003, según acta (”Memorando Manning”) que divulgó Don Von Natta, del New York Times.

El calendario secreto de los invasores siguió el ritmo de los preparativos militares, mientras los gobernantes engañaban a la opinión pública y procuraban una resolución del Consejo de Seguridad que autorizara el ataque. Esta nunca se produjo a pesar de las amenazas económicas de Washington a Chile y México, miembros del Consejo. En su rancho tejano de “Prairie Chapel”, Crawford, Bush informó a Aznar el 19 de marzo que iría a la guerra, hubiese o no resolución específica de la ONU que lo autorizara (”Memorando Crawford”). Según consta en archivos españoles que divulgó Ernesto Ekáizer en ‘El País’, Aznar opinaba que era “muy importante contar con una resolución”. No la consiguieron y Bush, según lo previsto, invadió Irak el 20 de marzo, apenas estuvieron listos los bombarderos. Blair y Aznar lo apoyaron cínicamente aduciendo un argumento cuya falsedad conocían, según consta en los papeles: que los amparaba la vieja resolución 1.441, donde no se menciona el ataque.

Un libro del profesor británico Phillipe Sands cuenta otros datos insólitos de la tropelía. Bush propuso a Blair, por ejemplo, que pintaran con colores de la ONU algunos aviones U2 estadounidense e invadieran el espacio aéreo iraquí para provocar a Hussein. Si derribaba alguno, la ONU, confundida, podría autorizar la guerra. Era un plan tan descarado que lo descartaron.

Los demoledores papeles filtrados no sólo revelan cómo se planeó la invasión de Irak a despecho de las leyes internacionales, sino que los impulsores eran una pandilla de mentirosos sin visión del problema que estaban formando. Mes y medio antes de empezar la guerra, sus asesores militares pensaban que duraría cuatro días, que ocasionaría pocas bajas y que no desataría luchas religiosas internas. La historia muestra una realidad diferente: desde entonces han muerto más de un millón de iraquíes, 3.803 soldados estadounidenses, 298 de otros países aliados, hay cientos de miles de heridos y chiitas y sunitas se consumen en una interminable matanza mutua.

Surgen varias preguntas:

  • ¿Qué habría ocurrido si un jefe de Estado con pocas simpatías en el Establecimiento global -Castro, Chávez, Bashar al-Assad, Ahmadinejad¿ ignorase a la ONU y atacase a otro país? ¿Lo habrían acusado, acaso, ante un tribunal internacional?
  • ¿Merecen algún tipo de sanción o descalificación los líderes que, a sabiendas de que mentían y carecían de sostén legal, desataron esta horrible guerra?
  • Finalmente: ¿Por qué el gobierno colombiano, que se precipitó a apoyar la invasión, no ha retirado su respaldo y repudiado este crimen internacional?

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