21st September 2007

No se puede llegar tan bajo

posted in Postre de Notas |

De cada diez mensajes que recibo, seis corresponden a “spam”; y de esos seis, cinco son promociones de cialis. Explico, para quien no lo sepa, que “spam” es una palabra que en inglés significa basura, o algo así, y en español representa la sigla de Servicio Postal para Amargar Maridos.

Lo digo porque casi todos esos mensajes comerciales buscan crear inseguridad en los esposos: complejos de fatiga sexual, de falta de vigor viril o de afrentosas limitaciones de tamaño. En cuanto al cialis, corresponde a cierta sustancia química para levantar ánimos caídos que también se conoce como Viagra.

De hecho, me llegan por igual anuncios de cialis y de Viagra. El más reciente procedía de una tal Ed’s Pill Store (Tienda de Píldoras de Lalo) que ofrecía no solo Viagra y cialis, sino además horquetas impermeables.

Juro que mi mujer la que mandó mi dirección electrónica a estos mercachifles. Si no, ¿quién? No sospechaba de ella. Pero cuando empezaron a bombardearme con tratamientos para alargar centímetros en lugares donde no parece aconsejable amarrarse elásticos o alquilar una mula para que jale una cuerda de náilon (procedimiento que resulta más barato pero arriesgado), ya no tuve dudas de la autoría.

Hace poco, sin embargo, me llegó un anuncio desconcertante,
que no tenía que ver con los “spams” tradicionales. Se refería a la importancia de lucir uñas de los pies atractivas, y ofrecía para ello un tratamiento llamado Miracle Plus que incluye las siguientes chisgas: 1) Fumigación contra hongos. 2) Suavizador y abrillantador. 3) Regeneración de uñas quebradas, rayadas o desportilladas. 4) Desodorización de dedos. 5) Crecimiento veloz y sólido de las uñas.

Supe entonces que quien había entregado mi buzón a los restauradores de uñas y embellecedores de dedos de los pies no era mi mujer, sino Eladio Vásquez. Eladio fue un gran futbolista tumaqueño de los años setenta, que jugó papel estelar en el Santa Fe de aquella época.

Por entonces yo solía entrenar los sábados con el equipo, y un día, al saltar con él para disputar un balón, el pie izquierdo del buen puntero derecho me cayó sobre la uña derecha del pie izquierdo. Más exactamente, sobre la uña del dedo gordo. Fue tan violento el impacto que la partió en dos, la ennegreció sin remedio y desde entonces no parece uña de ser humano sino pezuña de animal.
La acción de Eladio me dejó una eterna secuela física, secuela que también se cuela en la parte psicológica, pues me produce insoportable vergüenza que la vean. Por eso duermo con medias, me zambullo en el mar con guayos y me ducho con aletas de buzo.

Ni siquiera mi mujer conoce ese punto monstruoso de mi anatomía y, de hecho, es la primera vez que hablo de él en público. Decidí hacerlo porque me parece el colmo que la industria de la estética haya llegado tan bajo. Tan bajo como los dedos de los pies.

Ya nos acomplejaron con el exceso o la escasez de pelo, la abundancia o delgadez de las cejas, los labios muy delgados o muy gruesos, la flacura enfermiza o las pequeñas llantas en la barriga, la blancura o negrura del pellejo, el busto grande o pequeño, las nalgas caídas o suculentas, los vellos en las piernas y en el pecho (incluyo el pecho de algunas señoras que conozco)
y otros detalles que hoy se consideran defectos: el minúsculo estrabismo, las pecas regadas por el cuerpo, los incisivos levemente divorciados…

Uno acudía antes al pedicurista como quien va al ginecólogo o al proctólogo: con discreción parecida al secreto y el rostro sonrojado. Ahora anuncian y venden por internet desodorantes pedestres y fumigaciones como las que ya abandonó el gobierno colombiano contra los cocales.Bochornoso.

Pero advierto que no permitiré que me acomplejen por aquella uña larga, negra y partida, honrosa huella de mis años de futbolista. Me niego a comprar el tratamiento Miracle Plus, a someterme a tratamientos de belleza ungular, a pelarme padrastros, a aplicar esmalte en las pezuñas o disimular imperfecciones en los dedos de abajo.

Lo único que estaría dispuesto a aceptar, en caso de que no cueste mucho, es un trasplante de uña de dedo gordo. Pero en ningún caso si procede del pie izquierdo de Eladio Vásquez.

Recuerdo bien que perdió por completo y para siempre la uña en otro partido y lo que hizo conmigo no fue más que una vil venganza por su dedo calvo. Él debe de ser el que vende los ridículos tratamientos por Internet.

This entry was posted on Friday, September 21st, 2007 at 8:33 and is filed under Postre de Notas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.