28th Septiembre 2007

Viejos Verdes Anónimos

Un amigo mío mucho mayor que yo (como seis años… quizás ocho…) me llega desconsolado con la siguiente queja:

- ¿ Mi mujer se molestó porque miré con interés a una chica joven. Me llamó “viejo verde”.

- ¿¡Viejo verde un muchacho como tú!? ¿exclamé (tal vez me lleva menos: apenas un par de meses)¿ ¿Qué le contestaste?

- ¿ Le dije que si acaso había alguien verde era la sardina, porque yo cada vez estoy más madurito.

- ¿¡Bien respondido! ¿Y qué edad tenía la sardina?

- ¿No sé: unos 50 o 55 años…

En ese momento entendí que existe una perversa discriminación contra la edad en lo tocante a apreciación sexual y que era indispensable crear un movimiento en defensa de la libre mirada erótica.

Hay organizaciones que defienden a latinos, negros, orientales, aborígenes; otras a homosexuales, mujeres maltratadas, niños abandonados, antiguos presidiarios; también a las ballenas, los delfi nes, los pandas; las hay que protegen a enfermos de diversos males, perseguidos políticos, alcohólicos, drogadictos; algunas cuidan de periodistas, mineros, controladores aéreos. Pero nadie vela por el derecho de observar discretamente a personas del sexo opuesto sin consideraciones de edad.

Así nació Viejos Verdes Anónimos, que fundamos mi amigo y yo. Nuestra misión inicial es solamente reflexionar e informar.

Por ejemplo: ¿Cuándo empieza a ser verde un viejo verde? ¿Depende acaso de la sociedad donde viva, del momento histórico, de las estadísticas demográficas, de la edad de jubilación? En Japón, donde hay 28.000 ciudadanos mayores de 100 años, solo se empieza a ser viejo verde después de los 90. En cambio, en tiempos coloniales, cuando el promedio de vida era de 42 años, cualquiera era verde a los 25. Los pilotos se jubilan al llegar a los 50. ¿Eso los vuelve verdes a los 51? Pero los músicos no se jubilan nunca. ¿Eso hace que no verdeen jamás?

Algo más: ¿Tiene que ver el dinero con la vejez verde? Si un proletario de 50 años observa a una señora de 35, es un viejo cochino. Pero si un capitalista de 80 le arrastra el ala a una veinteañera, dirán que tiene el espíritu emprendedor de un muchacho.

Continúo: ¿Qué relación hay entre la vejez verde y la diferencia de edades con el sujeto admirado? ¿Es verde el setentón que admira a una sesentona? ¿Y si ella es cincuentona, qué? ¿O cuarentona? ¿Y si él en vez de 70 tiene 61? ¿Y si ella tiene 80 y él 95, son dos viejos verdes, o una tiernísima pareja de la tercera edad?

Más dudas: ¿Qué hace verde al viejo verde? ¿Mirar, admirar, tocar, proponer, conseguir, lograr? ¿Solo conseguir? ¿Conseguir y no lograr? Una señora con prótesis dental observa unos turrones en la vitrina, y nadie la critica porque podrían tumbarle la caja de dientes. Pero si un varón de 70 mira a una muchacha de 30, lo tachan de viejo verde, que quiere lo que no puede.

Todo es relativo, como ven. Viejos Verdes Anónimos se propone plantear estas preguntas y promover debates al respecto en la ONU, la FIFA y los consejos comunales del presidente Uribe.

Además, adelantará una campaña para precisar conceptos:

¿De qué verde hablamos al hablar de viejos verdes? ¿Acaso será el verde militar si se trata de generales retirados, y el verde aguamarina si corresponde a un almirante? ¿El verde biche es para ancianos de 30 años? ¿Un borracho de 80 años que piropea a las muchachas es un viejo verde botella? ¿Y el catano que se tiñe el pelo, usa yins y medias blancas es un viejo verde camufl ado? ¿En Muzo y Coscuez los ancianos atrevidos son viejos verdes esmeralda? Si Federico García Lorca hubiera vivido hasta los 90, ¿habría sido un viejo verde que te quiero verde?

Por ahora, lo evidente es que nos gusta el color. El verde es esperanza, clorofila, naturaleza, plenitud. “Viejo verde” contiene en realidad un elogio, pues sugiere una persona de edad que, sin embargo, disfruta de frescura, esplendor y lozanía.

Todo eso le dijo mi amigo a su cónyuge, y la remachó con el siguiente comentario:

- ¿ En cambio, la mujer que se enamora de varón levemente menor que ella no tiene salvación a ninguna edad.

Ante lo cual, la esposa de mi amigo acaba de fundar una nueva ONG que se llama Asaltacunas Unidas.

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25th Septiembre 2007

Los safaris de Ardila, la labor de Piedad

Algo va del polémico gobernador de Cundinamarca a la actividad humanitaria de Piedad Córdoba.

La arrolladora dinámica de la realidad colombiana ha desnudado en forma simultánea a dos personajes, uno lamentable y otro ejemplar, representantes, respectivamente, de la política clientelista y de la política servicial. Hablo de Pablo Ardila, gobernador de Cundinamarca, y Piedad Córdoba, la senadora encargada de promover el intercambio humanitario. Acusado de corrupción el uno, entusiasta promotora de la libertad la otra, Ardila y Piedad -cariñosamente conocida como “la Negra”¿ marcan un hondo contraste entre dos Colombias no solo diferentes sino opuestas.

Las grabaciones que permitieron detener al Contralor de Cundinamarca, Juan Carlos Medina Ovalle, acusado de cobrar sobornos a una empresa, son apenas la nariz de la monstruosa corrupción que se ha apoderado del departamento, según denuncian personas como la presidenta del Senado. Otra grabación sorprendió a Julio Eduardo Riveros, cercano colaborador de Ardila, en un diálogo de alcantarilla con un representante a la Cámara durante el cual hablaban de repartos de dinero y de mordidas. Las actividades del gobernador fueron denunciadas por la prensa de tiempo atrás, pero difícilmente podían prosperar porque el encargado de vigilarlo, el Contralor Departamental, era parte de la misma maquinaria corrupta.

Un reciente reportaje de la revista Donjuán muestra a Pablo Ardila en su condición de niño rico que habita una lujosa casa rodeado de piezas disecadas de cacería africana, viste ropa de marca, usa relojes Cartier, viaja con frecuencia (acababa de mandar desde Bogotá al apartamento familiar de Nueva York su cama favorita) y tiene polígono de tiro en su mansión para que al cazador blanco no se le olvide matar jirafas. Uno preferiría que sus gobernantes llevaran una vida más espartana y acorde con la realidad de este pobre país. Los quehaceres del plutócrata no parecen los más aconsejables para quien debe estar al servicio del interés público.

Respetando la presunción de inocencia que lo cubre, hay que decir que el gobernador Ardila, su círculo de empresas, sus colaboradores y sus cuentas bancarias merecen una buena investigación.

Por fortuna, en el extremo opuesto a tan ejemplo deprimente está el de Piedad Córdoba, tenaz, rebelde, enemiga de toda injusticia, que ostenta actos políticos valerosos y una rica trayectoria de iniciativas a favor de los marginales. Le sobran enemigos, y por eso los paramilitares estuvieron a punto de asesinarla. Pero sigue defendiendo sus creencias -entre ellas las críticas a la barbaridad histórica del Caguán– y colaborando en lo que pueden. Si algún pecado tiene, es venial: la efervescencia. Cuando el presidente Alvaro Uribe se jugó la audaz carta de encomendarle el intercambio humanitario, ignoraba que estaba desamarrando el huracán. Desde entonces, la Negra sacude el escenario internacional con sus iniciativas, que buscan comprometer a muchos actores en una solución. Ojalá el presidente sea fiel a su palabra de que ahuyentará a los ministros de Relaciones Exteriores y Agricultura, interesados en atravesarle palos en la rueda.

Ante el espectáculo deprimente de esa Cundinamarca donde apestan muchas cosas, la mística de servicio de una Piedad Córdoba impide que se entregue uno en brazos del pesimismo absoluto.

ESQUIRLAS¿ 1) Una de las mejores notas que registra Colombia en las tablas internacionales de The Economist es el puesto 17 en “desempeño medio ambiental”; a ver si logramos hundirnos hasta el 80 con el grotesco proyecto de combinar en Cartagena playas turísticas, aldeas nativas y muelles carboníferos. 2) Estará en Bogotá esta semana, invitado al festival cultural de los diez años de la revista El Malpensante, el más interesante autor de reportajes de las últimas décadas: Gay Talese. Puedo decir, personalmente, que casi todo lo que sé sobre crónicas y reportajes lo aprendí en los impecables textos de este gran periodista gringo. ¡Cambio tres autógrafos de Ronaldinho por uno de Talese!

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21st Septiembre 2007

No se puede llegar tan bajo

De cada diez mensajes que recibo, seis corresponden a “spam”; y de esos seis, cinco son promociones de cialis. Explico, para quien no lo sepa, que “spam” es una palabra que en inglés significa basura, o algo así, y en español representa la sigla de Servicio Postal para Amargar Maridos.

Lo digo porque casi todos esos mensajes comerciales buscan crear inseguridad en los esposos: complejos de fatiga sexual, de falta de vigor viril o de afrentosas limitaciones de tamaño. En cuanto al cialis, corresponde a cierta sustancia química para levantar ánimos caídos que también se conoce como Viagra.

De hecho, me llegan por igual anuncios de cialis y de Viagra. El más reciente procedía de una tal Ed’s Pill Store (Tienda de Píldoras de Lalo) que ofrecía no solo Viagra y cialis, sino además horquetas impermeables.

Juro que mi mujer la que mandó mi dirección electrónica a estos mercachifles. Si no, ¿quién? No sospechaba de ella. Pero cuando empezaron a bombardearme con tratamientos para alargar centímetros en lugares donde no parece aconsejable amarrarse elásticos o alquilar una mula para que jale una cuerda de náilon (procedimiento que resulta más barato pero arriesgado), ya no tuve dudas de la autoría.

Hace poco, sin embargo, me llegó un anuncio desconcertante,
que no tenía que ver con los “spams” tradicionales. Se refería a la importancia de lucir uñas de los pies atractivas, y ofrecía para ello un tratamiento llamado Miracle Plus que incluye las siguientes chisgas: 1) Fumigación contra hongos. 2) Suavizador y abrillantador. 3) Regeneración de uñas quebradas, rayadas o desportilladas. 4) Desodorización de dedos. 5) Crecimiento veloz y sólido de las uñas.

Supe entonces que quien había entregado mi buzón a los restauradores de uñas y embellecedores de dedos de los pies no era mi mujer, sino Eladio Vásquez. Eladio fue un gran futbolista tumaqueño de los años setenta, que jugó papel estelar en el Santa Fe de aquella época.

Por entonces yo solía entrenar los sábados con el equipo, y un día, al saltar con él para disputar un balón, el pie izquierdo del buen puntero derecho me cayó sobre la uña derecha del pie izquierdo. Más exactamente, sobre la uña del dedo gordo. Fue tan violento el impacto que la partió en dos, la ennegreció sin remedio y desde entonces no parece uña de ser humano sino pezuña de animal.
La acción de Eladio me dejó una eterna secuela física, secuela que también se cuela en la parte psicológica, pues me produce insoportable vergüenza que la vean. Por eso duermo con medias, me zambullo en el mar con guayos y me ducho con aletas de buzo.

Ni siquiera mi mujer conoce ese punto monstruoso de mi anatomía y, de hecho, es la primera vez que hablo de él en público. Decidí hacerlo porque me parece el colmo que la industria de la estética haya llegado tan bajo. Tan bajo como los dedos de los pies.

Ya nos acomplejaron con el exceso o la escasez de pelo, la abundancia o delgadez de las cejas, los labios muy delgados o muy gruesos, la flacura enfermiza o las pequeñas llantas en la barriga, la blancura o negrura del pellejo, el busto grande o pequeño, las nalgas caídas o suculentas, los vellos en las piernas y en el pecho (incluyo el pecho de algunas señoras que conozco)
y otros detalles que hoy se consideran defectos: el minúsculo estrabismo, las pecas regadas por el cuerpo, los incisivos levemente divorciados…

Uno acudía antes al pedicurista como quien va al ginecólogo o al proctólogo: con discreción parecida al secreto y el rostro sonrojado. Ahora anuncian y venden por internet desodorantes pedestres y fumigaciones como las que ya abandonó el gobierno colombiano contra los cocales.Bochornoso.

Pero advierto que no permitiré que me acomplejen por aquella uña larga, negra y partida, honrosa huella de mis años de futbolista. Me niego a comprar el tratamiento Miracle Plus, a someterme a tratamientos de belleza ungular, a pelarme padrastros, a aplicar esmalte en las pezuñas o disimular imperfecciones en los dedos de abajo.

Lo único que estaría dispuesto a aceptar, en caso de que no cueste mucho, es un trasplante de uña de dedo gordo. Pero en ningún caso si procede del pie izquierdo de Eladio Vásquez.

Recuerdo bien que perdió por completo y para siempre la uña en otro partido y lo que hizo conmigo no fue más que una vil venganza por su dedo calvo. Él debe de ser el que vende los ridículos tratamientos por Internet.

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18th Septiembre 2007

Aviso urgente: esto no es la democracia

Las democracias latinoamericanas son tan incompletas que podrían constituir antesalas de dictaduras.

Hace 30 años, cualquiera que mirara a su alrededor desde Buenos Aires solo veía dictaduras militares. Con pocas excepciones, nos gobernaban sátrapas criminales que mataron a miles de ciudadanos y retrocedieron la historia política del continente en varios siglos. Nos preguntábamos entonces si América Latina sobreviviría a estos dictadores. El paisaje cambió. Un viaje que acabo de realizar por Argentina y Brasil me permite confirmar que donde hubo tiranías hoy reina lo que llamamos democracia. Pero es hora de preguntarse si el continente sobrevivirá a ella. Pues el problema es que aún no hay democracia plena en el mapa latinoamericano y, de no consolidarse pronto, podríamos estar atravesando un mero puente entre dos ciclos de tiranía.

En nuestros países hay de nuevo elecciones populares -más o menos libres y corruptas, como en casi todas partes-, lo que constituye un saludable avance. Pero una democracia es mucho más que un recuento de votos. Solo hay democracia plena si, además de la representación electoral, existe separación de poderes, responsabilidad de gobernantes y legisladores, transparencia administrativa, protección de los derechos humanos, partidos políticos organizados, libertad de prensa… Muchos de estos bienes son todavía escasos en estas tierras, mientras que en países como Venezuela la herramienta electoral se emplea para desarbolar otras instituciones democráticas.

La democracia, además, debe procurar ciertas metas. En primer lugar, la paz (inexistente en Colombia, y cada vez más comprometida en Brasil y México por influencia de las mafias violentas). En segundo lugar, la justicia social y la lucha contra la desigualdad de oportunidades, que son garantías de paz. En los últimos años se ha avanzado en esta materia; la miseria ha disminuido en el subcontinente y se ensancha la clase media en algunos países. Pero la pobreza continúa siendo acuciante, el ritmo con que se lucha contra ella es poca y la diferencia entre ricos y miserables resulta cada vez mayor.

Por otra parte, la democracia no ha podido con el cáncer de la corrupción, que aniquila cualquier sistema. Es triste ver cómo el partido del presidente Lula acaba de cohonestar en Brasil la absolución del presidente del Senado, a quien un periodista definió como “putrefacto”. Hay otras tareas que corresponden a la democracia si quiere serlo de veras: propiciar la educación y la cultura, proteger el medio ambiente, defender las instituciones laicas ante la arremetida del fundamentalismo religioso…

Varios años después de que cayeron los últimos dictadores, Latinoamérica aún no goza de democracias desarrolladas. Solo de sistemas liberales relativamente autoritarios y propensos a la corrupción, cuyas instituciones se modifican según el querer del gobernante de turno al amparo de las votaciones. En el mejor de los casos, hay renacuajos, pero aún no ranas; huevos, pero no pollos. Presentar este sistema hemipléjico como democracia es muy peligroso. La gente pensará que la democracia no pudo arreglar sus problemas -no acabó con la corrupción, el crimen ni la pobreza-, y volverá a ser carne de dictadura. Pero lo cierto -aviso urgente- es que ni siquiera llegó a conocer la democracia, solo unos trozos suyos, pues algunos gobernantes utilizaron parte imprescindible de ella -el sistema electoral- para desvirtuar su esencia.

Latinoamérica ha padecido varias oleadas de dictaduras militares: los caudillos del siglo XIX, los dictadores tropicales de la primera mitad del XX, los pinochets y los videlas de hace 30 años. Ojalá la primavera democrática que creemos vivir no sea preámbulo de novísimos modelos de dictadura.

Esquirlas

1) Todo lo del pobre es robado: Chiquita Banana paga a los paramilitares que asesinan campesinos de Colombia. Y la Justicia de Estados Unidos obliga a la empresa a indemnizar… al Estado americano. 2) Los errores en el traslado de ‘don Diego’ y ‘don Berna’ convierten al ministro de Interior en el mejor humorista nacional. Que no renuncie: perderíamos al sucesor de Montecristo.

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13th Septiembre 2007

Esclavo de amor y/o amistad (3)

Resumen de los dos primeros capítulos, publicados en 2005 y 2006: Eulalia, joven cartagenera de 150 kilos, se enamora de Carlosvives, un hermoso esclavo yoruba que trabaja en la mansión de sus padres. Al sospecharlo, su madre vende el esclavo, pero la chica jura hallarlo, comprarlo y casarse con él. Su ordalía la lleva a Popayán y Argentina, donde se entera de que Carlosvives viaja hacia Estados Unidos. Eulalia sale en un barco ballenero en busca suya.

¡Será mío, será míppfgg! -gritaba Eulalia atracada de golosinas en el foso para ballenas del barco que acababa de comprar. Se había enterado de que un tratante de esclavos curazoleño era el nuevo dueño del hombre por quien moría de amor. Supo, también, que su destino era algún puerto de Norteamérica.

¿Pero cuál? Eran muchos. Decenas. Cientos. ¿Adónde podría haberse dirigido el barco negrero con el cautivo yoruba, aquel muchacho cuya amistad con Eulalia habíase trocado en amor?

El capitán Facundo O’Connery, experimentado hombre de lago -no de mar, porque era boliviano- puso proa hacia el norte, hacia donde llevaban cargamentos humanos para las plantaciones de algodón. Planeaba llegar a Nueva Orleáns y, una vez allí, remontar el río Misisipi, a pesar de que su curso -repleto de eses, y también de pés- hacía muy peligrosa la travesía para un barco ballenero.

La crónica de aquella singladura entre Buenos Aires y Nueva Orleáns está asentada con detalles y minucias en la bitácora del capitán O’Connery (a quien sus amigos franceses llamaban Oh Connerie por problemas de pronunciación). Se trata de un documento de máximo interés, aunque algunos historiadores tienden sombras sobre él por sospechar que el capitán, gran lector en las horas muertas de los viajes, pudo haber plagiado a autores de su predilección.

“Partimos viernes 3 de agosto de 1492 año de la barra de Stlate a las ocho horas”, empieza diciendo el diario de a bordo, con una evidente errata respecto a la fecha. “Anduvimos con fuerte virazón hasta poner el Sol hacia el Sur a 60 millas, que son 15 leguas; después, al Sudeste y al Sur del Sudueste, que era el camino para las Canarias”.

La bitácora ofrece interesantes descripciones de navegante, aunque no menciona a Eulalia. El aparte correspondiente al jueves 11 de octubre señala: “A las dos horas después de media noche pareció la tierra, de la cual estarían a dos leguas. Amaynaron todas las velas temporizando hasta el viernes, que llegaron a una isleta de los Lucayos que se llamaba en lengua de los indios Guanahaní”.

Eulalia, mientras tanto, no cesaba de comer. Habían hecho paradas para aviarse de dulces en Porto Alegre, Florianápolis, Santos y Rio de Janeiro. Cuando se detuvieron en Salvador de Bahía a fin de comprar chocolate, un hombre bonachón de pelo blanco quiso explicarles algo acerca de la escasez de cacao y las grandes lluvias.

Empezó a relatar una historia larguísima sobre un idilio que floreció entre la mulata Gabriela y el árabe Nacid, pero Eulalia ordenó que lo echaran a patadas. Al final, solo adquirieron clavo y canela.

En Cayena recogieron a un hombrecito simpático e inofensivo llamado Henri Charrière, a quien apodaron “Papillón”. Luego, en Puerto Príncipe, se ofreció como cocinero Henri Christophe, morenazo de curiosa indumentaria que se hacía llamar “el Rey de la Cocina”. Había sido pinche de estufa en Ciudad del Cabo, pero se confesó incapaz de elaborar dulces o pasteles. Eulalia lo rechazó y el haitiano, indignado, le advirtió: “¡Sabrás de mí!”. En fin, otro pobre loco delirante.

Tendida en el foso de los cetáceos, alimentada todo el día con carbohidratos y negada a cualquier actividad física, la niña se asemejaba cada vez más a una gigantesca ballena blanca. Los bracitos parecían aletas; se le había achatado la nariz; resoplaba con el típico ruido de los balénidos y, para completar, expulsaba agua por distintos orificios y sacudía el trasero con grandes coletazos.

Una noche estuvieron a punto de acabar el viaje de la peor manera. Se hallaban en plena alta mar, cuando atravesó el aire un silbido y un arpón estuvo a punto de clavarse en el resplandeciente muslo de Eulalia. Lo había disparado el capitán Ahab, un chiflado que, en la oscuridad, se había confundido de objetivo. Buscaba a un tal Dick Mobber o algo así, explicó a gritos Ismael, uno de sus marineros. El mar está lleno de dementes.

Y, mientras Eulalia lloraba de amor y seguía engordando, ¿qué ocurría con Carlosvives? Esta es la parte más fascinante de la historia.

(Continúa el año próximo, en la edición especial del Día del Amor y la Amistad de CARRUSEL).

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11th Septiembre 2007

No sigamos fabricando Chanchitos

¿Qué comen, qué ven, qué leen, a qué juegan los niños colombianos?

En todo grupo de escolares hay un gordito. Suele ser muy simpático y lo consienten las profesoras. En mi clase también teníamos uno. Le decíamos ‘Chancho’ o ‘Chanchito’, con esa inocente crueldad que practican los niños. Todos queríamos mucho al Chancho y, aunque es verdad que era víctima de algunos chistes pesados, lo considerábamos miembro indispensable de la pandilla. Pienso en él, y lo recuerdo devorando papas fritas, dulces, ponqués industriales, hamburguesas, chitos, gaseosas… El exceso de peso no le permitía jugar al fútbol y, cuando llegamos a la adolescencia, le costó trabajo conseguir novia. Solo pudo levantarse a la más fea de nuestro grupo de amigas, a la gordita. Pero era muy simpático. Hace unos años, cuando murió de infarto, sus amigos lo lloramos mucho. Casi no cabe en el ataúd. Pobre el Chancho. Pobre su familia.

Cursa en el Concejo de Bogotá un proyecto de Hugo Patiño por el cual se prohíbe la venta de gaseosas y alimentos hipercalóricos e hipergrasos en colegios públicos y privados de la capital. A cambio, se ordena el expendio de productos sanos, de alto contenido nutricional. No solo me parece profundamente sensata la propuesta, sino que sería deseable extenderla a otros atentados contra los menores de edad, como la televisión chatarra y la falta de campos de deporte.

Resulta un buen ejercicio preguntarse qué comen, qué ven, qué leen y a qué juegan los niños de Colombia. Sobre lo primero hay datos alarmantes. Uno de cada cuatro niños bogotanos sufre de sobrepeso y, si se trata de escolares, la cifra sube casi a uno de tres. El mal es universal y preocupa en todas las edades. Pero es en la niñez cuando se adquieren los hábitos alimenticios, y buena parte de la lucha debe librarse a esa edad. Varias ciudades del mundo ya lo hacen. Bogotá y el país deben anticiparse a lo que en pocas décadas será un gravísimo problema de salud.

La televisión es, en general, otro chorro interminable de basura. Hace una semana la Academia Nacional de Educación y el Foro Social de Argentina protestaron por la programación que ofrece la TV a los niños de ese país. No solo denunciaron la creación de estereotipos perjudiciales y se alarmaron por el nivel de violencia, sino que destacaron el empobrecimiento verbal que produce la televisión. El presidente de la Academia de Letras, Pedro Barcia, indicó que hace diez años un niño promedio dominaba 1.200 palabras y ahora solo maneja 600. La programación de televisión, los videojuegos y ciertas franjas de Internet están achatando el cerebro de los niños. En Colombia, aceptémoslo, la situación es parecida, con el agravante de la dosis diaria de violencia nacional que se refleja en los noticieros.

Eso es lo que nuestros niños comen y nuestros niños ven. ¿Y qué leen? En este aspecto hemos mejorado. La red de bibliotecas públicas aumenta en todo el país -especialmente en Bogotá- y se realizan esfuerzos constantes por inducir los niños a la lectura. Pero las cifras de difusión del libro en Colombia aún dan ganas de llorar y a menudo su precio es insostenible para una canasta familiar de clase media baja.

En cuanto a lo que hacen nuestros niños, advertía Paco Umbral, el gran columnista español fallecido hace poco, que, más que aulas, lo que los colegiales necesitan es sol. Hay campos de deporte en algunos barrios. Pero no en las barriadas de desplazados, que es donde más se necesitan. ¿Alguien ha visto los barrizales donde juegan los niños de los barrios marginales de Cartagena?

El Chancho no podía jugar porque comía demasiado. Millones de niños colombianos no pueden hacerlo porque comen poco o nada y no conocen un potrero. Es hora de que dejemos de fabricar Chanchitos…

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7th Septiembre 2007

Cuando croaban las berenjenas

Cierto lejano día, mientras tomaba unos vinos con mi amigo uruguayo Aldo Faedo, bandoneonista y arquitecto, me contó él que un compatriota suyo afirmaba que las berenjenas son una forma
evolutiva de las ranas. Me reí mucho con la ocurrencia, como seguramente les ocurre a ustedes en este momento, y pedí más datos.
Aldo me explicó que la teoría de aquel personaje, a quien llamaré R. R. en homenaje a Rin Rin Renacuajo, iba completamente en serio; que, aunque era muy chistosa, no nació como broma sino como aporte uruguayo a la ciencia.

Volví a reírme y le manifesté que Uruguay ya había hecho generosa contribución al mundo con Gardel y Pedro Rocha y era injusto pedirle que, además del tango y el fútbol, se destacara en asuntos propios de la biología.

Entonces el que se rió fue Aldo y se explayó algo más en la versión uruguaya del darwinismo. Según la tesis de su compatriota, hace miles de millones de años empezó a secarse el lago Aral, situado en el Turquestán, y, al aumentar la salinidad, las ranas que nadaban en sus aguas perdieron paulatinamente su forma de batracios y evolucionaron hasta convertirse en esa planta solanácea de piel morada y alargada forma que denominamos berenjena.
R. R. afirmaba que el color arzobispal no es más que el efecto de la sal en la epidermis del sapo y que si seccionamos una berenjena veremos que su interior copia el sistema nervioso del batracio.

Volvimos a reírnos, esta vez a carcajadas, y pedimos más vino.
Pero aquella noche, en el silencio de la madrugada, yo no podía dejar de pensar en la propuesta, que me parecía cada vez más realista y demostrable. A eso de las cuatro no aguanté más y bajé a la cocina. Armado de un cuchillo, procedí a la vivisección de la berenjena. Realicé el aconsejado corte transversal y, en el curso de los siguientes días me dediqué a examinar el cadáver de la planta.

Entonces vi con claridad que allí no solo aparecían los restos de una diminuta columna vertebral sino también las huellas de cuatro extremidades, dos de las cuales acusaban más nutrida acumulación de semillas. Eran, por supuesto, el trasunto de las apetitosas ancas.
Reflexiones más detenidas me permitieron concluir que el trozo verde que recubre el extremo superior de la berenjena no es otra cosa que la evolución de la cabeza de la rana.

Compárenla ustedes con la jeta de un renacuajo, que es la cuota inicial de la rana, y descubrirán, maravillados, la asombrosa semejanza entre el cráneo del batracio y la trompa de la solanácea.

Ahora soy de los que suscriben la tesis de R. R. Si el hombre viene del mono, ¿por qué la berenjena no puede descender del sapo?
Todo cambia. Han transcurrido millones de años desde que el homo erectus desnucaba uros con una maza: hoy compra chuletas en el supermercado.

¿Podemos negarle a una modesta hortaliza la posibilidad de haber saltado de la rana de charca a los platos finos, como la musaka, la berenjena parmesana, la ratatouille? ¿No cabe pensar, acaso, que el calabacín sea una transformación de la iguana, el pepino crespo una forma evolutiva del ratón de huerta, la guama una tataranieta de la serpiente pudridora?

Como contribución a los trabajos de R. R. me propuse realizar el experimento definitivo. Dicen los juristas que “las cosas se deshacen como se hacen” (”Facerit vainorum equalus desfacet”), y estoy aplicando este principio a la berenjena. Hace ya tres años sumergí una de estas verduras en un platón de agua de mar al cual añado cada mes una pizca de sal.

Si mi pálpito es cierto, un día la berenjena se convertirá en rana y quedará demostrada la hipótesis.

Las cosas van bien. Noto que a la berenjena le están brotando ramitas en la parte trasera: deben ser las patas. Y además sospecho que pronto tendrá semillas en el capullo verde, y que esas semillas se transformarán en ojos.

Ahora mismo me atormenta la duda: ¿prefiero comerme unas buenas berenjenas rebozadas hoy, o espero hasta sacar del platón dos jugosas ancas de rana?

No lo sé. Es cuestión de paciencia. Solo faltan unos pocos miles de millones de años.

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4th Septiembre 2007

Así saltó la chiva del intercambio humanitario

La esperanza que se abre para el intercambio humanitario merced a la intervención de Hugo Chávez y el detonante que generó el hecho -una chiva en el diario argentino Clarín- confirman que las iniciativas procedentes del extranjero para sacudir el conflicto colombiano tienen una fuerza que es difícil hallar en los disparatados ingredientes nacionales.

Sobre el paso del huracán de Chávez por Colombia lo sabemos todo; abrazó a Uribe, enamoró a las muchachas y se hizo compadre de los varones. Pero, ¿quién es ese periodista argentino que destapó el avispero con su entrevista a Raúl Reyes, segundo en el mando de las Farc? ¿Y cómo consiguió la cita “en un lugar de la montaña”?

Pablo Biffi, de 41 años, trabaja desde 1991 en la sección internacional de Clarín, donde es editor. Vive bien enterado de lo que ocurre en nuestro país y sueña con tener un día la ciudadanía colombiana. Ha visitado Colombia 34 veces y entrevistado a todos sus políticos importantes. Bueno, a casi todos: Uribe es el único que se niega a recibirlo formalmente. En cambio, es su cuarta entrevista a Raúl Reyes desde las giras internacionales de las Farc y los tiempos locos del Caguán.

¿Cómo hace un periodista porteño para que lo reciba un inubicable jefe guerrillero? “Muy sencillo -me dice Biffi-: un mail enviado, una respuesta a los cinco días diciéndome que pusiera una fecha y, una vez que puse la fecha, con 25 días de anticipación, me dieron lugar, hora, santo y seña, y adelante con los faroles…” Después, “un hermoso paseo por la selva y un día con Reyes en un campamento transitorio”. Parte del secreto es que el periodista ha sido respetuoso de las condiciones de seguridad y confidencialidad. Hablaron ante una grabadora durante tres horas y media sin restricciones. De hecho, Biffi reiteró preguntas incómodas; por ejemplo, el prurito de llamar “rehenes” a los secuestrados. En charlas de sobremesa, Reyes se mostró interesado en política argentina e internacional y, particular y significativamente, en medios de comunicación. Nada hablaron sobre Emanuel, hijo de un guerrillero y de la periodista secuestrada Clara Rojas.

Asegura el reportero que Reyes le pareció “un tipo firme, amable, confiado en sus fuerzas, seguro de lo que dice y convencido en términos políticos”. A Biffi le impresionaron, entre otras cosas, “la pulcritud y calidad de los uniforme de los guerrilleros” custodios de su entrevistado. Desayunaron huevos revueltos con carne y arroz, pan, chocolate y gaseosa. Habían movilizado una cocina con pipeta de gas para la comida. Terminado el encuentro, desarmaron el campamento en medio del barullo de los monos en los árboles, y Biffi regresó a la capital. Pese a que permaneció más de una semana en Bogotá cuando ya su primicia había provocado una explosión internacional, dice que nadie lo molestó. Recibió, eso sí, más de 70 mensajes agresivos de colombianos residentes en Argentina.

¿Piensa Biffi que se ha abierto una luz para el intercambio humanitario? “Quisiera ser optimista -responde- y creo que si Chávez está jugando tan a fondo es porque puede tener alguna carta en la manga; también creo que las Farc no lo van a desairar. Pero….”

Finalmente, ¿son convenientes estas entrevistas o terminan utilizadas como propaganda? “Creo que estaría muy bien que los medios colombianos busquen a jefes guerrilleros para entrevistarlos, que los ametrallen a preguntas y que se pueda hacer un debate serio; me parece que barrer debajo de la alfombra no ayuda a solucionar un conflicto de más de 40 años.”

ESQUIRLAS. Si hay una periodista respetada y admirada por todos sus colegas, esa es Cecilia Orozco. Insultarla con una acusación falsa, como ha ocurrido, constituye un grave error o un encono irresponsable. Pero así va el país.

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