27th July 2007

La portentosa inteligencia de los primogénitos

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Yo sabía que, tarde o temprano, la ciencia iba a pronunciarse de manera defi nitiva sobre este asunto. Ahora acaba de hacerlo. Una comisión de destacadísimos profesores del riguroso Instituto de Salud Ocupacional de la admirable Universidad de Oslo, en ese país de profundos pensadores que es Noruega, ha determinado que los vástagos mayores (sean hombres o mujeres) revelan un coefi ciente intelectual muy superior al de los restantes hermanos.
Para llegar a esta conclusión -por lo demás ya anticipada por otros estudios- los sabios profesores realizaron la más vasta pesquisa científi ca que se conozca sobre la relación entre cerebro y mayorazgo. Estudiaron a 250 mil reclutas de 18 y 19 años, analizaron su coeficiente intelectual, investigaron el de sus hermanos, compararon sus resultados académicos y realizaron elevadas comprobaciones sobre el entorno familiar. Con el respaldo de computadores de última tecnología, los sabios de Oslo cruzaron datos y obtuvieron lo que ya se conoce -al menos en mi familia- como la Respuesta Definitiva e Inapelable (RDI): los hermanos mayores son mucho más inteligentes que los otros.
(Los párrafos anteriores, traducidos al nivel de los demás hermanos, signifi can lo siguiente: el mayor de la familia es brillante y los otros son bastante burros. ¿Entendieron?)
Justipreciados diversos factores, cotejados resultados, calculados índices y medidas respuestas, los computadores elaboraron una tabla numérica que permite valorar la inteligencia comparativa de los hermanos. El resultado dice que, en promedio, los mayores registran un cociente cerebral superior en 2.3 puntos al de sus hermanos. Un objetivo diario europeo lo describió así: “Los primogénitos no solo suelen ser más maduros y comprometidos con la familia que sus consanguíneos, sino también más listos”.
(En términos al alcance de los hermanos menores, lo que quiere decir este párrafo es que los mayores no solo son más vivos que los otros, sino que ayudan mucho más a la familia. ¿Captan?)
¿A qué se debe este fenómeno, comprobable en el mundo entero? Hay varias explicaciones. La primera es que el primogénito recibe mayor atención de los padres por ser el primero. En cambio, el segundo y el tercero -para no hablar de los siguientes hijos- apenas pueden aspirar a un fragmento de la atención que consiguió su hermano. La segunda es el peso de la responsabilidad. El primogénito adquiere un grado de responsabilidad respecto a sus hermanos y a su hogar que los otros no tienen. Sabemos que la responsabilidad forma, fortalece la personalidad, vigoriza el cerebro y despierta la mente. Mientras el primer hijo asume buena parte del compromiso de ayudar a sus padres y auxiliar a sus hermanos, estos se crían a la bulla de los cocos y diciendo pendejadas.
(Digamos en resumen, para que entiendan los demás hermanos, que el mayor recibió más formación y por eso se muestra mucho más despierto. Hermano mayor, hermano berraco, ¿sí?)
Lo más interesante de la labor de los sabios de Oslo es que, si bien la RDI era algo que se adivinaba desde hace siglos, nunca había gozado del respaldo de una base de datos tan amplia. Dijo al respecto la estupenda revista Science, de ese gran país que es Estados Unidos: “La enormidad de la muestra avala los resultados del trabajo”. En otras palabras, la investigación se basa en una muestra cuantitativa tan vasta que es capaz de ofrecer certezas cualitativas.
(Para los hermanos menores: cuando el río mucho suena, muchas piedras lleva).
Otra conclusión fascinante es que no se trata de una circunstancia genética, sino ambiental. Siempre se creyó que el ADN de los mayores contenía aminoácidos superiores al de los demás, y que por eso son tan inteligentes los primogénitos. Pero no es por eso. Lo que hace sobresaliente al mayor, y un poco estúpidos a los otros, es la necesidad de responder a las exigencias del medio. Esto se determina porque, cuando por alguna razón falta el hermano mayor, el segundo adquiere muchas de sus cualidades. No todas, vayamos con cuidado: jamás alcanzará la sabiduría del primero. Pero saldrá bastante más despierto que los demás hijos.
(Pongámoslo fácil: los menores no son burros por naturaleza, sino por culpa del medio. Pero son burros).
Lo mejor del portentoso estudio, lo que realmente permite saber que carece de errores o fallas, es que fue elaborado exclusivamente por científicos primogénitos. Y esto lo entienden hasta los hermanos menores.

This entry was posted on Friday, July 27th, 2007 at 15:09 and is filed under Postre de Notas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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