10th July 2007

Diez años golpe a golpe

posted in Cambalache |

Hay sesudos politólogos que intentan examinar lo que ocurre en Colombia a la luz de las enseñanzas de Carlos Marx. Pero, más que al filósofo alemán, sería preciso acudir a las canciones de Joan Manuel Serrat para explicarlo, pues aquí vamos de golpe en golpe, de horror en horror y de espanto en espanto.

Como sabe cualquier escolar cubano, Marx afirmaba que el desarrollo de los pueblos está controlado por una serie de leyes según las cuales todo movimiento histórico (tesis) genera un movimiento opuesto (antítesis) y la unión de estos contrarios crea una síntesis que avanza en espiral. Es tan atropellado el proceso histórico colombiano que aquí hemos degollado la teoría marxista. En efecto, en este país cada acción histórica genera una reacción contraria, pero, en vez de producirse la famosa síntesis, lo que surge es un efecto aún peor: el terco y perdurable choque de las dos fuerzas. Y en vez de avanzar en espiral, retrocedemos: cada movimiento es peor que aquel que lo generó.

La historia de nuestra violencia es antigua. Pero los últimos diez años muestran una escalada desoladora. Es en este último decenio cuando la guerrilla aumenta en número y practica crímenes que antes solo cometía excepcionalmente: terrorismo, secuestro, narcotráfico… Ante la acción de la guerrilla surge como antítesis el apogeo de los grupos paramilitares, campeones de atroces delitos: masacres, narcotráfico, corrupción política, chantajes… Para entender el desmadre de hoy es necesario retroceder a ayer, a las elecciones presidenciales de 1998. Fue en ellas cuando se quebrantó un principio que hasta ese momento habían respetado los partidos políticos, y que consistía en abstenerse de utilizar la lucha contra la subversión como moneda electoral. El momento en que Andrés Pastrana, que había perdido en las urnas la primera vuelta, introduce a Tirofijo como socio de su campaña, y con esa sorpresiva carta gana la presidencia, marca un punto de inflexión en la reciente historia de Colombia. El cogobierno de las Farc en la estrategia de paz conduce a la lamentable aventura de El Caguán, esta al apogeo de ciertos delitos y todo lo anterior a la consolidación de la espeluznante antítesis paramilitar.

Álvaro Uribe surge como reacción por el cuatrienio de Pastrana. Si a Pastrana lo eligió Tirofijo con la esperanza engañosa de la paz, a Uribe lo elige la reacción contra el engaño de Tirofijo y Pastrana. (Marx habría advertido, con una sonrisa: “Les advertí que iba a pasar…”). Ahora los dos han salido a la palestra a debatir sus culpas. Uribe acusa a Pastrana por el fatal despeje en beneficio de los guerrilleros desarrollado durante su gobierno, y Pastrana responde diciendo que es peor el despeje de Rialito, adelantado por Uribe en pro de los paramilitares.

Las caudalosas manifestaciones de la semana pasada en protesta por el asesinato de los diputados vallecaucanos y en contra del secuestro quizás habrían podido descarrillar la trágica dialéctica del golpe a golpe y dar un giro en pos de una reconducción del proceso. Pero, otra vez, la política pequeña con sus intenciones manipuladoras debilitó esta poderosa exhibición popular y pretendió recoger frutos a favor o en contra de determinadas posiciones: que no al despeje, que sí al acuerdo humanitario, que no al acuerdo ni al despeje, que despeje y acuerdo…

El crimen de los diputados cayó como rocío matinal a las autodefensas, enemigas juradas de la guerrilla que lo cometió. Cuando la opinión pública debería estar concentrada en conocer las confesiones de los jefes paramilitares y escandalizarse con ellas, las Farc se encargan de obsequiar a su inveterado rival la cortesía de atraer hacia sí la indignación nacional. Ni Marx se había imaginado semejante despropósito.

This entry was posted on Tuesday, July 10th, 2007 at 9:39 and is filed under Cambalache. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.