31st July 2007

Pobrecitos ‘paras’ maltratados

Dicen que no hay nada más aburrido que un discurso político, y que nadie es capaz de seguir la abundante producción oratoria del presidente Álvaro Uribe. Ojalá. Porque quien lo haga corre el riesgo de ser inducido a una arriesgada discriminación entre guerrilleros y paramilitares que de manera irresponsable se esmera en establecer el Primer Mandatario.

A la luz de sus crímenes, resulta difícil escoger campeones y subcampeones entre los dos bandos. Ambos han cometido masacres, secuestros, asesinatos incalificables, narcotráfico, terrorismo, extorsiones, robos y atentados. Ambos son enemigos de la paz y deudores del pueblo colombiano. Y aunque Uribe dice con la boca pequeña que se trata de delincuentes equiparables y que los dos merecen igual tratamiento, sutil y reiteradamente pretende mostrar a los paramilitares como un mal menor.

Entiendo que defienda el proceso de paz y justicia que planteó. Pero una cosa es proponer el estatus de sediciosos para los paramilitares, otra cosa es exigir que la Justicia se retuerza para lograrlo y otra más mostrar a estos personajes como dignos de beatificación. Los últimos discursos del Presidente se muestran inclementes con la guerrilla, pero siembran la idea de que muchos delincuentes del otro bando son pobres chicos maltratados.

Para ello se vale de varios recursos.

El primero es lanzar una serie de afirmaciones improbables. Por ejemplo, dijo ante el Congreso el 20 de julio: “No puede ser que impere el ánimo benigno del pasado en relación con la guerrilla y la cólera de vindicta con paramilitares”. ¡Pobrecitos ‘paras’! Salvo militantes fundamentalistas de la lucha armada, no veo colombianos que observen con actitud benigna a la guerrilla. Al contrario. El 99 por ciento de la opinión pública la rechaza. En cuanto a la “vindicta con los paramilitares”, no es más que el legítimo deseo de que la ley castigue sus abusos y crímenes. Como a los otros.

Algunas son medias verdades: “Los delitos de parapolítica se cometieron en su inmensa mayoría antes de nuestro Gobierno”. Sí. Pero sirvieron para elegir parlamentarios que lo apoyan.

Asegura también que ya no hay paramilitares, que todos están desmovilizados merced a su programa de seguridad, y emplea para ello una definición acomodaticia, consistente en denominar “narcotraficante” al paramilitar rebelde. Una paz semántica.

No es gratuito el empleo de ciertas palabras en el discurso oficial. Uribe denomina “muchachos” a los militantes rasos de los grupos paramilitares: “Se nos quedan esos 19 mil muchachos sin solución”… “Esos 19 mil muchachos quieren la paz”… Pero al referirse a los guerrilleros de las Farc los tilda de “bufones”, “asesinos”, “mentirosos” y “bandidos”. ¿Unos son muchachos y los otros bufones asesinos?

Un truco más es el del falso interlocutor. La retórica uribista inventa diálogos que seguramente no se producen en la vida real. “Alguien me dijo: ‘La Constitución exige que se le dé reconocimiento de delincuente político a la guerrilla y prohíbe que se le dé a los paramilitares’. Eso no es cierto”… ¿Quién es “alguien”? ¿Por qué reduce a una caricatura el complejo debate jurídico que plantea el delito político?

Finalmente, saltan las afirmaciones contradichas por la práctica. Ante el Congreso manifestó que acompañaría “cualquier decisión de la Justicia, como es mi deber”. Pero poco después, cuando no le gustó un pronunciamiento de la Corte Constitucional, se le enfrentó desafiante.

Es grave tratar de convencer a los colombianos de que hay delincuentes armados de primera y de segunda categoría (“bandidos” y “muchachos”), pero es peor si el encargado de tan peligroso magisterio resulta ser el presidente de la República.

ESQUIRLAS¿ ¿Cuánta coca, muertes, narcotráfico, dinero y bosques nos habríamos ahorrado si el Gobierno hubiera hecho caso a los expertos que desde hace años atacaban la fumigación de cultivos ilícitos y pedían la erradicación manual que ahora adopta?

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27th July 2007

La portentosa inteligencia de los primogénitos

Yo sabía que, tarde o temprano, la ciencia iba a pronunciarse de manera defi nitiva sobre este asunto. Ahora acaba de hacerlo. Una comisión de destacadísimos profesores del riguroso Instituto de Salud Ocupacional de la admirable Universidad de Oslo, en ese país de profundos pensadores que es Noruega, ha determinado que los vástagos mayores (sean hombres o mujeres) revelan un coefi ciente intelectual muy superior al de los restantes hermanos.
Para llegar a esta conclusión -por lo demás ya anticipada por otros estudios- los sabios profesores realizaron la más vasta pesquisa científi ca que se conozca sobre la relación entre cerebro y mayorazgo. Estudiaron a 250 mil reclutas de 18 y 19 años, analizaron su coeficiente intelectual, investigaron el de sus hermanos, compararon sus resultados académicos y realizaron elevadas comprobaciones sobre el entorno familiar. Con el respaldo de computadores de última tecnología, los sabios de Oslo cruzaron datos y obtuvieron lo que ya se conoce -al menos en mi familia- como la Respuesta Definitiva e Inapelable (RDI): los hermanos mayores son mucho más inteligentes que los otros.
(Los párrafos anteriores, traducidos al nivel de los demás hermanos, signifi can lo siguiente: el mayor de la familia es brillante y los otros son bastante burros. ¿Entendieron?)
Justipreciados diversos factores, cotejados resultados, calculados índices y medidas respuestas, los computadores elaboraron una tabla numérica que permite valorar la inteligencia comparativa de los hermanos. El resultado dice que, en promedio, los mayores registran un cociente cerebral superior en 2.3 puntos al de sus hermanos. Un objetivo diario europeo lo describió así: “Los primogénitos no solo suelen ser más maduros y comprometidos con la familia que sus consanguíneos, sino también más listos”.
(En términos al alcance de los hermanos menores, lo que quiere decir este párrafo es que los mayores no solo son más vivos que los otros, sino que ayudan mucho más a la familia. ¿Captan?)
¿A qué se debe este fenómeno, comprobable en el mundo entero? Hay varias explicaciones. La primera es que el primogénito recibe mayor atención de los padres por ser el primero. En cambio, el segundo y el tercero -para no hablar de los siguientes hijos- apenas pueden aspirar a un fragmento de la atención que consiguió su hermano. La segunda es el peso de la responsabilidad. El primogénito adquiere un grado de responsabilidad respecto a sus hermanos y a su hogar que los otros no tienen. Sabemos que la responsabilidad forma, fortalece la personalidad, vigoriza el cerebro y despierta la mente. Mientras el primer hijo asume buena parte del compromiso de ayudar a sus padres y auxiliar a sus hermanos, estos se crían a la bulla de los cocos y diciendo pendejadas.
(Digamos en resumen, para que entiendan los demás hermanos, que el mayor recibió más formación y por eso se muestra mucho más despierto. Hermano mayor, hermano berraco, ¿sí?)
Lo más interesante de la labor de los sabios de Oslo es que, si bien la RDI era algo que se adivinaba desde hace siglos, nunca había gozado del respaldo de una base de datos tan amplia. Dijo al respecto la estupenda revista Science, de ese gran país que es Estados Unidos: “La enormidad de la muestra avala los resultados del trabajo”. En otras palabras, la investigación se basa en una muestra cuantitativa tan vasta que es capaz de ofrecer certezas cualitativas.
(Para los hermanos menores: cuando el río mucho suena, muchas piedras lleva).
Otra conclusión fascinante es que no se trata de una circunstancia genética, sino ambiental. Siempre se creyó que el ADN de los mayores contenía aminoácidos superiores al de los demás, y que por eso son tan inteligentes los primogénitos. Pero no es por eso. Lo que hace sobresaliente al mayor, y un poco estúpidos a los otros, es la necesidad de responder a las exigencias del medio. Esto se determina porque, cuando por alguna razón falta el hermano mayor, el segundo adquiere muchas de sus cualidades. No todas, vayamos con cuidado: jamás alcanzará la sabiduría del primero. Pero saldrá bastante más despierto que los demás hijos.
(Pongámoslo fácil: los menores no son burros por naturaleza, sino por culpa del medio. Pero son burros).
Lo mejor del portentoso estudio, lo que realmente permite saber que carece de errores o fallas, es que fue elaborado exclusivamente por científicos primogénitos. Y esto lo entienden hasta los hermanos menores.

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25th July 2007

La increíble y triste historia del Negro y su doble blanco

Una tarde de enero del 2006, durante el Festival de Hay de Cartagena, el Negro Fontanarrosa llegó al Teatro Heredia para su esperada charla sobre humor. Solo podía caminar con ayuda a causa de la enfermedad que lo había asaltado tres años antes. Unos niños que allí jugaban lo miraron impresionados cuando subía las escalinatas apoyado por tres personas.

El Negro se dirigió a ellos con cara aparentemente seria:

-¡Por fumar, chicos, por fumar!

Claro que era mentira. Fontanarrosa no fumaba. Pero el humor era su manera de combatir esa esclerosis ante la cual la ciencia resultó impotente. Solía describir su situación con metáforas futbolísticas. “Estoy jugando nueve contra once, pero el público me banca”, comentó una vez refiriéndose a la manera como avanzaban simultáneamente la enfermedad y la simpatía de las gentes por ese símbolo argentino que se les iba poco a poco. Otra vez, cuando ya no podía levantarse sin ayuda y dibujaba con enorme dificultad, me dijo sin dramatismos: “Le confieso que firmaría el empate”. Era su manera de indicar que había renunciado a recuperarse y que se daría por bien servido si el mal no avanzaba más.

Pero avanzó, y el 19 de julio hubo luto nacional en Argentina y entre todos los que admiramos, quisimos y disfrutamos de sus dibujos, sus cuentos, sus conferencias y su amistad. Estoy seguro de que Fontanarrosa, que era un ídolo popular desde hace tiempos, será un clásico del humor en español, no solo por sus monos, sino por sus cuentos, obras maestras de la literatura cómica.

Sus amigos lo recordaremos, además, por su indomable espíritu risueño, que envolvía una lección permanente de dignidad. El 10 de julio le escribí desde Bogotá, “más cerca de las estrellas”, para averiguar por su salud. “Samper -me contestó al día siguiente-: me inquieta la información de que usted está cerca de las estrellas, pues recuerdo las que Mockus hizo pintar en las calles en cada lugar donde un transeúnte fue aplastado por un auto. En un rato me iré al sanatorio, donde me devolverán mis regeneradas células madre recién llegadas de Israel. Un rumor dice que, por un error, serían las de Bin Laden. Se verá”.

El 12 de julio recibí un nuevo correo: “Impávido coloso: me devolvieron 35 millones de células madre, según ellos. No tuve oportunidad de contarlas, pero desconfío de esa cifra. Son gente muy rápida con los números. Lo mantendré informado. Un abrazo, El Negro”.

Poco después se agravó irremediablemente su estado. Había sido su último mensaje, pero parecía más bien su último cuento.

El doble blanco del Negro Fontanarrosa

¿Quién cree en las coincidencias? En 1980, cuando formé parte de un grupo de periodistas becados en la Universidad de Harvard, mi gran amigo era otro caricaturista y escritor, Douglas Marlette, con quien seguimos siendo cuates desde entonces. Tipo adorable, mamagallista y talentoso, ganó varios premios -entre ellos el Pulitzer- por sus mordaces caricaturas políticas, y creó una célebre historieta satírica y algo autobiográfica sobre la vida en el sur de Estados Unidos, llamada Kudzu. Con Marlette intercambiábamos frecuentes y bromistas mensajes. Era el Negro Fontanarrosa en rubio. Él y su mujer nos visitaron en Bogotá y Cartagena y hacíamos planes para recibirlos pronto en España. Muchas veces le hablé a Fontanarrosa de Marlette, su doble blanco, y a Marlette de su doble negro. El pasado 10 de julio, Doug acudió a un pueblo de Mississippi donde montaban una obra musical basada en Kudzu. Llovía. La carretera estaba empapada. Su carro se estrelló contra un árbol y él falleció de inmediato. Tenía 57 años. No hubo tiempo ni ganas de contarle a Fontanarrosa que su doble gringo había muerto.

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20th July 2007

Más mandamientos para la carretera

La ampliación y especificación que ha hecho esta columna del Decálogo del Conductor recientemente planteado por el Vaticano ha suscitado numerosas cartas y comentarios. Un distinguido sacerdote, incluso, me comentó que había enviado a Roma copia de las dos últimas entregas del Postre de Notas. “Allá también tenemos sentido del humor”, me dijo.

Todos los buenos católicos recordamos que la Iglesia Católica, en forma sensata y didáctica, quiso contribuir a la disminución de los accidentes de calle y de carretera y lanzó los Diez Mandamientos que deben obedecer los buenos choferes. Pretendo humildemente ayudar a esta campaña y por eso propuse en las dos últimas semanas versiones discriminadas del Decálogo del Timón (para señoras, choferes de camión, ejecutivos y chicos “play”). Como muchos lectores me sugirieron que formulara recomendaciones parecidas para ciclistas y motociclistas, procedo a exponerlas, no sin antes advertir que aún no cuentan con el imprimátur vaticano.

Los diez mandamientos del ciclista

  1. No llevarás pasajeros en la parrilla.
  2. No llevarás pasajeros en la barra.
  3. No llevarás pasajeros en el manubrio.
  4. Sobre todo, no llevarás pasajeros en todos los anteriores casos juntos.
  5. Tendrás luces atrás y adelante para protegerte la cabeza por delante y por detrás.
  6. Utilizarás casco para protegerte la cabeza en general.
  7. Circularás por la ciclorruta.
  8. No te colincharás de vehículos automotores, ni siquiera en las subidas.
  9. No considerarás que el peatón es tu enemigo, como desquite por lo que el conductor de carro considera que eres tú el suyo.
  10. Para ciclistas profesionales: No te doparás.

Los diez mandamientos del motociclista

  1. Usarás casco y chaleco.
  2. Si has consumido bebidas alcohólicas, te abstendrás de conducir, en particular si notas que te cuesta trabajo mantener el equilibrio sobre la moto.
  3. Un parrillero, vaya y venga; pero evitarás pasearte con tu señora en la parrilla, un bebé entre tu espalda y el pecho de la señora y una niña entre tu chaleco y el manubrio.
  4. No harás eses en la vía pública, porque te pueden volver heces.
  5. Usarás las luces, pues no son un adorno, pero alumbrarás con ellas prudentemente, porque tampoco pueden ser una amenaza.
  6. Evitarás los paquetes altos en la parrilla: una gallina dentro de un guacal es aceptable, pero ocho guacales con ocho gallinas pueden convertirte en tortilla.
  7. No circularás por andenes, zonas verdes, puentes peatonales, separadores, vestíbulos de hoteles, atrios de iglesias ni áreas semejantes.
  8. Si eres mujer, procurarás no usar minifalda: los demás conductores no son de palo.
  9. Recuerda que el sentido de la vía también rige para las motocicletas.
  10. No conducirás con una sola mano, aunque en la otra empuñes el santo rosario.

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17th July 2007

López Michelsen en la “caja negra”

El ex presidente inventó el poder político del vallenato.

Muchos columnistas y políticos que han escrito en los últimos días sobre Alfonso López Michelsen se esmeraron en contarnos su relación personal con él; cómo lo conocieron, qué amistad los unió, qué anécdotas suyas recuerdan. En mi caso, lamentablemente, debo decir que no fui amigo suyo, que desde mi modesto rincón de columnista critiqué muchas cosas de su gobierno, que mis simpatías acompañaron a Luis Carlos Galán -uno de sus precoces rivales- y que, en el orden político, el ilustre estadista me tenía muy escaso aprecio. Más de una vez me castigó con públicas cuchufletas y aún soy víctima de patéticas vindictas de algún ex ministro suyo. Nada de esto disminuye mi aprecio por su inteligencia ni mi admiración por su capacidad de agitar ideas.

Otra cosa, en cambio, eran merengues y paseos, donde sí pisábamos terreno común. Cuando publiqué con Pilar Tafur el álbum-libro ‘Cien años de vallenato’, dedicamos el primer ejemplar a López, gesto que él respondió con una generosa nota. Aunque mi afición nació años antes de que el vallenato se convirtiera en símbolo regional, he sido fiel discípulo de las enseñanzas de López en torno a la música de acordeón: su fascinación por los cantos que relatan historias y costumbres, su reivindicación de la parranda como escenario natural del vallenato, su amor por las piezas y compositores clásicos y aun el apoyo a ese cuarto ritmo que oficializa el divorcio del paseo lento y el paseo tradicional. López era genuino admirador de la cultura popular. No deja de ser interesante que un aristócrata bogotano educado en Europa, para quien el club alfombrado era una segunda casa, defendiera el inapreciable valor de la cultura que germina en cantinas, bailaderos y galleras y entendiera que corridos, boleros y vallenatos son una sangre viva que circula por el modo de ser latinoamericano.

Su predilección, naturalmente, era la música de esa comarca que abarcaba partes del Magdalena y la Guajira. Fue la que conoció cuando niño en tierras de sus parientes Pumarejos -entre ellos Tobías Enrique, compositor de “Las sabanas de El Diluvio” y “La víspera de Año Nuevo”- y luego aclimató en Bogotá con un grupo de amigos suyos que fueron condiscípulos de los jóvenes costeños desembarcados en la capital entre fraylejones y neblina. Podría debatirse si López fue o no el descubridor cachaco del vallenato, porque también se apasionaron por las artes de Escalona esos cuates suyos que compartían pupitres y parrandas con los friolentos estudiantes llegados de la provincia. Pero nadie duda de que el ex presidente, con su particular perspicacia, inventó y desarrolló el músculo político del vallenato. No es una casualidad que su puerta de ingreso al gobierno, tras enardecida oposición, hubiera sido la gobernación del Cesar.

López vislumbró que, a punta de guacharacas, la región podía adquirir una influencia nacional comparable a la de los cafeteros paisas o los azucareros del Valle. Para eso tuvo que amansar primero a los valduparenses de campanillas, que vetaban la presencia de esta música en los salones del club social, y luego dio categoría literaria a los trovadores caribes al insertar en sus discursos citas de aquellos sones. A poco andar, en unos casos por admiración y en otros por resignación, los colombianos influyentes acabaron aceptando el vallenato como fuerza folclórica y política.

Me dicen que hace un par de meses, en medio de la tormenta parapolítica que salpica a varias figuras de El Cesar, López quiso hacerse presente en el Festival Vallenato y mostrar su solidaridad con un departamento macartizado, pero una enfermedad se lo impidió. Solo volvieron a rodearlo los acordeones cuando ya la “caja negra” había dejado su cuota de “tristeza y guayabo” en el Cementerio Central de Bogotá.

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13th July 2007

Están faltando mandamientos (2)

Hace pocas semanas la Iglesia Católica proclamó con sapiencia suma los Diez Mandamientos del Conductor. Trata con ello de acomodar a las normas cristianas la conducta de esos ciudadanos que se transforman en fieras, locos o idiotas cuando agarran un timón.

Temo, sin embargo, que no basta con la lista del Papa para controlar la peste de los accidentes de calle y carretera. Mi teoría es que no todos los conductores son iguales; cada quien peca por su lado, y eso obliga a proponer mandamientos diferentes para cada grupo.

La semana pasada presenté a las autoridades vaticanas y a los lectores de esta columna los decálogos correspondientes a los choferes de camión y las señoras al volante.

Esta semana haré lo propio con las dos categorías que aún me faltan: los ejecutivos briosos y los jóvenes ‘play’.

Helos aquí.

Los diez mandamientos del ejecutivo brioso
Respetarás a los conductores de automóviles más baratos que el tuyo, porque a los ojos de Dios y de la ley son exactamente iguales la vieja pendeja que maneja un R-4 y tú, tan fino y elegante en tu BMW.
No creerás que tu potencia sexual depende de la cilindrada de tu automóvil.
Evitarás manejar con una sola mano mientras con la otra enciendes cigarrillos, fumas, sintonizas el radio, te peinas y escoges los discos que quieres oír.
Estando al volante, no usarás gafas negras de noche aunque te sientas divino con ellas.
Cuando violes el reglamento de Tránsito, por ningún motivo entregarás al agente tu pase con un billete gordo que “se te olvidó adentro por distracción”.
Si el policía insiste en imponerte la multa, no le gritarás en la cara: “¡Usted no sabe quién soy yo, y se va a meter en un lío!”
Recordarás permanentemente que la velocidad permitida no depende del sueldo que recibes.
Desconectarás el celular al subirte al carro. Piensa que Julio Mario rara vez lo usa.
No pitarás enardecido en los atascos. Es verdad que con eso llamas la atención, pero no te imaginas lo que la gente comenta de ti en esos casos.
Entenderás que, cuando te entran ganas de contratar un trío y largarte a pasear con tus amigas, es porque ha llegado la hora de irse a dormir la perra en casa.
Los diez mandamientos del chico ‘play’
No robarás el carro de papi.
No conducirás sin pase.
No te embucharás de cerveza si tienes que manejar.
No meterás más de nueve o diez amigos en el automóvil.
No tratarás de que la ciudad entera oiga la música que pones en el carro.
No echarás piques de velocidad con otros chicos como tú.
No le dirás al policía de Tráfico que te retiene: “¡Usted no sabe quién es mi papá, chupa ignorante, y se va a meter en un lío!”
Recuerda que no eres más chévere por el hecho de negarte a usar el cinturón de seguridad.
No te meterás el iPod en la oreja como si fuera un copito para la cera.
Si vas a hacer cositas en el carro con tu novia, al menos esperarás a que esté parqueado en lugar discreto.

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10th July 2007

Diez años golpe a golpe

Hay sesudos politólogos que intentan examinar lo que ocurre en Colombia a la luz de las enseñanzas de Carlos Marx. Pero, más que al filósofo alemán, sería preciso acudir a las canciones de Joan Manuel Serrat para explicarlo, pues aquí vamos de golpe en golpe, de horror en horror y de espanto en espanto.

Como sabe cualquier escolar cubano, Marx afirmaba que el desarrollo de los pueblos está controlado por una serie de leyes según las cuales todo movimiento histórico (tesis) genera un movimiento opuesto (antítesis) y la unión de estos contrarios crea una síntesis que avanza en espiral. Es tan atropellado el proceso histórico colombiano que aquí hemos degollado la teoría marxista. En efecto, en este país cada acción histórica genera una reacción contraria, pero, en vez de producirse la famosa síntesis, lo que surge es un efecto aún peor: el terco y perdurable choque de las dos fuerzas. Y en vez de avanzar en espiral, retrocedemos: cada movimiento es peor que aquel que lo generó.

La historia de nuestra violencia es antigua. Pero los últimos diez años muestran una escalada desoladora. Es en este último decenio cuando la guerrilla aumenta en número y practica crímenes que antes solo cometía excepcionalmente: terrorismo, secuestro, narcotráfico… Ante la acción de la guerrilla surge como antítesis el apogeo de los grupos paramilitares, campeones de atroces delitos: masacres, narcotráfico, corrupción política, chantajes… Para entender el desmadre de hoy es necesario retroceder a ayer, a las elecciones presidenciales de 1998. Fue en ellas cuando se quebrantó un principio que hasta ese momento habían respetado los partidos políticos, y que consistía en abstenerse de utilizar la lucha contra la subversión como moneda electoral. El momento en que Andrés Pastrana, que había perdido en las urnas la primera vuelta, introduce a Tirofijo como socio de su campaña, y con esa sorpresiva carta gana la presidencia, marca un punto de inflexión en la reciente historia de Colombia. El cogobierno de las Farc en la estrategia de paz conduce a la lamentable aventura de El Caguán, esta al apogeo de ciertos delitos y todo lo anterior a la consolidación de la espeluznante antítesis paramilitar.

Álvaro Uribe surge como reacción por el cuatrienio de Pastrana. Si a Pastrana lo eligió Tirofijo con la esperanza engañosa de la paz, a Uribe lo elige la reacción contra el engaño de Tirofijo y Pastrana. (Marx habría advertido, con una sonrisa: “Les advertí que iba a pasar…”). Ahora los dos han salido a la palestra a debatir sus culpas. Uribe acusa a Pastrana por el fatal despeje en beneficio de los guerrilleros desarrollado durante su gobierno, y Pastrana responde diciendo que es peor el despeje de Rialito, adelantado por Uribe en pro de los paramilitares.

Las caudalosas manifestaciones de la semana pasada en protesta por el asesinato de los diputados vallecaucanos y en contra del secuestro quizás habrían podido descarrillar la trágica dialéctica del golpe a golpe y dar un giro en pos de una reconducción del proceso. Pero, otra vez, la política pequeña con sus intenciones manipuladoras debilitó esta poderosa exhibición popular y pretendió recoger frutos a favor o en contra de determinadas posiciones: que no al despeje, que sí al acuerdo humanitario, que no al acuerdo ni al despeje, que despeje y acuerdo…

El crimen de los diputados cayó como rocío matinal a las autodefensas, enemigas juradas de la guerrilla que lo cometió. Cuando la opinión pública debería estar concentrada en conocer las confesiones de los jefes paramilitares y escandalizarse con ellas, las Farc se encargan de obsequiar a su inveterado rival la cortesía de atraer hacia sí la indignación nacional. Ni Marx se había imaginado semejante despropósito.

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6th July 2007

Están faltando mandamientos (1)

La Iglesia Católica acaba de aprobar y divulgar los Diez Mandamientos del Conductor. Me parece una medida sabia, pues traslada a términos concretos y prácticos esas Tablas de la Ley que todos aprendimos para la Primera Comunión y todos olvidamos unas horas después.
Entre los mandamientos del conductor figuran, por ejemplo, “No matarás”, “Brindarás apoyo a las familias de las víctimas de accidentes”, “El automóvil no debe ser para ti expresión de poder y dominio ni ocasión de pecado…”

Todo esto está muy bien, repito. Pero creo que no todos los conductores son iguales y que haría falta especificar un poco más los mandamientos. Puesto que las ocasiones de pecado son completamente distintas, yo propondría que hubiese al menos un decálogo especial para choferes de camión, otro para las señoras, uno más para los ejecutivos briosos y una cuarta lista para los jóvenes ‘play’.

Esta es mi propuesta formal al Vaticano:

Los diez mandamientos del chofer de camión

  1. No cerrarás en la carretera al carro pequeño, muerto de la risa.
  2. No dejarás piedras en la calzada después de cambiar una llanta.
  3. No encenderás las luces plenas para molestar al carro nuevecito que viene en sentido contrario.
  4. No arrojarás por la ventana latas de cerveza vacías.
  5. No tratarás de adelantar a otro camión que marcha a la misma velocidad que el tuyo.
  6. No instalarás cornetas de trasatlántico en el vehículo.
  7. No harás pistola al grupo de monjitas que espera en el paradero bajo la lluvia.
  8. No intentarás mirar, mientras conduces, la minifalda de la señora que circula en su carro al lado de tu camión.
  9. Revisarás los frenos y las llantas… antes del accidente.
  10. No subirás a tu novia a la cabina para pecar contra el sexto mandamiento original mientras viajas a Tunja.

Los diez mandamientos de la señora al volante

  1. Respetarás al peatón por sobre todas las cosas.
  2. No te maquillarás con el carro en movimiento.
  3. Usarás el cinturón de seguridad aunque creas que te apachurra el busto.
  4. No tratarás de coquetear con el agente de Tránsito ni le ofrecerás plata “para comprarles cositas a sus niños” cuando te vueles un semáforo en rojo.
  5. Echarás gasolina ¡¡ya!!, sin esperar a que se encienda la lucecita.
  6. No conversarás con tu amiga del carro vecino mientras los demás esperan.
  7. No parquearás “solo un segundito” en avenida atafagada para que te tomen las medidas de un vestido.
  8. No dejarás el carro tirado en la calle con un papel en la ventana porque se te pinchó una llanta.
  9. No llevarás niños sueltos en el puesto delantero, ni, mucho menos, intentarás sonarles los mocos mientras manejas.
  10. Conducirás con gafas si eres miope, aunque te veas “horrible, horrible, horrible”.

Continuará la semana próxima. No se la pierda porque es muy importante y usted puede estar en una lista.

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3rd July 2007

Aceptémoslo: esto nos superó

Algunos extranjeros que durante su visita a Colombia pudieron escuchar los mensajes de madrugada que envían por diversas emisoras los familiares de los secuestrados a sus parientes no los olvidan jamás. Son recados que vuelan hacia la yerta oscuridad sin saber si llegan a su destinatario o si el destinatario ha muerto y ellos lo ignoran. “Yo lloraba cada vez que los oía -me confesó una amiga española- y eso que no sé dónde queda el Caguán, ni conozco a nadie que padezca semejante tragedia”.

Los colombianos ya no lloramos al oír los mensajes. Son parte de la realidad nacional a la que hemos optado por acostumbrarnos como anestesia para sobrevivir. Igual ocurre con otros aspectos atroces de este país que espanta por sus crímenes y fascina por su laboriosidad, ingenio y buen humor: los 3.000 secuestrados, las masacres de guerilleros y paramilitares, la corrupción, los narcos…

El más reciente horror, el de los once diputados del Valle, ha sacudido un poco ese callo insensible que endurecieron muchas décadas de violencia. Sin embargo, la noticia más leída, votada, comentada y enviada de eltiempo.com el domingo pasado no tenía que ver con el espeluznante suceso. Su título era: “Amaranto Perea e Iván Ramiro Córdoba rechazan jugar de laterales en la Selección de la Copa América”.

Con todo, existe unánime y conmovido rechazo al asesinato colectivo de los diputados y acerca de la responsabilidad esencial de las Farc en el hecho. Al margen de las circunstancias de su muerte, el primer culpable es quien los secuestró. No nos engañemos: si un secuestrado muere ahogado en un río, envenenado por una serpiente o despeñado por un precipicio, la culpa no es del río, la serpiente ni el precipicio, sino de los criminales que atentaron contra su libertad y su dignidad y lo convirtieron en vil mercancía económica o política. Esto no tiene perdón ni justificación alguna. Hasta Pol Pot se estremecería.

Los golpes cotidianos que conducen a la insensibilidad son de tal magnitud que ahora estamos enfrascados en una polémica santanderista en torno a los secuestrados y el intercambio humanitario. El Gobierno (al que es injusto responsabilizar de la muerte de los diputados) rechaza la comisión de encuesta internacional que proponen los países facilitadores –España, Suiza y Francia–, con el alegato de que equivaldría a reconocer que existe un conflicto. ¿Y es que no lo hay? ¿Acaso medio siglo de guerra y miles de muertos y desplazados no lo demuestran? Mientras tanto, un importante obispo apoya al presidente con el argumento de que “toda injerencia de gobiernos extranjeros debe ser rechazada, porque esto es competencia exclusiva del Estado colombiano”. Los gringos nos nombran ministros, los franceses piden excarcelaciones ¿y estamos hablando de “rechazar la injerencia extranjera” de los tres países que intentan ayudarnos?

Podemos ser insensibles, pero no insensatos. Esto nos superó. Colombia, con el salvajismo de las autodefensas y guerrilleros, la corrupción de parte de la clase política y de algunas células militares, los vaivenes temperamentales del Gobierno y la soledad del pobre comisionado de paz, acusa cada día su incapacidad de remediar el incendio que provocó. Ha llegado el momento de buscar para el proceso de paz un altísimo protectorado internacional de la ONU que encabece un mediador de prestigio global y talento probado y, si es necesaria, la intervención apaciguadora de los cascos azules. Pero -dirán– ¿no es esa una concesión de soberanía? Sí. Pero otorgada soberanamente, y por mejores causas que las que han motivado la permanente humillación ante Estados Unidos. Olvídense: de esta no salimos solos, chapoteando entre masacres y asesinos estelares mientras discutimos si hay “conflicto” o solamente “agresión terrorista”.

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