Jeferson, Yohn Edisson, Jeyson Alejandro
Los nombres lo dicen todo: Jeferson, Yohn Edisson y Jeyson Alejandro. En la onomástica colombiana actual, es fácil deducir que se trata de personas jóvenes y de origen humilde. Corresponden a los tres colombianos de entre 20 y 21 años que, enrolados como soldados de España, murieron en El Líbano durante un atentado terrorista el pasado domingo. Conviene que no se olviden sus nombres, porque ellos podrán ser mejores embajadores ante España y Europa que todos los cancilleres que hemos tenido.
Por una vieja reacción de los espíritus primarios, que odian lo que no les es familiar y desconfían de cuanto procede de otra parte, la inmigración despierta siempre la antipatía de los sectores más retardatarios de una sociedad. La derecha atribuye a los inmigrantes la culpa de cuanto ocurre: los problemas económicos, la decadencia social, la inseguridad… En casos extremos, esta paranoia produce un Hitler y en otros estimula a sectores conservadores para que conviertan el tema de la inmigración en el “problema” de los inmigrantes y golpeen con él a sus rivales. En España, el Partido Popular esgrimió hasta tal punto la estaca xenófoba que acomplejó incluso al Partido Socialista. Aún no he visto al primer político que explique sin temor los beneficios que aporta la inmigración a un país estancado demográficamente. Al final, todos se cobijan imponiendo visas detestables.
Jeferson, Yohn Edisson y Jeyson Alejandro representan un antídoto contra esta visión acomplejada y egoísta. España tiene 45 millones de habitantes, de los cuales 5 millones son extranjeros, 600 mil colombianos y casi la mitad latinos. Los demás son africanos, asiáticos y europeos del Este. Las señoras perfumadas y los caballeros distinguidas se escalofrían al ver en la calle indios, negros y orientales y arrugan inquietos la naricita. Pero no pueden imaginar ustedes lo que la presencia variopinta de los inmigrantes ha hecho por España. Para empezar, impulsó el número de nacimientos, lo que rejuvenece al país y le garantiza que habrá dentro de unos años quien sostenga la seguridad social. En contraste, el total de la Unión Europea, Rusia, Grecia e Italia, por ejemplo, tendrán menos gente en el 2050 y algunos Estados podrían suspender el pago de jubilaciones.
Varias ciudades españolas exhiben la influencia cultural de los inmigrantes. Hace 25 años había solo dos restaurantes chinos en Madrid. Hoy abundan. Las tiendas venden comida de numerosos países (yo compro en la esquina de mi casa Areparina, bizcochos de achiras, bocadillos, patacones y Colombiana) y florecen discotecas con diversa música y festejos populares de todas las latitudes. En los colegios estudian miles de niños que hablan español con la zeta pero se llaman Mohamed, Jristo, Li, Fátima, Tsombe, Jeferson, Yohn Edisson, Jeyson Alejandro.
Salvo casos aislados de delincuentes, los inmigrantes procuran no meterse en líos con la ley y pagan, agradecidos, su compromiso con el país receptor. Un neivano, un pereirano y un manizalita murieron el domingo bajo la bandera española. Otros tres colombianos perecieron en el atentado del 11 de marzo del 2004, y la dinamita de ETA en el aeropuerto madrileño mató hace seis meses a dos ecuatorianos que se negaron a abandonar el parqueadero amenazado por temor a que los deportaran.
Ojalá estos tres colombianos muertos con el uniforme español ayuden a derribar prejuicios y a callar demagogos. Ellos pueden corregir la idea de que la inmigración es un mal inevitable y mostrar que, por el contrario, puede ser una saludable inyección de vida en sociedades envejecidas.
Gracias Jeferson, gracias Yohn Edisson, gracias Jeyson Alejandro…
ESQUIRLAS¿El increíble rechazo al proyecto que respaldaba las uniones homosexuales es una vergüenza para nuestra clase política y una deuda del Presidente Uribe -gran enemigo de la iniciativa– con los derechos humanos.