¡Pobre rata, pobre china!
En abril del año pasado en un restaurante de Shenyang (ya saben, la capital de Liaoning) se encontraba la universitaria china Luz Dary Echeverri (*). Se había citado con varios compañeros para comer hamburguesa, papas fritas y gaseosa en uno de esos McDonald’s que pululan en la China posterior a Mao Zedong. De repente la muchacha sintió que algo le subía pierna arriba hasta que, sorprendida y atemorizada, asestó un golpe al extraño objeto y el objeto la mordió. Ocurre que ese objeto era un ratón, y, al verse agredido, el animal hincó el diente en la pierna derecha de Luz Dary.
Como resultado del incidente, Luz Dary demandó a la famosa cadena de restaurantes y exigió 2.600 dólares de indemnización por el mordisco. Tras varios meses de proceso, un juez obligó a McDonald’s a pagarle 290 dólares (que equivalen, como va el dólar en Colombia, a unos 17 pesos con 45 centavos). La noticia ha dado la vuelta al mundo y, más que la pequeña multa a favor de Luz Dary, la hamburguesería sufrió un importante golpe de imagen. La razón, creo yo, es que mucha gente que solo lee el titular de la noticia (“Mordida una estudiante china por una rata en McDonald’s”) cree que el roedor saltó sobre el cuello de la joven desde el fondo de un Big Mac.
A mí me parece injusto y absurdo todo esto que está pasando. Vamos a ver. No es por defender a la estudiante, pero si a mí me ataca un ratón en un restaurante, yo también vuelo a demandarlo. Hasta ahora, como relaté en otra columna, he padecido varios encuentros cercanos con ratones en sitios de comida, pero nunca me atacaron. En una ocasión era una rata que salía a almorzar en un restaurante de mejor calidad; en otra, un ratón que miraba con curiosidad el extraño plato suizo que me habían servido; y en el tercer caso una rata, al parecer vegetariana, que se escondía detrás de la cómoda de una fritanguería. En fin: desagradable, pero cero violencia. Comprendo, pues, al ratón.
Sin embargo, y no es por defender a McDonald’s, no hay que extrañarse de que en restaurante oriental encuentre uno ratones.
Lo raro es que no aparezca extendido y pelado en la bandeja. El noble y laborioso pueblo chino padeció durante siglos las vicisitudes de la falta de alimentos, y durante ese tiempo el ratón se convirtió en apetitoso plato. Recuerden que allí también comen perro y mico. Lo digo con admiración, porque un buen sánduche de chimpancé o unos huevos fritos con perro salchicha son verdaderos manjares. Que los ratones ya no estén en el piso sino en el plato, revueltos con arroz y brotes de bambú con salsa de soya, constituye un formidable avance en un país que supo lo que es el hambre.
Hay quien piensa que el castigo de 17 pesos con 45 centavos es poco para una firma que ha convertido en hábito cotidiano la comida rápida. No es por defender esta clase de comida hipercalórica, cuyas consecuencias para la salud son afrentosas, pero entendamos que si fuera verdad que estos restaurantes ofrecen comida rápida uno encontraría en el local gacelas o caballos de carreras, no ratones.
Tampoco faltará quien culpe a los líderes chinos posteriores a Mao Zedong por haber permitido una invasión de hamburgueserías extranjeras. No es por defender a las hamburgueserías extranjeras, ni tampoco por atacar al Gran Timonel Mao Zedong, pero quienes conocieron, como yo, la China de hace treinta años, saben la falta que hace una ocasional hamburguesa cuando uno lleva meses comiendo solo arroz frito con brotes de bambú y salsa de soya.
¿Se excedió entonces el juez al clavarle una multa a la empresa por culpa del ratoncito? No es por defender al juez, pero los únicos mordiscos legales en un restaurante son los que el cliente le propina a la comida. Los demás están fuera de sitio, y cabe la posibilidad de sancionarlos. Sin embargo, habría que conocer en persona a Luz Dary: se vuelven tan gordas y feas esas muchachas alimentadas solamente con hamburguesa, papas fritas y gaseosa, que a lo mejor la multa ha debido imponerse a favor de la rata.
* No es su verdadero nombre, naturalmente: ¿cómo podría llamarse Luz Dary Echeverri una china de Shenyang? Es como si una señora oriunda de Chiquinquirá se llamara Wu Chao-ying.