17th May 2007

Amor de Cabra

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El Postre de Notas de hoy debería estar prohibido para niños y chivitos, porque el tema es fuerte. Muy fuerte. Pero al mismo tiempo resulta interesante. Muy interesante. Con decirles que, cuando se publicó en el famoso servicio de la BBC por Internet, se convirtió en una noticia atractiva. Muy atractiva. La más atractiva de los últimos meses, pues atrajo a cientos de miles de lectores, casi todos ellos aficionados a la zoología. Muy aficionados.

De modo, pues, que lo que me mueve a comentar este asunto no es el morbo, sino mi interés por la zoología y por las noticias de la BBC. Dicha información contaba que en un pueblo de Sudán (país africano con 4 millones de personas menos y un millón y medio de kilómetros más que Colombia), cierto aldeano llamado Charles Tombe se enamoró de la cabra de su vecino y todas las noches saltaba la cerca y cumplía con ella una apasionada cita.

Una vez el vecino oyó ruidos, se acercó al corral y sorprendió en plena flagrancia (que no fragancia, pues es bien sabido que las cabras apestan) a Charles y Rose, que así se llamaba el animal.

Puestos a órdenes del consejo de ancianos que imparte justicia en las tribus sudanesas, los viejitos, para velar por las buenas costumbres de la aldea y recordando, quizás, sus pecadillos de juventud, se negaron a ordenar la muerte de la cabra y la prisión de Tombe, como muchos pedían. En un gesto que honra la moral, dispusieron, en cambio, que la pareja se uniera en sagrado vínculo matrimonial. Fue así como hombre y chiva (con perdón de Guillermo Cortés) contrajeron nupcias. Así lo hicieron y fueron felices y comieron perdices (él) y heno (ella), hasta cuando, no hace mucho tiempo, falleció Rose por causas desconocidas. Fue muy doloroso para todo el país, pero sobre todo para Charles. No alcanzaron a tener niños con cuernos, ni cabritos con Play Station.

Cuando leí la noticia quedé tan impresionado, que le pregunté a mi mujer:

¿ ¿Usted cree que es posible el matrimonio de un ser humano y una bestia?

Y ella, sonriendo irónicamente, respondió:

¿ Por supuesto: míreme a mí.

Su reacción es la misma de casi todo el mundo: rechazar el tema, eludirlo. Pero, pensándolo bien, el apareamiento con animal ha sido obsesión constante del hombre (y la mujer, para que no crean las feministas que las excluyo). Toda la mitología está poblada de criaturas producto del cruce entre humano y animal: los faunos eran fruto de la relación de un Charles y una Rose; las sirenas, de un bagre y un caballero (se ve mucho); el hombre lobo, de una dama y un lobazo (también se ve mucho); el minotauro, de un humano y un toro (probablemente un miura corniveleto, meano y bocinero). Son famosos, por otra parte, ciertos romances de difícil consumación, como el de Leda y el cisne o, en la rica mitología escandinava, el de un hombre (Midgäard) y una hembra de caballo (Yeëgua).

Sin embargo, no es preciso remontarse a la mitología para descubrir rastros de entrecruces y entrepiernes del género humano y el animal. Incluso a los niños les han vendido como normal esta situación. ¿De dónde creen que saca el Pato Donald sus manos de costurera? ¿Por qué imaginan que el ratón Mickey habla como cristiano? ¿Les parece lógico que Tribilín tenga pies de basquetbolista y no patas? Es fácil colegir que todos ellos son resultado de una reproducción de bestia y hombre en los laboratorios de Walt Disney.

No pensemos, entonces, que se trata de aberraciones sudanesas.
En La ciudad y los perros, Mario Vargas Llosa recuerda que en sus tiempos de cadete hacían el amor con gallinas, y una película de Woody Allen anticipa la historia del campesino y la oveja. Para no hablar de cuanto se dice, se murmura y se confirma sobre el papel de las burras en el Kama Sutra caribe.

Todo hace pensar que la relación hombre-bestia (o mujer-bestio, para que las feministas no se ofendan) es mucho más frecuente de lo que creemos. Y que a lo mejor sucede en esa finca bucólica donde los domingos venden fresas con crema y quesitos de vaca enamorada o está ocurriendo en este mismo instante en el apartamento vecino.

Puedo afirmarlo con certeza porque llevo años casado con una pantera.

This entry was posted on Thursday, May 17th, 2007 at 22:52 and is filed under Postre de Notas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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