29th May 2007

Ya viene el 7 de junio

Ojalá las misteriosas razones de Estado justifiquen el despelote de la última propuesta del Gobierno

¡Alma del mártir San Isaac Jogues, ruega por nosotros! ¡Huesos de la madre Ana de San Bartolomé, apiádate de este país extraviado!

Hace una semana, al tiro de la medianoche, el presidente Álvaro Uribe dejó caer otra bomba de su inquieto arsenal sobre el contrito espíritu de los colombianos, al anunciar que se apresta a liberar o rebajar penas a cientos de guerrilleros, paramilitares y parapolíticos. Ahora el inesperado fantasma de la excarcelación se suma al baile donde ya se amontonan opositores y periodistas con teléfonos pinchados, otro Pinchao -elpolicía que se fugó de los ignominiosos campos de reclusión de las Farc–, las denuncias a la bartola de Salvatore Mancuso, el “juanmanuelazo”, las metidas de pata con Venezuela y Ecuador, la insólita cuota ministerial del Black Power gringo, la orden presidencial de rescatar a bala los secuestrados, la propuesta de las Farc de canjear prisioneros de Estados Unidos por guerrilleros en poder de tribunales norteamericanos… Demasiado para un solo mes. Para un solo año. Para un solo período.

Una antología de epítetos de comentaristas y políticos revela cómo cayó la propuesta de excarcelar guerrilleros, paramilitares y políticos corruptos: “sospechosa”, “indecente”, confusa”, “improvisada”, “mensaje equivocado”… Uribe respondió que su nueva iniciativa de paz obedece a “una razón superior para la conveniencia del Estado, que oportunamente sabrá el país” ¿Cuándo? El 7 de junio próximo.

La propuesta de excarcelación sigue suscitando perplejidad siete días después de formulada. Se trata de una criatura extraña. Según Uribe, no excluye ninguno de los procesos que ya están en marcha: rescate a sangre y fuego, intermediación humanitaria europea, diálogos con Eln… O sea que es todo. Pero al mismo tiempo no es nada. No es una amnistía, un indulto ni una exención de responsabilidad penal; habrá condenas, pero los penados no tendrán que pagarlas. En algunos aspectos, el propio autor no sabe/no contesta: el ministro del Interior confiesa ignorar si se tramitará como ley o como decreto. De todos modos, Uribe descarta un referendo, pues arguye que sería trasladar mucha responsabilidad a la ciudadanía vulnerable. Hace cuatro años, sin embargo, le descargó toda una reforma constitucional que los votantes rechazaron.

No hay que escandalizarse de que en un proceso de paz se acuda a excarcelaciones, intercambios humanitarios, rebajas de penas, negociaciones directas, intermediaciones de la Iglesia o ayuda de gobiernos amigos, siempre y cuando se preserven la verdad y la justicia. A todos estos instrumentos han acudido países con conflictos internos. Pero no parece aconsejable que el Gobierno agregue iniciativas de manera desacompasada e incongruente, como quien pica frutas para el salpicón. La sensación que queda flotando es que, en el mejor caso, se trata de un caos sin sentido y, en el peor, un caos de distracción que busca tapar otros escándalos.

A menos que el 7 de junio el Gobierno desvele una razón poderosísima que consiga encajar de manera milagrosa las piezas del rompecabezas, todo esto huele a improvisación y descontrol. Ese dichoso jueves corresponde al día de San Isaac Jogues, mártir, y la beata Ana de San Bartolomé, virgen. A lo mejor ellos nos iluminarán a todos. Pero el primero murió prosaicamente a manos de los pielrojas y la segunda fue enfermera medio analfabeta de Santa Teresa de Jesús. No parecen ser muy ilustres patrones para la tremenda misión que les ha tocado.

ESQUIRLAS¿Merece un reconocimiento el Gobierno por su decisión de que Colombia adhiera inmediatamente al tratado de protección ballenera de 1964. Triunfa así la campaña ciudadana promovida por Greenpeace y alivia saber que el ministerio del Medio Ambiente tuvo la sensatez de oírla y apoyarla. Ahora le corresponde asumir una fuerte posición internacional contra los exterminadores de cetáceos.

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28th May 2007

Berracos y culiprontos

Dicen algunos padres -no es mi caso, lo advierto- que lo más emocionante que puede ocurrirle a uno es presenciar el nacimiento de un hijo. Discrepo. Creo que conmueve mucho más asistir al parto oficial de palabras, después de que se han gestado por ahí en la calle, y, además, no quedan por ahí sangre, gasas húmedas ni cordones umbilicales olvidados.

Hace poco presencié el alumbramiento formal de dos palabras que el lenguaje colombiano fecundó en parques y plazas. Nacieron ambas en pabellones de maternidad muy distinguidos y las trajeron al mundo oficial personajes de alto rango. Hablo de los términos “berraco” y “culipronto”.

Ninguno figura en el diccionario, pero ambos forman parte del español que hablamos los colombianos. Habrían podido seguir vivos durante muchos años sin reconocimiento oficial alguno, como ocurre con muchas palabras. Pero, por una casualidad, subieron a los altares del uso culto en la misma semana.

Vamos por orden alfabético. Me hallaba yo en un seminario sobre lengua y medios de comunicación celebrado en San Millán de la Cogolla, cuna de la lengua castellana, cuando le llegó el turno de hablar a Luis Fernández, un español importantísimo que es presidente de Radio Televisión Española. Cuál no sería mi sorpresa cuando el hombre comienza así su intervención: “Les quiero platicar acerca del idioma más berraco que existe”. Berraco. Dijo berraco.

Luego continuó con una interesante disquisición acerca del castellano en los noticieros. Había entre el público académicos, filólogos de varios países, periodistas y lagartos, como yo. Todos oímos la palabra.

Cuando acabó la ceremonia, me acerqué a Fernández y le pregunté dónde había aprendido el término y con qué ortografía lo había escrito. Esto era fundamental para saber si quería calificar al castellano de “cerdo padre” -su significado cuando se escribe con “v”-, o si se refería al berraco colombiano, sinónimo de excelencia, que se escribe con “b”.

Me mostró sus apuntes: estaba con “b”. Era el berraco criollo, el nacional, el nuestro. Y me reveló que había oído la palabra a unos bogotanos amigos suyos y le había encantado. Por eso la incluyó en ese discurso pronunciado muy cerca de la biblioteca donde, hace mil años, un monje escribió las primeras palabras en lengua española. El berraco colombiano acababa de universalizarse. Una berraquera.

La historia del término “culipronto” es distinta. Aquí no fue un alto funcionario español sino un ministro colombiano, el de Defensa, quien lo elevó al lenguaje oficial. Lo pronunció Juan Manuel Santos para justificar un error suyo en las cifras de cierta captura de cocaína: “por culipronto -dijo- corrí a dar la noticia”.

Aunque la palabra no figura en el Diccionario de la Real Academia Española -donde sí salen “culinegro” y “culillo”, por ejemplo-, sí está registrado en el de colombianismos del Instituto Caro y Cuervo. Explica allí que se emplea para designar a la persona “que tiene relaciones sexuales por dinero”. Si algún ciudadano buscó la palabra en el diccionario local, luego de que Santos confesó serlo a través de los medios de comunicación, se llevó con seguridad una idea lamentable del ministro.

No es así. Santos tendrá sus defectos, pero no parece ser de esas personas que tiene relaciones sexuales por dinero. Es más: con sus ocupaciones, quizás ya ni gratis lo hace. De modo que conviene buscar otro sentido del vocablo que el diccionario en cuestión no recoge. Ese sentido es el que ha popularizado Guillermo La Chiva Cortés y que significa, más o menos, “precipitación para aceptar propuestas o invitaciones” o “disposición fácil para decir que sí”.

En otros términos, apenas el ministro recibió el dato, se precipitó a divulgarlo como noticia sin confirmar sus detalles. Primer síntoma de culiprontismo. Y tan pronto como se supo que había cometido un error, se declaró culipronto. Síntoma definitivo de lo mismo.

Fue así como la palabra culipronto, en su sentido no sexual, subió al alto gobierno y alcanzó estatus digno de ministro de Estado. No me extrañaría que llegara pronto a la Academia Española. Para los amantes del lenguaje popular, esta sería una berraca noticia.
cambalache@mail.ddnet.es

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23rd May 2007

Por culpa de los sudokus

Empecé a resolver crucigramas porque alguien me reveló que era un estupendo ejercicio para reforzar la memoria y “elevar la autoestima”. No recuedo quién fue, por lo cual colijo que los crucigramas no son tan buenos para lo primero, pero sí han elevado mi autoestima. Lo digo porque, pese a tener muy mala imagen de mí mismo por culpa del profesor Herrera, quien afirmaba que yo era un burro para los números, descubrí que no lo hago mal a la hora de encasillar palabras en un parrilla y soy capaz de resolver un crucigrama no muy complicado – digan ustedes, de 5 cuadros por 5 cuadros – en menos de dos días. Con lo cual mi autoestima salía disparada.

Digo “salía”, porque un día aparecieron unos garabatos que en vez de letras contenían números, y otra vez me hundí en la ignominia. Antes de entrar en materia explico mi relación con los números y las letras. Las letras me gustan cuando están al servicio de un significado gramatical, como cuando dice “sobacuna” y en el diccionario explican que es una cosa relativa a la axila.
En cambio, las letras mis enemigas al mezclarse con los números. Verbigracia, si en vez de “sobacuna” dice: S04Ba2CuNa. En ese caso, hablamos de una fórmula química (algo así como bisulfatobárico de cuprosodio) y surgen contratiempos matemáticos como los átomos del sulfato, las valencias del sodio y un viejo conocido de los crucigramistas: el mol, o peso molecular.
No es que yo sea un burro para los números; de hecho, recuerdo el teléfono de mi casa cuando los de Bogotá eran de apenas cinco cifras (era el 93 556) y entiendo que el equipo que mete tres goles vence al que anota solo uno. El tropiezo surge cuando intento restarlos, sumarlos, multiplicarlos o dividirlos o cuando es preciso encasillar un número distinto en las casillas de una especie de crucigrama a fin de que la suma del conjunto sea igual en cualquier columna.

En esto, exactamente, consiste un jueguito que está de moda en el mundo entero. Como casi todo, data de los chinos. El emperador Shu caminaba una linda mañana del año 2200 antes de Cristo cuando encontró a orillas del río Amarillo una tortuga. Aprovechándose de la lentitud física del quelonio y de la rapidez intelectual de su principal consejero, el emperador marcó con un número diferente cada casilla del caparazón de la tortuga y consiguió que en todas direcciones la suma de los dígitos arrojara un 15.

Semejante prueba fue imitada por los eternos lambones que marchan al pie del emperador o gobernante de turno y de repente nacieron los cuadradosmágicos. Con ellos apareció un elemento que, siglos después, iba a acabar con la poca autoestima que nos quedaba a algunos: los sudokus. Aunque sus raíces se remontan al emperador Shu, la versión moderna surge en una revista de Estados Unidos en 1979. Cinco años después, un diario de Tokio lo perfecciona y lo denomina “So ji wa dokushin ni kagiru”, que, para los lectores que no dominen el japonés, significa “los números deben permanecer célibes”. Resumido, Su (número) doku (soltero). Compuesto de 81 cuadrículas (9 x 9), se hace famoso en la prensa inglesa, que empieza a publicarlo al lado de los crucigramas. Hace dos años llega finalmente a Colombia, para mal de los pecados de quienes pensamos que nos habíamos desembarazado de la fama de burros que nos dieron las matemáticas escolares.

Ahora el sudoku me persigue con la saña con que me ponía ceros el profesor Herrera. Veo con cuánta facilidad lo resuelven los niños y, sin necesidad de borrador, muchos adultos de pocas luces. Los que llevan las luces medio encendidas solucionan sudokus de memoria. Hasta mis nietos me desafían y los rellenan antes de que yo haya logrado sacar la calculadora.

Lo peor es que, siguiendo un consejo, busqué en Internet el secreto para resolver sudokus. Se llama escaneo y dice así: “El escaneo se realiza desde el principio y periódicamente, durante toda la resolución. Puede tener que ser ejecutado varias veces entre periodos de análisis. Consta de dos técnicas básicas: trama cruzada y recuento, que pueden usarse alternativamente.

Se trata del escaneo de las filas (o columnas) para identificar qué línea en una región particular puede contener un número determinado mediante un proceso de eliminación. Este proceso se repite entonces con las columnas (o filas). Para obtener resultados más rápidos, los números son escaneados de forma ordenada, según su frecuencia de aparición. Es importante realizar este proceso sistemáticamente, comprobando todos los dígitos del 1 al 9″.

Después de conocer el secreto me doy cuenta de que no solo soy burro para los números. Ahora, por culpa de los sudokus, tampoco entiendo lo que dicen las letras.

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22nd May 2007

Las radionovelas periodísticas de AUV

El presidente Uribe se ha vuelto experto en “comunicación emotiva”: ahí radica parte de su popularidad.

Cada día estalla un escándalo cerca del Palacio de Nariño, pero la popularidad del presidente Álvaro Uribe se mantiene incólume. ¿Cómo explicarlo? En parte, por el descenso de la inseguridad, que todos agradecemos; también, por el buen momento macroeconómico; pero, sobre todo, porque AUV es un tigre para manejar su imagen. Él mismo escribe ciertos comunicados que firman otros y es artista en lo que podríamos llamar “comunicación emotiva”. Sus consejos comunitarios son una mezcla de agitación tricolor, gobierno al detal e imagen campechana y frentera. A las entrevistas de radio y televisión las enfoca como un género dramático, donde las noticias terribles van envueltas en algodones de empatía humana. El hombre ha resultado estupendo manipulador de emociones, materia prima de la comunicación instantánea y caliente. Por eso habla poco para la prensa y ni siquiera permite el acceso de EL TIEMPO a sus escenas de amor con los micrófonos.

Algún día los expertos habrán de analizar la eficaz retórica uribista. Mientras tanto, esbozo unas anotaciones básicas sobre sendas entrevistas radiales que concedió el 16 de mayo, en el más horrible de los momentos recientes, a mis admirados Juan Gossaín (RCN) y Darío Arizmendi (Caracol). Durante cerca de una hora, Uribe acoge, fomenta y monta un gran carrusel de experiencias, no solo de declaraciones. Se refiere, por supuesto, a los temas más gordos -grabaciones clandestinas, paramilitares, copartidarios en líos, tala de generales-, pero convierte la ocasión en un bazar de sensaciones: a Arizmendi lo trata de “Darío” o “doctor Darío” y de “tú” o “usted”, según convenga; a Gossaín no le otorga el doctorado sino un cordial “Juan” sin tuteos. Conoce los nombres de los colaboradores y les habla por el de pila.

Uribe sabe desleír cubitos de azúcar en los temas amargos. Cuando le preguntan por la oficina que realizó las grabaciones ilícitas, arranca con el cuento de “una tía dicharachera y graciosa que yo tenía”; cuando averiguan si quiso cortarle la cabeza al general Óscar Naranjo, sale con la historia de que “era el Día de la Madre e iba a llamar a las ministras que son mamás” y no alcanzó a conseguirlas a todas “pero sí a mis tías, que las quiero mucho”. En esa licuadora que son sus entrevistas, invoca a Dios y la Patria; cita mal a Sor Juana Inés de la Cruz (solo se “paga por la peca” donde el dermatólogo); saca a bailar a Neruda; habla de un profesor que tuvo; pide que le retiren una pregunta “para que no me sienta mal de que no la contesté”; dice que enseñó a sus hijos que “a las mujeres hay que quererlas y respetarlas” y comenta que le gustaría una nietecita “para quererla infinitamente”.

Como en las telenovelas, hay peleas. A Arizmendi lo regaña por “picarme un pleito” y Gossaín en cierto momento le exige respeto. Luego, como en las telenovelas, final feliz: Uribe ofrece disculpas cuando toca y acaba despidiéndose casi de beso.

Uno sale de esas entrevistas como de un “reality show”. Pero sin saber mucho más que al principio.

ESQUIRLAS. Colombia merece el Premio Nobel de surrealismo. Juzgando por sus palabras, así podría haber sido el gobierno de facto que intentó montar Juan Manuel Santos, otro ilustre “refundador de la patria”: ministro de Justicia, Salvatore Mancuso; ministro del Interior, ‘Tirofijo’; ministro de Cultura, Víctor Carranza; ministro de Hacienda, Álvaro Leyva; ministro del Trabajo, el presidente de la Andi; ministro de Educación, el ‘mono Jojoy’; director de Bienestar Familiar, monseñor Rubiano. Y presidiendo el tinglado, como salvador de Colombia, el doctor Juan Manuel. Pero no, me equivoco: antes de que sonara el himno, seguramente ya los habría traicionado a todos.

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17th May 2007

Amor de Cabra

El Postre de Notas de hoy debería estar prohibido para niños y chivitos, porque el tema es fuerte. Muy fuerte. Pero al mismo tiempo resulta interesante. Muy interesante. Con decirles que, cuando se publicó en el famoso servicio de la BBC por Internet, se convirtió en una noticia atractiva. Muy atractiva. La más atractiva de los últimos meses, pues atrajo a cientos de miles de lectores, casi todos ellos aficionados a la zoología. Muy aficionados.

De modo, pues, que lo que me mueve a comentar este asunto no es el morbo, sino mi interés por la zoología y por las noticias de la BBC. Dicha información contaba que en un pueblo de Sudán (país africano con 4 millones de personas menos y un millón y medio de kilómetros más que Colombia), cierto aldeano llamado Charles Tombe se enamoró de la cabra de su vecino y todas las noches saltaba la cerca y cumplía con ella una apasionada cita.

Una vez el vecino oyó ruidos, se acercó al corral y sorprendió en plena flagrancia (que no fragancia, pues es bien sabido que las cabras apestan) a Charles y Rose, que así se llamaba el animal.

Puestos a órdenes del consejo de ancianos que imparte justicia en las tribus sudanesas, los viejitos, para velar por las buenas costumbres de la aldea y recordando, quizás, sus pecadillos de juventud, se negaron a ordenar la muerte de la cabra y la prisión de Tombe, como muchos pedían. En un gesto que honra la moral, dispusieron, en cambio, que la pareja se uniera en sagrado vínculo matrimonial. Fue así como hombre y chiva (con perdón de Guillermo Cortés) contrajeron nupcias. Así lo hicieron y fueron felices y comieron perdices (él) y heno (ella), hasta cuando, no hace mucho tiempo, falleció Rose por causas desconocidas. Fue muy doloroso para todo el país, pero sobre todo para Charles. No alcanzaron a tener niños con cuernos, ni cabritos con Play Station.

Cuando leí la noticia quedé tan impresionado, que le pregunté a mi mujer:

¿ ¿Usted cree que es posible el matrimonio de un ser humano y una bestia?

Y ella, sonriendo irónicamente, respondió:

¿ Por supuesto: míreme a mí.

Su reacción es la misma de casi todo el mundo: rechazar el tema, eludirlo. Pero, pensándolo bien, el apareamiento con animal ha sido obsesión constante del hombre (y la mujer, para que no crean las feministas que las excluyo). Toda la mitología está poblada de criaturas producto del cruce entre humano y animal: los faunos eran fruto de la relación de un Charles y una Rose; las sirenas, de un bagre y un caballero (se ve mucho); el hombre lobo, de una dama y un lobazo (también se ve mucho); el minotauro, de un humano y un toro (probablemente un miura corniveleto, meano y bocinero). Son famosos, por otra parte, ciertos romances de difícil consumación, como el de Leda y el cisne o, en la rica mitología escandinava, el de un hombre (Midgäard) y una hembra de caballo (Yeëgua).

Sin embargo, no es preciso remontarse a la mitología para descubrir rastros de entrecruces y entrepiernes del género humano y el animal. Incluso a los niños les han vendido como normal esta situación. ¿De dónde creen que saca el Pato Donald sus manos de costurera? ¿Por qué imaginan que el ratón Mickey habla como cristiano? ¿Les parece lógico que Tribilín tenga pies de basquetbolista y no patas? Es fácil colegir que todos ellos son resultado de una reproducción de bestia y hombre en los laboratorios de Walt Disney.

No pensemos, entonces, que se trata de aberraciones sudanesas.
En La ciudad y los perros, Mario Vargas Llosa recuerda que en sus tiempos de cadete hacían el amor con gallinas, y una película de Woody Allen anticipa la historia del campesino y la oveja. Para no hablar de cuanto se dice, se murmura y se confirma sobre el papel de las burras en el Kama Sutra caribe.

Todo hace pensar que la relación hombre-bestia (o mujer-bestio, para que las feministas no se ofendan) es mucho más frecuente de lo que creemos. Y que a lo mejor sucede en esa finca bucólica donde los domingos venden fresas con crema y quesitos de vaca enamorada o está ocurriendo en este mismo instante en el apartamento vecino.

Puedo afirmarlo con certeza porque llevo años casado con una pantera.

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15th May 2007

Diga cómo lo quiere, míster

Para poder suicidarse con el TLC, Colombia fabrica un país al gusto de E.U.

Desde los lejanos tiempos en que fuimos colonia española no vivíamos una situación de sometimiento ante un poder extranjero tan ignominiosa como la que hoy padecemos frente a Estados Unidos. Un repaso de los últimos días muestra que no exagero.

  • El presidente Álvaro Uribe designa un ministro y un viceministro de las negritudes como gesto de saludo a los congresistas negros de Estados Unidos. El nombramiento de la ingeniera Marcela Moreno en reemplazo de la eficiente Elvira Cuervo sorprende en los círculos culturales y recibe críticas de líderes negros como María Isabel Urrutia. Lamentan que la decisión sea una cortesía hacia los gringos y no hacia la población colombiana de color.
  • No contento con confeccionar un gabinete a la medida de los deseos norteamericanos, Uribe anuncia que los dos funcionarios se presentarán en junio “ante la bancada afrodescendiente del Congreso de Estados Unidos”. El padrino, pues, tendrá que impartir su visto bueno a los dos nuevos cargos.
  • Para mayor amabilidad con estos congresistas -que son parte de una minoría racial, cosa que conmueve, pero que finalmente representan un poder extranjero, cosa que indigna- uno de ellos asistirá a un consejo comunal en Cali para examinar la situación de los negros en Colombia. ¡Cinco años en el poder y el Gobierno no había descubierto que estaban marginados y discriminados, pero más por pobres que por negros!
  • El vicepresidente Francisco Santos osa decir que el rechazo del TLC en Estados Unidos obligaría a replantear las relaciones con ese país, y Uribe salta a regañarlo. En tono implorante, la Cancillería explica a Washington que “observa con profundo respeto” el debate doméstico sobre el TLC. Colombia “se muere de la pena” y ofrece mil excusas cada vez que un funcionario suyo critica un tratado que no es mero asunto interno de Estados Unidos, mientras el embajador estadounidense opina sin recato sobre la política colombiana.
  • Pacho Santos confiesa que cuando presionó el retiro de la ministra Consuelo Araújo lo hizo porque su presencia “podía impactar seriamente” la firma del TLC y el Plan Colombia. Fue, pues, otro “guiño” a Washington, no un acto político soberano que tasara la inocencia de la ministra o consultara los sentimientos de los colombianos.
  • Desde España, el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, ofrece el territorio nacional para que Estados Unidos instale en Colombia la base militar de Manta que los ecuatorianos rechazan y que en 2009 deberá salir del vecino país. Se trata de un enclave cuya misión es, al mismo tiempo, de lucha contra el narcotráfico y de control bélico. Colombia pasaría a ser uno de los pocos países donde Estados Unidos tiene bases dignas de la Guerra Fría. Y lo peor es que nuestro gobierno ofrece acogerla sin que lo haya pedido Washington.
  • El jefe paramilitar Salvatore Mancuso negocia con la Justicia estadounidense. Como muchos otros delincuentes colombianos, prefiere hablar directamente con el jefe norteamericano antes que con el subordinado nacional. Su abogado se la pasa entre Washington y la cárcel de Itagüí. Deben marchar bien las cosas, porque hace una semana llegó un funcionario del FBI que sometió a Mancuso a un detector de mentiras y volvió a irse.

Deprime tanto esmero para escoger el lazo del TLC con el que nos van a ahorcar. Gabinete a la medida de Washington, apenadas rectificaciones, visitas ministeriales para conocer al padrino, base militar en Colombia, criminales criollos en conversaciones con jueces gringos. ¿No será más práctico pedir nuestro ingreso como nuevo Estado de la Unión Americana? Claro: el problema es que nos echen bola negra. Somos ejemplares como súbditos, pero los avergonzaríamos como socios.

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9th May 2007

Cuéntenselo a mi mamá

A lo largo del último cuarto de siglo he venido escribiendo, año tras año y por estas mismas fechas, sobre el Día de la Madre.

No hay nada que no haya comentado sobre el particular: los regalos más adecuados para la ocasión, las madres olvidadas de la naturaleza (la madreselva, la duramadre, la madreperla, etc.), mis recuerdos del Día de la Madre en tiempos escolares, los riesgos del nombramiento de madre, la madre política, la madre probeta, la madre como entidad biológica, la madre como fenómeno filosófico, la madre como metaconcepto ontológico, la madre como paciente odontológico, las madres que se comportan como padres, los padres que se comportan como madres…

Alguna vez incluso intenté una defensa de la madrastra, y en varias oportunidades relaté historias conmovedoras de madres heroicas. Si no estoy mal, hasta dediqué una nota del Día de la Madre a exhortar la vida contemplativa de las madres religiosas, que no son madres sino monjas, pero lo mismo da.

Hoy, cuando corre raudo el año de 2007 y me siento liberado de todo compromiso por mi avanzada edad, mi menguada dignidad y mi precario gobierno, declaro de una vez por todas que odio el Día de la Madre y juro solemnemente que nunca más ¿óiganme bien: ¡nunca más!¿ volveré a celebrarlo, ni mucho menos
a escribir con motivo de esta fecha.

Cuéntenselo a mi mamá, para que sepa a qué atenerse. Durante 25 años he ocultado a mis lectores la dura verdad sobre el Día de la Madre.

Esto es, que se trata de una fecha postiza, cada vez más comercial y cada vez menos vinculada al corazón y más a la billetera. Si no estuvieran interesados los almacenes en vender mercancías, no habría Día de la Madre.

¿Ha existido, acaso, un hijo mejor que Nuestro Señor Jesucristo? No. Nunca. Y, sin embargo, él jamás celebró el Día de la Madre. Es más: si esta efeméride fuera la manera más indicada de demostrar el amor filial, habría sido más específico el cuarto mandamiento, como lo son, por ejemplo, el noveno o el décimo, aquellos que ordenan “no desearás a la mujer del prójimo” y “no codiciarás los bienes ajenos”.

En vez de disponer genéricamente que “honrarás a tus padres”, habría dicho: “honrarás a tus padres y celebrarás el Día de la Madre”. No lo dijo.

Por lo tanto, es mejor ignorarlo. Cuéntenselo a mi mamá, para que sepa a qué atenerse.

Examinen cómo se festeja la fecha de las madres, y verán que no se salva nada. Lo primero, los regalos. Mercantilismo puro. El hijo acude a un almacén atraído por la promoción especial que ofrece mantas de lana a mitad de precio para mamá; pasa el billete, gira el cheque o estira la tarjeta de crédito, y ya está: salió de la vieja. Le regalará una manta de lana barata aunque la mamá viva en Honda o La Dorada.

El asunto es desembarazarse de la obligación. Hace años, los niños regalaban a las mamás pendejaditas que fabricaban con sus propias manos: dibujos, poemas, una flor disecada…

Reconozcámoslo: eran gestos más cariñosos que comprar unas pantuflas por internet, pero resultaban un encarte. Era también costumbre que el hijo amoroso publicara un poema en el periódico. Las poesías filiales tenían la ventaja de que mejoraban los ingresos del diario. Pero se trataba, sin excepción, de versos espantosos, llorones, lobísimos, como todos los que se han escrito a las madres.

Y cuando no era el poema digno de sonrojar en público a la pobre dama, entonces eran las tarjetas con la clásica leyenda: “A mi madre adorada”. Tarjetas que se compraban en cualquier parte, y su tamaño y enjundia solo dependían del presupuesto del hijo, no de su cariño por la anciana.

Cuéntenselo a mi mamá, para que sepa a qué atenerse.

Como remate del festejo, los hijos se reunían en torno a un fastuoso almuerzo para agasajar a la madre. Mareada por el vino, la señora solía dormirse en su silla antes de los postres, mientras las nueras se lanzaban miradas de odio y los hijos empezaban a pelear por vainas de plata.

Todo esto ha hecho del Día de la Madre una fecha insoportable. Faltaba el valiente que lo gritara a los cuatro vientos, y ese valiente soy yo. Así lo digo y lo proclamo: nunca más esta horrible fecha.

Cuéntenselo a mi mamá, para que sepa a qué atenerse. Aunque sospecho que se reirá al leer esta proclama y me llamará para decirme: ¿ Le quedó muy simpática la columna, pero dígame qué me va a traer de regalo al almuerzo del Día de la Madre.

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8th May 2007

La ropa sucia de los ‘antipatriotas’

¿Es un pecado contra Colombia criticar al Gobierno desde el exterior?

En agosto de 1955, el director de EL TIEMPO, Roberto García-Peña, publicó en un diario ecuatoriano una carta donde criticaba al gobierno militar de Gustavo Rojas Pinilla. La dictadura exigió a EL TIEMPO que difundiera una rectificación y, como este diario se negó, procedió a clausurarlo. Su argumento principal era que los ciudadanos no deben criticar en el exterior a sus gobernantes. Idéntica filosofía acogía un proyecto fascista de Constitución que intentó imponer Laureano Gómez hace medio siglo, y parece que hoy sigue viva en ciertas mentalidades autoritarias. Vimos cómo el presidente Uribe atacó a los parlamentarios colombianos que se entrevistaron con políticos y sindicalistas en Estados Unidos, episodio en el que recibió inmediato respaldo de sus escuderos. Fernando Londoño escribió que estos congresistas llevan el patriotismo como “flor marchita en el corazón” y María Isabel Rueda los regañó con el dedito parado: “El debate contra el TLC lo deberían dar aquí y no allá.” (En realidad, llevan meses dándolo en Colombia.)

¿Es antipatriota el colombiano que habla mal de su gobierno afuera? ¿Todo lavado de ropa política sucia ha de hacerse en casa? ¿Sería aceptable una ley que castigue a los nacionales por promover acciones legales contra el gobierno desde el exterior? A mi parecer las respuestas son, como en el bolero, no, no y no. Primero, porque “la patria” no es el gobierno. Segundo, porque el gobierno sí se mueve internacionalmente para conseguir sus propósitos. Y tercero porque hay ocasiones en que solo la acción externa es eficaz. Hace pocos días, por ejemplo, el congresista del Polo Democrático Gustavo Petro pidió en España el apoyo europeo para que una comisión de la Corte Penal Internacional vigile en Colombia el proceso contra los paramilitares, a fin de que resplandezca la verdad. No solo considero digna de apoyo esta iniciativa, sino que, lanzada un domingo en la plaza de mercado de Sotaquirá, no tendría ninguna posibilidad de salir adelante. Había que plantearla ante gente influyente en el seno de la Comunidad Europea, como lo hizo Petro.

Dos razones más para que nos acostumbremos a oír voces colombianas desde el exterior es que hay 4 millones de compatriotas en la diáspora. ¿Bonito que manden plata, pero feo que opinen? Por último, si la globalización es aceptable para que los grandes capitalistas compren empresas nacionales, no veo por qué no puede serlo para que los colombianos laven los trapos sucios donde encuentren mejor jabón.

Ecos del apagón

El último Cambalache (‘El día que los bobos quitaron la luz’) desató un indignado diluvio de cartas suscritas por ingenieros. Dicen en ellas que Interconexión Eléctrica S. A. tiene un récord de eficiencia extraordinario; que miles de empleados trabajan allí con mística para que los colombianos tengamos luz; que esta clase de apagones se producen en el mundo entero (citan estadísticas); que la empresa reconoció el error humano con valerosa transparencia; que un tropezón cualquiera da en la vida y no hay que caerle al caído; que insulté a los autores del error y a los directivos de ISA (lo que es verdad) e irrespeté a todos los empleados de la empresa y a la profesión de ingeniero (lo que es una exageración absurda). Señalo que utilicé el término en el sentido colombiano de cada día y en el del Diccionario: “Bobo: de corto entendimiento y capacidad”; pero lamento haberlo hecho, me disculpo por ello y lo retiro. Sigo creyendo, sin embargo, que los consumidores somos siempre el fusible más quemado en estos apagones y los mensajes de varios abogados me hacen pensar que la ley sí contempla la posibilidad de resarcir los daños causados por errores de entendimiento o capacidad.

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2nd May 2007

El día que los bobos quitaron la luz

¿Cómo así que los ciudadanos no pueden reclamar por los daños del apagón?

Un apagón dejó sin luz a buena parte del país el jueves pasado. Ciudades enteras -Bogotá, por ejemplo- quedaron privadas del servicio eléctrico; millones de fábricas, oficinas y hogares viajaron de repente al siglo XVIII y sufrieron enormes daños y pérdidas por equipos fundidos.

El Gobierno, apenas se produjo el percance, temió que se debiera a un acto terrorista, y suspiró con alivio al aclararse que se trataba de una falla humana. Yo, en cambio, quedé mucho más preocupado. Me inquieta más saber que estamos permanentemente en manos de estúpidos, y no que somos ocasionales víctimas de atentados. La idiotez ha producido más desastres en el mundo que la maldad, y es por una sola razón: porque los malos a menudo son, además de malos, estúpidos. Una falla de seguridad se soluciona blindando los puntos críticos para que no penetren allí los criminales. En cambio, ninguna protección es suficiente contra los bobos, porque los bobos ya están adentro. Es más: con frecuencia son los que diseñan los sistemas de seguridad industrial.

Este parece ser el caso del apagón del jueves, el más grave que haya padecido este país en veinte años. La explicación oficial es que un ingeniero de ISA (Interconexión Eléctrica S. A.), que debería haber observado en Medellín cuatro etapas reglamentarias para una operación llamada ‘cambio de barras’, omitió uno de los cuatro pasos. Al hacerlo, se recargó una central en Bogotá y se vino abajo el sistema. Así de simple. El que se equivocó tenía diez años de experiencia, lo cual, lejos de consolarnos, nos aterra aún más. Y, para rematar, contó con la ayuda eficaz de otros tres funcionarios. Es bien sabido que un tonto es un peligro; pero cuatro tontos juntos constituyen una amenaza siniestra.

Esa amenaza se cumplió en el apagón. Pero cuando uno examina con más cuidado el episodio, descubre nuevos hechos. La Superintendencia de Servicios Públicos ha señalado que en el 2005 detectó y advirtió a ISA acerca de la flaqueza de sus sistemas de seguridad. ISA, sin embargo, no movió un dedo. O sea que no era cosa de un bobo, ni de cuatro bobos, sino de un completo equipo de bobos que, posiblemente, incluye a algunos altos directivos. Me pregunto si entre ellos no se encuentra el propio presidente de la entidad, quien salió muy gallito en la prensa a informar que “la legislación colombiana no establece compensación económica para los afectados”. Es decir, que los miles de ciudadanos que perdieron electrodomésticos, computadores y otros aparatos tendrán que quejarse al mono de la pila porque no piensan compensarles los daños y perjuicios sufridos.

Una de las características de los bobos es que creen que todos los demás también lo somos. Esto es, que las víctimas de la metida de pata de uno o más bobos de ISA no tienen derecho a quejarse y deberán resignarse a su suerte. Por bobos.

También discrepo de esta sentencia. Por eso invito a las entidades representantes de los consumidores a que se agrupen y exijan ante el poder judicial que los autores del estropicio respondan por él. Es posible hacer de este apagón un caso histórico en la defensa de los intereses de los ciudadanos. Hay que embadurnar de tutelas y demandas a los responsables, para que pongan la cara y la billetera. ¿Ustedes saben qué pasa si uno se niega a pagar la luz alegando que lo echaron del puesto por borracho, o se equivocó al invertir en un negocio fracasado? Que se la cortan. Ahí no cabe el ‘error humano’. Pues vamos a cobrar las cuentas con la misma moneda: que paguen las estupideces del apagón. Sí: que no crean que todos somos tan memos como quienes lo causaron.

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