28th December 2007

Alguien nos está mirando

Un señor de Rye, Nueva York, informaba a un amigo suyo, mediante el correo electrónico, que acababa de morir su abuela; de súbito, aparecieron en su buzón electrónico numerosos avisos de funerarias. Fue así como dicho caballero y quienes leímos la noticia supimos que existen supercerebros electrónicos capacitados para espiar mensajes de correo, pillar ciertas palabras y activar con ellas el envío de anuncios a los computadores comprometidos en los mensajes.

De esta manera, si alguien refiere que su abuela falleció, el supercerebro detecta los términos ‘abuela’ y ‘muerte’, y avisa a otros aparatos inteligentísimos para que saturen a los interlocutores con propaganda comercial pertinente.

Si, por ejemplo, uno escribe a un interlocutor que piensa salir de vacaciones al Caribe, es probable que segundos después aterricen en su buzón decenas de mensajes de aerolíneas, hoteles, restaurantes y cruceros con descuentos y promociones.
“Alguien nos mira por encima del hombro cuando escribimos”, sentenció el señor de Rye, Nueva York, cuando denunció lo que considera un abuso.

A muchos les parecerá estupenda esta novedad que evita trabajo y ahorra dinero. Pero les encarezco que piensen en casos tan dramáticos como el mío. A mí no me miran por encima del hombro sino por debajo de la silla, pues mi buzón vive inundado con anuncios que prometen alargar ciertas partes de mi cuerpo que yo considero suficientemente largas… al menos considerando el clima de Bogotá.

Les juro que recibo entre ocho y diez al día. Casi todas humillan el ego del posible cliente, pues le preguntan si está satisfecho con el trisito que Dios le dio y le aconsejan que acuda a determinada clínica para un tratamiento alargador “a fin de que inicie una nueva era”.

Algunos se mofan del personal: “¿Ha oído la expresión ‘¡Qué pito tan pequeño!’?” o “¿Nunca te han dicho ‘¡Vaya vergüenza de pito!’?”

Los tengo coleccionados, porque a lo mejor decido contratarlos a todos, uno tras otro, agregarle tres metros y medio al objeto materia de anuncios y meterme a trabajar en un circo o en las ediciones femeninas de SoHo como asistente del Tino Asprilla.

A mí me deja perplejo semejante alud de propaganda penística, porque no es este un tema que yo aborde en mis mensajes. Lo que yo envío a través de Internet son, sobre todo, trabajos académicos, como el análisis gramatical de “Viaje del Napipí al Chimborazo”, de don José María Vergara y Vergara, que acaba de reimprimir, siglo y medio después, la editorial Mondadori.

Ustedes dirán que a lo mejor el supercerebro se dispara al descodifi car erróneamente palabras tan inocentes como “impenetrable”, “Agapito”, “acéfalo” o “respingado”. Fue lo primero que pensé al analizar mi ensayo a la Academia de la Lengua. Pero luego caí en cuenta de que todos los correos comerciales que recibo son en inglés, de modo que es imposible que pudieran salir de mis textos en español.

Por eso sospecho que el supercerebro no solo funciona con los mensajes entre dos personas, sino que es capaz de captar nombres y palabras de terceros y enviar mensajes publicitarios a los primeros inferidos de las segundas. Me explico.

En un correo a mi hermana le informo -es un decir- que el ministro Carlos Holguín vive medio dormido. La palabra “dormido” activa la publicidad de medicamentos estimulantes, y el nombre propio abre el camino para que el supercerebro averigüe el buzón electrónico del ministro y lo llene de propagandas para mantenerse despierto: cafeína, bencedrina, dexedrina, modafi nilo, estadísticas de robos…
Esto revela que mi mujer o alguna antigua novia mía comentan mis intimidades en inglés por internet, y la aparición de mi nombre y el asunto tratado disparan el supercerebro. Ahora bien: es obvio que la referencia no puede considerarse favorable, pues no he recibido ningún mensaje que me invite a donar plata, sangre u otros elementos que me sobren.

Por el contrario, me proponen engrandecer lo que Natura me obsequió, para que nadie vuelva a burlarse de mí.

Pues bien: para que no se burlen, he aquí lo que será mi venganza: me propongo mandar un mensaje donde mencionaré los nombres de varias ex novias sospechosas, agregaré luego las palabras “sintéticas” y “Cristóbal Colón” y acabaré diciendo que todo esto es, “completamente”, culpa “de Pilar”, por cuca que esta dama parezca. Ya verán ustedes la catarata de mensajes publicitarios…

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25th December 2007

Sorpresas te dan los libros

Cuando niño, mis Navidades eran carritos y balones. Años después, en la adolescencia, discos bailables y camisas. Desde hace un tiempo, diciembre es delicioso sinónimo de libros. Libros que surten las tres etapas irrenunciables: el primer contacto sensual con sus hojas; el segundo encuentro, cuando uno lee algún fragmento o se entera con detalles del índice; y el tercero, el de la lectura con condiciones, pues la edad lleva a establecer un pacto silencioso con los libros, que incluye el abandono definitivo de sus páginas si, llegado cierto punto, ha sido incapaz de seducirnos.

Este año, un libro me interesó tan definitivamente, que salté sin remedio de la primera mirada a la lectura absorta. Se trata de Letras de fuego (Panamericana Editores), de Gonzalo España, ensayista y narrador bumangués, finalista en el concurso de relato Juan de Castellanos. Es una recolección amena y documentada de historias sobre libros y autores en Bogotá, de la cual quiero transcribir algunos episodios y sorpresas.

* En 1605 se embarcaron en España hacia Nueva Granada dos cajas con ejemplares del Quijote; ese mismo año, los estudiantes bogotanos montaron una comedia con personajes cervantinos.

* El poeta bogotano Francisco Álvarez de Velasco y Zorrilla quedó absolutamente prendado de la monja y poetisa mexicana sor Juana Inés de la Cruz, hasta el punto de que le envió numerosos poemas con propuestas matrimoniales.

* Al terminar la Colonia, en Bogotá había más de seis buenas bibliotecas privadas. La más nutrida y concurrida era la de don Antonio Nariño.

* El primer dúo exitoso de nuestras letras entre un protagonista y un escritor a quien aquel relata sus hazañas fueron las célebres Memorias de un abanderado (1876), de José María Espinosa, redactadas por el escritor costumbrista José Caicedo Rojas.

* Es bien conocido el caso de un poeta gongorino de la Nueva Granada, Hernando Domínguez Camargo; lo que pocos saben es del clérigo Juan Manuel García Tejada, quien en 1826 publicó un largo poema escatológico digno de Quevedo.

* Una de las primeras novelas colombianas fue María Dolores o la historia de mi casamiento, del tunjano José Joaquín Ortiz; es también suyo el primer best seller nacional, un Compendio de historia sagrada, que vendió más de 200.000 ejemplares en el siglo XIX.

* El primer manual de autoayuda colombiano -Ensayo sobre los deberes de los casados- data de mediados del XIX y fue escrito por Josefa Acevedo de Gómez.

* La primera novela policiaca nacional fue el relato Una ronda de don Ventura Ahumada, de Eugenio Díaz Castro; trata sobre un fraile que se escapa del convento en 1828.

* El primer poema colombiano que, convertido en canción, llegó a ser prensado como disco fue Flores negras, de Julio Flórez, en 1915.

* De María, la novela romántica de Jorge Isaacs, se han hecho siete versiones cinematográficas y una telenovela.

* La primera novela en español que introdujo puntos suspensivos fue La ráfaga, de Emilio Cuervo Márquez (c 1930).

* La crítica recibió con repudio casi unánime la aparición de La vorágine (1924), una de las grandes novelas colombianas.

* El discurso académico más breve de todos los tiempos fue el de don Tomás Rueda Vargas, a quien la muerte sorprendió en 1943 cuando solo había escrito: “Señores, yo también odiaba a Lorenzo Marroquín” (novelista autor de Pax).

* El 9 de abril se incendió la biblioteca del colegio La Salle, una de las mayores del país.

* Geografía extensa de Colombia, obra capital del profesor Ernesto Guhl, se perdió para siempre en un taxi: no había copia de ella.

* El primer título de la novela de García Márquez La mala hora era Este pueblo de mierda; GGM lo cambió para participar en el Premio Esso de novela, que ganó.

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21st December 2007

Bibí

El planeta está sembrado de peligros. Hace un par de semanas, angustiado por las vicisitudes del mundo moderno, me entregué a la lectura de los antropólogos clásicos. Poco había andado en la lectura de uno que se llamaba Levi Strauss o Lec Lee cuando descubrí que muchas comunidades asiáticas y africanas festejan la llegada de la pubertad en cuanto ella abre la posibilidad de un nuevo estatus a los antepasados del joven.

Me explico: en ciertas tribus, el arribo de la adolescencia es un rito que reconoce la transición biológica y social en el niño o la niña. Pero, en otras, lo que menos importa es que los infantes alcancen la capacidad de reproducción; en cambio, la comunidad celebra que sus padres queden en condiciones de ser abuelos y sus abuelos en la antesala de convertirse en bisabuelos: “bibí”, les dicen a los bisabuelos en algunas de esas tribus.

Está claro que hablo de sociedades muy armónicas, organizadas y juiciosas, donde las personas mayores de 50 años merecen máxima veneración y respeto, en tanto que las que aún no llegan a tal edad se limitan a oír y obedecer.

Coincidió esta lectura con la fecha en que mi nieto mayor cumplía 14 años y me entró el yeyo. Digo “el mayor”, porque tengo otros cuatro: una nieta de doce, otro varón de once, una más de siete y la menor, de diez meses. Y digo “el yeyo”, porque sospeché que estábamos a punto, mi nieto mayor y yo, de realizar la peligrosa transición.

Parece que fue ayer cuando hablé de él en esta misma columna: anuncié su nacimiento y le di la bienvenida al mundo con palabras llenas de cariño y alegría. Ahora, pensaba yo, el infame entra en la adolescencia y adquiere condiciones fisiológicas de convertirme en bisabuelo.

Por eso pedí cita con una excelente sexóloga. – Corro el insólito peligro de ser bisabuelo, biológicamente hablando -le dije-. Necesito que me sea sincera: ¿a qué edad adquiere un varón la capacidad reproductiva? – Entre los 12 y los 16 años. – Doctora: no solo necesito que sea sincera, sino también que sea precisa.
mposible dar una cifra exacta. Las cosas cambian mucho de lugar en lugar, de época en época y de persona en persona. Por ejemplo: se desarrollan primero los niños en tierra caliente o templada que en zona fría. – Mi nieto es de tierra templada -comenté horrorizado. – Pero eso no significa que ya sea un adulto. Hay muchachos que siguen siendo niños a los 16 e incluso a los 17 años.

Hace mil años, la adolescencia solo llegaba en la mayoría de los casos a los 18. – Mi nieto no nació en tiempos medievales, doctora, sino hace apenas 14 años. – ¿Es alto, acuerpado, robusto? – No, es más bien pequeño, pero muy rápido. Y zurdo. Sumamente hábil con la pelota en los pies; haga de cuenta, Messi. – ¿Tiene bozo evidente o sombra de barba? – Nada de eso. A los de mi familia el bozo nos nace más bien tarde. Mi tía Aurora, por ejemplo, solo floreó bigote pasados los 40.

Me parece que no tiene por qué preocuparse -concluyó-. Su nieto es todavía un niño, y usted aún no está en peligro biológico de convertirse en bisabuelo. – Le agradezco su opinión -comenté aliviado-.

Soy un abuelo joven y feliz, que disfruta de su condición. Pero no estoy preparado para la bisabuelez. Me quedan muchos partidos por jugar y mucha salsa por bailar. La doctora se echó a reír. -Váyase tranquilo; puedo asegurarle que su nieto de 14 años aún no está en condiciones de volverlo bisabuelo. Los varones siguen siendo lentos hasta para desarrollarse.

Agradecido, le besé la mano. Y fue entonces cuando ella pronunció la frase aterradora: – Otra cosa sería que el niño no fuera niño sino niña. Porque ahora hay mujeres que empiezan a desarrollarse a los diez años… En ese momento vi a mi nieta de 12 e imaginé un viejito rodeado de chinos al que llamaban “bibí”. Era yo, bisabuelo biológico.

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18th December 2007

La galería nacional de los horrores

Casi sin percatarnos, estamos ya metidos de cabeza en lo que Eduardo Carranza llamaba “diciembre azul”: castillos de pólvora en los parques, iluminación en las avenidas, fiestas en colegios y empresas, agitación en los centros comerciales, ciclovías nocturnas, exposición anual de artesanías, feria de la arepa, villancicos, novenas, aguinaldos… Cualquiera diría que el país se parece cada vez más a esa especie de nación fabulosa cuyos habitantes, según las encuestas, irradian un optimismo delirante y son los más dichosos de la Tierra.

Pero a muy poca distancia del diciembre azul, al rascar bajo la superficie, aparecen síntomas de una colosal podredumbre que apabulla, degrada y deprime. La prensa de los últimos días ha resumido el primer año del proceso de Justicia y Paz de los antiguos miembros de grupos paramilitares. Una antología de esas confesiones constituye pasaporte al horror. Esto fue lo que declaró, por ejemplo, Jairo Esquivel, alias ‘El Tigre’: “Nos tocó coger a mucha gente, picarla y lanzarla al río. Lo hacíamos para no calentar la zona, para que no llegaran la Fiscalía, la Policía o el Ejército”.

Transcribiré algunos datos del expediente, solo para dar una idea de los delitos que se cometían en las zonas controladas por los paramilitares:

Ramón Isaza: acepta haber cometido 475 homicidios, entre ellos nueve ejecutados por él mismo.

Jorge Iván Laverde, ‘El Iguano’: ha confesado, entre otros, los asesinatos de varios funcionarios en Cúcuta, el director regional del DAS y un candidato a la gobernación de Norte de Santander.

‘Jorge 40′: reconoce 4 masacres, entre ellas las de 40 pescadores en Santa Marta, Villanueva (11 muertos) y Playón de Orozco (30 muertos). Fue al autor de la matanza de indígenas wayús en Uribia, que dejó 12 muertos y 30 desaparecidos.

Freddy Rendón, ‘El Alemán’: perdió la cuenta de muertos en Urabá. En Boyacá y Cundinamarca reconoce 69 asesinatos en 1997.

‘Don Berna’: promete revelar la existencia de 300 fosas comunes.
‘Macaco’: confiesa 700 asesinatos e informa acerca de 269 cadáveres enterrados en fosas.

Hernán Giraldo: acepta el homicidio de un representante de ONG y estudiantes y profesores de la Universidad del Magdalena. Su mano derecha, Eduardo Vengoechea, se comprometió a ubicar 20 fosas donde están enterradas sus víctimas.

Salvatore Mancuso: ha confesado 336 crímenes e involucrado a numerosos políticos.

‘Don Antonio’: ha admitido 533 asesinatos.

Éver Veloza, ‘H. H.’: reconoce más de 1.800 muertos en Urabá, Valle y Cauca.

Parece increíble que en la trastienda de esa Colombia alegre y risueña que ya está cantando “yo no olvido el Año Viejo” se esconda tan escalofriante museo de los horrores. Dicen que el proceso contra los paramilitares ha ahorrado veinte años de investigaciones. Como sea, produce náuseas semejante recital de masacres y asesinatos.

Si a eso se suman los secuestros de las Farc, las condiciones en que la guerrilla mantiene a sus víctimas y la muerte reciente de una docena de ellas por un supuesto error, el panorama es aún más siniestro.

¿Cómo pudo haberse formado, a la vera de un pueblo trabajador y risueño como el colombiano, esta galería de monstruos? ¿Cómo podremos explicar a nuestros hijos que mientras se realizaban el festival de la arepa y la feria de artesanías, unos tipos daban orden de liquidar a comunidades enteras? ¿Qué podremos decirles sobre el papel de la autoridad en estos casos? A mí me avergonzaría repetir las palabras de ‘H. H.’ para explicar por qué arrojaban cadáveres a los ríos: “La Fuerza Pública nos decía que nos dejaba trabajar, pero que desapareciéramos a los muertos para que no se subieran los índices de homicidios”.

Yo no sé si algún día lograremos digerir este espanto. Pero no será este diciembre azul en que lo recordamos tan vivamente.

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14th December 2007

Las suegras van a pie

La semana pasada presenté en esta columna a Gerardo Cardona Velasco, un ingeniero de sistemas que se ha dedicado a recopilar letreros y grafitos populares en Bogotá. Publiqué entonces una antología de los anuncios de tienda que Cardona ha anotado durante largos años. Ahora lo hago con los letreros de buses y busetas.

  • ¿Quién va manejando: usted o yo? ¡No joda!
  • Aquí se trabaja con berraquera y, así mismo, se aguanta hambre.
  • Si el trabajo diera plata, los burros tendrían chequera.
  • Si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos.
  • Todo niño paga.
  • ¡Ratas! Cuidado con el gato.
  • Antes comer era un verbo, ahora es un milagro
  • Como cliente me interesa, como pato me perjudica.
  • Es un acto de cobardía dañar la cojinería.
  • Guía sin odio.
  • No exija velocidad… sus hijos lo esperan.
  • No me pise.
  • Pague con sueltico.
  • Por favor, no se duerma, perjudica al conductor.
  • Prohibido robar aquí.
  • Sea amable con el conductor.
  • Si quiere a su madre, respete a la mía.
  • Si salió tarde no es culpa del chofer.
  • Viejito, pero subo y bajo.
  • Señor pasajero: pague con sencillo, siga por el pasillo y cuide su bolsillo.
  • Aprovechen, mujeres, que los hombres están escasos.
  • Busco chica que me lave la ropa y la cosa.
  • ¡Cambio vieja de 30 por dos de 15!
  • Dichoso Adán que no tuvo suegra.
  • La virginidad produce cáncer. Aquí, puesto de vacunación.
  • Las mujeres son como el 11, comienzan por 1 y terminan con 1.
  • Las suegras van de pie.
  • Para el trago y las mujeres trabajamos los choferes.
  • Si su hija sufre y llora es por un chofer, señora.
  • TBC Y TDG un BB.
  • Me 109 cito.
  • Cómo haré Dios mío para no meterme en lo que no me importa.
  • Dios es mi compañero y principal pasajero.
  • Niño Jesús, bendice esta buseta.
  • En el fondo soy bueno. Por favor siga al fondo, ¿sí?
  • Evite roces, tocaditas y otros. Siga hacia atrás.
  • El aseo interno de este vehículo depende de usted, el aseo es salud.
  • El cigarrillo da cáncer, la marihuana lo cura.
  • Fume cuando quiera, fume hasta que se muera; pero, por favor, hágalo afuera.
  • Anuncie su parada con tiempo.
  • ¡No grite! Timbre una vez.
  • Si sigue timbrando lo sigo llevando.
  • Timbre una vez, no soy sordo.
  • La vida no tiene repuesto… Cuídela.
  • El pito no resuelve trancones.
  • Peligro: conecte el cerebro antes de poner a funcionar la lengua.
  • ¡Ala! Bogotano feliz.
  • Bogotá es fría pero chévere.
  • ¿Cómo conduzco?
  • Si lo colombiano es malo, usted está mal hecho.
  • Si puede leer este aviso es que Ud. está demasiado cerca. Guarde su distancia.
  • Solo para nenas.
  • Tuyo es mi corazón.
  • Yo amo mi bus.
  • Línea superejecutiva.
  • Lujo y caché.
  • Santa Lucía AirWays.
  • Servicio 5 estrellas.

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7th December 2007

Hoy no fío; mañana sí

Gerardo Cardona Velasco es lo que se denomina un “gomoso”: tiene pasión de coleccionista, y lo que colecciona son anuncios de tienda, grafitos de pared, letreros de bus. Lleva más de 25 años dedicado a este menester, cosa que no le impide trabajar como ingeniero de sistemas, porque de algo honrado tiene que vivir.

Lo mejor de tales aficiones es que por cada diez gomosos que se desloman hay un periodista que los utiliza. Lo he demostrado en otras columnas. Mis amigos llaman a esto explotación, pero yo lo denomino multimedia: los lectores trabajan y yo los doy a conocer. En el presente Postre de Notas publicaré una antología de carteles de tienda (casi todos sobre el peligro de fiar) recopilados por Cardona Velasco, y en la próxima, una antología de letreros de bus.

Léanlos con cuidado, porque es nuestro mejor ADN.

  • ¡Atención fir! ¡De frente, ar!, si viene a fiar media vuelta, carrera ¡mar!
  • Bienvenidos pero sin chismes.
  • Como usted es duro para pagar y yo tímido para cobrar, lo mejor es no fiar.
  • Dios es el dueño de este negocio, yo solo trabajo aquí.
  • Fiar es cosa ingrata. Se pierden el amigo y la plata.
  • El que fiaba se murió, la mala paga lo mató.
  • El que fía salió a cobrar. Espérelo.
  • Exija aquí su crédito que con gusto se lo negamos.
  • Fiar me causa pena. Cobrar, pena y pesar. Para no tener os penas, mejor será no fiar.
  • Hoy no fío, mañana sí.
  • La mandaron por canela y le dieron clavo.
  • Mejor llorar sobre la mercancía, que llorarle al cliente ara que pague.
  • Ml risitas para fiar y después madrazos para pagar.
  • No fiar es contribuir con usted mismo. No se endeude.
  • No fío ni presto porque me quedo sin un resto.
  • No fío ni presto porque usted no me ayudó con esto.
  • No fío, no, no, no, no insista.
  • No fío para no comprar enemigos con mi dinero.
  • No fío porque el médico me prohibió caminar demasiado etrás de los que me deben y no pagan.
  • No le dé pena pedirme prestado, con gusto le diré que no fío.
  • No pregunte qué vendemos, diga qué desea.
  • Nuestra atención depende de su cultura.
  • Para fiar, te asomas. Para pagar, te escondes.Por eso no fío.
  • Porque aprecio su amistad, no le fío.
  • Prohibido robar aquí.
  • Revise sus vueltas antes de salir, después no se aceptan reclamos.
  • Si en el banco le venden trago, aquí le damos crédito.
  • Si fío pierdo lo mío, si presto al cobrar molesto, si doy a la ruina voy y para evitar todo esto no fío, ni doy, ni presto.
  • Si no viene a comprar, déjeme trabajar.
  • Si toma para olvidar, pague antes de que se le olvide.
  • Si viene a hablar: hablemos. Si viene a fiar: ni hablemos.
  • Si viene a robar aquí lo atienden Smith & Wesson.
  • Solo en Dios confío. Los demás pagan de contado.
  • Solo les fío a los pícaros, porque los honrados me arruinaron.
  • Solo les fío a mayores de 90 años que traigan a su abuelito como codeudor.
  • Sonrisas para fiar, madrazos para pagar.
  • Tocando y tocando las cosas se van dañando.
  • Todo billete falso se rompe.
  • Tome lo que quiera, fume hasta que se muera. Pero, por favor, hágalo afuera.
  • Yo pago de contado por eso aquí para nadie hay fiado.

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4th December 2007

Hugo Chávez, de patán a estadista

Una derrota a tiempo es capaz de educar hasta al más atolondrado de los mandamases.

La Historia ha vuelto a demostrar que a veces es peor la perspectiva de la derrota que la derrota misma. Hasta el sábado pasado, el presidente venezolano, Hugo Chávez, era un camorrista fuera de quicio que, con razón o sin ella, le armaba bronca a medio mundo, amenazaba, insultaba y advertía que no iba a permitir que le robaran las elecciones al pueblo (léase, a su gobierno). De repente, la victoria de sus rivales en el referendo sobre la reforma constitucional lo convirtió en un estadista. Nunca fue Hugo Chávez más extravagante que el domingo pasado, al aceptar la derrota en ejemplar actitud democrática. Adquirió un extraño tono de sosiego, se abstuvo de acudir a trucos desesperados, felicitó a sus antagonistas y emprendió una defensa de la democracia de esas que solo intentan los vencedores.

Ojalá dure. Ojalá la primera derrota en nueve años obligue a Chávez a abandonar su aplanadora megalómana. Ojalá entienda que gobierna un país partido en dos en torno a temas tan delicados como el monopolio de poderes presidenciales, la estabilidad de las autoridades provinciales y la reelección indefinida. Incluso si hubiera ganado por la mínima, Chávez habría perdido: cuando el león vence al cordero por puntos, el derrotado es el león. La reelección fue, al parecer, una de las debilidades del chavismo. La reforma proponía ampliar a siete años el periodo presidencial y autorizar la reelección indefinida, pero los venezolanos demostraron su repudio a la perpetuación en el poder. Significativamente, ese mismo día una encuesta realizada en Brasil reveló que el presidente Lula da Silva goza de satisfactoria popularidad, excepto en la eventual posibilidad de que aspire a una nueva reelección.

Álvaro Uribe es un hombre de buenas. Se bajó del tren de la segunda reelección poco antes de que la locomotora de esta idea se descarrilara aparatosamente en Venezuela. Y se enfrascó en una pelea con el gobernante más sólido de Suramérica justo antes de que el pueblo le asestara un inesperado nocaut. La situación es perfecta para que haga un gesto de grandeza y, en vez de caerle al caído, le tienda la mano y reconduzca la culebrera vía que transitan las relaciones con Venezuela. Un telefonazo y una declaracioncita amable pueden hacer el milagro.

Mientras tanto, Chávez aprendió la lección. Sin haberlo practicado, supo perder. Esta doble condición -que sea vulnerable y que reciba con entereza su vulnerabilidad- podrá hacerle mucho bien a un país que se atrevió a recoger el desafío del cacique y ganarle el pulso contra todas las opciones y pronósticos.

La ‘patria’ según la CSJ

Sorprende la Corte Suprema de Justicia con la insólita propuesta de procesar a Piedad Córdoba por traición a “la patria”. Aduce que hace algunos meses, hallándose en México, la senadora profirió insultos contra el presidente Uribe y pidió que los países latinoamericanos cortaran relaciones con Colombia.

Como ocurre casi siempre que alguien esgrime la espinosa noción de patria, se trata de un exabrupto. Piedad no insultó a “la patria”, sino al gobernante de turno y está en todo su derecho de pedir que corten o no corten sus relaciones con Colombia uno o todos los países del orbe. Por lo demás, si eso fuera un “agravio” a “la patria”, ¿qué? El ejercicio democrático debe ser elástico hasta el extremo de aceptar que los súbditos le falten el respeto a “la patria”, salvo en situaciones de guerra exterior o espionaje clásico, porque no se sabe bien qué es ella ni quién tiene autoridad para definirla.

Como si fuera poco, la Corte pretende convertir a los embajadores en espías tipo KGB, pues piensa acusar al de Colombia en México por no denunciar a tiempo la supuesta “traición” de la corajuda Piedad. Dejemos quietica a “la patria”, honorables magistrados, pues no hay nada más peligroso que jeringuear con ella.

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3rd December 2007

¿El español de Colombia es el mejor?

La Feria del Libro de Guadalajara, que acaba de celebrarse en México, tuvo a Colombia como invitado especial; una de sus curiosidades se refiere a nuestro dominio del castellano.

Muy a menudo a los colombianos nos preguntan: “¿Es verdad que ustedes hablan el mejor español del mundo?” Fue, exactamente, el interrogante que me lanzó una revista mexicana a raíz de que Colombia fue el país invitado a la Feria Internacional del Libro que se celebró entre el 24 de noviembre y el 2 de diciembre.

Le expliqué a la revista que las respuestas posibles se clasifican en tres escuelas:

1) La escuela narcicista, que contesta de manera desvergonzada “sí, es verdad”. Resulta aconsejable que quienes optan por tan tajante y soberana afirmación procuren ser breves, porque podrían enredarse en las faldas de su propia respuesta. Sé de un antiguo ministro algo pomposo que, enseguida de aceptar con fruición el aserto, agregó que ello se debía en buena parte a la labor educativa de su gobierno, pues antes “hubieron otros que no se preocuparon tanto por el buen uso del español”.

2) La escuela de la modesta flor, que niega con sonrojo la pregunta, pues profesa normas de cortesía que impiden aceptar la alabanza en causa propia.

) La escuela ecléctica, que parece decir que no, pero dice que sí.
Yo pertenezco a esta última. Al oír la pregunta, amago con sorprenderme, finjo un poco de embarazo y ofrezco por todo comentario una sonrisa que pretende ser humilde. Pero que en ningún momento niega el contenido del interrogante.

En realidad, la mejor respuesta la dio hace años José Antonio León Rey, el profesor colombiano que fue delegado por América Latina ante sus colegas de la Real Academia de la Lengua Española.
-Yo no sé si los colombianos somos quienes mejor castellano hablamos – dijo el maestro León Rey¿, pero seguramente somos quienes más amamos esta lengua”.
Ahí les dejo esa lápida.

* * *

Afincado en ella, planteo la próxima pregunta: “¿Por qué razón se dice que somos quienes mejor uso hacemos del español?”.
o primero que se me ocurre es la Ley del Estereotipo. Basta con que eches a rodar un lugar común, para que la gente adhiera a él. Algunos, inclusive, consideran que parte de la sabiduría corriente en materia filológica consiste en afirmar que los colombianos dominamos la lengua de Cervantes mejor que nadie. Benditos sean. Déjenlos que lo piensen y déjenlos que lo afirmen. Llevamos a cuestas los colombianos tantos estereotipos ignominiosos, que se agradece infinitamente este solitario sambenito favorable.
(En este punto, el ciudadano colombiano digno se encrespa y afirma que “no existe un sambenito favorable, pues todo sambenito es necesariamente peyorativo y difamatorio”… Surge entonces una interminable polémica que nos contagia a todos).

Pero sucede que yo no soy un ciudadano colombiano digno, sino un miembro, ni más ni menos, de la Academia Colombiana de la Lengua, así que debo seguir mi camino y explorar el tema que nos ocupa. Sí: ¿por qué diablos se dice que hablamos el español más puro?

Respondo: “No lo sé”. Y añado: “Pero trataré de averiguarlo”.

* * *

¿Será, acaso, porque era colombiano don Rufino José Cuervo (1844-1911), que emprendió, con la única ayuda de su hermano, la preparación del homérico Diccionario de construcción y régimen, portentosa hazaña desarrollada en ocho volúmenes y 9.536 páginas? Don Rufino consumió en este tratado los últimos cuarenta años de su vida, pero solo alcanzó hasta la letra D. Se necesitaron ochenta y tres años y cincuenta filólogos más para llegar a la Z.

¿Por ventura debemos esa fama a don Ezequiel Uricoechea (1834-1880), lingüista bogotano que, después de publicar numerosos ensayos sobre el español, fue profesor de lenguas orientales en universidades europeas, tradujo al francés una gramática árabe y murió en Beirut cuando se dirigía a estudiar la parla de las tribus del desierto?

Es posible que hayamos ganado el honroso prestigio por cuenta de don Miguel Antonio Caro (1843-1909), que, sin haber salido de Bogotá, traducía a los clásicos latinos y griegos y escribía a mediados del siglo XIX esponjosos tratados gramaticales sobre estas dos lenguas arcaicas que solo usaban eruditos como él; o al general Rafael Uribe Uribe (1859-1914), inspirador del coronel Aureliano Buendía garciamarquiano, que, en medio de una de las muchas guerras civiles que libró, robó tiempo a la pólvora para escribir un Diccionario abreviado de galicismos de 376 páginas; o quizás a don José Manuel Marroquín (1827-1908), poeta festivo y pésimo presidente de la República, que perdió la soberanía sobre Panamá pero nos dejó un encantador tratado de ortografía en verso y unas lecciones de retórica y poética que siguen siendo consulta obligada de especialistas. O a lo mejor conquistamos la indestructible fama por haber fundado la primera Academia de la Lengua en América, por la profusión y el éxito de las columnas de prensa sobre asuntos de lenguaje que se publican en el país o por ser patria de un Premio Nobel al que muchos equiparan con Cervantes…

* * *

ás que analizar las virtudes del español que se habla en Colombia, Malcolm Deas, catedrático de Oxford que nos ha estudiado con curiosidad de amoroso entomólogo, se interesa por lo que denomina “la obsesión nacional filológico-gramatical”. Según él, en Colombia “el dominio del idioma llegó a ser, y lo fue durante mucho tiempo, elemento del poder político”.

A juzgar por la manera como hoy se expresan muchos políticos, ya no lo es. Y a juzgar por cosas que uno escucha en la calle, lee en la prensa, oye en la radio y la televisión, ese dominio del idioma resulta cada vez menos evidente.

Pero el orgullo y el prestigio nos siguen acompañando, y Dios quiera que así se mantenga durante mucho tiempo. Porque algo debe de haber en el fondo, un celo extraño que a muchos colombianos nos impele a proteger el español como si los demás que lo hablan atentaran contra él.

uizás es cuestión de idiosincracia. Nos enseñan los corridos que el mexicano está dispuesto a matar por una mujer. El colombiano, solo si aparece escrita con g.

Por fin una buena fama

Opiniones cultas

Llama la atención el empeño con que (los colombianos) inculcan la importancia de conservar en toda su pureza la lengua castellana”.
Periódico La Miscelánea, Santafé de Bogotá, 1820.

“Colombia tiene la gloriosa tradición de cultivo de la lengua, porque desde el momento mismo de la Independencia los próceres se preocuparon de cultivarla”.
Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española, 2005.

“No existe un dialecto de la lengua española que se pueda afirmar que se habla mejor que otro. Creo que esta tradición que tiene el español colombiano se debe más a que se ha cultivado el estudio de la lengua”.
José Moreno de Alba, director de la Academia Mexicana.

“Probablemente en ningún país hispanoamericano se han escrito tantos excelentes trabajos lingüísticos sobre el léxico de la variedad de español dentro de sus fronteras como los que se han publicado en Colombia por colombianos”.
Gunther Haensch y Reinhold Werner, Autores del ‘Nuevo diccionario de colombianismos’, 1993.

Opiniones en los blogs

“Creo que Colombia aún usa la mayor cantidad de expresiones cultas que existen, y con más rectitud gramatical. Eso no significa que cualquier colombiano sea un genio de la lengua, ni que cualquiera que no sea colombiano no sepa hablar”.
Lazarus, WorldReference Forum, 2006.

“Nací en Venezuela. Me parece que los nativos de Bogotá, Colombia, tienen muy claro y utilizan muy bien el idioma castellano, respetan mucho las normas y me parecen personas muy cuidadosas y respetuosas del habla”.
Rosangelus, WorldReference Forum, 2006.

“En Colombia se habla el mejor español, en ese maravilloso país encontramos educación, esa que a nuestra gente española se le perdió… No os sorprendáis si Colombia ocupa el primer puesto en el habla del español…”.
Blog Las crónicas del cuervo, 2007.

¿Dónde se habla el mejor español? En Bogotá, Colombia; no hace falta que se realicen doblajes de películas para comprobar esto, puesto que distintos estudios de lingüistas recomiendan esta ciudad para aprender a la perfección un castellano que no tiene ningún acento, y que los nativos bogotanos manejan perfectamente”.
David H., Foros Yahoo, 2006.

“El español hablado en el altiplano cundinoboyacense es considerado uno de los dialectos más conservadores de ambos lados del Atlántico lo que ha dado a nacer el mito de que en Colombia (Bogotá) se habla el mejor español del mundo”.
Wikipedia, enciclopedia por internet, 2007.

” Tierra del célebre escritor Gabriel García Márquez y de una vasta diversidad cultural, Colombia adquirió desde hace más de un siglo la honrosa fama de ser el país de América Latina donde mejor se habla el castellano… No cabe duda de que en ese país el castellano tiene una riqueza especial”.
Blog Univisión, 2007.

Mejor respuesta, elegida por los votantes: “Dicen que el mejor español es hablado en Colombia. Yo soy de Argentina, pero no recomiendo mi país ya que tenemos un vocabulario muy distinto al español básico.
Foro Yahoo con la pregunta “¿Cuál es el mejor país para aprender español?”.

“En una reciente reunión se comunicó a los redactores que EFE ha tomado la determinación de trasladar la Mesa Latinoamericana a Bogotá, donde empezará a funcionar el 1 de enero de 2007. El curioso argumento esgrimido por la conducción de EFE es que en Colombia “se habla el mejor castellano”, afirmación más que discutible en opinión de muchos colegas y lingüistas colombianos”.
Comentario a una noticia en un blog, 2006.

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27th November 2007

Lo que hizo el mico y Uribe no

El presidente Álvaro Uribe cometió dos errores en el proceso de incorporación de Hugo Chávez como mediador del intercambio humanitario y su posterior desmonte: el primero, la manera como lo metió; el segundo, la manera como lo sacó.

El doble patinazo deja ver que Uribe ignora la anécdota del diálogo entre Carlos Lleras Restrepo y Alfonso López Michelsen cuando aquel, siendo presidente de la República, le consultó a este, que más tarde sería su canciller, acerca del posible nombramiento del maestro Darío Echandía como ministro de Justicia.

López le respondió lo siguiente: “¿Has visto cómo procede el mico cuando va a comerse una pepa silvestre? Lo primero que hace es medírsela en comparación con la garganta, para comprobar que le entra. Y lo segundo, medírsela allá atrás, para estar seguro de que le sale. Antes de nombrar ministro a Echandía deberías estar seguro de que, si llega el momento, podrás pedirle la renuncia o destituirlo sin que se afecte el gobierno”.

Es evidente que Uribe no tuvo le precaución de medirse a Chávez por detrás antes de tragárselo como facilitador, y por eso la expulsión de la pepa resultó abrupta y está dejando dolorosos desgarramientos. El propio Presidente reconoció que había obrado como un mico improvidente al decir que “no calculamos lo que para muchos era un riesgo político”.

Tamaña irresponsabilidad ha producido un terremoto. Parecían tan obvios los peligros de incluir en el juego a Chávez, que cualquiera habría imaginado que Uribe y sus asesores los analizaron, los sopesaron, los calcularon y, luego de tasar pérdidas y ganancias, salidas y desmontes, decidieron dar el correspondiente paso. Por eso, uno se queda ojiplático al enterarse de que no se valoró el riesgo de meter a Chávez ni se pensó suficientemente en el eventual costo de sacarlo. Muchos micos han muerto o enfermado por imprevisiones parecidas. El resultado es lamentable: tras pocos días de calma chicha, Chávez y Uribe han reencarnado en la peor versión de sí mismos, y están protagonizando el espectáculo más bananero -y más peligroso- que recuerden nuestras relaciones de vecinos. Chávez se muestra como un chafarote que expele diatribas personales; pero Uribe ha desbocado su macartismo con acusaciones de Estado de incalculable gravedad.

Si algo revela esta crisis es exactamente lo contrario de lo que Uribe afirma: necesitamos un protectorado de la ONU; esto no puede seguir en manos de unos megalómanos delirantes.

La vinculación del presidente venezolano al proceso humanitario y su ulterior derrocamiento mediante boletín de prensa muestran los vaivenes e incoherencias de la política de Uribe frente al intercambio humanitario. No puede aducir Uribe que lo sorprendió la cerrazón de las Farc, causa última de la delicada situación, porque todos conocemos hasta qué punto este grupo vive en un mundo bárbaro, anacrónico, cruel e irreal. Tampoco es creíble que una charla inofensiva de Chávez con un general colombiano constituya atroz atentado contra la seguridad nacional. Pero le dieron el papayazo al imitador de Bolívar, y este no lo desperdició. Entre tanto, ‘Tirofijo’ debe de estar muerto de la risa.

La verdad es que Uribe no quiere intercambios humanitarios ni contacto alguno con la guerrilla. No se entiende, entonces, cómo juega con las esperanzas de sus compatriotas y con los sentimientos de los secuestrados y sus familias al alentar una aventura que, in péctore, había nacido muerta.

Si no quería la pepa, ¿por qué aceptó comérsela? Y si aceptó comérsela, ¿por qué no imitó las sabias maniobras previas que realiza el mico?

En cuanto al desenlace de la primera historia, Lleras nombró a Echandía ministro de Justicia en 1966, el venerable maestro ocupó por unos días la Presidencia como primer designado y finalmente fue evacuado de manera natural hacia la embajada en El Vaticano en 1968, sin que el gobierno padeciera quebrantos políticos.

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23rd November 2007

Déjala correr

Es curioso: en los últimos meses se ha producido una arremetida tremenda de las autoridades contra las personas que hacen sus necesidades en la calle. Un concejal de Bogotá propone fuertes multas a quienes humedezcan indebidamente paredes o prados, mientras que el nuevo Código Nacional de Policía, que estudiará el Congreso a comienzos del año próximo, establece cárcel por un máximo de tres días a los infractores.

o especifica si será de 24 horas en caso de Número Uno, como dicen mis tías bien habladas, de 48 horas si se trata de Número Dos y de 72 en caso de que fueren Número Uno y Número Dos.
ero yo, deseoso de colaborar con los legisladores que se ocuparán de este tema, les cuento que es casi imposible Número Dos sin Número Uno; de modo que al final la sanción tendrá que ser de 24 o de 72 horas.

ntiendo que actualmente esta clase de descortesías sólo acarrean un regaño del señor agente o una multa de diez pesos.
Comprensible: el Código tiene 37 años de atraso respecto a la depreciación de la moneda. Sobre estos temas se ha hablado y se ha escrito abundante Número Dos en las últimas semanas, y he llegado a leer hasta editoriales acerca de las posiciones, suposiciones y deposiciones de lo que debe ser la ley respecto a quienes aún no han aprendido que la época de “¡agua va!” ya terminó y ahora esas cosas se hacen en el baño o, metafóricamente hablando, en el trabajo y, sobre todo, en cargos que permitan dilapidar el Tesoro Público.

o digo que yo esté de acuerdo con los ciudadanos inciviles que incurren en semejantes conductas. Pero me parece que se está gastando más tiempo y más tinta en analizar los tropiezos excrementicios populares que otros problemas muchísimo más graves.

e todos modos, conviene saber que los colombianos no somos los únicos que hacemos semejantes porquerías. He recogido algunos ejemplos españoles que lo demuestran. En Granada, verbigracia, hace pocos años fueron multadas 105 personas por ensuciar la calle de esta manera, y en Vigo llegó a crearse verdadera alarma por el auge de las aguas que no has de beber.
EnMadrid han caído multas no solo para quienes dejan sus huellas en la calle, sino para los que no evitan que lo hagan sus perros. El pueblo de Mataró (Cataluña) se considera afortunado, porque en el 2006 solo hubo 30 infracciones por orinar en la vía pública, pero en cambio pasaron de 2.000 las sanciones por consumo de droga.

tros países también enfrentan el problema. Nicaragua se propone multar a los ciudadanos que se desahoguen en descampado, y estimo que naciones como Bolivia y Perú, donde las polleras suelen ocultar ejercicios de micción femenina, tendrán más mujeres castigadas que hombres. No quiero imaginar qué dirían, si pudieran hablar, los muros vecinos a los pubs irlandeses y las cervecerías de Munich.

No. No es fácil combatir práctica tan aborrecible, entre otras cosas porque -lo confi eso antes de que la Fiscalía General de la Nación pueda judicializar a quien lo diga- no hay nada más aliviador que un buen ejercicio de Número Uno en lugar prohibido. El autor siente
ue colaboró con la naturaleza, que ganó años de vida, que asiste a un nuevo amanecer…

Quizás lo más práctico no sea meter a la cárcel a los que sufren de cistitis, sino aplicar la fórmula que propuso un divertido panfl eto anónimo santafereño en 1842, cuando el alcalde de Bogotá, Alfonso Acevedo, quiso combatir el desaseo de la ciudad. El volante era un decreto falso fi rmado por Acevedo, cuyo artículo segundo decía, según transcribe el tomo segundo de La Historia de Bogotá de Villegas Editores: “Si se cogiere in fraganti a alguno (de los transgresores), se le hará recoger con la mano el ingrediente y se presentará con él en mi oficina”.

Todo ello me obliga a recordar el viejo cuento de Cosiaca, popular personaje de Medellín, a quien alguien sorprende una madrugada cuando acaba de depositar un infamante Número Dos en plena acera de la calle Junín.

- Cosiaca -le dice el escandalizado transeúnte-, ¡esto es el colmo! ¡Voy a dar parte a la autoridad!

A lo que replica el otro, subiéndose los pantalones:

– Por mí, bien puede dársela toda…

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